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La oración, corazón de nuestra vida religiosa, personal, comunitaria y apostólica, nos permite ahondar en la intimidad de Jesús y acoger su amor al Padre y a los hombres. Nos vivifica para la misión.
La oración gratuita es el signo de lo Absoluto de Dios en nuestra vida.
Fe y unión con María son las características de nuestra oración.
(R.V. I 52.61) |