" La confianza, y el
espíritu de la Misión "
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Carta de Guillermo José Chaminade a
M.Chevaux (Saint Remy)
Agen 7 de Febrero de 1834
Mi querido hijo:
Tengo
ante mí, tu carta del 23 de enero. Espero
que la llegada de M. Brunet a Saint Remy, remedie los problemas que me
comentabas en la primera parte de tu carta. Por otra parte M. Brunet no tendrá
excusas, aparentemente válidas, para no cumplir, y hacerlos bien, sus
ejercicios espirituales.
Pero
hablemos, querido hijo, del gran problema que me has señalado. Lo que parece
abatir tus fuerzas y disminuir la energía de tu alma, debería por el contrario
inflamar tu caridad y tu espíritu religioso. Comprendo el sentimiento que
tienes sobre tu incapacidad y tus defectos, naturales o adquiridos, pero
desapruebo el descorazonamiento que ese sentimiento parece producir en ti.
¿Eres un intruso en el cargo que ocupas? No, no lo eres, ya que has sido
enviado de forma legitima y regular. Nuestro
Señor Jesucristo quiere para sí toda la gloria del bien que hagas y de las
victorias que consigas. Nuestro Señor quiere
hacer participar de esta gloria no a ti o a los tuyos, sino a su augusta madre,
la Santísima Virgen, por cuya protección habrás vencido todos los obstáculos:
Infirma mundi elegit Deus, ut confundat
fortia.
Querido hijo ¿por qué no pones toda tu confianza en
Jesús y en María ? ¿Piensas que san Pedro mereció la sede apostólica
en Roma, por su educación, su ciencia, su sabiduría y sus dotes naturales ? ¿O lo
consiguió más bien por la confianza que tenía en el Maestro que lo enviaba? Si
oras y no recibes, ¿por qué no continuas orando hasta que tu oración sea
escuchada, y mientras tanto haces lo que
El te inspire ?
Parece
que los brazos se te caen, cuando ves a los jóvenes que te rodean, y que como
tú, tienen la misma misión, como dices, llenos de buena voluntad, pero con
falta de experiencia... ¿Dónde has leído que los apóstoles y los setenta y dos
discípulos , hayan adquirido su experiencia antes de trabajar en la gran obra
que les fue encomendada ? Tenían buena voluntad, es verdad; pero eso era todo.
Los discípulos de Nuestro Señor no tenían más aptitudes que los Doce apóstoles.
Conocían como estos toda su debilidad, pero también como estos ponían toda la confianza en Él para la
misión que de Él recibían. ¡Ay,
cómo hemos degenerado ! ¿Dónde está nuestra fe, nuestra fe en
Jesucristo ? De verdad que no tengo
intención de humillarte, ni humillar a tus colaboradores, sino que quiero despertaros
a todos del sopor en el que parecéis haber caído, y recordaros lo que todos vosotros sois desde vuestra entrada en la
Compañía de María. Sois verdaderos
misioneros. La enseñanza de la
juventud, cualquiera que sea, no es
ciertamente el fin que os habéis propuesto, al consagraros enteramente a
Dios, bajo la protección especial de la augusta María. La enseñanza no es más que
un medio del que nos servimos para cumplir nuestra misión, que consiste en formar en todas partes el espíritu de fe y
de la religión, y multiplicar los cristianos.
Penétrate,
querido hijo, de estos sentimientos, y trabaja por hacerlos llegar a los
corazones de todos tus hermanos y colaboradores; infaliblemente los encontrarás
allí en tal grado que ni te imaginas.
Si estáis animados todos por estos sentimientos, entonces habéis encontrado el
remedio al mal horrendo que reina en Colegio. ¡ Sois todos misioneros, cumplid vuestra misión ! Quizá la palabra misión pueda fatigar la mente de
algunos, imaginando que, para ser misionero, hay que ir predicando de pueblo en
pueblo, de parroquia en parroquia, no habiéndose formado por tanto la idea de una misión estable y permanente. Es
necesario rectificar todas las ideas que nos son conformes a esto.
Pero
preguntarás: ¿cómo llevar a cabo y
animar una misión de ese estilo? Te voy a dar algunas sugerencias que
puedan serte de provecho:
1.
Los auténticos misioneros no deben
ser autosuficientes, basándose exclusivamente en sus talentos y su ingenio,
sino que deben poner toda su confianza
en la gracia de su misión, y también en la protección de la Santísima Virgen, trabajando
en esta obra para la que Ella fue elevada a la Maternidad divina.
2.
Todos deben estar bien convencidos
de la importancia de la salvación de la Humanidad, rescatada al precio de
la sangre de Jesucristo.
3.
El fin principal que todos deben
proponerse, en todos sus ejercicios, pero particularmente en sus ejercicios
espirituales, debe ser trabajar por la salvación
de los alumnos, la corrección de sus vicios, y su progreso en la virtud.
4.
Es necesario que actúen todos con
un gran concierto. La obra es común,
y cada cual es solidario hasta un
cierto punto de toda la obra. Sin embargo, es bueno que haya una distribución de responsabilidades: por
ejemplo, cada profesor con respecto a los alumnos de su clase, cada curso con
el coordinador de curso. Y en los recreos todos pueden echar una mano.
5.
Cuando os ponéis de acuerdo, os dais cuenta de cómo se
pueden vencer ciertas dificultades que
se van encontrando. Con ciertos
alumnos, por ejemplo, pecadores obstinados y con hábitos enraizados, podéis trabajar de una manera especial:
aquellos que están responsabilizados de ellos, oran por esos alumnos, solicitan
su conversión, invocan las luces del Espíritu Santo para dirigir bien su
conducta.
6.
Hay que guardarse de un
celo indiscreto. Los comienzos son insensibles. No se consigue nada de un
alumno, del que no se haya ganado hasta un cierto punto, la estima y la amistad.
7.
No hay que ocultar que tu Colegio
tiene unas dificultades que no se encuentran ordinariamente en otros centros. El
de Saint Remy está nutrido en gran medida por hijos de familias distinguidas
del Departamento, sea por nacimiento, sea por sus medios económicos. Vae vobis divitibus! ¡Ay de vosotros los
ricos! Una especie de maldición está unida a ellos. El orgullo de la sangre
o de la riqueza los arrastra ordinariamente a las pasiones más bajas. ¡Qué
diferencia, en cuanto a educación cristiana, con los colegios formados por
alumnos procedentes de las clases medias del campo, ordinariamente mal
acomodados. Pero en fin, las dificultades no nos deben espantar; debemos introducir la religión en las
clases altas de la sociedad. Cuando, en tus trabajos, encuentres algunas de
esas dificultades que te parezcan sobrepasarte, podrías comunicármelas: quizá
pueda yo aconsejarte algún remedio.
8.
En la medida en que vayáis
teniendo alumnos que se orienten
fuertemente hacia Dios, encontrareis algunos que tendrán espíritu religioso
y de los que os podréis servir con respecto a los demás como pequeños misioneros: tengo experiencia
de otras veces, de que se consiguen grandes cosas.
Tú y tus hermanos podéis de ahora en adelante
comunicar a M.Caillet, Jefe general de Vida religiosa, todo lo que se refiera
al espíritu religioso, a la religión y a la piedad, sea personal, sea en
relación a los alumnos. Ya se lo voy a advertir a él. Será necesario que
continúes la correspondencia con M.Lalanne en lo que se refiere a la educación.
Independientemente de su oficio de Jefe general de Educación, él está encargado
especialmente del Colegio de Secundaria (de Saint Remy) y de su buen
funcionamiento; pero yo no creo que el
colegio pueda sostenerse nunca, por muchas precauciones que se tomen y por
mucho prestigio que adquiera, si el espíritu
religioso no está presente. Porque está claro que nuestra misión es de
orden sobrenatural: si enseñamos las
ciencias y las artes no es más que para enseñar al mismo tiempo la ciencia de
la salvación. (...)
Recibe, querido hijo, este nuevo testimonio de mi
ternura paterna.
G. José Chaminade
LETTRES VOL III, nº 725