
Se
resume en tres pilares:
1º La interioridad:
Para ser auténticamente
hombre hay que retornar al interior. A partir
de ella encuentra su mejor cauce en la oración
e interiorización. Pues la verdad reside
en el interior del hombre.
2º
Un solo corazón y una sola alma hacia
Dios:
Vemos
aquí como recoge el ideal de las primeras
comunidades cristianas. Pues todos encontramos
dentro de nosotros al mismo Dios. La comunidad
no es más que una consecuencia de la
interioridad. Signos de una vida en comunión
son el diálogo y la comunicación
de los bienes. Es misión del superior
corregir a los inquietos, consolar a los pusilánimes
y ser paciente con todos, deseando ser más
amado que temido, pensando que todo ha de dar
cuenta a Dios. Agustín exige a los monjes
una gran pureza de corazón.
3º El servicio de la Iglesia:
El apostolado es consecuencia
necesaria de la inserción del monje en
la Iglesia. Llega a decir que si fuera necesario
el monje dejara el retiro y la contemplación
para darse a la Iglesia.