"Felicitación" anticipada
de Navidad
La realidad vista con los ojos puestos en el "belén" guatemalteco
Martín
Valmaseda y la Familia marianista en Guatemala
Artículo
publicado en la revista Vida Nueva, nº 2.447, 13 de noviembre
de 2004
Escribimos esta “felicitación” a las puertas de noviembre,
cuando ya aquí, en Guatemala, y en muchos lugares del mundo hay
ambiente comercial… digo: navideño. En esta esquina del
cinturón ardiente de América, con un trocito de “Familia
marianista” intentando echar raíces a modo de postal navideña,
les contamos cómo está el “belén” que
tenemos aquí montado.
Se pueden encontrar en el paisaje muchos detalles navideños, aunque
en esta tierra tropical no se conozca la nieve. Existen los caminos y callejuela
por los que muchas María y José caminan buscando posada. Son
típicas en nuestros barrios esas “posadas” donde un grupo,
cargando con imágenes de la Sagrada Familia, hace sonar caparazones
de tortuga y silbatos, canta a la puerta de las casas. “En nombre del
cieeelo… Les pido posaaada… pues no puede andaaar… mi esposa
amada”. Los de dentro cantan rechazándoles: “Aquí no
es mesón… sigan adelante… pues no puedo abrir… no
sea algún tunante”. Hasta que en el diálogo caen en quiénes
son los que llaman: “Tú eres José… tu esposa es María… Entren
peregrinos… no los conocía”.
Les abren, entran todos cantando, y termina la fiesta con unas galletas y ponche
(sin alcohol, ¡eh!)
Existen los portales de Belén que, como en todas las ciudades de Latinoamérica… y
del mundo, son las champas –chabolas– donde la gente se refugia
como puede mientras el huracán no las haga rodar cuesta abajo. Guatemala
es un belén montañoso. Los alrededores de la capital son barrancos
que cuando están con arbolado invitan al paseo y al ecoturismo, pero
pronto empieza a caer basura. Se cortan los árboles para leña,
se vuelca material de derribo por las laderas y los alcaldes ofrecen ese terreno
inestable a las familias pobres para que instalen sus covachas, sus portales,
donde nacen y crecen los tiernitos, si no hay antes un corrimiento de tierra.
No hay muchas ovejas en la capital, pero en las mañanas, por los barrios,
como Jocotales, pasan unos cabreros ofreciendo vasos de leche. Directamente
de la cabra productora al consumidor.
Existen los Herodes, muchos y turnándose, que se ríen de los
tratados de Paz y mantienen en zozobra a la población. Algunos se han
ido a Miami dejando guardados en los bancos de Panamá los resto de sus
rapiñas y dejando enterrados en cientos de cementerios clandestinos
los restos de sus asesinatos, los miles de “santos inocentes” que
lentamente, con dificultades legales van descubriendo los antropólogos
forenses y entregando a sus familias para que les den un santo entierro.
Los santos inocentes
Se distinguen aquí los “santos inocentes”, los que han sido
asesinados sin saber por qué. Aldeas enteras donde el Ejército
entraba ametrallando y asesinando niños, mujeres, vecinos que no tenían
casi noticia de cuál era el conflicto por el que morían… Se
distinguen estos de los “mártires”. Los catequistas campesinos
que anunciaban el mensaje de paz con palabras y obras y que fueron denunciados
como guerrilleros, torturados, muertos. Los “soldados de Herodes” no
fueron sólo militares sino los paramilitares, las Patrullas de Autodefensa
Civil (PAC) que ahora exigen al Gobierno pago por los servicios prestados,
mientras el resarcimiento a las víctimas queda retrasado por los Poncio
Pilatos de turno que se van lavando las manos ante el problema y haciendo caso
a quienes más gritan.
El juicio para los que mataron al profeta monseñor Gerardi sigue a paso
de tortuga en los palacios de justicia.
También están las familias que huyeron a Egip… a México
y ahora recelosas van volviendo y buscando lugar para reempezar la vida. Los
retornados que volvieron del exilio fueron buscando lugar para volver a plantar
sus milpas (maizales). Algunas encontraron sus antiguas tierras ocupadas por
otros. Se habían cuidado los “herodes” de repartir las tierras
entre otros campesinos, creando enfrentamiento entre los pobres (divide y vencerás).
Algunos decepcionados intentan escapar a Roma… perdón, al país
del Norte, donde esperan un poco más de seguridad… pero el país
del Norte los rechaza también sin darles posada.
Hay una gran cantidad de figuras de nacimiento de lo más variado, como
en todo belén decente:
Mamás cargando un niño a la espalda, otro en brazos, otro de
la mano y uno más esperando la hora de salir a la luz. Hay campesinos
con su machete a la cintura para lo que se necesite, intentando conseguir esas
tierras que les quitaron conquistadores de todo tipo. Hay jóvenes enloquecidos
por la falta de cariño y la droga, que asaltan las camionetas, matan
y se matan. Hay mendigos falsos que exageran su pobreza para engañar
a los incautos y pobres verdaderos que aguantan su necesidad, pero hace falta
encontrarlos, porque no se atreven a pedir ayuda. Hay oficinistas encorbatados
y maestros peleando para que les suban el sueldo, hombres y mujeres sin trabajo
engañando su desilusión con el alcohol.
No faltan en este belén los soldados, policías del sanedrín,
corrompidos, extorsionando a los pobres. Últimamente el Gobierno intenta
aumentar la plantilla de fuerzas de seguridad, pero pocos de los que podrían
hacer una labor educada se atreven. Así que siguen los escasos policías
patrullando las calles acompañados por el Ejército, los del herodes
invasor que en vez de defender las fronteras defiende al poder contra el pueblo
dominado.
Al lado del poder, los sacerdotes del templo, de muchos templos, capillas,
iglesias, confesiones, espiritualidades, intentando convencer, muchas veces
a gritos, de que lo suyo es lo único y que todos los demás son
hijos del diablo. Ya dijo el Rockefeller del Norte que la teología liberadora
era un obstáculo para los intereses de su metrópoli en Latinoamérica.
Así que convenía sembrar el país de muchos lugares de
culto donde el pueblo mirase al cielo y escuchase gritos, pero no tuviera tiempo
de reflexionar sobre el “belén” que se había armado… ni
de poner los ojos en el pobre Niño Jesús del pesebre. Porque, ¡no
puede faltar el Niño!, los niños que vienen asombrados a este
mundo extraño; los maltratados antes de saber por qué unos padres
amargados los golpean, o los venden para que les extirpe los órganos
para trasplantes. Una de las mayores dificultades en el belén guatemalteco
es aprobar una ley de adopciones que evite la corrupción de abogados
negociantes a costa de los niños.
Niños y niñas de la calle
Encontramos bajo cobijas y cartones a los niños y niñas de la
calle que duermen en el portal de cualquier soportal, sin mula ni buey. A veces
pasan los “limpiadores sociales” disparándoles desde una
furgoneta en marcha.
Naturalmente, como en todo belén, las figuras que se ven son exageradas
caricaturas… pero reales. Y no sólo negativas.
También existen ángeles sin luces y sin alas que procuran anunciar
la buena noticia de que Alguien y algo está naciendo. Algunos les hacen
caso. Suelen ser las pequeñas comunidades de base que, como los pastores,
reunidas en torno al fuego, en grupos pequeños, sin ruido, van asimilando
el mensaje de que “otro mundo está por venir”.
Existen también los Magos, las ONG que con oro, euros y medicinas genéricas,
intentan compensar lo que los vecinos del Norte se llevaron. También
aparecen las personas que discretamente, sin contar miserias, ayudan fraternalmente,
más que con dinero, con amistad y solidaridad.
Y, claro, existen los niños que viven su infancia, con sus caritas redondas
y sonrientes. Los tiernitos queridos y “chineados”: llevados en
brazos del papá o en el rebozo de sus mamás, echando las manitas
a todo lo que se les acerca y esperando una Guatemala mejor.
Por los caminos de este país, entre colinas, bosques, bellos lagos,
milpas… camina una multitud de pobres de Yahvé en los que casi
nadie se fija. Al público le atrae más la covacha con el Niño
o los castillos de Herodes o los Reyes Magos NG (No Gubernamentales)… Atraen
la atención más esas figuras que mucha otra gente humilde dando
y recibiendo cariño, haciendo todo el bien que puede sin salir en los
periódicos ni en la tele, intentado distinguir entre tantas falsas estrellas
de Occidente y Norte: anuncios luminosos, escaparates, propaganda… distinguir
la estrella de oriente o la cruz del sur que anuncia la llegada de la nueva
Jerusalén.
Martín Valmaseda y la Familia marianista en
Guatemala
|