Consumo medido: No se trata
de ser rácanos ni de dejar de celebrar la Navidad como
se merece sino de preguntarnos con sinceridad: ¿cuánto
necesitamos para celebrar la Navidad? ¿Hasta dónde
queremos gastar?...
Solidaridad: …¿y hasta
dónde queremos compartir con los que no tienen? ¿Qué proporción
queremos que haya entre lo que nos vamos a gastar en nosotros
(y en regalos a nuestros familiares y amigos) y lo que vamos
a dar a los pobres?
Comercio Justo: No solo en la
cena de Nochebuena, que este tiempo sea ocasión para
descubrir los productos de Comercio Justo… y de rebote para
reflexionar sobre los que no son de comercio justo.
Regalos: que lleven algo de
nosotros, que pongamos “valor añadido” de tiempo, cariño,
artesanía casera; que expresen algo de nosotros mismos
o de lo que realmente deseamos a quien lo recibe. Y en cuanto
a los niños, ¡no les sepultemos en regalos!
Decoración de la casa:
realizada exclusivamente con motivos religiosos: el misterio
del portal, el Belén, la estrella, los magos de Oriente… ¡ésas
son las señas de identidad de nuestra Navidad!
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Televisión: En lugar
de incrementar esta Navidad el tiempo que le dedicamos a la
televisión, ¿no se nos ocurren otras maneras
alternativas de pasar el tiempo en familia? ¿Y si decidiéramos
un “apagón de tele” hasta el 7 de enero?
Felicitaciones: ¿Qué estamos
comunicando con nuestras tarjetas de felicitación y
nuestras llamadas telefónicas? ¿Y si además
de desearnos “feliz Navidad” nos atreviéramos a decirnos
esa palabra sincera que lleva tanto tiempo esperando? ¡Es
Navidad, regale sinceridad! Yo para eso he nacido y para
eso he venido al mundo: para ser testimonio de la Verdad (Jn
18, 37).
Acercar a los alejados: Ante
el “¡Vuelve a casa por Navidad!”, ¿podemos hacer
algo para que los que van a pasar la Navidad solos tengan compañía?
Tal vez un nuevo sitio disponed para un amigo má s
en nuestra mesa, tal vez ayudarles a volver esos días
con los suyos…
Gestos proféticos: Si
nos desagrada la manera como “el mundo” celebra la Navidad, ¡hagámoslo
saber! ¡Que se oiga nuestra voz de creyentes católicos
en medio de una sociedad ciega y sorda! Aunque no publiquen
nuestras cartas, no dejemos de escribir a los medios de comunicación.
Conciencia de Dios: ¡Qué no
se nos olvide lo que estamos celebrando! ¡Que no se nos
olvide dedicarle a Dios esta Navidad tiempos extra de oración
personal o en familia! ¡Que, como María, guardemos
en silencio todas estas cosas en el corazón, a la vez
que proclamamos en voz alta las maravillas que Él ha
hecho por nosotros! |