FAMILIA  MARIANISTA

COLOMBIA

 

 

 

 

 

ANUNCIO Y TESTIMONIO

 

LA CREDIBILIDAD DE NUESTRA FE

 y EL DON DEL MARTIRIO

ANTE EL HOMBRE DEL TERCER MILENIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carlos J. Barragán Martínez,  sm.

 

 

 

 

 

 

 

 

1998

ROMA

 

 


 

ANUNCIO Y TESTIMONIO

 

La credibilidad de nuestra fe y el Don del martirio

ante el hombre del Tercer Milenio

 

 

ALa iglesia del Primer Milenio nace de la sangre de los mártires;

al final del segundo milenio la Iglesia se ha convertido nuevamente

en la Iglesia de los mártires.

Este testimonio se ha convertido en patrimonio común de todos .

Es un TESTIMONIO de no olvidar.

En nuestro siglo han retornado los mártires,

 soldados -a menudo desconocidos- de la causa de Dios.

 Sus TESTIMONIOS no van perdidos, su memoria no debe desaparecer@.

 

JUAN PABLO II.

1. INTRODUCCION

 

Próximos a celebrar el Jubileo del año 2.000, nos encontramos como creyentes y como Iglesia ante grandes desafíos de un mundo cada vez más complejo. Es el mundo que reclama de todo creyente una voz de esperanza y un testimonio vivo de su fe. Es un mundo que tiene sed de Dios y que pide signos vivos que le permitan entender lo que significa amar según Cristo.   Nos encontramos ante la realidad del hombre postmoderno  que cree más en los hechos que en las palabras. 

 

Y es precisamente en el “testimonio” de los hechos y de la vida donde me propongo hacer  énfasis en este trabajo. A raíz del asesinato de un hermano Marianista colombiano (Miguel Angel Quiroga, S.M.) y motivado por las lecciones de Teología Espiritual que en uno de sus apartados nos habla del martirio, deseo compartir algunas ideas que nos sitúan ante el tema desde la espiritualidad del martirio.  Esta espiritualidad se alimentará de la Palabra de Dios, los Documentos y el Catecismo de la Iglesia Católica, nuestra Regla de Vida  y los testimonios biográficos de varios Marianistas mártires.

 

Esta espiritualidad del martirio quizás nos ayude a situarnos ante la realidad de la Iglesia del Tercer Milenio que es rica y compleja a la vez. Es una Iglesia que en muchos países  sobre todo del Tercer Mundo-  goza de una vitalidad grande y cuenta con la aceptación casi general. Pero esta realidad no todas las veces corresponde a un testimonio  de vida de los creyentes que le den coherencia entre la Palabra y al actuar. Y es a la vez una Iglesia sobre todo en el Viejo Mundo- donde los templos permanecen casi vacíos y donde el ateísmo y la incredulidad van ganando terreno. Aquí también falta,  en algunos casos,  la coherencia entre la Palabra y el actuar diario. Unido a esta realidad está el testimonio cada vez más creciente de mártires y  creyentes que dan su vida por el Evangelio en todos los rincones del mundo. Esta Iglesia que nació con este don del martirio se ve nuevamente bañada con la sangre de sus mejores hijos.

 


La credibilidad de nuestra fe requiere de esta coherencia que los mártires nos han sabido enseñar silenciosa y valerosamente. Normalmente son vidas calladas, sin mucho protagonismo, pero cuyo anuncio y cuyo testimonio han sabido abrirse paso por sí solos.  Son vidas que hablan al mundo con una voz clara y legible, escritas con letras que pueden leer desde los sabios hasta la viejita campesina que cuida ovejas en la montaña.  Son vidas que no han buscado el martirio, sino que han aceptado como don muy grande cumplir  la voluntad del Padre hasta sus últimas consecuencias.

 

 

2. EL MARTIRIO CRISTIANO AYER Y HOY

 

La iglesia ha conocido desde los inicios,  y ya desde los primeros dos siglos de peregrinar en la tierra, la realidad del martirio por la fe. AEspecialmente a los inicios, la concordancia entre la Palabra y las obras ha estado considerada decisiva para la credibilidad de la existencia cristiana. Esta unidad entre el hablar y el actuar, en cuanto personal plenitud de comunicación de la esencia humana, puede orientarse al ejemplo de Jesús@[1].   Ya desde los apóstoles  se empieza a dar testimonio de la fe en Jesucristo, de su muerte y resurrección.

 

Si tomamos en sentido en sentido original la palabra AMARTIRIO@, decimos que deriva del término greco Amártus@ que significa Atestigo@. Pero  la misma palabra viene asignada desde los primeros siglos de la Iglesia Aa una persona que ha dado testimonio por Cristo y por su doctrina con el sacrificio de la vida@[2] . Muchos textos nos hablan del testimonio

 

que deben dar desde el inicio los cristianos ante quienes los persiguen por su fe. Marcos 13,9 dice: AUstedes cuídense a sí mismos, pues los entregarán a los tribunales, serán azotados en las sinagogas y comparecerán ante gobernadores y reyes por mi causa para dar TESTIMONIO ante  ellos.@  Y esa fue la suerte que tuvieron que correr los primeros cristianos. Pedro fue crucificado cabeza abajo, negándose a morir de la misma forma que su Señor por no considerarse digno de ello. Pablo, aún teniendo la ciudadanía romana fue decapitado luego de muchos sufrimientos por Cristo y  al fundar las jóvenes Iglesias. El culto cristiano al Dios de la vida que triunfa sobre los poderes de la muerte, no se compaginaba con los cultos y ritos a dioses mudos y mistéricos del imperio romano. Esto trajo las primeras persecuciones a la Iglesia  que aún hoy continúan incluso con los más sofisticados y sutiles medios.

 


En Hechos 22,20 se habla de Ala sangre de Esteban, tu testigo@.  El arresto y el juicio de Esteban tienen una similitud con el arresto y juicio de Jesús, convirtiéndose en el primer mártir cristiano que muere apedreado por la muchedumbre, por seguir los pasos de Jesucristo; es la voz de quien habla con la ayuda del Espíritu de Dios y que da testimonio  en su discurso ante un pueblo que no tolera que se le diga la verdad. Esteban hace en su discurso un largo recorrido por las figuras de la historia sagrada quienes se convierten en un anticipo profético de lo que ha sucedido al Justo, es decir, a Jesús. Esteban muestra como en él ha llegado el límite de la persecución sufrida por los profetas y la rebelión del pueblo contra Dios. Y esta verdad molesta a los que lo escuchan. AAl oír esto, se llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él. Pero Esteban , lleno del Espíritu Santo , mirando fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y exclamó: -Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.   Ellos dando gritos, se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo (Pablo). Mientras lo apedreaban Esteban oraba así: -Señor Jesús, recibe mi espíritu-. Luego cayó de rodillas y gritó con voz fuerte: -Señor, no les tengas en cuenta este pecado. Y dicho esto, murió.@ (Hech. 7, 54-60).

Y agregan los Hechos de los Apóstoles (8,1): AAquel día se desencadenó una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén; y todos excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria@.

 

El testimonio de los primeros cristianos se vio envuelto en las más crudas persecuciones por parte de los poderes del imperio Romano, por su estilo de vida y su independencia ante la autoridad terrena:

- en los tiempos de Domiciano (81-96)

- durante el mandato del emperador Trajano (98-117)

- en tiempos de a Adriano (117-138)

- bajo el mandato de Antonio Pío (138-162),

- las más crueles persecuciones fueron la del emperador Decio (249-251)  y la de

  Valeriano (253-260).

 

En el martirio del año 258 el obispo de Cartago Cipriano, Sixto obispo de Roma y varios diáconos: AEntre estos diáconos estaba un español natural de Huesca, llamado Lorenzo, que era el encargado de la administración económica de la diócesis de Roma. Al poco ser apresado se le dejó libre con el fin de que fuese por el >tesoro de la Iglesia para entregarlo a las arcas imperiales. Lorenzo repartió todo lo que había entre los pobres y se presentó con ellos ante la policía imperial. >Estos son el tesoro de la Iglesia, dijo, señalando a los pobres de la ciudad que le acompañaban. Fue martirizado en una parrilla y dice la tradición que, en medio del sufrimiento, bromeaba con los verdugos: >De este lado ya estoy asado; dadme la vuelta=@[3].

 

El martirio de  ayer continúa hoy en la historia. Los primeros testigos de Cristo siguen hoy su camino en esta Iglesia peregrinante, y su sangre sigue siendo, como decía Tertuliano, A semilla de cristianos. La misión de la Iglesia de anunciar y testimoniar  al mundo el Evangelio continúa como respuesta a un encargo del mismo Señor: AVayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos (Mt. 28, 19-20). La fuerza y la ayuda del Señor nos acompaña hoy y siempre. Pero no olvidemos que esta misión es fruto, no tanto del esfuerzo humano aunque es importante, sino el fruto de una fuerte experiencia personal y comunitaria de esta Palabra de Dios que se proclama. Es el mismo Espíritu Santo quien crea comunidad y quien abre los ojos, los oídos, la boca y el corazón a todos los creyentes para que anuncien el Evangelio  y lo testimonien ante el mundo.

 

La Exhortación Apostólica “VITA CONSACRATA” en su parágrafo 86 nos invita a la fidelidad al Señor hasta el martirio como donación de la propia vida.  Tantos mártires que han conocido “las catacumbas de la persecución de regímenes  totalitarios o de grupos violentos” incluso hasta derramar su sangre,  nos siguen interpelando hoy a continuar con las opciones fundamentales de nuestra actividad misionera y las acciones a favor de los pobres, los enfermos y los marginados de la historia.  Continúa diciendo la exhortación: “Es vivo el deseo que la memoria de tantos testigos de la fe permanezca en la conciencia de la Iglesia como una motivación a la celebración y a la imitación. Los Institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica contribuyen a esta obra recogiendo los nombres y los testimonios de todas las personas consagradas, que pueden ser inscritos en el Martirologio del siglo veinte”. Y esto es lo que me propongo con este trabajo.

 


Monseñor Rino Fisichella en sus lecciones de Teología Fundamental (1997) decía con razón: ASi nosotros hoy tenemos viva la fe es porque hoy en el mundo, como ayer, tenemos los mártires; la Iglesia misma puede decirse mártir. El mártir no es extraño a nuestra vida y a nuestra historia, no va relegado a la figura de un héroe del pasado sino es visto como nuestro contemporáneo. La Iglesia tiene necesidad de los mártires porque en ellos está la aceptación de la muerte y el perdón del asesino a la luz del amor cristiano. La Iglesia antes de ser Iglesia de los mártires es ella misma mártir; ha nacido, vive y continúa a  desarrollarse a la luz de Cristo mártir... El martirio es un lenguaje, que es un signo válido en grado de expresar y probar la credibilidad de la Revelación, que es la forma más expresiva del amor de aquel que se confía a la Revelación cumpliendo su acto de fe. El martirio tiene por esto un fuerte carácter comunicativo. Tiene valor semántico y nos envía a una realidad objetiva@. El mártir es aquel que acepta libre y conscientemente morir por la vida,  y se convierte en el signo más alto y noble de quien ha sido amado primero por Dios de forma personal

 

 

 

3.  EL MARTIRIO DESDE LOS DOCUMENTOS DEL VATICANO II

 

 

a) Desde la Constitución Dogmática sobre la Iglesia ALumen Gentium@, se muestra el martirio como la suprema prueba de la caridad : AAsí como el Hijo de Dios manifestó su caridad ofreciendo su vida por nosotros, nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por El y por sus hermanos (cf.1 Jn.3,16; Jn.15,13). Pues bien: ya desde los primeros tiempos algunos cristianos se vieron llamados, y lo serán siempre, a dar este máximo testimonio de amor delante de todos, principalmente delante de los perseguidores. El martirio por consiguiente, con el que el discípulo llega a hacerse semejante al Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo, asemejándose a El en el derramamiento de su sangre, es considerado por la Iglesia como el supremo don y la prueba mayor de la caridad. Y si  ese don se da a pocos, conviene que todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia@ (LG.42).

Son pruebas de amor ante las cuales el mundo de hoy no puede quedar indiferente,  y  lo mueve a poner su vida en manos del dador de la vida y a confiar plenamente en los valores supremos y trascendentes.

 

b) Lumen Gentium 50 describe el martirio como la prueba suprema de fe: ASiempre creyó la Iglesia que los apóstoles y mártires de Cristo, por haber dado su supremo testimonio de fe y de amor con el derramamiento de su sangre, nos están íntimamente unidos en Cristo...Dios manifiesta a los hombres en  forma viva su presencia y su rostro, en la vida de aquéllos, hombres como nosotros, que con mayor perfección se transforman en la imagen de Cristo (cf.2 Cor.3,18). En ellos El mismo nos habla y nos ofrece un signo de ese Reino suyo hacia el cual somos poderosamente atraídos, con tan gran nube de testigos que nos cubre (cf.Heb.12,1) y con tan gran testimonio de la verdad del Evangelio@ (LG. 50). La unión íntima con Cristo a que estamos llamados todos los cristianos llega a su más plena realización en el martirio, que es la suprema prueba al mundo de una fe que supera todo bien.

 

c) El Decreto APresbyterorum Ordinis@ sobre el Ministerio y Vida de los Sacerdotes, presenta el martirio como la entrega suprema pastoral: AComo guías y pastores del pueblo de Dios, son incitados por la caridad del Buen Pastor, que los empuja a dar la vida por sus ovejas, dispuestos también al supremo sacrificio, a ejemplo de aquellos sacerdotes que, aun en nuestros días, no rehusaron en entregar sus vidas...@(P.O. 13). El sacramento del Orden es servicio, una total disposición de los pastores que el Señor ha elegido a dar todo de sí, incluso la propia vida, para que sus ovejas tengan la vida asegurada.


 

d) En la Declaración ADignitatis Humanae@ sobre la Libertad Religiosa, se nos hable de la difusión de la fe hasta el martirio: Alos cristianos, llevando una sabia conducta, pongan empeño en difundir entre los de fuera, en el Espíritu Santo, con caridad no fingida, con palabras de verdad (2Cor. 6,6-7), la luz de la vida con toda confianza y fortaleza apostólica, incluso hasta el derramamiento de sangre. (D.H. 14).   Ciertamente la obligación de la Iglesia es proclamar la Palabra y testimoniarla día a día, enseñando a todas las gentes para que la Palabra sea cada vez más difundida y glorificada (cf. 2 Tes.2, 1-4). Todos tenemos una misión que cumplir en esta tarea eclesial, guiados por el Espíritu Santo que es la fuente de toda verdadera vida y de toda verdadera misión eclesial.

 

e) El Decreto AAd Gentes Divinitus@ sobre la actividad Misionera de la Iglesia, en el capítulo IV cuando se dirige a los misioneros también nos habla de la difusión de la fe hasta el martirio:@El que anuncia el Evangelio entre los gentiles...dé testimonio de su Señor con su vida enteramente evangélica, con mucha paciencia, con longanimidad, con suavidad, con caridad sincera, y, si es necesario, hasta vertiendo la propia sangre@(A.GH. 24). El misionero está llamado por vocación a renunciarse a sí mismo para hacerse uno con todos los que el Señor le ha confiado; a vivir de tal manera su entrega que su vida sea un signo de la vida de Dios en medio de las tinieblas de la muerte. Y hoy más que nunca es urgente este llamado, ya que la cultura predominante, en algunas ocasiones, oscurece la labor y la vida de los misioneros e intenta apagarla aun con la violencia.

 

f) La Constitución Pastoral AGaudium et Spes@ sobre la Iglesia en el Mundo Actual, hablando del testimonio como la actitud de la Iglesia hacia el ateísmo, dice: Ael remedio que se ha de aplicar al ateísmo se ha de esperar, ya de la doctrina expuesta como es debido, ya de la integridad de la vida de la Iglesia y de sus miembros, pues es deber de la Iglesia hacer presente y casi visible a Dios Padre y a su Hijo encarnado, renovándose y purificándose continuamente bajo la guía del Espíritu Santo. Eso se obtiene en primer lugar por el testimonio de una fe viva y madura, educada precisamente para saber conocer con claridad las dificultades y superarlas. Testimonio insigne de esta fe lo dieron, y lo siguen dando, muchísimos mártires. Esta fe debe manifestar su fecundidad impregnando la vida toda de los creyentes, incluso en la vertiente profana, y moviéndoles a la justicia y al amor, principalmente con los pobres@ (GS.21).   El ateísmo es una voz de protesta ante una sociedad que se proclama cristiana pero no vive plenamente su cristianismo. Hoy más que nunca el testimonio de cada creyente hará creíble nuestra fe ante los ojos incrédulos de muchos hombres que solo creen en los hechos. Ciertamente hoy somos testigos de muchos acercamientos entre Aateos@ y cristianos frente a problemas y temas que incumben a todo el género humano. Estos acercamientos, en algunos casos, llevan a una conversión del corazón hacia la fe de muchos hombres que se encontraban escépticos, gracias a ese testimonio cristiano de los que se empeñan en labores sociales y de humanización.

 


g) En la ya citada Declaración ADignitatis Humanae@, se nos habla de la oposición a la autoridad civil hasta el martirio por la fe: ADios llama a los hombres a que le sirvan en espíritu y en verdad: con esta llamada quedan obligados por su propia conciencia, no coaccionados. Porque Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana, que El mismo ha creado, y que debe regirse por su propia determinación y disfrutar de libertad...No quiso ser un Mesías político, que prevaleciera por la fuerza, sino que prefirió llamarse el Hijo del hombre que ha venido a servir y a dar su vida como redención de muchos (Mc.10,45)...Reconoció el poder civil y sus derechos, mandando respetar los derechos superiores de Dios: >Dad al César lo que es del César, y  a Dios lo que es de Dios= (Mt.22,21). Al igual que Cristo los Apóstoles tuvieron empeño siempre en dar testimonio de la verdad de Dios, y se atrevieron a proclamar ampliamente ante el pueblo y sus autoridades la >Palabra de Dios con confianza...  Como su Maestro, también los Apóstoles reconocieron la legítima autoridad civil...pero,  al mismo tiempo,   no tuvieron miedo de contradecir al poder público, cuando se oponía a la voluntad santa de Dios: >Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres= (Act.5,29).

 

 Este camino han seguido innumerables mártires y fieles a través de los siglos en todo el mundo@ (DH. 11). Queda así plasmada la libertad de los Hijos de Dios frente a todo lo que a conciencia va contra la ley de Dios. Decía Monseñor Romero en su ultima homilía, cuando se dirigía a los militares: Aante una orden de matar, debe prevalecer la ley de Dios que dice: >no matar=. Les ruego, les suplico, les ordeno, en nombre de Dios, cese la represión@. Y el 24 de Marzo de 1977 muere asesinado mientras elevaba la sangre y el cuerpo de Cristo en el altar. Mezcla su sangre con la de Cristo por se libre ante las autoridades salvadoreñas que asesinaban a tantos campesinos inocentes. Ahora lo asesinan a él de un tiro en el corazón.  También había dicho: Mi muerte sea para la liberación de mi pueblo y como testimonio de esperanza para el futuro@, ASi me matan resucitaré en mi pueblo salvadoreño. A mí me pueden matar pero no a la voz de la justicia@.

 

h) En el Decreto AUnitatis Redintegratio@ sobre el Ecumenismo, se nos habla de la actitud ante los hermanos separados: AEs necesario que los católicos reconozcan y estimen con alegría los bienes verdaderamente cristianos, provenientes del patrimonio común, que se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las obras de virtud en la vida de esos otros que dan testimonio de Cristo y a veces hasta el derramamiento de la sangre;  porque Dios es siempre admirable y digno de admiración en sus obras@ (UR.4).

El martirio y el testimonio de Cristo es un patrimonio común que pertenece a todos los cristianos, sin distingo alguno. Son , sin duda, un puente que nos une frente a una realidad de división no siempre fácil de sanar. Estos testigos del Evangelio nos cuestionan y nos invitan con su vida a superar todo lo que nos separa y mirar hacia fines más altos y duraderos, en el camino de la unidad y el ecumenismo.

 

 

4.   TESTIGOS DE LA VERDAD ANTE NUESTRO MUNDO.

     PERSPECTIVA DESDE EL CATECISMO DE LA IGLESIA                               CATÓLICA

 

El Catecismo de la Iglesia Católica ha dedicado una parte importante a resaltar el ansia de toda persona en ser testigos de la verdad y en vivir en la verdad. El octavo mandamiento de la Ley de Dios dice ANo darás falso testimonio contra tu prójimo@. Se prohibe falsear la verdad, ante la que todo creyente está llamado a actuar y a vivir. Toda ofensa a la verdad es una falta contra la naturaleza misma del hombre creado a imagen y semejanza de Dios, que es la fuente de toda verdad. Permitir que triunfe la mentira es permitir que el mal triunfe sobre el bien, porque todo bien viene de la verdad y de actuar según ella. Jesús nos dijo: Ala verdad los hará libres@ (Jn.8,32) y es esa libertad a la que todo el género humano se dirige con ansia de encontrar a Cristo que es la Verdad plena para llegar hasta el Padre (cf.Jn.14,6).

 


El Catecismo de la Iglesia Católica dice con respecto a Adar testimonio de la verdad@: AAnte Pilatos, Cristo proclama que había >venido al mundo: para dar testimonio de la verdad= (Jn.18,37). El cristiano no debe >avergonzarse de dar TESTIMONIO del Señor= (2 Tim.1,8). En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de San Pablo ante sus jueces. Debe guardar una >conciencia limpia ante Dios y ante los hombres= (Hch.24,16)@ (CIC. 2471).

 

Es una invitación a ser testigos de esa verdad que tantas veces es molesta pero que debe caracterizar a todo creyente que por el Bautismo se ha revestido del Hombre Nuevo en Cristo. Toda nuestra vida debe ser un signo de verdad y de transparencia en todo lugar y en toda situación. Y por esa verdad se llega algunas veces hasta el testimonio máximo con la propia vida: AEl martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. >Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios=[4] (CIC. 2473).

 

Muchos han sido los mártires que han plasmado sus testimonios por escrito y nos iluminan hoy el camino hacia ese testimonio de la verdad. Son Alas catas de los mártires, que constituyen los archivos de la Verdad escritos con letras de sangre@[5]. Uno de esos archivos es el de San Polycarpy en Martyrium Polycarpy, 14, 2-3. Es una verdadera oración de la vida y para la vida, de la Verdad y por la verdad: ATe bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado en el número de tus mártires... Has cumplido tu promesa, Dios de la fidelidad y de la verdad. Por esta gracia y por todo te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu Hijo amado. Por El que está contigo y con el Espíritu, te sea dada gloria ahora y en los siglos venideros. Amén@ . 

 

 

 

5.  RELIGIOSOS MARIANISTAS,  LLAMADOS A SER TESTIGOS   EN

    MEDIO DEL MUNDO: ACERCAMIENTO A LA REGLA DE VIDA

 

El Padre Guillermo José Chaminade, fundador de la Compañía de María- Marianistas, insistía mucho a sus religiosos en Adar al mundo un espectáculo de santos@. Escribiendo al Papa Gregorio XVI en 1838, para solicitar ser Misionero Apostólico, manifiesta su deseo de fundar asociaciones especiales de laicos para Areavivar y volver a encender por doquier la llama divina de la fe, PRESENTANDO en todas partes, al mundo admirado, muchedumbres importantes de  cristianos católicos de toda edad, de todo sexo y de toda condición...que PRACTIQUEN sin vanidad y sin respeto humano nuestra santa religión, en toda la pureza de sus dogmas y de su moral@.

 


 Pide, además, fundar dos nuevas Ordenes, una femenina y otra masculina Aque al mismo tiempo que prueban al mundo, por sus buenos ejemplos, que el cristianismo no es una institución envejecida, y que el Evangelio es PRACTICABLE todavía hoy como hace 1.800 años, disputen a la propaganda, disimulada bajo mil formas y colores, el campo de las Escuelas, abriendo clases de todo nivel y materias, especialmente entre el pueblo, el más numeroso y abandonado...@   Es una carta que recoge muy bien una lectura de los signos de los tiempos y una solución que el Espíritu Santo le inspira para bien de la Iglesia y de la evangelización. No se pueden repetir los viejos esquemas,   hay que recomenzar con nuevos métodos y formas, pero sobre todo, por el ejemplo, por el testimonio personal y comunitario.

 

El Padre Chaminade en una de sus “Notas de Instrucción” (VII, p.141)  habla de los mártires en estos términos: “La sangre para la consagración del nuevo templo y de la nueva Iglesia, como para la consagración del templo de Salomón;  para éste se sacrificaron cien mil ovejas y veinte mil bueyes. Los corderos y las ovejas son los simples fieles, los  bueyes son figura de los obispos y de los sacerdotes... 100.000 ovejas, cuanto mayor el número de los mártires de la iglesia primitiva. En las tormentas de las persecuciones generales, no hubo país ni isla ni rincón de la tierra que no fuera inundado  por la sangre de los mártires... de todo orden, de todo sexo, pero lo que más me admira, de tiernos niños... ‘El altar de la divinidad era testigo, ella que todavía no era árbitro de sí misma’ (San Ambrosio, Libro 1 de Virg.) ...’Si la Iglesia hubiera querido asignarles a cada uno un día de fiesta, podría asignar a cada día más de cinco mil’ (D. Jerónimo, Les 3 premiers papes martyrs..)”

 

El Padre Chaminade que conoció la persecución y  el destierro por la fe, funda dos Congregaciones Religiosas: Las Hijas de María Inmaculada (Marianistas) y la Compañía de María (Marianistas). El papel de los laicos es fundamental en los inicios y luego en sus años venideros. También hoy la Familia Marianista intenta dar  al mundo ese anuncio y  testimonio de la Palabra: Religiosas, Religiosos (sacerdotes y laicos) y las Comunidades Laicas Marianistas  unidos, buscan responder a los nuevos retos de los tiempos inspirados en la espiritualidad del Padre Chaminade.

 

La Regla de Vida Marianista de 1993, habla a menudo de la importancia clave del TESTIMONIO. Daremos un acercamiento a cada uno de los artículos que nos hablan de ello:

 

a) Testimonio de la presencia de Cristo: AVivimos en comunidades animadas por la fe, que intentan tener un solo corazón y una sola alma, a ejemplo de la primera comunidad de Jerusalén. Esperamos dar así testimonio de la presencia de Cristo y mostrar que también hoy se puede vivir el Evangelio con todo el rigor de su letra y de su espíritu@ (Art. 9).

 

b) Testimonio de nuestra esperanza: APor el don de nosotros mismos a Dios, participamos en el misterio pascual del Señor y damos testimonio de nuestra esperanza@ (Art. 17b).

 

c) Testimonio de nuestra dependencia del Señor y de la primacía de su Reino y del carácter liberador de la pobreza: A...La vida de pobreza nos libera para que Cristo tome posesión de nuestras vidas y a través de nosotros llegue a los demás. Esperamos así dar testimonio de nuestra dependencia del Señor, de la primacía de su Reino y del carácter liberador de la pobreza evangélica@ (Art. 23).

 

d) Testimonio de un pueblo de santos: A...Sabemos que,  a pesar de nuestras imperfecciones, Dios que nos ama y nos llama a la santidad, puede hacer que nuestras vidas, personal y comunitariamente den el testimonio de un pueblo de santos@. (Art. 33).

 

e) Testimonio del amor de Dios: ALa comunidad Marianista quiere ser imagen de la primera comunidad de los discípulos de Jesús unidos a María y llenos del Espíritu Santo. Vivimos en comunidad para dar testimonio del amor de Dios, llegar a la santidad y realizar nuestra misión apostólica@. (Art. 34).

 

f) Testimonio de la Palabra de Dios: AMaría, Madre de la Iglesia, participó con toda su alma en la obra de su Hijo y está activamente presente en la historia de la salvación. Es nuestra inspiración y nuestro modelo. En unión con Ella y en su nombre damos testimonio de la Palabra de Dios...@ (Art. 65).

 


g) Testimonio vivo de la fe: AUn medio privilegiado de cumplir nuestra misión es la comunidad en sí misma. Sabemos que la calidad de nuestra vida produce más impacto que nuestras palabras. Juntos buscamos caminos para dar testimonio vivo de la fe que compartimos@ (Art. 67).

 

h) Testimonio que denuncie: ASea cual sea el trabajo que realice, la misión que se le encomiende o el medio en que viva, el religioso nunca pierde de vista su condición de pobre y se esfuerza en aprovechar las oportunidades de llegar a un contacto directo con los necesitados. Se mantiene  al tanto de las situaciones y problemas de su tiempo. En un mundo de recursos limitados y en el que una gran parte de los hombres carecen de lo necesario, debe dar un testimonio que denuncie tanto el despilfarro como la negligencia@ (Art. 2.7).

 

i) Testimonio colectivo de pobreza: ATodos los religiosos participan en la elaboración del presupuesto de la comunidad. Deben prever en él partidas para la comunicación cristiana de bienes con los pobres y con las necesidades de la Iglesia. revisan los gastos comunitarios y evalúan periódicamente su testimonio colectivo de pobreza y las posibilidades de expresarlo de maneras más eficaces@ (Art. 2.10), (Cf.7.13a).

 

j) Testimonio de serenidad y de fidelidad: A...Las comunidades se alegran de tener, entre sus miembros, hermanos ya retirados y les ayudan a llevar a plenitud su vocación. Todos aprecian su testimonio de serenidad y de fidelidad, su rica experiencia y la valiosa contribución de oración y ejemplo que pueden aportar...@ (Art. 3.5).

 

k) Testimonio de una vida humana y religiosa: AToda obra apostólica tiende a desarrollar un espíritu de comunidad. Una contribución importante que la comunidad Marianista puede aportar a cualquier obra es la del testimonio de una vida humana y religiosa que fortalece ese espíritu comunitario, que lo penetra con el evangelio y que promueve el respeto a las personas@ (Art. 5.5).

 

l) Testimonio de la fe: AEl medio preferido para difundir nuestro carisma es establecer y desarrollar comunidades seglares de la Familia Marianista...Ellos,  a su vez,  nos estimulan a ser fieles a nuestra vocación y nos enriquecen con el testimonio de su fe@ (Art. 5.6).

 

ll) Testimonio de valores humanos y cristianos: ALos Marianistas que enseñan dan testimonio de una vida rica en valores humanos y cristianos. Contribuyen de una manera especial a la misión común por su competencia profesional y por su interés por el crecimiento humano y espiritual de todos los miembros de la comunidad escolar@ (Art. 5.12).

 

m) Testimonio claro de justicia y fraternidad: ANuestras comunidades deben dar un testimonio claro de justicia y fraternidad. La comunidad estimula a sus miembros a que promuevan la justicia y les ayuda a esclarecer sus motivaciones y decisiones a la luz del Evangelio. Nuestras comunidades tienen que promover la dignidad humana y la participación de todos en nuestra misión común, rechazando toda discriminación y opresión. Trabajamos juntos para aumentar nuestra conciencia de la injusticia y del sufrimiento humano y, cuando es preciso, hablamos y actuamos como comunidad en estos asuntos@. (Art. 5.17).

 

n) Testimonio preparado desde la formación: @Todo Marianista laico debe recibir una formación religiosa y espiritual que le prepare para el testimonio, el servicio y la misión particulares que tiene por su condición de religioso laico...@ (Art. 6.15).


Como vemos, la espiritualidad Marianista es muy rica en propuestas para dar al mundo un testimonio de nuestra fe y de nuestra vida cristiana. Creemos que es fundamental el anuncio y el testimonio de la Palabra en todas nuestras obras, en nuestra vida personal y comunitaria. Sólo así será cada vez mas fecunda  nuestra obra, que es la obra de Dios, la obra de María.

 

A lo largo de nuestra historia, desde los inicios con nuestro fundador el Padre Chaminade,  hasta nuestros días,  la Compañía de María- Marianistas ha conocido el la persecución, el destierro, el exilio, la cárcel y hasta el martirio con el testimonio máximo de muchos hermanos Marianistas que han derramado su sangre por vivir plenamente este espíritu de nuestra fe, del Evangelio,  de nuestra Regla de Vida. Han sido hermanos que no han falseado la verdad ni se han dejado imponer otra Averdad@ que lleve al error.   Han  sido hermanos que han testimoniado hasta el fin su fe y su opción por la vida, la justicia y la verdad y los pobres!. Y hoy, muchos de ellos ya han sido reconocidos por la Iglesia como mártires de Cristo. Veamos algunos ejemplos que nos pueden animar a vivir plenamente nuestra fe.

 

 

 

 

 

 

6.  MÁRTIRES MARIANISTAS: ANTORCHAS VIVAS QUE NADIE   

    PODRÁ APAGAR

 

La Iglesia se ha visto enriquecida desde sus orígenes por la vida de los mártires. Son hombres y mujeres que han sabido mantener su lámpara encendida hasta nuestros días, y son para nosotros y para toda la Iglesia antorchas vivas que nadie podrá apagar, porque tienen la victoria asegurada.

AEl mártir es un testigo de Cristo no  sólo con la profesión de fe, sino además con su vida y su muerte, e imita así la obra y la muerte salvífica del Redentor. El  es, por esto, un testigo por excelencia el  testimonio de los mártires no es solamente una manifestación humana, sino un testimonio del Espíritu Santo y por ello particularmente preciosa (cf. Mt. 10,19-20); psicológicamente hablando, el testimonio del martirio adquiere una particular eficacia en cuanto la profesión oral viene confirmada con la vida y sobre todo con la muerte.@[6]. 

 

El martirio es para el mundo el más grande acto de amor que un cristiano puede dar. La verdad que profesaba se ha hecho una sola verdad con su vida y con su  muerte. Es la vía más noble y más creíble a la santidad, porque presupone una fe profunda en Dios, por quien se da la vida, y  un amor grande por el prójimo a quien se defiende con la propia sangre. Es una adhesión personal que lleva a donar libremente la propia existencia,  y que lleva a poner por encima de las cosas de este mundo las promesas divinas.

 

En la Compañía de María tenemos varios mártires que s