Cuadro de texto: Objetivos
 


·       Analizar las experiencias que tenemos de errores, fallos y defectos en nuestra vida y las actitudes que tomamos ante ellos.

·       Conocer e intentar profundizar en la idea de pecado que tenemos.

·       Profundizar en el sacramento de la Penitencia como expresión del amor, acogida y perdón que Dios da al pecados.

·       Descubrir la alegría que produce recibir el perdón de Dios.

 

 

Cuadro de texto: Metodología
 


·       Desarrollo

-         Todos tenemos fallos

 

Aunque lo intento, no siempre hago el bien. Una y otra vez no soy lo que quiero ser. En tu caso ¿cuáles son los más frecuentes?

·         Me dejo llevar por el mal genio

·        Doy malas contestaciones

·        Soy cómodo y perezoso

·        Soy arrogante y desprecio a mis compañeros

·        Miento y engaño

·        Critico injustamente a algunos

·        Digo palabras y expresiones malsonantes

·        No respeto las cosas y la Naturaleza

·        No respeto mi cuerpo y el de los demás

·        No trato con respeto y afecto a los mayores

 

Ante nuestros fallos y defectos podemos adoptar diferentes posturas. De las siguientes actitudes, ¿Cuáles te parecen las más correctas?:

·        No tengo nada de que arrepentirme

·        Todo lo hago bien

·        No soy capaz de pedir perdón a nadie

·        Pedir perdón es rebajarse

·        Siempre es posible empezar de nuevo

·        Nunca me doy por vencido

·        Me siento hundido y desanimado

·        Busco ayuda para superarme

 

-         Actividades

1.      Establecer un diálogo en el cual los chavales expresen cuales son los fallos y/o defectos más frecuentes en ellos (en general, sin personalizar), a cuales dan más importancia y menos. Pueden añadir a la lista los que ellos consideren oportunos.
De la lista de actitudes antes esos fallos los cuales creen que son más correctas. Pueden añadir si creen que falta alguna.

2.      ¿Qué es el pecado?
En una cuartilla, en una de sus caras que escriban la palabra ‘PECADO’ y a continuación un sinónimo de dicha palabra que para ellos pueda ser equivalente o tener el mismo valor. Poner las cuartillas boca abajo y continuar con la explicación.

3.      Después de haber hecho una introducción (Anexo I) acerca del pecado, escriben una breve y muy personal definición de pecado. Comparar con la idea intuitiva de pecado que habían escrito inicialmente.

4.      Realizamos la actividad que acompaña en la hoja del catecúmeno.

5.      Para teminar, y en grupo, pedimos perdón a Dios orando con el texto el que tienen en la hoja. Ellos puedes, si así lo manifiestan, añadir o eliminar peticiones de perdón, personales o generales.

 

Anexo I

Moral de actitudes

 

            Los actos aislados significan muy poco. Los actos son como las palabras, sólo tienen sentido dentro de una frase, y una frase sólo puede ser bien comprendida dentro de todo el discurso.

            Jesús relativizaba la importancia de los actos concretos. Para los escribas y fariseos una acción era buena si seguía la Ley. Jesús, sin embrago, decía que una acción era buena si procedía de un interior bueno.

            Pero esto no significa que los actos carezcan de importancia. Sirven para manifestar como es la actitud interior.

            El valor ético no está en los actos, sino en la actitud interior que los inspira. “Aunque repartiera todos mis bienes a los pobres (...) si no tengo amor de nada me sirve” (I Cor 13,3)

            No hay mucha diferencia moral entre un empresario explotador y un joven egoísta cuya falta de amor todavía no puede manifestarse en decisiones graves.

            La actitud no queda siempre retratada por un acto aislado, pero sí por el conjunto de actos.

            ¿Qué es lo que quiere Jesús de nosotros? Jesús lo que quiere es que cada uno decida sin ambigüedad cuál va a ser el norte de su existencia. Los cristianos, en el bautismo optamos por el reino de Dios y sus valores, que se convierten en nuestra “opción fundamental”. ¿Por qué es fundamental? Porque se refiere al conjunto de nuestra existencia. Por lo tanto, el bautizado (más tarde, confirmado en la fe) no podrá tomar ninguna decisión sin preguntarse si es o no coherente con su opción fundamental.

            El pecado, que llamamos ‘mortal’ no es otra cosa que el abandono de la opción fundamental. No ser consecuente con la opción fundamental de seguir a Cristo. Y, en ese sentido, es más una traición que una transgresión. La palabra pecado y pecar en hebreo significan ‘no dar en el blanco’, ‘desviarse’ (de la opción fundamental). Y es lógico pensar que cuando una persona construye su vida sobre una opción fundamental, no puede estar abandonándola cada dos por tres. El pecado mortal es algo muy serio y fácil de identificar. San Alfonso de Ligorio dijo que: “Si se te mete un elefante en tu habitación, tienes que verlo por fuerza”. Por tanto, no se comete un pecado mortal por equivocación.

            ¿ Y qué es el pecado venial? En realidad consiste en una debilidad o enfriamiento de la opción fundamental. Son actos aislados que no expresan la verdadera actitud interior del hombre.

            ¿Y el hombre como distingue lo bueno de lo malo? A través de su conciencia, formada a la luz de la teología moral, que es la que le ayuda a discernir lo bueno de lo malo.

            Siempre, detrás de la conducta de un hombre existe un sistema ético. Y quienes dicen no tenerlo o necesitar tenerlo acaban haciendo suya la ‘moral del ambiente’ sin darse cuenta. Hacen lo que hace la mayoría, lo que está de moda.

            Es importante saber que: La normalidad estadística no equivale a normalidad ética. Y la teología mora no es ningún atentado contra la libertad humana, sino que libera al hombre de la inconsciente tiranía del ‘se hace’.

            Y, para ti, ¿Qué es el pecado? ¿Qué opinas del pecado? Es importante intentar responder a esta pregunta desde la reflexión sincera y profunda. Si no somos capaces de plantearnos este tema, porque nos parece obsoleto, pasado de moda o simplemente no va con nosotros, en realidad lo que estamos haciendo en ‘aparca’ una cuestión molesta, pero que sabemos que hay cosas que están bien y cosas que están mal. Lo que hay que hacer es entrar por ese camino e intentar, a la luz de nuestra libre opción fundamental (valores cristianos), aclarar nuestra situación personal analizando nuestras actitudes. Tenemos las herramientas, utilicémosals. Además tenemos la seguridad de que si lo pedimos, obtendremos el perdón.

            “¿Quién de vosotros tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre  sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido” (Lc 15,4-7).

Anexo III
Hay perdón para el pecado

Dios Padre ama desde siempre al pecador y le sigue ofreciendo su acogida y perdón.
Jesús es para nosotros la mayor prueba de ese amor y perdón.

 

“Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle, y los escribas y fariseos murmuraban diciendo: Éste acoge a los pecadores y como con ellos” (Lc 15,1)

            Dios Padre perdona y olvida. No tendrá ya más en cuenta este pecado. Sigue amando y confiando en la persona. Es como el padre bueno, que hace fiesta, cuando  vuelve a casa su hijo que se había alejado.

Muchos piensan que pueden “arreglar las cosas” a solas con Dios, sin necesidad de recurrir a al sacramento del perdón. Pero por diferentes motivos este planteamiento está equivocado:

1)      Es un hecho que en la vida del hombre los acontecimientos decisivos se celebran, se convierten en una fiesta. El perdón no es una excepción.

2)      Todo pecado e también un pecado contra nuestros hermanos (“Yo confieso ante dios Todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho...”)

3)      El pecado lo es también contra la comunidad, representada por la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo. Por lo tanto la reconciliación con la Iglesia a través del Perdón supone la reconciliación con Cristo, con nuestros hermanos y con nosotros mismos. En resumen, podemos decir que el pecado tiene tres dimensiones: religiosa, social-eclesial, y personal. Por lo tanto el sacramento del perdón o reconciliación debe también contemplar esa triple dimensión: nos reconciliamos con Dios, con la Iglesia y con la comunidad y con nosotros mismos.