CONCLUSIÓN:
LA
ORIGINALIDAD DEL CARISMA MARIANISTA
Y
DE LA TEOLOGÍA DE LA VIDA RELIGIOSA MARIANISTA
1.
LA ORIGINALIDAD DEL CARISMA MARIANISTA
1.1.
Un carisma vivido en familia
El
carisma marianista contemplado, en diálogo con los otros carismas eclesiales,
resalta por dos características, que sin duda no son exclusivas, pero que
le dan su peculiaridad en el concierto de carismas en la comunidad eclesial.
Aunque hoy día son muchas las congregaciones que tratan de compartir su carisma
con grupos de laicos, el carisma marianista tiene de original el haber sido
vivido desde el momento del fundador como un carisma para laicos y para religiosas
y religiosos. La misma secuencia en que fueron
apareciendo los diversos grupos, laicos-religiosas-religiosos se sale de lo
normal que tiende a ser congregación masculina, congregación femenina y eventualmente
grupos de laicos que viven ese carisma. El carisma marianista empezó siendo
un carisma laical. Los grupos de vida consagrada en el mundo,
de religiosas y de religiosos surgieron al servicio de los grupos
de laicos. La vida consagrada
debía ser el hombre que no muere al servicio de los
grupos de laicos. Es en esta perspectiva como tenemos que refundar la vida
religiosa marianista.
La
vida marianista, como toda la vida religiosa y cristiana, está en un momento
de transición. Pero la vida marianista con mayor razón pues, al redescubrir
sus orígenes, ha tomado conciencia de su carácter de Familia. Lo que esto
significa tanto para la misión, como para la comunidad y la identidad, todavía
no podemos ni intuirlo, pues hace falta ir viviendo en familia. Tan sólo luego
vendrá la reflexión. Pero parece claro lo que ya han puesto de manifiesto
los Sínodos dedicados a los laicos, a los sacerdotes y a la vida consagrada:
las fronteras estrictas entre las tres formas de vida desaparecen. Ninguno
de los grupos puede entenderse sin los otros. Una corriente de vida empieza
a circular a través de ellos. Todos bebemos del mismo pozo. La vida marianista
es cada vez más consciente de ello. La composición mixta de la Compañía de
María puede ser una pieza clave a la hora de explicitar y entender ese proceso.
Los religiosos marianistas sabemos muy bien qué es un laico, aunque lo hayamos
visto sobre todo como religioso laico. Nos toca descubrir ahora al laico sin
más.
1.2. Un carisma
mariano apostólico
Ya
el P. Chaminade se dio cuenta de que el carácter mariano y la devoción a María
de sus fundaciones, existía también
en otras congregaciones. Sin embargo él consideró que
era único e irrepetible el hecho de abrazar la vida religiosa, también
la vida laical, en nombre de María y para su gloria, es decir la dimensión
misionera del carácter mariano. Los marianistas hacen alianza con María para
participar en su misión. Al inspirarnos en la palabra de María a los servidores
de Caná, Haced lo que él os diga,
nuestra misión es universal. No estamos ligados a un apostolado específico
sino que es necesario leer constantemente los signos de los tiempos para ver
qué necesidades existen y qué respuestas son necesarias. La inspiración mariana
del carisma marianista hace que la Familia de María sea una realización mariana
de Iglesia en la que hace presente el estilo de María. Es un estilo femenino
y materno que se resume en la fe, en
la acogida, en la cercanía a los pobres.
2.
LA ORIGINALIDAD DE LA TEOLOGÍA MARIANISTA
2.1. La teología
actual de la vida religiosa
Las
dos fuentes principales de la teología marianista de la vida religiosa son
la reflexión sobre el carisma marianista y la teología de la vida religiosa
posconciliar. Eso explica inmediatamente su originalidad y su convergencia
con la sana teología de la vida religiosa. La teología marianista se ha inspirado,
como toda la teologías de la vida religiosa actuales, en la gran tradición eclesial renovada en el
Vaticano II. Nuestra teología ha estado atenta a las enseñanzas del magisterio y de los teólogos
actuales que han acompañado la renovación posconciliar de la vida religiosa.
El bagaje conceptual usado por los marianistas se encuentra en los diversos
libros de teología de la vida religiosa. Hemos sabido estar atentos a las
diversas formulaciones para evitar un estancamiento en categorías que en algún
momento han podido parecer novedosas y que pronto han manifestado sus límites.
Nuestra manera de entender el carisma, la consagración,
la misión y la espiritualidad han ido experimentando constantes cambios
de interpretación desde las primeras formulaciones en la revisión de las Constituciones
(1967), pasando por la doctrina mucho más elaborada de la Regla de Vida (1983)
y las diversas publicaciones posteriores. Sería necesario hacer una historia
de la teología marianista de la vida religiosa. Supondría ver qué marianistas
han publicado estudios sobre la teología de la vida religiosa, cuáles han
sido los teólogos en que se han inspirado. La teología marianista religiosa
tiene las características de una sana teología de la vida religiosa:
1) Es ante
todo una teología espiritual, una reflexión sobre la fe y posee sus mismas
cualidades. Es histórica, teologal, cristológica, eclesial, comunitaria, contemplativa,
escatológica, misionera, encarnada y testimoniante.
2) Usa una
categoría unificadora del conjunto de la reflexión sobre la vida religiosa.
Esta teología es la del carisma. Desde ahí se entiende el aspecto profético
de la vida religiosa.
3) Hace una
determinada ordenación de los elementos específicos, pero no exclusivos de
la vida religiosa: misión, comunión, espiritualidad, forma de vida. Como algunas
teologías, da prioridad a la misión, frente a otras que ponen sus acentos
sobre la consagración.
4) Usa la categoría
de la relación por la cual se identifica y se distingue bien al religioso
con respecto al resto de las personas y de los cristianos.
5) Presenta
la vida religiosa desde una perspectiva narrativa e histórica.
6) Se hace desde la
misión y desde los ministerios que realiza.
7) Se hace
situada en la en la historia y cultura de nuestro tiempo. Claro está que la
perspectiva es fundamentalmente occidental.
8) Hace de la vida
religiosa un sustantivo y no un adjetivo. No es el grado sino la forma lo
que da identidad a la vida religiosa. Las tres formas de vida marianista no
son tres grados del mismo carisma, como a veces nos representábamos el carisma
marianista en círculos concéntricos, siendo la vida religiosa la que estaría
en el centro. Son simplemente tres maneras de vivir el único carisma; ninguna
superior a las demás
[1]
.
2.2 .
Una teología más vivida
que sistematizada
Los
marianistas escriben poco, casi nada de teología y menos sobre vida religiosa.
Quiero decir que no escriben los típicos tratados o manuales teóricos sobre
el tema. No hay, que yo sepa, ni un solo tratado sistemático sobre la vida
religiosa
[2]
. Existen dos síntesis de Teología de la vida marianista,
la Regla de Vida (1983) y el Diccionario
de la Regla de Vida (198 ). Fácilmente se echa de ver que se trata de
dos géneros literarios muy distintos pero con una característica común: son
obras colectivas. Una obra colectiva difícilmente puede presentar un síntesis
coherente del tema tratado. Son muchas las tendencias presentes de las que
es difícil hacer la síntesis. La perspectiva es mucho más unitaria en la Regla de Vida que en el Diccionario de la Regla de Vida que presenta
una mayor elaboración teológica.
La teología
de la vida marianista es más una teología vivida y rezada que reflexionada
sistemáticamente. Esto significa que está presente en multitud de papeles
que circulan al servicio pastoral de los religiosos, desde las Circulares
de los superiores generales hasta los apuntes de clase para los novicios.
Son escritos que científicamente no se pueden considerar publicados. Eso no
significa que no sean valiosos para la vida, pero difícilmente se encuentra
en ellos una reflexión teológica sistemática. Sin embargo la reflexión no
ha estado ausente en este largo período de renovación de la vida marianista
sino que ha acompañado los diversos pasos en la renovación.
Esa reflexión
es siempre fruto de personalidades que han acompañado y estimulado la labor
de los diversos capítulos Generales que han ejercido un auténtico magisterio
pastoral, desde el de 1966, que preparó la revisión de las Constituciones
(1967), hasta el último de 2001. Esas personas no han elaborado un tratado
sistemático de la vida religiosa marianista pero han ido iluminando aspectos
particulares del carisma marianista, que son decisivos para la teología de
la vida religiosa marianista: la historia del fundador y de la Compañía de
María, las figura de María y Jesús, la cultura actual y la nueva evangelización,
el modelo de persona propuesto por la espiritualidad marianista, las relaciones
con las Comunidades Laicas Marianistas. No son sólo los sacerdotes sino también
religiosos laicos los que han contribuido a hacer esta reflexión en profundidad.
El
hilo conductor de la teología marianista desde el Vaticano II ha sido el tema
del carisma. La publicación de los escritos del fundador, los estudios sobre
su figura, su obra y su espiritualidad han
permitido elaborar esa síntesis de vida religiosa marianista que es
la Regla de Vida (1983). A la luz del carisma, los marianistas han ido redefiniendo
su misión, su forma de vida y su espiritualidad en Familia Marianista.
A partir de los años ‘80, el relanzamiento de la rama laical nos ha
permitido elaborar una teología de la correlación de las diversas formas de
vida en la comunidad eclesial. Curiosamente la teología en este campo fue
por delante de la realidad y exigió ese relanzamiento de los grupos de laicos.
Es verdad que esos grupos de laicos adultos de ninguna manera se habían extinguido
y fue el contacto con ellos en torno al concilio lo que permitió descubrir
la dimensión laical del carisma del P. Chaminade.
2.4. Una teología
atenta a los signos de los tiempos
La
lectura de los signos de los tiempos ha sido la clave de interpretación de
nuestra misión. Durante estos cuarenta
años hemos reformulado nuestra misión en clave mundial, más allá del horizonte
tradicional europeo-americano para abrirnos a las nuevas realidades del mundo,
sobre todo a la realidad de los pobres. En la medida que la vida marianista
se ha ido encarnando en otras culturas ha provocado también una reflexión
sobre la inculturación del carisma marianista. Se trata, pues, de una teología
de la encarnación, de una teología encarnada.
2.5. Una teología
a partir de la misión y para la misión
Teología,
como la del P. Chaminade, que surge de la vida y de la lectura de los signos
de los tiempos, la teología de la vida religiosa marianista ha nacido de las
experiencias de misión y al servicio de la misión. Éste ha sido el tema principal
de todos los Capítulos Generales desde el Vaticano II. El carisma como misión
unifica toda la vida marianista y es también la categoría desde la que se
abordan los otros elementos de la vida marianista. Hay otras teologías de
la vida religiosa que ponen, en cambio, los acentos sobre la consagración.
Estas teologías siguen aproximando la vida apostólica a la vida monástica.
La misión ha sido
formulada muy adecuadamente en el Capítulo del 2001. Ahora es necesario crear
procesos que nos permitan superar la situación actual, en la que tantas cosas
de nuestra vida ya no responden a los retos actuales. Para ello el tema de
la inculturación del carisma es crucial, no sólo en los países de nueva implantación
sino también en los que estamos tradicionalmente presentes. Sin una inculturación
en la nueva cultura de la posmodernidad no sólo corremos el riesgo de ser
irrelevantes sino también de desaparecer en estos países. La vivencia del
carisma marianista por parte de los grupos de laicos es la mejor garantía
de inculturación en la realidad concreta de los hombres y mujeres de nuestro
tiempo.
2.6. Una teología
de la alianza
Finalmente,
la teología marianista de la vida religiosa
aquí expuesta utiliza la categoría de la alianza para interpretar la
profesión de los consejos evangélicos: alianza con María, pero también alianza
con Dios. Esta categoría figura en el P. Chaminade al lado de la de consagración. La teología marianista se
ha hecho consciente de las dificultades teológicas del concepto de consagración
a María y se ha orientado hacia la alianza con María. En la teología de la
vida religiosa más abierta, también la categoría de consagración a Dios ha
dejado de ser central por las objeciones de la teología de los sacramentos.
Por eso también aquí me he orientado hacia la alianza con Dios. De esta manera
la teología marianista ha puesto las bases para entender la Familia Marianista
dentro de la Iglesia, Familia de Dios.
La Familia Marianista hace presente un modelo mariano de Iglesia entendida
como comunión familiar, como diálogo y convivencia de diversas formas de vidas
animadas por el mismo carisma, por el mismo Espíritu de la nueva alianza.
[1]
Cf J. Mª Arnaiz, “Criterios para discernir sobre una
determinada teología de la vida consagrada”, Testimonio 135 (1993) 38-52.
[2]
Podía haberlo escrito José María Arnaiz que cuenta
en su haber un gran número de artículos sobre el tema, pero no lo ha hecho.
En sus numerosas publicaciones hay los elementos necesarios para un tratado.
He aquí los elementos principales: El punto de partida es quiénes somos
los religiosos, dónde estamos, qué hacemos y qué buscamos. La vida religiosa
es para el mundo una profecía de la humanidad nueva. El horizonte del religioso
es ser parábola del reino del Padre. Desde Jesús toma forma la vida religiosa
como memoria y presencia de Jesús. En la Iglesia toma forma la vida religiosa
como sacramento de la Iglesia. La pasión por el reino lleva al religioso
a un modo carismático de seguir a Jesús; este seguimiento pasa por una original
manera de comportarse en relación con los bienes, con la libertad, con el
deseo y la fuerza de ser fecundos y de generar, cf. “Criterios para discernir..”,ps.
48-52. La bibliografía de J. Mª Arnaiz es muy amplia; además de la citada
en este libro, cf. El hombre liberado,
Buenos Aires, Paulinas, 1987; La solidaridad, un proyecto de hombre, SM,
Santiago 1991; “Que donde haya sufrimiento,
yo ponga alegría”, Testimonio
131 (1992) 16-25; “En la vejez darán todavía fruto. Ancianos religiosos,
Testimonio 133-134 (1992) 33-43; J. Mª,
"Jesús, el apasionado por el Reino", Testimonio 135 (1993), 5-13;;
"La nueva evangelización y los marianistas", Rev. Mar. Inter.
15 (1994) 51-78.
.