Conclusión de la primera parte: El por qué de una propuesta
No hay duda de que existe una interacción entre el itinerario bíblico de oración y el itinerario que los marianistas han seguido y se han propuesto recorrer. Sin embargo, no todos descubrimos o establecemos debidamente esta interrelación enriquecedora. La Biblia nos acerca, en su testimonio de la revelación encarnada en la vida del Pueblo, a una experiencia del misterio de Dios. Algo parecido, salvando las distancias, intenta hacer la espiritualidad marianista, porque el Espíritu de Dios ha seguido hablando en la historia de la Iglesia y en nuestra pequeña historia familiar. El misterio de Dios Padre deja su propia impronta en los marianistas, y sobre todo en su oración. Para admirarlo y descubrirlo, hay que acertar a leer y asumir la Escritura con los ojos del marianista. En la Biblia se encuentran los textos que permiten desarrollar de un modo vivo y adaptado a cada cual lo que, a primera vista, puede parecer un esquema abstracto en el camino marianista. Este encuentro entre la Palabra y la vida se realiza en la oración. Al orar, nos capacitamos para llevar audacia y lucidez al vivir diario; al mismo tiempo, la calidad de nuestra acción es la piedra de toque de la cercanía al Señor.
A su vez, este camino es un medio para evitar perderse en el conjunto de la Escritura, y para atenerse a lo esencial de la misma y ahondar en aquello que está más en sintonía con el espíritu marianista. A través de este espíritu se vive de una manera compendiada el misterio total, desde la visión concreta que el marianista tiene de Cristo y del Reino. Cada palabra tiene su sentido, y cada paso conduce a iniciar una nueva etapa. El itinerario espiritual marianista nos centra, a su modo, en lo esencial de toda vida cristiana.
En todo camino hay un caminante misterioso que nos rebasa: el Espíritu Santo. Por su fuerza nos hacemos testigos (Hch 1, 6-8). Por eso, nuestra acción en esa situación será tanto más acertada cuanto mejor asumamos el ser movidos por la acción de ese mismo Espíritu. Para nosotros también cuenta la presencia misteriosa de María. Con ella nos llega su espíritu de verdad, de amor y de libertad.