Han
pasado seis años desde aquellos pimeros contactos entre los dos apóstoles
de la juventud. Adela tiene 25 años. Va integrando todo lo que le toca
vivir, entreteje lo que Dios le dice en su Palabra, con lo que ve a su alrededor.
Se deja guiar por el Espíritu y busca el acompañamiento espiritual
de personas experiementadas en las cosas de Dios. Ahora el P. Chaminade ocupa
un lugar importante. Adela es una joven madura y consecuente. Desde hace algún
tiempo es la enfermera de su padre, aquejado desde 1811 de una lenta parálisis.
Es su fiel Antígona, como cariñosamente la llama.
Las
necesidades de los más pobres, el abandono de las gentes del campo
y la descristianización le siguen impresionando profundamente. Eso
y el ejemplo de su madre hacia las familias necesitadas de los alrededores
le va haciendo cambiar de óptica sobre la orientación de su
vida. Deja de pensar en ser carmelita, se siente llamada a ser apóstol
en su ambiente, en el campo y en la ciudad, porque así lo hizo Jesús
predicando la Buena Nueva.