PRIMERA PARTE

LA ORACIÓN EN EL CAMINO MARIANISTA

 

Introducción: Nuestros Fundadores, maestros de oración

El Padre Chaminade se preocupó de iniciar a sus seguidores en la oración, y de formarlos en la oración. Para ello ofreció a los marianistas motivación y orientación. Les hizo gustar la oración.

El Fundador quiso hacer de cada marianista un misionero. La tarea fundamental de su vida fue reavivar, renovar y multiplicar la fe. Inculcó en las religiosas, los religiosos y los laicos una gran pasión para gastar sus fuerzas a fin de que el Reino de Dios llegase a la sociedad francesa de su tiempo. Sabía muy bien que la audacia apostólica es fruto de la oración. Por eso trató de formar hombres y mujeres de oración.

Caminos de oración

Hay un solo Evangelio pero son muchas y variadas las formas de vivirlo. Las diversas "escuelas de espiritualidad" recogen y presentan diferentes modos de vivir el misterio cristiano. Una "escuela espiritual" es un conjunto de pensamientos, doctrinas, prácticas y actitudes que el fundador de la misma deja en herencia, y que poco a poco se transforma en doctrina y pensamiento, en vida y acción de quienes se convierten en discípulos y miembros de esa escuela. A éstos la escuela espiritual les ofrece un camino para encontrarse con el Señor, vivir en su compañía y trabajar para que el Reino venga. Les presenta algunos elementos de un camino de oración.

En la historia de la Iglesia ha habido diversas escuelas de espiritualidad. Una de ellas fue la llamada Escuela francesa de los siglos XVIII y XIX. Su fundador fue Pierre de Bérulle. En ella el cristianismo no se reduce a un conjunto de verdades ni a la mera presentación de una doctrina: se centra, sobre todo, en el cultivo y desarrollo de la relación con una persona: Jesucristo. Las grandes intuiciones de la Escuela francesa han sido puestas de relieve por el Concilio Vaticano II: la relación personal con Jesucristo, la llamada de todos los cristianos a la santidad, el sentido de la Iglesia como misterio, la integración de fe y vida, la presencia de María en nuestras vidas... La relación personal con Cristo es la realidad fundamental de esta espiritualidad. Relación que se inicia y profundiza por medios diversos. En esta escuela, la contemplación de los misterios de Jesús es la fuente y fundamento de la vida en el Espíritu. En ella la oración se orienta a revivir estos misterios.

El Padre Chaminade recibió influencias de la Escuela francesa de espiritualidad, cosa que se advierte fácilmente.

También recibió mucha influencia de los Padres de la Iglesia: a través de ellos le llegaron orientaciones sobre el método y los contenidos de la oración. En los escritos y conferencias del Fundador son frecuentes sus referencias a ellos.

Padre Chaminade maestro de oración, Madre Adela mujer de oración

El Fundador destaca la importancia de la conformidad con Jesús. Para adquirirla y desarrollarla, necesitamos orar. Por su especial vocación, el marianista emprende y lleva a cabo este camino bajo la inspiración y la acción de María. Con ella contempla los misterios de Cristo, y como ella participa en esos misterios.

El Padre Chaminade fue un maestro espiritual: primeramente porque estuvo atento a la acción del Espíritu en sí mismo y en los demás; y en segundo lugar porque supo despertar el gusto por la vida en el Espíritu, y hacer tomar conciencia, en la oración, de la obra transformadora del Espíritu en nosotros. A partir de su experiencia personal hizo todo lo posible por formar marianistas orantes. Presentó la vida espiritual como un camino de oración. Cuando hablaba y escribía de oración, lo hacía de tal modo que ésta quedaba bien integrada en el conjunto de la espiritualidad.

Madre Adela fue una mujer de oración. Desde joven estuvo motivada por el gran deseo de la contemplación e incluso de la vida contemplativa. Oraba mucho. Enseñaba a orar a las jóvenes que integraban las diferentes asociaciones que fundó. Le gustaba descubrir los designios del Señor sobre el mundo y sobre ella misma, y adorarlos y ser fiel a los mismos en el silencio y la paz de la oración.

Inspirado en las palabras y el ejemplo de nuestros Fundadores, este libro, más que en la oración y en hacer oración, quiere centrar la atención en las personas que se inician en la oración y que, fieles a la llamada del Señor, llevan la oración a la vida. Ello supone que son creyentes capaces de orar, porque han optado por la gratuidad y la sencillez, han perdido el miedo a la soledad y al encuentro en verdad con los demás, saben escuchar y mirar, son hombres y mujeres que «hacen oración sin saberlo» (Santa Teresa de Lisieux).

Una espiritualidad para hoy y una oración para hoy

La espiritualidad marianista es un camino para iniciarse en el misterio cristiano, y una guía para penetrar en ese mismo misterio. Da orientación clara y motivación a quienes son llamados a vivirla para seguir a Jesús y servir a la Iglesia. Ayuda a asimilar, en el día a día, los elementos fundamentales de la vida cristiana.

Para presentarla y transmitirla bien, se precisa tener en cuenta, a la vez, su pasado y su presente. Del pasado nos quedan palabras, escritos y testimonios. Del presente también tenemos palabras, escritos y testimonios de vida. Pero todo esto se debe recoger, formular, asimilar y luego proponer. Sólo se formula bien una espiritualidad cuando se une lo que viene de los maestros y lo que llega de los discípulos, lo que ya se ha convertido en tradición y lo que es experiencia nueva que nos permitirá vivir el futuro que ya encontramos presente en la realidad actual.

En nuestra espiritualidad, la oración tiene un relieve especial. A su vez, la oración está marcada por los rasgos principales de este camino marianista. Esos rasgos permiten al marianista vivir y alimentar la fe y la caridad con una propuesta de oración. Quizá sea éste uno de los mejores modos que tiene la Familia marianista de participar activamente en la nueva evangelización.