DIOS EN LA POESÍA

"El Lenguaje poético cambia nuestro modo de habitar el mundo. De la poesía recibimos un nuevo modo de estar en el mundo, de orientarnos en este mundo"
(Paul Ricoeur)

En esta página queremos ofrecer los salmos modernos que son los poemas. En ellos se descubre magníficamente, la búsqueda humana de sentido, el itinerario hacia Dios, hecho de silencio, gritos, contemplación y encuentro con los otros seres. En la portada habrá siempre un poema, que se renovará periódicamente. Los que han ido apareciendo, se podrán recuperar en el "cuaderno de poemas", que viene a continuación como enlace.

 

POEMAS PARA TIEMPO DE PASCUA  


CORDERO DEL ABISMO

La tierra estaba verde como el cielo
y la resurrección en mis orillas
cantaba largamente sobre el valle.

Aquí hay un cuerpo muerto que respira,
hay un dulce desnudo que aparece
como las yerbas, débil y temblando.

El sol que se destroza allá reunido,
va removiendo este rumor de rosas.
Yo escucho la piedad en sus pupilas.

Y en las lejanas pedrerías verdes;
en las vegetaciones donde el día
sube como la luz de un mar reciente.

Aquí hay un cuerpo eterno que se rompe,
un estremecimiento que sacude
el corazón delgado de los aires.

Llega la boca misma de lo verde,
los pies de la esmeralda fugitiva.
Y los muros azules se derrumban.

Todo vierte un amor o unas violetas.
Los montes tienen gusto de manzana,
hasta del sufrimiento se hace un río.

Verdes peces circulan el abismo,
verdes árboles crecen y palpitan,
nubes verdes e inmensas pasan lentas.

Enamorados pájaros se encienden
sobre un calor callado que se estrecha
entre las mansas olas desplazadas.

Toda esta furia dulce estaba ausente;
como una momia de oro resucita
despedazada por el alba verde.

Aquí hay un cuerpo muerto que se mueve,
un grito de maíz, una palabra
escrita con la savia de los astros.

La tierra estará verde como el cielo
y la resurrección en mis orillas
cantará largamente estremecida.

Sí, llamas. Sí, tinieblas. Sí, sollozos;

El Cristo.

Floresta fulgurante de amatistas,
celeste resplandor azul y blanco:

El Cristo.

Sobre un mar ciego de palomas rojas,
y el corazón sembrado de violetas:

El Cristo.

Con el sol y la Luna en los dos hombros,
entre el temblor de trigos desgraciados:

El Cristo.

Cordero del Abismo: centro y círculo,
pez infinito, pan despedazado:

El Cristo.

Almendro de cristal, red de rubíes,
esposo del espacio y de sus almas:

El Cristo.

Sí, llamas. Sí, tinieblas. Sí, sollozos;

El Cristo.

Aquí en la lejanía se levanta
un humo desolado y azulísimo
sobre un montón más triste de la tierra.

(Cordero del Abismo. 1946)

 

JUAN EDUARDO CIRLOT (Barcelona 1916-1973). Poeta, crítico y ensayista, la obra de Cirlot discurre por un camino propio, aunque vinculado a la música y las artes, a la Cábala judía, al estructuralismo y al simbolismo fonético. Hay que destacar en él también su adhesión al surrealismo francés y su gusto por la mística sufí. Es por tanto un poeta muy original, que bebe de tradiciones muy diferentes y de la gran corriente creadora europea de los años 20-30. Este poema, que lleva el nombre de su colección publicada en 1946, Cordero del Abismo, es un extraordinario poema al Cristo pascual, hecho con las imágenes y símbolos que recuerdan tanto a Dalí, como a García Lorca, o Buñuel.

 

Cuaderno de poemas (abierto en Mayo 2004)
(aquí se pueden recuperar o leer los poemas publicados)