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:: Justicia, Paz e Integridad de la Creación

 

Un recorrido rápido por los cuarenta últimos

Texto: Cándida Gago García
Publicado en el
Pliego de la revista Vida Nueva nº 2.599 del 2-8 de febrero de 2008

El primer bloque temático de la campaña de cuaresma tratará cuestiones relacionadas con la infancia de las niñas. El informe del PNUD coloca, un año más, en el último puesto de la lista del IDH a Níger, un país con más de 800.000 niños y niñas gravemente afectados por el hambre y la desnutrición. Acercaremos nuestra mirada, el Miércoles de Ceniza, a la de Nana, una mujer de veintidós años desesperada ante la falta de alimentos para sus dos gemelos recién nacidos; la tragedia de Nana es aún mayor si profundizamos en sus palabras, “de la vida de mis hijos depende la mía. Si ellos mueren yo no tendré fuerzas para seguir adelante”.

La historia de Ishah Jonson es desgarradora; de manos de ella y de Gervasio Sánchez nos adentramos en los problemas derivados de la Guerra en Sierra Leona. Ishah tenía 11 años cuando los rebeldes asaltaron su aldea, raptándola para ser utilizada como soldado y esclava sexual. Se calcula que unos 250.000 niños han sido utilizados como soldados en las guerras en África; las niñas no son obligadas a combatir en la mayor parte de los casos, sino que son utilizadas como esclavas sexuales y sirvientas.

La discriminación entre hombres y mujeres se hace efectiva desde la primera infancia como demuestran los datos que se presentan sobre Malí; en este país el 72% de las niñas campesinas nunca asisten a la escuela; las restantes tienen muchas posibilidades de no completar su educación debido a la costumbre de enviarlas como empleadas domésticas para recaudar dinero para su dote nupcial; la edad media femenina de contraer matrimonio en este país es inferior a los 18 años.

En Burkina Faso, cuarto país de la lista, el trabajo durante la edad infantil es muy común. Las tareas más duras son aquellas realizadas por las niñas como empleadas domésticas. La coordinadora de la COBUFACE (Coalición por los Derechos de los Niños en Burkina Faso) indica que aquellas niñas que pernoctan en casa del patrón trabajan unas 18 horas al día, no siendo raro que se levanten hacia las 5 de la mañana y se acuesten hacia la media noche o la 1 la madrugada.

En muchos países del mundo el matrimonio de las adolescentes es una práctica muy común; en numerosos casos las adolescentes contraen matrimonio con hombres mucho mayores que ellas y éste suele estar acordado por las familias. Alsan N´Canha es una chica de veinte años, de Guinea Bissau, que huyó de su casa porque no quería casarse con un hombre de 50 años de edad, elegido por su familia. Según nos cuentan algunos conocedores de la situación como Joaquim Correia, de las Iglesias Evangélicas, “en Guinea Bissau hay niñas que por negarse al matrimonio son sometidas a castigos corporales e incluso están atadas durante días; el matrimonio precoz supone para muchas de estas adolescentes la contracción de enfermedades mortales como el VIH-SIDA y la muerte durante el parto del primer alumbramiento”.

El tema del matrimonio en muchachas adolescentes sirve de puente para adentrar el itinerario de esta cuaresma en otros temas de la vida privada de las mujeres como es el matrimonio, la maternidad y la familia. Honorine, es una mujer bantú que vive en la República Centroafricana; el relato de su historia nos habla de su gran corazón, pues adoptó a Joel, un niño pigmeo cuyos padres fallecieron. La orfandad en África y otros países en vías de desarrollo es muy habitual, pues aproximadamente medio millón de mujeres mueren en el mundo como consecuencia del parto, y el 99% de estas muertes corresponden a este grupo de países.

En el Chad, aproximadamente el 39% de las mujeres casadas viven en uniones polígamas, esta cifra ronda el 50% en otros países africanos como Senegal y Guinea; en algunos estados africanos la práctica continua realizándose a pesar de las prohibiciones legislativas. Pama y Fatoumata son las dos coesposas de Soumana; entre las dos tienen nueve hijos que alimentan y sostienen ellas mismas; sus palabras nos señalan la injusticia de nacer mujer en África, porque mientras ellas trabajan de sol a sol, ya que las cargas familiares de cada uno de los hogares (madre e hijos), corresponde a las mujeres, el apoyo del marido es casi nulo.

En África las tareas domésticas están asignadas a las mujeres casi en su totalidad; entre éstas, recoger agua para el uso doméstico puede ocupar gran parte de la jornada de trabajo. Tesefehen es una mujer de Etiopía, que ha pasado gran parte de su vida dedicando diez horas diarias a abastecer de agua a su familia, debido a la lejanía del estanque; los proyectos de desarrollo destinados a crear infraestructuras cercanas a las poblaciones para el abastecimiento de agua, facilitan de manera importante las actividades femeninas, pudiendo dedicar el tiempo empleado en el acarreo de agua a otras actividades, como es el caso de Dilai, hija de Tesefehen, que puede ir al colegio ya que ahora los horarios (del agua y el colegio) son compatibles. Dilai nos dice que quiere ser médico de mayor.

En muchas sociedades, independientemente de su desarrollo, las mujeres pueden sufrir discriminación por razones de sexo y edad, ambas incardinadas para acentuar las situaciones de marginación. La viudedad dificulta mucho las posibilidades de desarrollo de los hijos e hijas, como vemos en el relato de Burundi, un país especialmente marcado por la guerra y el odio entre etnias.

Han sido necesarios documentos específicos de Naciones Unidas para que algunos países del mundo reconocieran que los derechos de las mujeres son Derechos Humanos. La mirada y la experiencia directa de una colaboradora permite la reflexión, en el relato de Mozambique, sobre la dignidad humana de las mujeres de este país; las mujeres mozambicanas son alegres y transmiten alegría en su mirada, en sus posturas, en su manera de hablar, una sonrisa constante con la que afrontan las penurias cotidianas.
Los temas de violencia contra las mujeres aparecen tratados en nuestro itinerario desde una doble perspectiva, violencia sexual y violencia social; ambos son caras de una misma moneda, las sociedades patriarcales que consideran a la mujer como un objeto de propiedad masculina.

Las violaciones de mujeres en tiempos de guerra son utilizadas por los grupos armados como un arma de guerra más, como nos señala Denis Mukwege, ginecólogo en la República Democrática del Congo. Las agresiones contra las mujeres se utilizan como forma indirecta de agresión contra los hombres del bando contrario (agresiones contra las familiares de éstos), y la brutalidad de estos actos suele ser especialmente alta.

En Somalia el 80% de las mujeres son sometidas a infibulación: esta práctica consiste en el corte y posterior cosido de los genitales femeninos, dejando sólo un pequeño orificio para orinar y evacuar el sangrado durante la menstruación. La sección Acercando la mirada de este segundo domingo de cuaresma nos permite oír la experiencia de una joven somalí en relación a las prácticas de mutilación genital femenina. UNICEF indica que la mutilación genital constituye una parte importante de la identidad cultural y de género de las niñas y mujeres. El procedimiento confiere un sentido de orgullo, de alcance de la mayoría de edad y un sentimiento de pertenencia a la comunidad, con lo que de no cumplirse con esta práctica se estigmatiza y margina a las niñas y a sus familias. Esta costumbre social tan profundamente enraizada es tan fuerte que los progenitores están dispuestos a que se le practique la mutilación a sus hijas, incluso conociendo sus consecuencias, por la presión social de sus comunidades, con lo que las expectativas de abandono de estas prácticas se reducen, pese a las continuas campañas para su prevención. En todo el mundo al menos 130 millones de mujeres han sido sometidas a esta práctica.

La salud es un aspecto fundamental del desarrollo integral de las personas; hay algunos aspectos específicos del subdesarrollo que afectan especialmente a la salud de las mujeres, como la incidencia diferencial del SIDA en hombres y mujeres en África, aspectos relacionados con la gestación y el parto, y la importancia de la formación de las mujeres en temas de salud familiar y reproductiva; en este sentido, la ONU ha fijado tres objetivos del Milenio básicos en temas de salud: reducción de la mortalidad de niños menores de 5 años en más de dos terceras pares, mejorar la salud materna, reduciendo la mortalidad de las madres en tres cuartas partes, y combatir el VIH-SIDA, el paludismo y otras enfermedades graves.

ONUSIDA estima que del casi millón de personas que viven con el VIH en Malaui, cien mil son niños o niñas. Hay muchísimos huérfanos y huérfanas en este país por esta causa, lo que obliga al abandono de los estudios y fuerza a contraer matrimonios muy precozmente. El subdesarrollo repercute mucho en las condiciones de salud de la población en un país como Costa de Marfil; por ejemplo la ausencia de agua potable aumenta el riesgo de contraer enfermedades como el cólera y la diarrea, tal como se nos narra en el relato dedicado a este país. Las condiciones de maternidad en Zambia y Benín nos permiten reflexionar, también en esta cuaresma, sobre la dureza de ser madre en algunos países en vías de desarrollo.

La educación es un tema fundamental para el desarrollo de los pueblos y de los grupos de mujeres en particular. Los Masai, en Tanzania, están empezando a considerar la educación como un pilar básico para defender sus derechos; Mepalari es un padre de cuatro hijos e hijas empeñado en que asistan a las clases, para aprender, entre otras cosas Kisuahili, lengua hablada en todo el país, lo que permitiría a su familia hacerse entender con otras personas fuera de su grupo étnico. A través de la caligrafía de Claudia, una mujer de Angola, descubrimos los difíciles esfuerzos de las mujeres africanas para abrirse camino en el campo de la enseñanza y la integración; desgraciadamente todavía hay en el mundo 860 millones de analfabetos, de los cuales dos tercios son mujeres.

La historia que ocupa el Tercer Domingo de Cuaresma nos remite nuevamente a la solidaridad y la presencia del Reino de Dios en las gentes sencillas. Parween y Nasreen, hijas de Mohammed Sadiq, un refugiado afgano retornado a su país, dedican todo su tiempo a dar clases a los miembros de su aldea, la cual sufrió un retraso en el nivel educativo durante el periodo de los talibanes; mientras que las hermanas Parween y Nasreen dedican su actividad docente a los más jóvenes, Mohammed ha tenido que asumir la responsabilidad de educar a los mayores. Otro ejemplo de esfuerzo educativo lo constituyen las escuelas Nafa, en Guinea, donde niñas y jóvenes reciben una educación básica que las permitirá integrarse socialmente con más oportunidades.

Los relatos seleccionados para Nigeria, Ruanda y Eritrea permiten reflexionar con profundidad sobre algunas situaciones de violencia social que sufren las mujeres, especialmente en algunos países. Amina Lawal, condenada a muerte en 2002 en Nigeria por los tribunales de la Sharia, intenta con muchos esfuerzos rehacer su vida en su aldea; igualmente lo intentan las mujeres de Ruanda, donde proliferan las iniciativas para superar los efectos de la guerra; en este país fueron violadas al menos medio millón de mujeres durante el periodo bélico.

La educación es uno de los aspectos que más capacita a las mujeres para su incorporación en actividades laborales remuneradas; de esta manera dejan de dedicarse sólo a las labores reproductivas y les permite, de alguna forma, mejorar su situación económica y la de sus familias. Este tema, desde sus múltiples perspectivas, se aborda en los casos de los siguientes países de nuestro itinerario: Senegal, Gambia, Corea del Norte, Haití, Mauritania y Kenia. Para el caso de Senegal descubrimos a una madre, que muy apenada por la muerte de su hijo, un inmigrante muerto en el mar en su éxodo hacia el Norte desarrollado, reconvierte su tristeza en acción. Yaye Bayam es miembro fundador de la Asociación de “Madres y viudas victimas de los cayucos”; esta asociación constituida por 375 mujeres trabaja en dos frentes fundamentales, el primero sensibilizar a los jóvenes del peligro de emprender el camino de la inmigración clandestina, el segundo, facilitar microcréditos para la creación de pequeños negocios que permitan salir adelante a jóvenes y a mujeres.
La falta de oportunidades para las mujeres en el ámbito del trabajo formal hace que tengan un riesgo superior de sufrir discriminación; así lo indica el informe elaborado para Gambia, donde se muestra la falta de oportunidades laborales para las mujeres, las cuales se ven obligadas a realizar actividades como venta de comida o la explotación de pequeñas granjas para subsistir. La economía informal es también la base económica fundamental de Haití, el país más pobre de América Latina. Muy dura es sin duda la dedicación a la que se ven obligadas las mujeres refugiadas de Corea del Norte en su huida a China; en este país estas mujeres son vendidas como esclavas sexuales y sufren continuos abusos en los clubes de alterne donde son obligadas a trabajar.
La tierra tampoco está en manos de las mujeres en gran parte de los países del mundo, como puede verse en el caso de algunas mujeres de Kenia. Theresa Wayua, madre soltera con seis hijos, depende de la voluntad de sus familiares masculinos a la hora de tener prestada una pequeña parcela para subsistir; tampoco es de su propiedad la pequeña superficie cultivada por Ngii Musyoki, que encontró libre hace veinte años y que cultiva desde entonces.

No todo son sombras en el trabajo de las mujeres, algunos casos nos dan ejemplo de solidaridad, buena organización y de ganas por salir de las situaciones complicadas. Mariata-Ajiby forma parte de la Cooperativa agrícola de Wothie, en el Sur de Mauritania. Como ella otras 250 mujeres se han beneficiado de la puesta en marcha de un proyecto de desarrollo rural y sostenible que ha impulsado Intermón-Oxfam.

Como vemos, nuestra campaña no se queda sólo en aquellos aspectos que reflejan la dureza de la vida de las mujeres en los países más empobrecidos. Encontramos ejemplos que nos abren a otras perspectivas y nos enriquecen como personas. Los últimos días de la campaña están destinados, precisamente, a aprender de la actividad y de la sabiduría de muchas mujeres, que desde sus diversas situaciones nos muestran una sed insaciable de justicia y lucha por los derechos de las personas. Puede ser una sorpresa para todos nosotros descubrir la sabiduría espiritual que nos muestra una anciana de Makwándara, una remota aldea de Zimbabue. También es importante reflexionar sobre la invisibilidad social de las mujeres de Yemen, o sobre las ganas que tiene de aprender y de lograr una vida mejor Mokhantso Moiketsi, una estudiante de Secundaria de Lesotho.

Ejemplos de la lucha de las mujeres por la justicia y por la paz son muchos y algunos aparecen reflejados en las últimas páginas de esta campaña; junto con nombres conocidos de activistas políticas y luchadoras por los Derechos Humanos como Ellen Johnson-Sirleaf de Liberia, Brigitte Adjamagbo, de Togo, Winnie Byanyima, de Uganda, encontramos otros menos conocidos como el de Cecilia Evouna, una trabajadora en el sector de la limpieza en Barcelona, que busca ayuda para los niños y niñas ciegos abandonados en su país, Camerún; o el ejemplo de Mende Nazer, de Sudán, que finalmente recibió el estatus de refugiada política tras una vida de esclavitud.
Las reflexiones del domingo de Ramos están reservadas a las situaciones de violencia que se sufren actualmente en Irak. Imán A. Jamás es una periodista iraquí que reside en nuestro país como refugiada. Desde la invasión de su país esta mujer se ha convertido en un referente internacional del movimiento asociativo iraquí contra la ocupación; Imán nos dice: “lo que está ocurriendo en mi país no está siendo debidamente contado ni documentado, los crímenes que la ocupación provocó y que se siguen cometiendo están sólo grabados en los corazones y mentes de los iraquíes”...

Concluimos, con el caso de Imán, el repaso por la temática propuesta este año para la cuaresma. Hemos recurrido en esta ocasión a la perspectiva de género para desentrañar algunas de las causas y situaciones de injusticia de nuestro mundo. Ahora sólo nos queda rogar a Dios que nos conceda el don de ser capaces de oír el clamor de todas las personas que piden justicia, entre ellas muchas mujeres; precisamente, fueron algunas mujeres cercanas a Jesús, las primeras en participar de la alegría de la Resurrección; esperamos que Dios nos conceda para esta Pascua que se aproxima esa misma alegría de Jesús resucitado, para que nos ayude a reconocer las injusticias y compartir su reino con todas las personas.

Tierno es Yahveh y justo,
compasivo es nuestro Dios;
Yahveh guarda a los pequeños,
Estaba yo postrado y me salvó
.
(Salmo 116)

 

 

 
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