Jesús
no perteneció ni a una secta ni grupo
ascético de su época. No perteneció
ni a fariseos ni celotas. Era un sencillo aldeano.
No quiso poder político, ni económico,
ni cultural, ni religioso. Jesús fue
un hombre cualquiera, un hombre corriente. Jesús
fue durante su vida oculta un trabajador del
mundo galileo. Sobresalía porque sabía
leer que era una formación humana que
no poseía la gente de su entorno. A los
treinta años se dedicó a predicar
de forma ambulante.
No fue asceta porque le gustaban las comidas
y banquetes, no ayunaba, tenía la bolsa
para gastos, llevaba provisiones... Su sepultura
fue la correspondiente a gente rica.
La única característica que lo
saca de la normalidad es el celibato, por el
reino de Dios. Su vida virginal fue una opción
personal que no estuvo ligada a institución
existente.
* La comunidad
primitiva tampoco fue una "comunidad monástica"
Sus características
son:
1- Todos son
y se sienten hermanos, tienen un solo
corazón y una sola mente. SOLIDARIDAD
(Hch 4, 32).
2- Oraban juntos continuamente:
oraciones de petición, acción
de gracias, alabanza (Hch 2, 46; 1, 14; 12,
12; 16, 25; 28, 15).
3- Obediencia al servicio de la
comunidad y a la predicación de la doctrina
de los doce y sus sucesores (Hch 13, 2).
4- La fracción del pan,
centro de la vida comunitaria, causa y signo
de la vida en fraternidad (Hch 2, 42).
5- Comunidad de bienes materiales.
Pobreza al servicio de la caridad y de la hospitalidad
(Hch 4, 33-35).
Uno de los testimonios
más característicos de esta comunidad
primitiva es la Carta a Diogneto.
Leer
carta a Diogneto
Los Fundadores
religiosos de todos los tiempos apelan a esta
vida como modo ideal de ser cristianos. De ahí
que los cristianos que optan por una vida en
soledad en los desiertos vuelvan también
aquí sus ojos, el mejor ejemplo es San
Antonio.
* La comunidad
primitiva modelo de las comunidades religiosas
de todos los tiempos
Los primeros
monjes, que ya escribieron sobre el monacato,
lo explicaron como una respuesta a una llamada
procedente del Evangelio, es decir un modelo
de vida de entrega radical a Cristo.
"La gente vendía lo que tenía
y lo ponía a los pies de los Apóstoles
para su distribución entre los necesitados;
y qué grande es la esperanza prometida
en los cielos para los que obran así
(Ef 1, 18; Col 1, 5)". "Si quieres
ser perfecto, vende lo que tienes y dalo a los
pobres; luego ven, sígueme, y tendrás
un tesoro en el cielo". Estas dos frases
han impulsado muchos corazones a la vida religiosa.
Así podemos decir que la vida apostólica
es sinónimo de vida monástica,
en cuanto a que esta última pretende
imitar la vida de los primeros seguidores de
Cristo.