1.
De la marginación al diálogo
con la cultura
Todo el mundo
está de acuerdo en constatar que la Iglesia
ha sido la base para la formación de
los monjes en Europa. Los monjes aunque estaban
separados del mundo influyeron notabilísimamente
en el mundo. En el afán y la soledad
que llevaban a un cristiano a vivir en la tranquilidad
de un desierto no era la formación por
la cultura sino que la raíz era la voluntad
de entregarse a la oración y la ascesis.
El monje tras muchos siglos se fue culturizando.
El primero en introducir la cultura en el monacato
fue San Basilio. Era una cultura grecolatina
basada en la oración. Los monjes orientales
estuvieron más apartados de la cultura
que los occidentales.
2. Del diálogo
con la cultura a la creación de cultura
La gran aportación
del monacato eremítico viene con San
Jerónimo. Es el traductor de la Biblia,
de Orígenes... El gran maestro occidental-medieval
fue San Agustín, él y sus monjes
están lejos de la piadosa ignorancia.
Junto a él está San Isidoro de
Sevilla que escribió las etimologías,
que se trataba de una especie de enciclopedia.
En Francia, San Martín de Tours se mantuvo
en piadosa ignorancia. En cambio, con Casiano,
el monacato provenzal adquirió unas formas
más cultas, hasta el punto de convertirse
Lerins en cuna de obispos ilustres.
3. La cultura
de la hoz y del arado
El monje no
cultiva su inteligencia por el mero placer de
su propia realización personal sino para
comprender la Sagrada Escritura. La lectio divina
ocupaba de 3 a 5 horas diarias. De todo el día
7 horas se dedicaban a la oración. Disponían
de una biblioteca. Tenían una escuela
para novicios. Pero la vida de los monjes no
giraba en torno a la biblioteca sino a la iglesia
y los campos. De ahí ORA ET LABORA, que
no son dos cosas distintas sino que están
integradas las dos.
4. Los monasterios,
trasmisores de la cultura
Una de las tareas
de los monasterios eran los trabajos de copistería.
La segunda era el trabajo manual. La tercera
la escuela, como servicio al Señor. La
cuarta los archivos. Por último el trabajo
de historiografía, que escribe la historia
del monasterio.
No leían a los clásicos pero se
servían de ellos para alabar a Dios.
5. Un arte
para Dios
Tenían
talleres artísticos, pero con la pretensión
de hacer visible lo invisible. Deseaban que
todo el día fuese para Dios, incluido
su trabajo.
El arte tiene una utilidad funcional. A través
de su arte se enseñaba el catecismo,
era una enseñanza audiovisual. El arte
era "la Biblia de los pobres". Pues
la fachada de una iglesia estaba llena de imágenes
de la Biblia.
La pintura y la escultura son más transparentes
para la enseñanza que la arquitectura.
El románico fue transmitido a través
de Cluny. Es una arquitectura sobria, con muchos
capiteles y grandes muros.
6. Una cultura específicamente monástica
La cultura es
el cultivo del saber. Es una cultura impregnada
de fe. Es una cultura bíblica, dedicada
a la palabra de Dios. Es litúrgica. Es
patrística, pues conocían muy
bien las obras de los santos padres, que a menudo
eran citadas.
7. Los monasterios
y la formación de Europa
Los monasterios
fueron importantes por:
- Ser el cobijo donde la vida cristiana se refugió.
- Ser sitio donde se mantuvo latente la vida
intelectual.
- Desbrozar importantes tierras improductivas
ganándolas para la agricultura, latifundios.
Esta era la base del feudalismo de la Edad Media.
El modelo del
estado europeo está heredado de la estructura
de los monasterios: división entre integrantes
de la comunidad y el consejo de la comunidad,
lo que es el pueblo y el organismo que toma
las decisiones: rey, noble...
Los monasterios sirvieron para fomentar el trabajo
intelectual y manual. Uno casi desaparecido
y el otro era considerado "trabajo de esclavos".
Se habla de un impacto testimonial: lo especial
de los frailes era que eran normales e impactaba.