Desde hacía mucho tiempo, marianistas religiosos y laicos venían participando en los encuentros europeos
de jóvenes organizados a final de año por la comunidad de
Taizé, a cuyo espíritu nos hemos sentido siempre tan cercanos (no en vano, todo lo que representa
Taizé sintoniza a la perfección con el espíritu abierto
de nuestro carisma: su talante comunitario, su vocación ecuménica,
su preocupación por la juventud, su confianza en la humanidad...). Los que se decidían a dar el paso de viajar por toda Europa en plenas Navidades solían adherirse a las propuestas que recibían desde sus diócesis, parroquias o grupos de acogida más próximos. No eran pocos, pero en muchas ocasiones no se conocían entre sí ni llegaban a contactar durante los encuentros.
En el 2004, por primera vez, los jóvenes de la
Familia Marianista de España decidimos preparar juntos el encuentro
y asistir como comunidad unida al mismo, haciendo presente nuestro ser cristiano. Y
así, religiosos y laicos, monitores y ex alumnos, amigos y buscadores,
nos embarcamos en una preciosa peregrinación desde nuestros hogares
a Lisboa que nos marcó profundamente en el corazón. Nuestra
experiencia de fe compartida en Madrid, los largos viajes en autocar,
la calurosísima acogida que nos dispensó la parroquia de
São Bento de Massamá y, sobre todo, la belleza de la oración
compartida con tantos miles de jóvenes forjaron un recuerdo inolvidable.
Resultaba
inevitable, por tanto, que el año siguiente volviéramos a proponernos
peregrinar juntos al encuentro de tan hermosa fuente de confianza. Y la ilusión de los jóvenes marianistas desbordó nuestras mejores previsiones: nada menos que ¡64! personas se unieron a nuestra propuesta interprovincial; entre ellos, por primera vez, un numeroso grupo de chavales de 2.º de Bachillerato, miembros de los grupos de fe Guinomai. Como no podía ser de otra manera, la belleza e intensidad del encuentro en Milán, junto a la generosa acogida de las parroquias de Pio X, Cernusco, Santi Cosma e Damiano de Concorezzo, San Pietro de Abbiategrasso y Santa Maria di Lourdes, quedaron grabadas a fuego en nuestros corazones.
Convertido ya el encuentro en una tradición ineludible, en el 2006 volvimos a peregrinar como familia por tercer año consecutivo. El reto se presentaba esta vez lejano y apasionante al mismo tiempo: Taizé nos proponía viajar hacia el este, hasta Zagreb, la capital de Croacia, convertida en mosaico de paz cuando hace no tantos años todavía retumbaban en ella los cañones de la guerra. Y, una vez más, el calor que recibimos de las decenas de miles de peregrinos que nos acompañaban, y de nuestras encantadoras familias de acogida de las parroquias Sveta Obitelj, Sveti Mihael Arkanđel y Bezgrješnog Srca Marijina, lograron tocarnos en lo profundo.
Después de una historia tan llena de alegría, de confianza, de lazos estrechados, de esperanza y de Dios... ¿quién podría resistirse al cuarto?