Cuando era pequeño esperaba con auténtico deseo la llegada del Adviento. A finales de noviembre mi madre me compraba un calendario de Adviento, con sus veintiocho ventanas. Era una lámina de colores, que me iba acercando, con magia, hacia la Navidad. La ponía en la puerta de la habitación y cada mañana, al levantarme, abría una ventana: encontrabas dibujos de campanas, ramas de acebo, abetos, regalos, ángeles, pastores...hasta llegar al día veinticuatro, donde descubría, siempre con ilusión, el misterio: a María y el niño, junto con José. Nochebuena. Comenzaba la Navidad.
Te ofrezco lo mismo para este adviento: un calendario. Cada día puedes abrir una ventana y acercarte a María, que te lleva siempre a Jesús
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