JUAN BAUTISTA LALANNE
El
primer religioso marianista
(Burdeos
1795 - Besançon 1879)
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La biografía de Lalanne, “hijo primogénito” de Chaminade, y
primer religioso marianista, sobresale
con mucho entre las demás de la comunidad fundadora, por el carácter y la
apasionante historia del personaje. Sin embargo su nombre está unido inseparablemente
a los otros seis con quienes empezó la historia de la Compañía de María.
1.
Infancia. Congregante, y estudiante de medicina. En París con Liautard.
Juan Bautista Felipe Augusto Lalanne nació en Burdeos
el 7 de Octubre de 1795, en el seno de una familia burguesa.
Su padre Juan Gabriel, topógrafo de profesión, era amigo
de Guillermo José Chaminade. Como comandante de la Guardia Nacional había sufrido la cárcel en el Terror, y luego, como administrador del hospital de Burdeos, había ayudado a las Hijas de la Caridad. Su madre, Françoise
Eck, era hija de una Barberin, por lo que a Lalanne siempre le gustaba
señalar que estaba emparentado con los Barberini
italianos (una rama de esta familia vivió en Francia). Los primeros estudios
los hace en el liceo de la ciudad. En 1807, a los 12 años, era ya postulante
de la Congregación de la Inmaculada,
fundada por Chaminade siete años antes (el “Acto de consagración a María”,
lo llevó hasta su muerte metido en un saquito de cuero y colgado del cuello).
En 1811 es miembro activo de la Congregación seglar, convirtiéndose enseguida
en un líder y promoviendo actividades diversas. En los primeros días de la
Restauración (1814) hay congregantes varones
que han profesado votos privados y viven como religiosos en medio de sus trabajos
profesionales, siguiendo un reglamento de vida. Es la “Sociedad de
los Quince”. Lalanne está en ese grupo, junto a los demás
que formarán parte de la comunidad fundadora de la SM. Hombre de brillantísimas cualidades y excepcional
por su creatividad y apertura intelectual, le gustaban tanto las letras como
las ciencias, y era un buen orador y escritor. Había comenzado los estudios
de Medicina, aunque lo que le interesaba de verdad eran las ciencias naturales
(entomólogo, se especializó en los insectos, promovió los laboratorios de
ciencias, y con el naturalista Laterrade participó en la fundación de la Sociedad
Linneana de la ciudad). Entra como interno del Hospital general de Burdeos.
El curso 1814-1815 viajó a París, para completar estudios
de física y química en el Colegio de Francia. Residió en la “Casa de estudios Notre Dame des Champs”
(futuro Colegio Stanislás), fundada hacía 4 años por el abbé
Liautard; de él y de su estilo pedagógico recibió una profunda influencia.
No sospechaba entonces Lalanne, que cuarenta años más tarde, llegaría a ser
el primer director marianista de este importante centro educativo de París.
Como la Casa Liautard era un semillero de vocaciones, se orientó fuertemente
al sacerdocio. Pero su padre, enfermo y arruinado, había fallecido el 23 de
junio de 1812. La muerte de su padre obligó entonces a Lalanne a regresar
a Burdeos y suspender su carrera de Medicina. Con su madre
viuda y sin fortuna, se dedica a dar clases en la Pension
de la calle Menuts. Juan Bautista Estebenet,
uno del grupo fundacional de la Congregación de la Inmaculada, dirigía este
colegio, donde eran profesores también otros congregantes,
Augusto Brougnon-Perrière (“señor Augusto”) y Juan Bautista Collineau, que
años más tarde serán de la “comunidad fundadora” de la SM. Lalanne desempeñó las funciones de prefecto de disciplina y
profesor, y al año siguiente fue director de estudios. En Burdeos se acaba de restablecer la Compañía de Jesús, y Lalanne se
orienta hacia los jesuitas. Está dos años en espera y deliberación.
2.
El primer religioso marianista en la primera comunidad SM (1817)
En la primavera de 1817 se predica en Burdeos una gran misión
por el P. Rauzan (fundador de la “Misión
de Francia”) y sus misioneros itinerantes, que tiene una enorme repercusión
en la ciudad. El P. Chaminade estudia cómo pueden colaborar sus congregantes
en afianzar los frutos de la misión. El día 1 de Mayo, Juan Bautista
Lalanne se presenta al P. Chaminade y le comunica su decisión: consagrarse a llevar la misma vida y las mismas
obras que su Director de la congregación. G. José Chaminade ve
en ello el signo de la Providencia que estaba esperando y se emociona. Entonces
se confía al discípulo y le abre su corazón con los proyectos
que ha ido concibiendo. He aquí las ideas que Chaminade expone a Lalanne:
1º. Tuvo
una inspiración que ha estado madurando treinta años. Es el momento de ponerla
en práctica. 2º. La Vida religiosa es al Cristianismo, lo que el Cristianismo
es a la Humanidad. Sin la Vida religiosa, la puesta en práctica del Evangelio
es incompleta. La Vida religiosa es tan imperecedera como el Cristianismo.
3º. No se trata de restaurar una orden religiosa de antes de la Revolución.
Las formas monásticas están gastadas; no sirven. Pero ninguna forma es esencial.
4º. Vamos a fundar una asociación religiosa nueva con votos. 5º. En la medida
de lo posible sin nombre, sin hábito, sin existencia civil. “Nova bella elegit
dominus” (El Señor ha elegido una nueva manera de luchar: “nueva” porque la
dirige una mujer y porque son un ejército humanamente desarmado, armado sólo
con la fe) 6. María aplastará la cabeza de la serpiente. “Seamos el talón
de la mujer”. Ese 1 de Mayo de la entrevista Chaminade-Lalanne, será recordado y lo
llamará después el mismo Chaminade, “día
altamente memorable”. El
2 de Octubre de ese año, tras el retiro celebrado en la finca de San Lorenzo,
a las afueras de la ciudad (finca que Chaminade compró para sus padres, y
que sirvió de refugio durante los años del Terror), Juan Bautista Lalanne,
junto con otros cuatro (Collineau, Brognon-Perriere, Clouzet, Daguzan) deciden
comprometerse a vivir en comunidad religiosa. Al volver a Burdeos, la noticia
se extiende y se les unen dos obreros toneleros (Bidón y Cantau). Ha nacido
la Compañía de María. Después de algunas reuniones en San
Lorenzo, se convino que Augusto Brougnon-Perrière buscase una casa en la que
se reunirían inmediatamente los que se encontrasen libres de sus compromisos
personales. En efecto, Augusto B.P. encontró una pequeña casa
en el callejón de Segur, nº 14. Alquilada el 24 de noviembre
de 1817, fue bendecida al día siguiente, en que Augusto B.P. vino a habitarla.
Los demás se irán reuniendo para vivir en comunidad, tan pronto como se lo
permitan sus compromisos familiares y profesionales; mientras tanto, emplean
la casa –a la que denominaron “Nazaret”-
como lugar de las reuniones de los miércoles y viernes, y para hacer juntos
la meditación. Inmediatamente, Chaminade se aprestó a organizar la naciente
comunidad: nombró superior a Augusto B.P. y Juan Bautista Lalanne, que sin
tener todavía órdenes sagradas era el único que llevaba hábito talar, fue
establecido como director espiritual y encargado de redactar los reglamentos
y formularios de oraciones. A lo largo
del año van formando poco a poco la comunidad en esa casa a la que llaman
“Nazaret”. El jueves 11 de diciembre, en la octava de la Inmaculada
Concepción, los siete pronunciaron sus primeros votos en manos del
P. Chaminade en la sacristía de
la Magdalena. A principios de enero de 1818 vino Clouzet a vivir en la casa,
a mitad de la cuaresma se incorporó Daguzan, en Pentecostés, Lalanne; y a
mitad de agosto Collineau acompañado por Bernardo Laugeay, que era un congregante
de 22 años, con la voluntad de iniciar un discernimiento vocacional. También
se incorporaron los dos obreros, Bidon y Canteau. El 5
de Septiembre de 1818 hacen los votos definitivos tras un retiro
en San Lorenzo, y viven ya los siete juntos. El 20 de
Agosto de 1819 muere Cantau, primer religioso
marianista que fallece en la SM.
3.
Una colaboración creativa en la formación espiritual de la Compañía
Nombrado responsable de la animación espiritual de la primera
comunidad, su aportación al crecimiento de la espiritualidad en la
SM es notable, ya que en parte, gracias a él se conservan las ideas espirituales
del fundador (apuntes de los retiros predicados por Chaminade) y algunos de
los documentos primitivos sobre oración, o el camino espiritual (“Los cinco
silencios” y el “Método
de virtudes”). Los
dos documentos más primitivos que conservamos donde se desarrolla el “Método de virtudes”, y por tanto la explicación
de "los cinco silencios"
son: el documento "Dirección del Instituto de Hijas de
María", y los "Ejercicios
espirituales" redactados por J.B. Lalanne.
Ambos, lógicamente tienen a la base la inspiración y el pensamiento de Chaminade.
Cuando fueron fundadas las religiosas
marianistas, Guillermo José Chaminade manifestó su intención de redactar un
"manual de dirección", para inculcar el desarrollo progresivo de
las virtudes. David Monier, secretario suyo en aquel momento, inició la tarea
en 1816, y trabajó en ella, de forma intermitente hasta 1819, bajo la dirección
del Fundador. Es el documento conocido como "Dirección
del Instituto de Hijas de María". La obra del Método de virtudes
quedó incompleta ya que el capítulo sobre las virtudes de consumación nunca
se terminó. El texto del “Método de
virtudes” en este Manual de dirección, se copió, estudió y adaptó para
los religiosos marianistas (fue la tónica de los tiempos de la fundación:
primero se trabajaba para las religiosas y luego para los religiosos; sucedió
con las primeras reglas, y sucede con los textos de "Dirección espiritual").
Se conservan doce copias manuscritas (AGMAR. Roma). Este "Manual de dirección"
donde está el "Método de virtudes"
tuvo gran influencia en trabajos posteriores sobre ascética marianista.
Casi al mismo tiempo, durante el primer año de la naciente Compañía de María en la calle de Segur (1817-1818), el joven “jefe de celo” (o responsable de guiar en la vida espiritual a la comunidad), Juan Bautista Lalanne, fue encargado de redactar para sus hermanos, unos “ejercicios espirituales” sobre las virtudes en la SM. Esta segunda versión sobre los cinco silencios tiene por tanto un objetivo específico doble: la oración y el discernimiento, ya que son apuntes para la predicación de ejercicios sobre este tema. Además supone un avance en esta “espiritualidad del silencio” con respecto a la versión de David Monier, ya que aparecen temas y desarrollos nuevos; sobre todo es crucial el giro de talante positivo y la fundamentación bíblico-teológica que adquiere el método. Esta profundidad que le da Lalanne a “los cinco silencios”, significa un buen complemento a la versión primera. Una prueba de la repercusión del método, y concretamente de “los cinco silencios”, en aquellos primeros años de la fundación, es la frecuente alusión que los primeros marianistas hacen de ellos. Adela de Trenquelléon es la autora del “Pequeño catecismo de los silencios” (“Escritos de Dirección” I, 870-912), una interesante versión catequética que fue utilizada tanto por las Hijas de María como por la Compañía de María. El texto que conservamos lo inició Adela y lo completó su prima Isabel (María José) de Casteras, que luego fue Superiora General. Este catecismo, aunque depende de las dos fuentes anteriores, enriquece claramente la enseñanza sobre los silencios, sobre todo por su carácter pedagógico, nuevas aportaciones, y por la confirmación de la nueva línea de Lalanne.
4.
Educador en los colegios de c/Menuts (1819-1825) y
de c/Mirail (1825)
Desde Agosto de 1818, la primera comunidad de la "pequeña Compañía"
está buscando una casa mayor, porque no caben en el piso fundacional “Nazaret”.
Están pensando también en una “Pensión educativa” propia. Augusto, Lalanne y Collineau trabajan en
la Pensión
Estebenet (calle Menuts
o de los franciscanos menores).
Hay que aclarar que la Enseñanza Secundaria en Francia tenía tres tipos de
centros: a) los “Colegios
oficiales” (reales
o comunales) y los “colegios privados”
de “pleno ejercicio”; estos
centros poseían todos los cursos; b) Las “Instituciones”
que formaban a sus alumnos hasta los cursos de examen (es decir las Humanidades);
y c) Las “Pensiones”,
que solo tenían los cursos elementales. La “Pensión
Estebenet”” era el único centro educativo católico de cierto peso en Burdeos.
Los jesuitas llevaban también el Seminario Menor, pero no admitían ningún
externo seglar. La SM quería abrir una Pensión propia ( no se conformaban con ser profesores de un colegio
de la Congregación seglar), por una serie de razones: la querían propia para
poder acoger a los postulantes, “entrenar” a los novicios y para formar cristianos.
Ya desde muy pronto se fue difundiendo la idea de que había poco que hacer
con la generación del momento, maleada por la ideología revolucionaria. Para
“multiplicar cristianos”, para sacar futuros congregantes, para recristianizar,
había que actuar con la generación naciente, impedir que se maleara y formarla
en el Evangelio. Recristianizar Francia partiendo de las generaciones nacientes. Por otra parte, Lalanne ya tenía algunas ideas
pedagógicas originales y creativas. La enseñanza tradicional en Francia estaba
organizada así: Primaria: basada en lectura, escritura y cálculo. Secundaria:
basada sobre todo en las humanidades clásicas Latín y Griego. Lalanne buscaba
una reforma profunda, sobre todo, en la Secundaria: dar mucho más tiempo a
las lenguas modernas, a la historia y a la geografía (materias nuevas, que
aparecen en los primeros colegios de la Compañía), y a las matemáticas y la
contabilidad. El se daba cuenta del auge del comercio y de la técnica en la
ciudad de Burdeos y buscaba preparar mejor a las futuras generaciones. Además
quería emplear métodos nuevos: mucho más activos, participativos y no sólo
magisteriales. También quería promover una sana emulación. Por otra parte,
una Pensión educativa la concebía como una prolongación de la familia. Desterrar
toda represión y castigo corporal, basar la disciplina en el amor y en la
cercanía entre profesores y alumnos. La comunidad religiosa era el núcleo
ideal para dar vida y nuevo “espíritu de familia” a una Pensión
de Educación. Lalanne está fusionando los estilos de Liautard y de Chaminade,
al mismo tiempo que incorpora su personalidad, de joven nacido en plena revolución.
En 1819, tras un año en el que la primera comunidad SM se instala junto
a la Pensión de la calle Menuts,
Estebenet cede toda su obra a la Compañía de María. Chaminade organiza el
traspaso de titularidad y de dirección, y se firma un contrato con Estebenet,
(poniendo a Augusto como nuevo titular y también director del centro) que
tendrá consecuencias muy negativas para el futuro de la Compañía, cuando Augusto
abandone la SM. En cuanto a Lalanne, se integra en el Equipo de dirección
con la responsabilidad de todo lo educativo y religioso;
en 1821 es ordenado sacerdote por Monseñor D’Aviau, obispo
de Burdeos, gran amigo de Chaminade y de la Compañía.
La “Pensión Auguste” de la calle Menuts cada año tiene mayor prestigio.
Monseñor D'Aviau viene todos los años para presidir la distribución de premios.
Las sesiones literarias y las reuniones generales de la congregación son auténticas
fiestas literarias, de las que hablan toda la ciudad y hasta los periódicos.
Tienen, por otra parte, 120 alumnos y ya no caben más. El P. Chaminade entonces,
compra un magnífico edificio en la calle Mirail, el Hotel Razac. Ya en 1824 se hizo la distribución de premios
en sus patios, pero el traslado definitivo fue en Pascua de 1825.
Precisamente en ese momento comienza a llamarse: “Institución Santa María”, título que
se tomó después para muchas obras de la SM. Durante 10 años, Augusto B.P.
y Lalanne la convirtieron en el más famoso centro educativo de Burdeos. Quisieron
que se les permitiera dar la Retórica y la Filosofía, pero el Rector de Burdeos
no lo permitió, porque temía que hiciera sombra al Colegio Real. Lalanne compaginó su trabajo de profesor, con
el de superior del seminario de La Magdalena (1825).
5.
Director del colegio universitario de Gray (1826-30).
Cuando Monseñor
Frayssinous es nombrado ministro de educación, se inicia una política de nombramientos
eclesiales para puestos de dirección en la escuela pública y en la universidad.
Entonces se le propone a Chaminade la entrada de la SM en la enseñanza universitaria,
visto el prestigio educativo de los primeros marianistas. Chaminade
acepta y ofrece a Collineau como director del colegio universitario de Villeneuve-sur-Lot,
y a Lalanne como director del de Gray. Es curioso ver a Lalanne aceptando
entrar en la Universidad pocos años después que pretendiera su “destrucción”
(como aparece en la correspondencia entre él y Liautard). Pero en fin, cuando
“toca poder” y surge el momento de influir e intentar cambiar las cosas, lo
aprovecha. No lo tuvo fácil, pues evidentemente había mucha gente opuesta
a este desembarco clerical en el mundo universitario. Sin embargo la obra
de Lalanne en el colegio universitario de Gray fue tan extraordinaria que
el propio pueblo, con sus autoridades a la cabeza, defendieron a Lalanne contra
sus opositores. Sacó al colegio de la ruina física y académica, y lo levantó
muy alto gracias a su gestión pedagógica y a su creatividad. Reorganizó el
claustro de profesores, creó un internado, renovó el sistema de estudios,
mantuvo a las familias informadas continuamente de los resultados académicos
de sus hijos, estableció una disciplina ejemplar y un método de emulación,
que premiaba el trabajo diario y constante, cuidando tanto de los aventajados
como de los retrasados. Al mismo tiempo, Lalanne escribía, predicaba, y daba
conferencias pedagógicas. Y en medio de todo este trabajo, tiene tiempo para
escribir “Llamada
a la opinión pública, justificando el papel de la Iglesia en Francia, en lo
educativo y en la reconciliación con todos los franceses. Golpea, sí, pero
escucha” (1828).
Era la toma de posición de Lalanne ante la oposición política a la presencia
de la Iglesia en la Educación. Los propios obispos habían publicado un texto
sobre el tema, pero Lalanne quiere ir más lejos todavía, proclamando lo que
será uno de sus lemas: la Iglesia es la mejor defensora y educadora de
la libertad humana. Los políticos “liberales” o la izquierda anticlerical
no pueden pretender tener la última palabra. La Iglesia no se conforma con
que le dejen un sitio; quiere demostrar que es educadora de la mejor libertad.
Este pensamiento será típico de Lalanne y lo desarrollará en público y en
privado. Pero
Lalanne manifestaba sus reparos ante su permanencia en la dirección de Gray,
pues difícilmente la Universidad entregaría el Colegio a la Compañía de María,
como hubiese sido su deseo. La mayor dificultad surgió en 1828: el 16 de junio,
Carlos X firmaba un Decreto contra los Jesuitas y las Congregaciones marianas
y monseñor Frayssinous era relevado al frente del Ministerio de Instrucción;
en esta tesitura política, Lalanne perdía a su principal valedor ante las
autoridades universitarias. Por todos estos factores, presentó su dimisión
en 1829, y el Consejo general de la SM retiró al padre Lalanne de su cargo
de director del Colegio municipal de Gray al terminar el curso 1829-30 para
hacerle tomar la dirección del internado que la Compañía mantenía en Saint-Remy.
6.
Lalanne, la Enseñanza primaria y las Escuelas Normales
En medio de estas ocupaciones, Lalanne tenía tiempo para pensar y actuar
sobre la Enseñanza primaria y las
Escuelas Normales o de Magisterio. Sobre
la primera, hay que recordar que la Compañía, inmediatamente después del compromiso
con la Secundaria en Burdeos, abre una escuela primaria en Agen, (1820.
“El Refugio”, casa fundacional de las Hijas de María, que se habían
trasladado a su nueva casa de la calle Agustinos). Esta escuela será también
un modelo pedagógico y la comunidad fundadora (Bernard Laugay, los hermanos
Armenaud, Memain y Gaussens) dejará un testimonio que tendrá eco hasta en
la prensa. Algunos religiosos le aconsejaron a Chaminade que no entrara en
la Enseñanza Primaria, pues sostenían que la SM había nacido para trabajar
solo en la Secundaria, pero el fundador siguió adelante, intuyendo en la Primaria
un nuevo campo marianista.
En la Enseñanza
Primaria de Francia coexistían tres métodos: el individual (el profesor
atendía a los alumnos uno a uno o por pequeños grupos, según las edades; sistema
que ha pervivido en las escuelas rurales), el simultáneo
(clase con todos los alumnos a la vez; popularizado por La Salle
y que luego se universalizaría), y el mutualista
o mutuo (el profesor explicaba a un grupo
de monitores a primera hora de la mañana, y luego estos se distribuían para
enseñar a los diversos grupos de alumnos; creado en torno a 1811 y 1814, por los discípulos de dos filántropos
ingleses, el ministro anglicano Andrés Bell y el cuáquero José Lancaster,
este sistema lo adoptaron los “liberales”).
“Pero la dificultad de contar con
buenos monitores entre los alumnos y la mayor eficacia docente propiciada
por la división de los niños de una escuela en tres clases, atendidas cada
una por su maestro fue desplazando el método mutuo, a favor del simultáneo.
Sin embargo, la victoria del método lasalliano sobre el lancasteriano se debió
a un intenso debate ideológico-político en la sociedad francesa de la Restauración,
que tomó como campo de batalla la escuela y el método pedagógico a practicar.
En efecto, los liberales presentaban el método mutuo como la expresión pedagógica
del liberalismo y de la monarquía constitucional; y denigraron el método simultáneo
practicado en las escuelas de La Salle como una educación transmisora de los
principios de la monarquía absoluta, representada en la autoridad indiscutida
del maestro y en la sumisión de los alumnos, a los que no se les confía ninguna
iniciativa ni autonomía.(…) La disputa en torno
al método pedagógico se acabó con los Estatutos sobre las escuelas primarias
municipales, adoptados por el Consejo de la Universidad del 25 de abril de
1843. En ellos se dispone que toda escuela elemental debe estar graduada en
tres “divisiones”, según las edades de los niños (6 a 8 años, 8 a 10 años
y de 10 años en adelante), según el modelo de los Hermanos de las escuelas
cristianas. ” (Antonio Gascón. "Historia de la Compañía de María".
Pro manuscrito).
Lalanne entra sin complejos en
la Primaria, y va a confirmar la unión
del “simultáneo” y el “mutuo”, fórmula mixta que perfeccionará Bernard Laugay (Método 1824,
primer método pedagógico marianista). Una vez
más, la pedagogía marianista desde los orígenes adopta fórmulas originales.
Así le dice Chaminade a Clouzet: “La enseñanza en
la Compañía de María es, en el fondo, enseñanza simultánea; pero se le podría,
mejor, llamar mixta, tal como la ha llamado el señor Lalanne; porque si usted
observa, tiene algo de los tres géneros de enseñanza; es decir, de la enseñanza
individual, de la enseñanza simultánea y de la enseñanza mutua. Pero sería
peligroso nombrarlos en el Prospecto (de la Escuela Normal de Saint-Remy)
y sobre todo, decir que allí también se forma en el método mutuo” (26. Marzo. 1829. Cartas.II. 350-351). “Aunque los directores marianistas
debatieron en sesiones de estudio la composición de un método pedagógico,
éste se fue elaborando más bien, a través de ensayar con los métodos existentes,
el individual, el simultáneo y el mutuo. Con esta práctica se hizo una síntesis
didáctica que vino a llamarse método mixto o simultáneo-mutuo.
Su origen se remonta a las reuniones de profesores marianistas durante las
vacaciones de 1820 para discutir las corrientes pedagógicas del momento y
las prácticas docentes en las escuelas dirigidas por la Compañía. De aquí
salieron varios bocetos de métodos que fueron llevados a la práctica y revisados
y corregidos para su publicación. La estrategia de reunir a los religiosos,
para revisar y perfeccionar los métodos didácticos practicados en las escuelas
marianistas, quedó consagrada en las Constituciones de 1839, cuyo artículo
267 pedía al Superior general convocar “a intervalos más o menos largos (...)
a los directores de las escuelas primarias y a algunos religiosos experimentados
en la enseñanza para revisar los métodos y perfeccionarlos” (Antonio Gascón.
Idem). Al primero de todos los métodos
marianistas (Méthode d´enseignement à l´usage
des écoles primaires de la Société de Marie –manuscrito-),
compuesto en 1824 y denominado Antiguo Método
(obra de David Monier y Bernardo Laugeay a petición del padre Chaminade),
le siguió el Nuevo
Método (1831), obra del congregante y afiliado José Justino Lacaste,
con la ayuda de Memain y Gaussens. El
Nuevo Método superaba al anterior porque no se limitaba a indicar los
procedimientos para enseñar la lectura, la aritmética, la ortografía o el
medio para obtener la disciplina, sino que se interesaba por la formación
del espíritu y del corazón de los alumnos. En 1841 don Bernardo Gaussens redactó
un nuevo texto titulado Méthode d´enseignement
mixte à l´usage des écoles primaires de la Société de Marie
(manuscrito), ordinariamente designado como Método
mixto. Este no añade nada al Nuevo Método, sino que recoge
una mayor experiencia de la enseñanza y muestra una tendencia a eliminar los
métodos mutualistas. El método siguió perfeccionándose y alcanzaría su madurez
durante el generalato de Caillet, siendo el P.Juan Bautista Fontaine su Asistente
General de Instrucción.
En la entrega de premios de la escuela de Agen, en 1823,
Lalanne pronuncia un discurso con el título: “¿Hay
que temer a la formación?”, en el que expone su tesis:
“Si solo educamos con lo que viene de lo humano,
educamos para la rebelión; si educamos solo con lo que viene de Dios, conducimos
a la pura resignación; pero si unimos la fe y la razón, estamos iluminando.
Entonces, iluminad, iluminad, desvelad
a todos lo secretos del arte y
de la naturaleza. Que el hombre del campo como el de la ciudad pedan ser instruidos
en su dignidad de hombre y en sus derechos de ciudadanos”.
En
cuanto a las Escuelas Normales o de
Magisterio, la Compañía de María está en el origen del impulso definitivo,
a estos centros formadores de educadores en Francia. La idea de la Escuela Normal no era nueva, ya que Juan
Bautista de la Salle había fundado una en 1684, aunque duró poco tiempo. Luego,
tras la Revolución, hubo primero un intento con la propuesta de Lakanal; con
Napoleón y Luis XVIII se abrieron tres
escuelas, y finalmente los Hermanos de las Escuelas cristianas abrieron una
en Rouen (1823). Es precisamente ese año, cuando Chaminade impulsa el trabajo
de formación y retiros con los profesores de los pueblos. Esta iniciativa
tiene lugar en Saint Remy: el 31 de
Marzo de 1824, una circular oficial convocaba a sesenta
profesores para este Retiro que sería el punto de partida de esta misión educativa
que la SM cuidará como uno de sus objetivos hasta nuestros días.
Esta Escuela normal de Saint Remy era el comienzo de un vasto proyecto: la
fundación y dirección de Escuelas Normales por toda Francia. Chaminade dio
a Lalanne la misión de redactar el Método de las Escuelas Normales, así como
la preparación de las memorias, prospectos y circulares, para el ministerio,
los inspectores y los obispos. El plan era, nada menos, que crear Escuelas
Normales en todos los departamentos de Francia. Las Escuelas Normales que
dirigió la Compañía en Francia (Saint Remy, Courtefontaine) no continuaron
más allá de 1835, pero supusieron el impulso primero para la creación de todas
las públicas en el país. Sin embargo la SM, cuando entró en Suiza,
abrió una Escuela Normal en Sión (1845), que dirigió con
éxito durante el resto del siglo XIX y todo el siglo XX. Ha sido la Escuela
de Magisterio por excelencia de la Compañía.
7.
Director del colegio de Saint Remy (1829-33)
El castillo de Saint Remy, en el nordeste francés, que Chaminade compró
en 1823, había sido construido en 1760 por la familia Rosen. La SM, con la
adquisición de esta propiedad de 140 hectáreas, en pleno bosque y rodeada
de campos, dio un salto en su histórica misión educativa. Primero porque el
suroeste donde había nacido, dejaba de ser el único lugar de vida y trabajo,
y se emprendía el primer “exodo” misionero. El viaje de la comunidad fundadora
en carruaje, de Burdeos a Saint Remy (en trece días, la mayoría en el coche
de caballos, pero algunos andando, turnándose, porque no cabían todos en él…),
pertenece a la historia más pintoresca y entrañable de la Compañía de los
orígenes. Es curioso que ese mismo trayecto, pero en sentido inverso (Saint
Remy - Burdeos), lo hiciera Lalanne una vez ¡andando!, para hacer ejercicio,
orar, y al mismo tiempo para investigar la flora y los insectos de Francia…
Una vez más, Lalanne es distinto a todos…
En este lugar de Saint Remy estableció la SM un Colegio-Internado
de enseñanza primaria y secundaria, una Escuela normal para maestros, y talleres
para una escuela de artes y oficios, al mismo tiempo que disponía de un entorno
natural único (que predispuso a Lalanne a pensar desde entonces,
que el mejor colegio debía hacerse en esas condiciones, rodeado de la Naturaleza).
Desde Burdeos y luego desde Gray, Lalanne observaba el nacimiento de
esta obra emblemática de la SM naciente, y soñaba secretamente dirigirla un
día. Pero él ya empezaba a influir claramente en este gran complejo educativo,
tal como se ve desde 1827, en el prospecto dirigido a las familias ese año:
“Los alumnos, en sus
paseos, pueden formarse en las ciencias naturales elementales como la botánica
o la entomología (la pasión científica de Lalanne, auténtico experto
en insectos y mariposas); junto a ellos, lo maestros
les inician y ayudan en esta labor”. El 10 de Septiembre de 1829
recibía Lalanne el nombramiento de director, cargo en el que permanecería
hasta 1833, en que Chaminade lo requeriría para levantar el colegio
de Burdeos. La llegada de Lalanne a Saint Remy supuso una revolución, como
sucedía a cada lugar al que llegaba: nuevo plan de estudios con impulso al
estudio de la Lengua, las lenguas clásicas, la Historia y la Geografía, las
Ciencias naturales, las Matemáticas, y las Bellas Artes.
Materias que nos parecen hoy normales, pero que entonces eran un plan
absolutamente original y completo. Pedagógicamente Lalanne se implicó como
en ningún sitio, estableciendo criterios y organizando una didáctica novedosa
y sorprendente. Fueron famosos los recursos que creó para la enseñanza de
las distintas materias, como el mapa gigante de Francia a escala, que hizo
en un prado de dos hectáreas, para estudiar Geografía (representando las montañas,
los ríos, bosques y ciudades…), la piscina que mandó construir para dar clases
de natación, o los viajes culturales que estableció para los alumnos tanto
de primaria como de secundaria. Sorprendentemente, nada de lo que habitualmente
utilizamos en el siglo XXI, como planes de estudios, actividades extraescolares,
o recursos didácticos, hubiera sido nuevo para ellos en Saint Remy… Todo lo
nuestro (excepto la Informática) estaba ya allí en Saint Remy… Además Lalanne
se preocupó de establecer un sistema de seguimiento de los alumnos y emulación,
basado en boletines periódicos de notas para las familias, en premios para
los más aventajados, y en sistemas para atender y cuidar a los más atrasados.
Las familias estaban muy contentas con él, y la huella que dejó siempre en
sus alumnos, la observaremos a lo largo de su vida.
8.
El ardiente promotor de la libertad de enseñanza en Francia
Fundada en 1806 para ganar la juventud francesa a los proyectos e intereses
del nuevo gobierno, la Universidad pronto llegó a tender al monopolio absoluto
de la enseñanza. Los jóvenes marianistas que se habían educado a la vez en
la nueva visión social surgida tras la Revolución de 1789 y en la misión educativa
eclesial que reclamaba un papel y un proyecto, iban a manifestarse en contra
de este monopolio sobre todo por boca de Lalanne. Así el discurso
que pronunció como director del colegio, en la entrega de premios
de Saint Remy, en 1830, se convirtió en una pieza clave de todo un
camino que Lalanne recorrerá, en defensa de la libertad de la Iglesia para
abrir y dirigir centros educativos de todo tipo. El discurso se titulaba:
“Sobre
la educación religiosa considerada como la garantía más segura de las libertades
públicas”.
Y contenía pasajes tan fuertes y
Hasta el fin de sus días Lalanne fue un batallador en este tema. Con
sus mismas cartas de protesta al Congreso o Senado francés, con motivo de
propuestas legales que consideraba negativas, sus entrevistas con los ministros
de educación, no cejó nunca en trabajar para conseguir este derecho. El
mismo Chaminade no dudaba muchas veces en entrevistarse con el gobierno de
turno, enviando a Lalanne o a otro marianista o a algún amigo. En resumen,
Lalanne fue durante toda su vida el campeón de la libertad de enseñanza en
Francia, y no sin cierto éxito. Sin embargo su “cercanía” a las posturas de Lammenais y su grupo, le
llevó a mantener diferencias con Chaminade http://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A9licit%C3%A9_Robert_de_Lamennais.
Conocemos el entusiasmo de Lalanne por los escritos de Lamennais
a través de su intercambio epistolar con Chaminade, en el que éste es criticado
por el joven sacerdote marianista de poseer “viejas ideas”. Chaminade dialoga
con paciencia y humor con Lalanne, pero lamenta que estas lecturas del discípulo
le acerquen al fideísmo lamenesiano. El entusiasmo del joven sacerdote Lalanne
por el Estado liberal impuesto por la Revolución de Julio, se nutría del principio
lamenesiano que afirmaba que del caos revolucionario surgiría un mundo nuevo.
Pero Chaminade le hace notar que no es legítimo trasladar al orden de los
procesos históricos, el principio físico del “caos al orden”. A lo largo de
la correspondencia, Chaminade fue atrayendo a su discípulo a un pensamiento
teológico más equilibrado. Sin embargo, el pensamiento y comportamiento de
Lalanne dio la tónica liberal característica de la práctica pedagógica marianista.
La conjunción de los principios burgueses como virtud pública (“lo
bello, lo útil, lo posible” era un lema de Lalanne), en correspondencia
con un cristianismo vivido como una moral de utilidad social, produjo la perfecta
síntesis de la escuela marianista con el medio sociocultural liberal en el
que nació y al que se quería evangelizar. Síntesis que se encuentra entre
los motivos de fuerza mayor para explicar la eficacia docente y de evangelización
de la juventud de los centros escolares de la Compañía de María. El realismo encarnacionista de Chaminade y
la utopía liberal de Lalanne fueron
las dos “almas” de la SM.
9. Director de la Institución
Santa María (1833) Traslado a Layrac (1835-45)
Al comenzar
el año 1930, la situación en las dos obras más importantes de la S.M. (La
Institución Santa María de Burdeos y Saint Remy), es tensa y difícil. Desde
su retiro, y por medio del correo, Chaminade se aplicó a poner orden en el
conflicto de competencias surgido en Saint-Remy, entre Lalanne y Clouzet.
La polémica se declaró al poco tiempo de empezar el curso, en diciembre de
1829 y se prolongó durante tres años, coincidiendo con la fase más radical
de la Revolución de Julio de 1830. Lo que no era nada más que un conflicto
entre las dos autoridades, la del primero como director de la comunidad y
del colegio, y la del segundo como ecónomo de todo el establecimiento, acabó
convirtiéndose en una discusión sobre los reglamentos de la Compañía de María,
cuya solución serviría para esclarecer la organización administrativo-carismática
de toda la Compañía.
Lalanne
vino a Saint-Remy en el curso 1829-30 con la autoridad de Superior de todo
aquel complejo marianista compuesto por una comunidad de 31 religiosos, de
los que sólo eran sacerdotes, Lalanne, Juan Chevaux (que era el Maestro de
novicios) y León Meyer, encargado de la dirección del colegio de primera y
segunda enseñanza. Pero también vino con la consigna de obtener para la Institution
de segunda enseñanza el “pleno ejercicio” de las clases del último curso del
bachillerato. Lalanne entendía que el Gobierno concedería este privilegio
si el nivel educativo y la vanguardia pedagógica que en él se experimentara
atraía la admiración de las autoridades académicas. En consecuencia, todas
las demás obras de la casa, el Noviciado incluido, quedaron supeditadas al
colegio de segunda enseñanza, cuyos gastos no podían soportar las demás actividades.
Lógicamente, el conflicto de competencias y autoridades entre Lalanne, director,
y Clouzet, administrador, explotó a poco de comenzar el curso, en diciembre
de 1829. Chaminade tuvo que intervenir para defender la Escuela de magisterio
y el Noviciado y para frenar a Lalanne, que no miraba nada más que su internado
de segunda enseñanza. Pero al fundador también le importaba reconciliar a
los dos hombres, porque con su enfrentamiento corrían el peligro de terminar
por convertirse en cabezas de dos bandos enfrentados en toda la Compañía.
Se inicia así una intensa correspondencia entre los tres en la que al hilo de la solución del conflicto
de competencias se van tratando otros asuntos de máximo interés: los métodos
de enseñanza y programas de estudios para el plan de Escuelas normales; la
redacción de las Constituciones; y la racionalización de la economía general
de la Compañía de María. El litigio se terminó cuando, por amor de la paz,
el padre Chaminade permitió separar totalmente la administración del internado
de segunda enseñanza del resto de las obras del complejo de Saint-Remy. Lalanne,
hombre de profundos sentimientos religiosos e íntimamente unido al fundador,
reconoció y se arrepintió de su conducta en una emotiva carta del 17 de noviembre
de 1832.
En la “Institución Santa María”
de Burdeos
(Hotel Razac) la situación también es complicada, porque Augusto Brougnon-Perrière,
incluso después de haber sido dispensado de sus votos, sigue dirigiéndola.
La situación financiera es muy mala y además se divulga el rumor que Augusto
abandona la SM. El número de alumnos empieza a bajar. Chaminade empieza a
pensar que la única solución para Burdeos es que venga Lalanne a levantar
la Institución. Además, Augusto quería un arreglo para separar sus propios
bienes, de los bienes que estaban a su nombre pero que eran de la SM. Pedía
también una compensación pequeña por lo que había aportado a la SM. El Arzobispo
apoyaba a Augusto. En estas circunstancias, Chaminade decide traer
a Lalanne a Burdeos y dejar en Saint-Remy a Chevaux y Clouzet con el refuerzo
de Fontaine que les envía como jefe de Instrucción. Lalanne viene a Burdeos como director
(1833) y efectivamente empieza a levantar de nuevo el prestigio de
la Institución Santa María y llena de alumnos
el colegio. Al principio, el mismo Augusto se hace cargo de la administración,
aun fuera de la SM. Chaminade y Augusto llegan a un arreglo en la separación
de bienes. Este acuerdo o transacción será clave para entender las dificultades
de los últimos años del P. Chaminade. Desde 1833, empieza a funcionar una
nueva Administración General: Chaminade, Superior General; Caillet, Jefe de
Celo o Vida Religiosa; Lalanne, Jefe de Instrucción o Educación; y Mémain,
Jefe de Trabajo y Economía. El P. Chaminade hace una visita de todos los establecimientos.
Pero Lalanne se encuentra encajonado en Burdeos. Tiene demasiados alumnos.
Además está convencido de que nunca le van a conceder en Burdeos la Institución
de pleno ejercicio, porque es una ciudad con Colegio Real. La ocasión se va
a presentar en 1835, cuando Dardy, congregante de Agen, propone
a Chaminade la compra de la antigua abadía de
Layrac, cerca de Agen. Dardy la había comprado y había creado
en ella una Pensión educativa. Pero
quería que la dirigiera la SM y le sugiere a Chaminade que ponga a Lalanne
al frente de Layrac. Al final, Chaminade acepta. Se compra Layrac
y Lalanne traslada toda la Institución
Santa María de Burdeos a Layrac. Chaminade le pone como ecónomo
a Mémain, con la orientación de que lo controle en la gestión del centro.
Lalanne como siempre, tiene un éxito fulgurante como educador, llena Layrac,
y empieza a poner todas sus ideas en práctica, pero se desata en los gastos.
Lalanne vuelve a sus ideas de independencia de los grandes establecimientos
y estalla de nuevo un conflicto con Chaminade. Por dos veces fracasa Lalanne
en la petición de Institución de pleno ejercicio. La situación
financiera se hace insostenible, y se pretende llegar a un acuerdo entre Chaminade
y Lalanne. El plan es que la SM se retire de toda responsabilidad de Layrac,
que Lalanne se haga cargo del centro personalmente (como si estuviera fuera
de la SM) haciendo frente a la situación hasta regularizarlo todo y devolvérselo
a la SM floreciente. La realidad mostrará que Layrac acabará en quiebra
total, en parte por toda una serie de leyes adversas que le hicieron
disminuir el alumnado. En 1845, Lalanne tendrá que irse a París para
huir de sus acreedores y encontrar dinero para pagar sus deudas.
En cuanto al edificio del Hotel
Razac de Burdeos, primeramente se alquiló; se quiso abrir otra obra educativa
llevada por el párroco de Saint Eloi y por otros educadores, pero tuvo una
vida muy precaria. En 1874, la SM la volvió a tomar (con motivo de la expulsión
de Alsacia de los marianistas). El P. Hérail la dirigió, e inmediatamente
conoció de nuevo un gran renombre. En 1894, la SM abrió un colegio en Cauderán,
a las afueras de Burdeos, el actual “Colegio
Santa María Grand Lebrun”. Y el Hotel Razac de la histórica
calle Mirail fue vendido en 1901 al Monte de Piedad de la ciudad, que lo cedió
más tarde al Liceo Montaigne. Ese edificio de la calle Mirail, y el de la
cercana calle Menuts nos traen siempre la memoria de nuestros dos primeros
colegios en Burdeos.
10.
Diez años de prueba y retiro (1845-55). Director de Santa María de Ternes,
del primer colegio marianista de París, y de la
Escuela des Carmes (1853)
Diez años son muchos años en la vida de cualquier persona, pero más cuando
Lalanne tiene cincuenta y cinco años y se encuentra en una situación de “apartamiento”,
acosado por los que buscan satisfacer las deudas que ha contraído en Layrac.
Son años difíciles, en los que busca apoyos para ir situándose personal y
profesionalmente. Religiosamente en una situación excepcional, ya que está
“apartado” de la vida comunitaria marianista aunque mantiene sus votos y su
consagración misionera a María. La relación con Chaminade y con la SM no se
ha roto, pero vive distanciado, buscando solucionar su problema personal,
a la espera de “reingresar” en la Compañía cuando todo se haya apaciguado…
Sin embargo, curiosamente, estos años le llevaron a una de las etapas más
importantes y fructíferas de su vida, la dirección del colegio Stanislás,
en el que estará quince años.
En los cinco primeros años de esta etapa de espera en París (1845-50),
hace de todo: capellán del Colegio Laville, saca la Licenciatura en Letras
(1847), es contratado en el Pritaneo de Ménars (una Escuela de artes y oficios),
trabaja como profesor de Literatura del Seminario menor de San Luciano en
Beauvais, ¡saca dos tesis doctorales!, escribe un
“Manual de Retórica elemental y completa” (publicada
en 1857), e incluso solicita una plaza ¡como rector de la Universidad!. Viendo
lo anormal de su situación, tiene la tentación de marcharse de Francia, instalándose
en Viena. Le desaconsejan esta huida, y sigue su periplo: en los cinco años
siguientes (1850-54) se va a ir encendiendo una doble luz: para él, la fase
de estabilidad previa al Stanislás, y para la SM, la fundación en París. En 1847 había establecido relación con el P.
Mage, que igualmente descontento de la enseñanza universitaria como de la
enseñanza eclesiástica, decide trabajar para reformar ambas. Mage quería fundar,
en la misma casa donde el P. Liautard había abierto (1804) el futuro Stanislás,
un establecimiento educativo que llamó “Port-Royal católico”. Lalanne redacta los estatutos de la nueva obra,
pero esta no llega a nacer. Mage abre entonces en la calle Pot-de-fer-San
Sulpicio (hoy Calle Bonaparte), una obra educativa, con parte del “proyecto
Lalanne”. Tampoco tiene
éxito. Mage entonces se asocia a otros dos sacerdotes,
que desde 1849 dirigían la “Institution
Sainte Marie” en el castillo de Ternes. Le ofrecen allí
a Lalanne ser Director de estudios, y empieza como tal en 1850.
Muy alejado de la vida de la SM, Lalanne solo había recibido esporádicas noticias de la situación crítica que había vivido el Fundador en estos años tan duros para él, con procesos y una relación tensa por parte del Consejo General. A primeros años de enero de 1847, Augusto hace una visita a Chaminade y se asusta mucho. Entonces le escribe a Lalanne a París y le dice: “Fui a visitarlo y lo encontré muy desmejorado”. El 22 de Enero de 1850 le sorprende la noticia de la muerte de Guillermo José Chaminade en Burdeos.
En cuanto a la casa de la Calle Bonaparte,
Lalanne le propone al P. Mage que la venda a la Compañía de María. Esta acepta,
funda así en París, y le confía al mismo Lalanne la dirección del
nuevo colegio que se llamará “Institution Sainte Marie”(1852).
Estos años seguirá con su preocupación pedagógica y el seguimiento de los
planes oficiales de Educación: “Observaciones
sobre el programa oficial de estudios y liceos”(Publicación.1853),
“El mantenimiento de la diversidad de estudios
–ciencias, letras, artes- en la unidad de un plan único” (Discurso.1852), “Paralelismo entre los estudios literarios y los científicos, en relación
al desarrollo de las facultades intelectuales y morales”
(Discurso.1853).
Pero la “nueva hora de Lalanne” va a llegar con la dirección de dos de
las más prestigiosas instituciones educativas de la capital. En 1853
el arzobispo de París le confió la dirección de la sección eclesiástica de
la Escuela des Carmes
(hoy “Instituto católico de París”; http://www.icp.fr/icp/icp.php). El objetivo
de esta Escuela era “proporcionar a
los jóvenes eclesiásticos una formación literaria y científica lo suficientemente
elevada y completa, para responder a las exigencias de la enseñanza y hacerles
capaces de adquirir los títulos más elevados” (Reglamento redactado por
Lalanne). Lalanne se dio de corazón a este centro, que con el tiempo se convertiría
en una de las universidades de Iglesia más importantes de Europa. Lo mejoró
en lo académico, en lo pastoral, y en lo cultural.
11.
Director del Colegio Stanislás de París (1855-71)
La dirección del colegio
Stanislás (http://www.stanislas.fr/), fue la gran obra de su vida, ya que
dedicó a ella quince años (1855-1871). Lalanne ya pasó por este centro cuando
tenía 20 años. Ahora ya es un hombre maduro, con una gran experiencia religiosa
y pedagógica, pero sobre todo es conocido como un excelente director. En 1804,
tres sacerdotes de la diócesis de París, Liautard, Augé y Froment habían fundado
un centro educativo en la actual calle Vavin, “Casa de educación Notre Dame des Champs”. Dos de los fundadores
son universitarios, el tercero ha sido formado por los Oratorianos
de Juilly (famoso colegio donde fueron alumnos también
Montesquieu y La Fontaine). Stanislás nace pues, de una doble tradición, universitaria
y religiosa. En 1810 el colegio tiene ya 500 alumnos. En 1822 el rey
Luis XVIII le da el nombre de Stanislas (por su propio bisabuelo Estanislao
–rey de Polonia-); la restauración borbónica saluda así a la Iglesia
tras la difícil etapa napoleónica). De 1825 a 1854, el colegio se desarrolla
bajo el impulso romántico: la notoriedad de la institución se extiende a causa
de la calidad de los estudios y también de la participación en la vida nacional:
conferencias del P. Lacordaire en 1834, que se convertirían en las charlas
de Cuaresma en la catedral de Notre Dame, y la actividad de Federico Ozanam, profesor del colegio
y fundador de las Conferencias de San Vicente de Paul en ayuda de los marginados
(Ozanam fue beatificado en 1997 por Juan Pablo II http://www.familiavicenciana.org/Fundadores/Fundadores_Principal.htm?irA=Fundadores_Beato.htm). En 1840 el Stanislás se constituye jurídicamente en Sociedad civil,
aunque la responsabilidad de la educación se deja a los sacerdotes de la casa.
El P. Gratry, director de 1841 a 1846, dará un gran impulso a la preparación
para acceder a la Universidad, con un doble deseo, de formar buenos profesionales
y creyentes comprometidos. En 1847, una serie de dificultades económicas lleva
al centro a desprenderse de locales, hasta que una nueva sociedad se hace
cargo del colegio, instalándolo en los lugares históricos de la brasserie
Santerre, calle Notre Dame des Champs nº 22.
Es el momento
en que la Compañía de María llega al Stanislas. La dirección del colegio es
confiada por la SM a Juan Bautista Lalanne. Cuando el vicario general de París,
Buquet, viene a proponérselo, se queda sorprendido y a la vez emocionado.
Solo falta convencer al P. Caillet de que la Compañía se haga cargo. El sucesor
de Chaminade duda, pero Lalanne lo convence con un argumento espiritual: “Este
colegio donde tanto bien se ha hecho, me parece que es un regalo que la Santísima
Virgen quiere hacer a la Compañía de María”. Caillet no resiste
a la propuesta adornada con estas palabras… Una vez nombrado director
en 1855, Lalanne pide a Caillet que le envíe al P. De Lagarde
como ayudante. Así, después de las vacaciones de Pascua
se envió a tres religiosos, entre ellos al joven e inteligente seminarista
Luis de Lagarde para la dirección de la sección de pequeños, quien se convertiría más tarde en subdirector (1863-64) y finalmente
sucesor suyo. “Lalanne
no me cargará con demasiado trabajo al comienzo –dice Lagarde-, quiere probablemente
probarme antes de lanzarme. Quiere hacerme heredero de sus ideas, de su experiencia
y su obra”. A partir de este año
1855 Lalanne se reintegró definitivamente a la Compañía de María,
y no sólo como miembro de derecho –ya que nunca había dejado de serlo- sino
de hecho. El curso 1855-56 el colegio contaba con 117 alumnos, de los cuales
57 en régimen de internado. El 11 de Septiembre de 1857, Lalanne había obtenido del ministerio la
confirmación definitiva de los privilegios del colegio, que le aseguraban
una situación excepcional entre los centros educativos parisinos, ya que era
el único que tenía el derecho de llevar el título de “Colegio particular” (“colegio”, porque es reconocido como tal por
la administración de educación pública; “particular”, porque, no recibiendo
ninguna subvención estatal, conserva su libertad para contratar el personal
y para modificar su Reglamento). Lalanne se encuentra de repente, con lo que
siempre había soñado para los centros de la Compañía…
12. Lalanne y la SM,
tras la muerte de Chaminade. La “Notice historique sur la SM”
El mismo año que Lalanne asumía la dirección del colegio, se empezaba
a producir una situación crítica en la Compañía, con la reelección
del P. Jorge Caillet como superior general. El 7 de octubre
de 1855, Caillet y sus Asistentes, elegidos en el Capítulo General de Saint-Remy
de 1845 (tras la dimisión de Chaminade como Superior general), concluían el
período decenal de su mandato. Las Constituciones admitían dos modos bien
distintos para la elección del Superior General y de sus Asistentes; por el
primero, la elección se hacía en un Capítulo General, convocado por el Superior
General, según preveía la Regla de Vida. Pero había otro modo, señalado por
la Regla, en el caso que “las circunstancias”, no permitieran convocar el
Capítulo. En tal caso, bastaba que el Superior General consultara a los capitulares
–en aquel momento, todos los directores de los establecimientos marianistas-
si consentían a la reelección. Si sus respuestas se mostraban a favor por
una mayoría de dos tercios la Administración General, podía continuar gobernando;
y sólo en el caso de que la respuesta de los capitulares no alcanzase esta
mayoría, era necesaria la convocatoria de un Capítulo General. Caillet creyó
de buena fe hacer uso de este derecho constitucional, pues “en las circunstancias
actuales era más expeditivo consultar que convocar a los miembros del Capítulo
General, sobre el asunto de la elección a hacer”. El reproche principal que recibió la Administración General
por emplear este procedimiento fue, que habiendo impedido a los religiosos
reunirse en “igualdad natural”, había causado un grave daño a la libertad
de voto, pues los capitulares no habían podido discutir entre ellos la decisión
a tomar. En consecuencia, una buena parte de religiosos consideró la reelección
por correspondencia, como una treta de Caillet y de sus Asistentes, para evitar
discutir en el Capítulo General los problemas de la Compañía. Pero ante la
consulta de Caillet, la mayor parte de los religiosos confiaron de buena fe
en sus Superiores mayores y se sometieron a este proceso de reelección del
Consejo General. Por la circular del 15 de abril de 1855, la Administración
General preguntó a todos los directores de las casas si era oportuno que “el
Consejo actual de la Administración retome por diez años, a partir del 7 de
octubre próximo, el gobierno de la Compañía de María”. A esta cuestión, 87
religiosos respondieron a favor de la continuación del General y sus Asistentes,
13 en contra y 7 no se definieron. Según el artículo 478, se daba una mayoría
de dos tercios. Caillet daba cuenta de los resultados de la consulta por la
circular nº 39 del 23 de mayo de 1855 y advertía que “la operación está terminada,
mis queridos hijos; la cuestión ha sido resuelta por vuestros jefes. (...)
La finalidad de la presente Circular es pues promulgar la reelección del Superior
General y de sus tres Asistentes, y darlo a conocer a todos los miembros de
la Compañía”. No obstante la legalidad del procedimiento y que la reelección
había sido aprobada por la Santa Sede, el procedimiento fue contestado
por algunos religiosos muy relevantes, en general en las comunidades
alsacianas, Pero, sobre todo, alzó su voz Juan Bautista Lalanne, que
se hizo el portaestandarte de todos aquellos que pidieron la convocatoria
del Capítulo General. Con este fin, Lalanne publicó en el verano
de 1858 dos ensayos polémicos contra Caillet: “Des
Chapitres généraux dans les Orderes religieux d´après les Conciles, les decrétales
de Papes, les reglamentes et usages des anciens Ordres monastiques”
y la “Notice historique sur la Société de
Marie”. Esta última obra, importante para conocer
a Lalanne, pero un verdadero panfleto contra Caillet, nos muestra la tensión
de fuerzas que se vivían dentro de la Compañía de María en ese momento.
13.
La obra de Lalanne en el colegio Stanislás
En 1858 la
SM compra el colegio Stanislás y al año siguiente construye una capilla. En
1861, a la muerte del P. Juan Bautista Fontaine, Lalanne
es nombrado Asistente general de Educación, cargo que va
a compaginar con la dirección del colegio, ya que la Administración
general de la SM se acaba de trasladar a París (1860)
poniendo su sede en la Institution
Sainte
Marie, de la calle Berry, nuevo colegio que la SM había abierto en 1856 (del mismo estilo
que el primer colegio fundado en 1852 en la calle Bonaparte). Lalanne comienza
a impulsar su estilo, haciendo progresar la historia del Stanislás:
1. El Plan
de estudios del Stanislás era muy parecido al de los liceos
o institutos: las clases las impartían profesores de la Universidad, pero
el director tenía total libertad para la programación de estudios. Lalanne
en París era un director más maduro y sereno que en otros colegios donde había
brillado por su creatividad, actividad desbordante, y a veces por su radicalismo.
Aquí, su acción es más sosegada y más profunda. Se daba cuenta ya, de que
a veces “lo mejor es enemigo de lo bueno”, y sabía bien que dos dones de la
vida marianista que Chaminade les había transmitido eran: la capacidad de
adaptación y el realismo de saber pisar tierra. Así el idealista y radical
Lalanne de otras etapas llegaba a una síntesis madura sin
renunciar a sus ideas y su carácter.
2.
El impulso dado en el colegio a las lenguas
clásicas fue de
tal envergadura, que en 1862 se llegó a representar el “Filocteto” de
Sófocles ¡en griego! El hecho trascendió
a la prensa, ya que el periódico “L’Unión” dio cuenta del estreno, como un hecho teatral de altura en
Francia. Sin embargo, Lalanne prefería el latín por varias razones: primeramente
por la trascendencia que tenía para el estudio de la lengua propia y en segundo
lugar, decía que era imprescindible para aprender a pensar, escribir, leer
y conversar. El latín, opinaba Lalanne, era la lengua que ofrece más recursos
y contribuye más a la formación intelectual y espiritual. En ese sentido,
nuestro sistema educativo actual, privado de este cimiento crucial latín-griego,
está a años luz de la riqueza de la enseñanza lingüística en el siglo XIX
y parte del XX… Las modificaciones que Lalanne realiza en los planes de estudios
en Stanislás en 1865 fueron imitadas por el Ministerio de Educación: ante
el adelanto del estudio de los idiomas, de dibujo, y de cálculo en el colegio,
el ministerio adopta inmediatamente el punto de vista de Lalanne.
3.
Seguimiento del profesorado. Las frecuentes visitas a los profesores en
su propia clase con sus alumnos, era una de las formas preferidas de seguimiento.
Se sentaba, escuchaba, observaba, a veces interrumpía, y sobre todo, luego
en privado, comentaba y evaluaba con el profesor respectivo su forma de enseñar
y educar. Los Jefes de estudios
realizaban para él una Relación diaria
de incidencias que contenía muchas cosas: levantarse, oración, movimientos,
comidas, estudios, recreos, castigos, enfermedades, ausencias, acostarse.
4.
Boletines de notas semanales (en Burdeos eran trimestrales, en Layrac mensuales), fórmula que se popularizará
en la SM y estará vigente durante más de un siglo.
5. Las Entregas
solemnes de premios se hacían una vez al año, siendo el
acto académico por excelencia en presencia de las familias. La tradición venía
de Burdeos, y se afianzó en todos los centros; era el momento que Lalanne
aprovechaba para la formación pedagógica y religiosa de los adultos, así como
para ir exponiendo su pensamiento a lo largo de los años.
6. La “Asociación
de Antiguos alumnos” del Stanislás: Lalanne lanza la propuesta
en 1859 y se va preparando el terreno hasta que se funda definitivamente (1865)
y obtiene la declaración oficial de asociación de utilidad pública. En la
página web de la Asociación actual aparece claramente Lalanne como su fundador:
http://www.stanislas.fr/content.php?cat=3&menu=1
14.
La batalla de París (1870-71) y el fin de su directorado en el Stanislás
La guerra franco-prusiana, especialmente el asedio
de 1870, supuso un duro golpe para París y por tanto para el Stanislás.
Los primeros meses fueron de “dispersión”: muchos alumnos habían sido movilizados,
y otros permanecían en sus casas por el miedo de las familias a la situación
bélica en la capital. Incluso el director estaba ausente, ya que el
asedio le sorprendió a Lalanne en el sur. Había ido a descansar por
mandato de sus superiores, y ahora se ve imposibilitado de regresar por el
bloqueo de París que mantienen las tropas alemanas. El P.
José Simler, superior general, ha quedado también
bloqueado en la capital y aprovecha ese año para investigar en los archivos
de la Compañía: este encierro será decisivo para que Simler escriba la primera
biografía de Chaminade, y para dar a conocer las riquezas de la espiritualidad
marianista. El colegio intenta continuar con sus clases y actividades,
pero cuando comienzan los bombardeos de la ciudad (seis obuses caen sobre
el colegio), se decide trasladar el alumnado a la “Institución
Santa María” de la calle Berry. Una
vez terminado el asedio, parecía que volvía la calma, pero la entrada de los
alemanes en la ciudad, y la insurrección de la “Comuna” en París (1871), trastocan todos los planes. Aunque
algunas clases recomienzan su trabajo, el peligro está en que los alumnos
mayores sean de nuevo movilizados por los comités revolucionarios de la Comuna.
Entonces Lalanne, una noche de Abril, como un nuevo Moisés, esconde a todos
los alumnos mayores de 17 años y los lleva como en “éxodo” al colegio de los
oratorianos de Juilly, mientras pasa el terror. En Mayo tiene lugar la represión
contra la Comuna: la “Semana sangrienta” llegó incluso hasta el mismo Stanislás,
en cuyos patios se libró parte de la batalla, durante dos días de tiroteos.
Un aviso a Lalanne, de amigos muy bien informados, logró que el colegio escapara
del incendio que iban a provocar en él. Hecha la “calma” en París, que costó
veinte mil ejecuciones, con el nuevo gobierno, regresan los alumnos del “éxodo”
al colegio.
Lalanne ha cumplido muy bien su etapa de quince años como director, pero
se piensa en un relevo. Tiene 75 años, y el P. Lagarde le sucede en el cargo,
siendo nombrado nuevo director del Stanislás. Lalanne celebra su Eucaristía
de despedida el 24 de Junio de 1871, día de su santo, acompañado
de sus alumnos. En el Padrenuestro, cuando pronuncia “Hágase tu voluntad”, todos observan que las lágrimas brotan de sus
ojos. Así que Lalanne, sin renunciar a seguir prestando servicios de gobierno,
prefiere un lugar más tranquilo y de menos envergadura que París. Le
destinan entonces a Cannes, para ser director del colegio que él
mismo había fundado unos años antes.
Dos antiguos alumnos de Lalanne en dos de los colegios que dirigió en París, lo recuerdan así: “Con qué ardiente convicción nos hablaba, y cómo se multiplicaba por todas las actividades del centro. Los retiros de primera comunión, que nos hacía hacer han dejado en mi vida una impronta del todo particular, tal era la solicitud con la que nos rodeaba. Nosotros le queríamos como a un padre y le acompañábamos en los paseos por el Bosqu