Foros congelados de Ágora Marianista [2001-2004]
Compañía de María - Marianistas
Religiosos Marianistas de España 
Beato P. Jakob Gapp - Santiago Gapp. Mártir marianista del nazismo - Dossier
Abril 13, 2004, 03:47:42
13 de agosto de 1943. Berlín. Cárcel de Plötzensee. Siete de la tarde. Galpón de las ejecuciones. Tres hombres alrededor de una mesa: el fiscal Kurth, el funcionario Karpe y el inspector de prisiones Rösler. Han traído al reo: - ¿Jakob Georg Gapp? - Sí, sacerdote católico. Comprobada su identidad le entregan en manos del verdugo y de sus ayudantes. Poco después redactan el acta de la ejecución: "...El condenado a muerte, que permaneció tranquilo y sereno, se dejó colocar en la guillotina sin ofrecer resistencia. (...) Desde el momento de la entrega del reo hasta el anuncio de la ejecución pasaron nueve segundos". Nueve meses antes, Jakob Gapp, sacerdote marianista austriaco, había sido detenido en Hendaya, en la Francia ocupada por los alemanes. Unos agentes de la Gestapo, haciéndose pasar por judíos que huían de la persecución nazi, habían ganado su confianza en Valencia (España) donde residía en su comunidad marianista, huyendo de la policía nazi. Lograron engañarle y hacerle pasar a Francia. ¿Su delito? Denunciar la incompatibilidad del cristianismo con la doctrina nacionalsocialista. [Recursos] * Fondo de Escritorio * Fotos, dibujos de Jakob Gapp [Enlaces español] 1. Dossier de artículos y noticias sobre Santiago Gapp 2. Santiago Gapp en Google [English links] 1. Blessed Jackob Gapp - in english 2. Jakob Gapp (1897-1943): Marianist and Martyr - University of Dayton 3. A book about Jakob Gapp - NACMS 4. Jakob Gapp en Google [Deutsche] 1. Den salige Jakob Gapp (1897-1943)-Deutsch |
| Mayo 10, 2004, 06:24:10 BEATO SANTIAGO GAPP Mártir (1897 - 1943) 13 de agosto “El pueblo español católico no puede seguir a la Alemania nazi”. Estamos en plena Guerra Mundial II. El 26 de enero de 1943, en la sede central de la Gestapo de Berlín, un funcionario nazi Karl Ludwig Neuhaus, interroga largamente a un acusado de traición. Se trata de un sacerdote marianista austríaco, Jakob Gapp. El funcionario quiere llevar las cosas al terreno político, pero el sacerdote insiste en el aspecto religioso: “No soy traidor a mi patria. La amo como Dios quiere que la ame. Por eso para defender la religión católica y la fe de mi pueblo, no tengo más remedio que denunciar el nacionalsocialismo como incompatible con la fe...” Durante dos días enteros lo interrogan. De pronto le preguntan sobre su actuación en España. “Al instigar a los adolescentes españoles contra el Reich alemán, siendo Alemania y España países amigos, ¿no le da la impresión de haber hecho daño a la nación española?”. La respuesta es firme y rotunda: “No, al contrario... Me parecía absurdo que el pueblo español católico pudiese seguir ciegamente a la Alemania nacionalsocialista”. Fue condenado a muerte por traición. ¿Quién era este valiente ? Un joven austríaco en la crisis de su patria. Había nacido Jakob (Santiago) Gapp en Wattens (Tirol austríaco) el 26 de julio de 1897. De una familia obrera pobre y cristiana, era el último de siete hijos. Sacrificándose, le dieron todos los estudios posibles. En 1914 estalla la "guerra europea", o Mundial I, como la llamamos ahora. En 1915 Italia ataca a Austria, y Jakob con sus 18 años va al frente de batalla. Es herido y condecorado con una medalla al valor. Al final de la contienda, derrotada su patria, es hecho prisionero. Sufre nueve meses de cautiverio antes de regresar a casa en 1919. Son meses amargos en los que la utopía marxista, ese bolchevismo que parecía haber hecho en Rusia la revolución social definitiva, seduce su alma generosa y llena de deseos de justicia. Desolación de su madre al ver a su "pequeño" alejado de Dios y de la Iglesia. Como una nueva Mónica, consigue del Señor su conversión. Un marianista "socialista". Fue una conversión tan completa que decidió hacerse religioso. Se presenta en los Marianistas: - Aquí estoy. Soy socialista y quiero ser sacerdote. Si no sirvo díganmelo cuanto antes, y me voy a casa. Esto no asustó a los encargados de su formación: había nobleza, deseo de verdad, piedad... Poco a poco se purifica de ideologías, pero se queda con lo esencial: el amor a la verdad, el deseo de justicia y un amor muy grande a los pobres. Más aún, su paso por el marxismo le ayudó a comprender a fondo, y a la luz de la fe y de la razón, los fallos de esas ideas generosas pero falsas. Unos años después aplicando el mismo análisis, detectará la profunda falsedad de la ideología nacionalsocialista, prima hermana de la anterior. Comenzó su noviciado, - "el año más feliz de mi vida", según confesión propia- el 13 de agosto de 1920. Y un año más tarde hace sus primeros votos. Estudia y trabaja en Graz, en un Colegio Marianista. Durante cuatro años (1925-1930) cursará sus estudios teológicos en el Seminario Internacional Marianista y en la Universidad Católica de Friburgo de Suiza. Se ordena sacerdote el 5 de abril de 1930. Vuelve a su patria y durante varios años ejerce un intenso apostolado entre la juventud de varios colegios marianistas. Con la Gestapo en los talones. Son años duros, de crisis social y de confusión ideológica. Jakob lleva a sus alumnos a los barrios pobres para que tomen conciencia de la situación de los numerosos obreros en paro. El auge de las ideas nazis entre la juventud austríaca le preocupa. Hitler no oculta su deseo de anexionar Austria al "Gran Reich", al imperio nazi. Por eso Jakob no deja de hablar de la absoluta incompatibilidad entre esas ideas y el ser cristiano. ¡Cuánto se alegra, cuando en 1937, una encíclica del papa Pío XI, "Mit Brennender Sorge", condena las doctrinas nazis! Pero en 1938, Hitler invade Austria. Los colegios marianistas quedan confiscados y a los religiosos les toca ganarse la vida como pueden. Lo aceptaron en Reutte, como docente de religión en una escuela oficial rural. Pero le denuncian y le apartan de la docencia por haber dicho a sus alumnos que había que amar a los judíos. La Gestapo, la policía secreta nazi, le va a seguir los pasos. Trabaja en el campo, ayuda en las parroquias. El 11 de diciembre de 1938, en la iglesia de Wattens, su pueblo, en una homilía clamorosa, denuncia la campaña que los nazis han emprendido en contra del Papa. Hay espías de la Gestapo en la iglesia. Sus superiores le hacen huir a Francia. Dirá más tarde a sus jueces en Berlín: "Después de la anexión de Austria al Reich, hubiera podido tranquilamente rehusar el nacionalsocialismo sólo en la mente y en el corazón -cosa que muchos sacerdotes hicieron-, pero me convencí de que en conciencia, era mi deber de sacerdote de la Iglesia católica, no sólo enseñar la verdad, sino luchar contra el error.(...) Comprendí que valía la pena defender los derechos de la Iglesia, que en el fondo son los derechos del mismo Dios, aun poniendo en peligro la propia vida". En España: el padre Santiago. En el mes de mayo de 1939 pasa a España. La guerra civil ha terminado y los marianistas, que tienen que volver a poner en marcha sus obras, dan la bienvenida a varios religiosos austríacos. Para hacerse más cercano, traduce su nombre y se hace llamar padre Santiago. Será profesor y capellán en los colegios de San Sebastián y Valencia. Sufre con las noticias que le llegan de Austria, siente la nostalgia de la patria ausente y entregada a una sistemática descristianización. Sus cartas lo confirman: "Me siento tan íntimamente unido a mi patria que quiero compartir sus sufrimientos, que quiero morir con ella..."; "Siento que si quiero hacer algo útil por mi pueblo, debo sufrir y morir con él."; "Mi ideal sería derramar mi sangre por Cristo y por la Iglesia"; "La vocación del sacerdote no consiste hoy en hacer hermosos discursos, sino en sufrir y en morir por amor de Dios, de Cristo, de la causa católica, de la patria." En Valencia, donde celebra la misa dominical para los residentes alemanes, denuncia la incompatibilidad del nazismo con la fe cristiana y les habla claramente de la persecución y de los errores nazis... La Gestapo decide acallar esta voz incómoda. Dos agentes nazis se hacen pasar por judíos huidos de Berlín y que quieren convertirse. El padre Gapp accede a catequizarlos. Durante varios meses los “catequiza”. Ganada su confianza, ellos le proponen un viaje al norte, a San Sebastián, donde tiene amigos. Pero le hacen pasar a Hendaya, a la Francia ocupada. Nueve meses de cárcel en Berlín. No lo enviaron a ningún campo de concentración. Le hicieron un juicio exhaustivo. Hubo dos largos interrogatorios, -más de 30 páginas de actas-, en los que quieren hacerle confesar culpas políticas. Pero no cae en la trampa: - "Mi deber propio como sacerdote católico, era alertar a los creyentes sobre lo peligroso que es el nacionalsocialismo para el catolicismo". - "Aunque me embarga una inmensa tristeza al pensar en el destino del pueblo alemán si se ve derrotado por sus enemigos, sin embargo estoy convencido que la victoria del nacionalsocialismo traería daños muchos mayores al pueblo alemán que una victoria inglesa.(...) En todo esto sólo una cosa me importa: que los hombres puedan libremente llegar a la vida eterna". - "Mi fe católica vale más que cualquier bien de este mundo". - "No quiero la muerte de los nacionalsocialistas sino el fin del error nacionalsocialista".- Unas respuestas claras y valientes. El mismo Dr. Neuhaus quedó impresionado. Declaró largamente en la Causa de Beatificación. Y nos dice que el texto de los interrogatorios, firmado libremente por Gapp, fue a parar al despacho de Himmler, el jefe supremo de la Gestapo, que exclamó: "Con un millón de hombres como Gapp, pero de nuestra ideología, dominaríamos el mundo". "A las 7 de esta tarde iré a casa de mi querido Salvador". El 13 de agosto de 1943, después de recibir la notificación de su ejecución, pidió escribir unas cartas. Se lo concedieron. Escribió dos: una a su familia y otra al padre Jung, que había sido su superior en Austria y ahora ejercía de superior general de los marianistas. En la primera, que fue enviada a la familia, dice así: "Cuando esta carta llegue a vuestras manos estaré ya en un mundo mejor (...) Me detuvieron en territorio francés el 9 de noviembre del año pasado, me llevaron a Berlín y finalmente me han condenado a muerte el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. Hoy será ejecutada la sentencia. A las 7 de la tarde iré a casa de mi querido Salvador a quien siempre amé fervientemente. ¡No os aflijáis por mí! Soy totalmente feliz. Naturalmente he tenido que pasar muchas horas penosas, pero he podido prepararme muy bien a la muerte. Tened ánimo y soportadlo todo por amor a Dios para que nos podamos volver a encontrar en el cielo (...)" En términos semejantes escribe a su querido padre Jung. Pero esa carta nunca pudo ser leída en la tierra por su destinatario. El juez decidió no enviarla y dejarla en el dossier judicial... del que los americanos, al ocupar Berlín, se incautaron. Allí permaneció hasta la caída del muro de Berlín: "Pocas horas antes de mi muerte siento la necesidad de despedirme también de usted. Me han condenado a muerte por traición, el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. La sentencia será ejecutada esta tarde, a las 7. Durante el tiempo de mi cautiverio he tenido tiempo sobrado para reflexionar sobre mi vida. De todo corazón le agradezco todo el bien que me ha hecho desde que le conocí. Me considero miembro de la Compañía de María; renuevo mis votos y me ofrezco a Dios entre las manos de nuestra querida Madre del Cielo. (...) He pasado por momentos muy difíciles, pero ahora soy totalmente feliz. Pienso que estos tiempos difíciles han servido para mi santificación. (...) ¡Todo pasa, sólo el cielo permanece! El 13 de agosto de 1920 empecé mi noviciado, el año más feliz de mi vida. Y hoy (13 de agosto de 1943) espero poder comenzar la vida de la felicidad eterna.(...) Adiós. Nos volveremos a ver." 13 de agosto de 1943. En Berlín, en la cárcel de Plötzensee. Siete de la tarde. Galpón de las ejecuciones. Tres hombres alrededor de una mesa: el fiscal Kurth, el funcionario Karpe y el inspector de prisiones Rösler. Han traído al reo: - ¿Jakob Georg Gapp? - Sí, sacerdote católico. Comprobada su identidad le entregan en manos del verdugo y de sus ayudantes. Poco después redactan el acta de la ejecución: "...El condenado a muerte, que permaneció tranquilo y sereno, se dejó colocar en la guillotina sin ofrecer resistencia. (...) Desde el momento de la entrega del reo hasta el anuncio de la ejecución pasaron nueve segundos". La Iglesia lo ha declarado MÁRTIR de Cristo. Juan Pablo II lo beatificó en Roma el 24 de noviembre de 1996, fiesta de Cristo Rey. Beato Santiago Gapp, ruega por nosotros. Para que, como tú, también nosotros seamos valientes para denunciar las incompatibilidades de las ideas erróneas de nuestro tiempo con nuestra profesión de cristianos. Bibliografía: "Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo" - por José María Salaverri. - 237 pp. + 8 de fotos - Ed. PPC - Madrid. Para niños: “Se llamaba Santiago” - por Amparo Catret y Mar Sánchez. Ilustraciones de José María Catret. - 36 pp. Ed. Palabra - Madrid - |
| Mayo 10, 2004, 06:32:53 EL BEATO SANTIAGO GAPP 13 de agosto de 1943. Berlín, en plena Guerra Mundial Segunda. Cárcel de Plötzensee. Siete de la tarde. Galpón de las ejecuciones. Tres hombres alrededor de una mesa: el fiscal Kurth, el funcionario Karpe y el inspector de prisiones Rösler. Han traído al reo: - ¿Jakob Georg Gapp? - Sí, sacerdote católico. Comprobada su identidad le entregan en manos del verdugo y de sus ayudantes. Poco después redactan el acta de la ejecución: "...El condenado a muerte, que permaneció tranquilo y sereno, se dejó colocar en la guillotina sin ofrecer resistencia. (...) Desde el momento de la entrega del reo hasta el anuncio de la ejecución pasaron nueve segundos". Nueve meses antes, Jakob Gapp, sacerdote marianista austriaco, había sido detenido en Hendaya, en la Francia ocupada por los alemanes. Unos agentes de la Gestapo, haciéndose pasar por judíos que huían de la persecución nazi, habían ganado su confianza en Valencia (España) donde residía en su comunidad marianista, huyendo de la policía nazi. Lograron engañarle y hacerle pasar a Francia. Lo condenaron a muerte y al deshonor por traidor a la patria. ¿Su verdadero delito? Denunciar incansablemente la incompatibilidad del cristianismo con la doctrina nacionalsocialista. Un joven austriaco en la crisis de su patria Nace Jakob en Wattens (Tirol austriaco) el 26 de julio de 1897. De una familia obrera pobre, el último de siete hijos. Ambiente y educación cristianos. Sacrificándose, procuran darle todos los estudios posibles. En 1914 estalla la "guerra europea", primera mundial como la llamamos ahora. En 1915, Italia ataca a Austria, y Jakob con sus 18 años va al frente de batalla. Herido, condecorado con una medalla al valor, finalmente prisionero al terminar la contienda con la derrota de los Imperios centrales. Sufre nueve meses de cautiverio antes de regresar a casa en 1919. Meses amargos en los que la utopía marxista, ese socialismo que parecía haber hecho en Rusia la revolución social definitiva, seduce su alma generosa y llena de deseos de justicia. Desolación de su madre al ver a su "pequeño" alejado de Dios y de la Iglesia. Como una nueva Mónica (así la verá siempre Jakob), consigue del Señor su conversión. Un marianista "socialista". Fue una conversión tan completa que decidió hacerse religioso. Se presenta en los Marianistas: - Aquí estoy. Soy socialista y quiero ser sacerdote. Si no sirvo díganmelo cuanto antes, y me voy a casa. Esto no asustó a los encargados de su formación: había nobleza, deseo de verdad, piedad... Poco a poco se purifica de ideologías, pero se queda con lo esencial: el amor a la verdad, el deseo de justicia y un amor muy grande a los pobres. El paso por el marxismo le ayudó a comprender a fondo, y a la luz de la fe y de la razón, los fallos de esas ideas, generosas pero falsas. Unos años después aplicando el mismo análisis, detectará la profunda falsedad de la ideología nacionalsocialista, prima hermana de la anterior. Comenzó su noviciado, - "el año más feliz de mi vida", según confesión propia- el 13 de agosto de 1920. Y un año más tarde hace sus primeros votos. Estudia y trabaja en Graz, en un Colegio Marianista. Durante cuatro años (1925-1930) hará luego sus estudios teológicos en el Seminario Internacional Marianista y en la Universidad Católica de Friburgo de Suiza. Se ordena sacerdote el 5 de abril de 1930. Vuelve a su patria y durante varios años ejerce un intenso apostolado entre la juventud de varios colegios marianistas. Son años duros, de crisis social y de confusión ideológica. Jakob lleva a sus alumnos a los barrios pobres para que tomen conciencia de la situación de los numerosos obreros parados sin recurso alguno. El auge de las ideas nazis entre la juventud austriaca le preocupa. Hitler no oculta su deseo de anexionar Austria al "Gran Reich", al imperio nazi. Por eso Jakob no deja de hablar de la absoluta incompatibilidad entre esas ideas y el ser cristiano. Por eso se alegra tanto, cuando en 1937, una encíclica del papa Pío XI, "Mit Brennender Sorge", condena las doctrinas nazis. Pero en 1938, Hitler invade Austria. Los colegios marianistas quedan confiscados y a los religiosos les toca ganarse la vida como pueden. Con la Gestapo en los talones. Procura ganarse la vida como docente de religión en una escuela oficial. Pero es denunciado y apartado de la docencia por haber dicho a sus alumnos que había que amar a los judíos. La Gestapo, la policía secreta nazi, le va a seguir los pasos. Trabaja en el campo, ayuda en las parroquias. El 11 de diciembre de 1938, en la iglesia de su pueblo, en una homilía clamorosa, habla claramente sobre la campaña que los nazis han emprendido en contra del Papa. Hay espías de la Gestapo en la iglesia. Sus superiores le hacen huir a Francia. Dirá más tarde a sus jueces en Berlín: "Después de la anexión de Austria al Reich, hubiera podido tranquilamente rehusar el nacionalsocialismo sólo en la mente y en el corazón -cosa que muchos sacerdotes hicieron-, pero me convencí de que en conciencia, era mi deber de sacerdote de la Iglesia católica, no sólo enseñar la verdad, sino luchar contra el error.(...) Comprendí que valía la pena defender los derechos de la Iglesia, que en el fondo son los derechos del mismo Dios, aun poniendo en peligro la propia vida". En España: el padre Santiago. En el mes de mayo de 1939 pasa a España. La guerra civil ha terminado y los marianistas, que tienen que volver a poner en marcha sus obras, dan la bienvenida a varios religiosos austriacos. Para hacerse más cercano, traduce su nombre y se hace llamar padre Santiago. Será profesor y capellán en los colegios de San Sebastián y Valencia. Sufre con las noticias que le llegan de Austria, siente la nostalgia de la patria ausente y entregada a una sistemática descristianización. Sus cartas de estos años lo confirman: "Todavía no he perdido la esperanza de volver a trabajar en la patria"; "Me siento tan íntimamente unido a mi patria que quiero compartir sus sufrimientos, que quiero morir con ella..."; "Siento que si quiero hacer algo útil por mi pueblo, debo sufrir y morir con él."; "Mi ideal sería derramar mi sangre por Cristo y por la Iglesia"; "La vocación del sacerdote no consiste hoy en hacer hermosos discursos, sino en sufrir y en morir por amor de Dios, de Cristo, de la causa católica, de la patria." Ante la Gestapo dirá: "Me parecía absurdo que el pueblo español tan católico pudiese seguir ciegamente a la Alemania nacionalsocialista". En Valencia, donde celebra la misa dominical para los residentes alemanes, da a conocer la pastoral del obispo de Calahorra, Mons. Fidel García, sobre "Algunos errores modernos", cuya difusión obstaculizaba el régimen de Franco, y que denuncia claramente la persecución y los errores nazis... La Gestapo decide acallar esta voz incómoda. Dos agentes nazis se hacen pasar por judíos huidos de Berlín y que quieren convertirse. El padre Gapp accede a catequizarlos. A sus hermanos marianistas, aquellos dos hombres no les gustan y le dicen que no se fíe de ellos, pero él hace caso omiso: cree en su sinceridad y piensa que su deber sacerdotal es atenderlos. Ganada su confianza le proponen un viaje al norte, y le hacen pasar a Hendaya, a la Francia ocupada. Nueve meses de cárcel en Berlín. No lo enviaron a ningún campo de concentración. Le hicieron un juicio exhaustivo. Conservamos cincuenta y ocho documentos sobre su estancia en las cárceles de Berlín. Los más importantes, los dos largos interrogatorios, -más de 30 páginas de actas-, a los que se le somete en Berlín son un intento de hacerle confesar culpas políticas. Dirige el interrogatorio Karl Ludwig Neuhaus, pastor protestante al servicio de la Gestapo. Todo el empeño del interrogatorio es comprometer al acusado en cuestiones políticas. Todas las respuestas de Gapp, al dar cuenta de su actuación, son de orden religioso: - "Mi deber propio como sacerdote católico, era alertar a los creyentes sobre lo peligroso que es el nacionalsocialismo para el catolicismo". - "Aunque me embarga una inmensa tristeza al pensar en el destino del pueblo alemán si se ve derrotado por sus enemigos, sin embargo estoy convencido que la victoria del nacionalsocialismo traería daños muchos mayores al pueblo alemán que una victoria inglesa.(...) En todo esto sólo una cosa me importa: que los hombres puedan libremente llegar a la vida eterna". - "Mi fe católica vale más que cualquier bien de este mundo". - "No quiero la muerte de los nacionalsocialistas sino el fin del error nacionalsocialista".- Unas respuestas claras, valientes, impresionantes. El mismo Dr. Neuhaus quedó impresionado. Vive todavía y declaró en la Causa de Beatificación. Nos dice que el texto de los interrogatorios, firmado libremente por Gapp, fue a parar al despacho de Himmler, el jefe supremo de la Gestapo, que exclamó: "Con un millón de hombres como Gapp, pero de nuestra ideología, dominaríamos el mundo". "A las 7 de esta tarde iré a casa de mi querido Salvador". El 13 de agosto de 1943, después de recibir la notificación de su ejecución, pidió escribir unas cartas. Se lo concedieron. Escribió dos: una a su familia y otra al padre Jung, que había sido su superior en Austria, su director espiritual, y que ahora ejercía de superior general de los marianistas. Dice así en la primera, que efectivamente fue enviada a la familia: "Cuando esta carta llegue a vuestras manos estaré ya en un mundo mejor (...) Me detuvieron en territorio francés el 9 de noviembre del año pasado, me llevaron a Berlín y finalmente me han condenado a muerte el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. Hoy será ejecutada la sentencia. A las 7 de la tarde iré a casa de mi querido Salvador a quien siempre amé fervientemente. ¡No os aflijáis por mí! Soy totalmente feliz. Naturalmente he tenido que pasar muchas horas penosas, pero he podido prepararme muy bien a la muerte. Tened ánimo y soportadlo todo por amor a Dios para que nos podamos volver a encontrar en el cielo (...)" En términos semejantes escribe a su querido padre Jung. Pero esa carta nunca pudo ser leída en la tierra por su destinatario. El juez decidió no enviarla y dejarla en el dossier judicial... del que los americanos, al ocupar Berlín, se incautaron. Allí permaneció hasta la caída del muro de Berlín: "Pocas horas antes de mi muerte siento la necesidad de despedirme también de usted. Me han condenado a muerte por traición, el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. La sentencia será ejecutada esta tarde, a las 7. Durante el tiempo de mi cautiverio he tenido tiempo sobrado para reflexionar sobre mi vida. De todo corazón le agradezco todo el bien que me ha hecho desde que le conocí. Me considero miembro de la Compañía de María; renuevo mis votos y me ofrezco a Dios entre las manos de nuestra querida Madre del Cielo. (...) He pasado por momentos muy difíciles, pero ahora soy totalmente feliz. Pienso que estos tiempos difíciles han servido para mi santificación. (...) ¡Todo pasa, sólo el cielo permanece! El 13 de agosto de 1920 empecé mi noviciado, el año más feliz de mi vida. Y hoy (13 de agosto de 1943) espero poder comenzar la vida de la felicidad eterna.(...) Adiós. Nos volveremos a ver." La Iglesia lo ha declarado MÁRTIR de Cristo. Juan Pablo II lo beatificó en Roma el 24 de noviembre de 1996, fiesta de Cristo Rey. Beato Santiago Gapp, ruega por nosotros. Para que, como tú, también nosotros seamos valientes para denunciar las incompatibilidades de las ideas erróneas de nuestro tiempo con nuestra profesión de cristianos. José María Salaverri sm La apasionante historia de nuestro mártir ha sido publicada por PPC - Madrid. Título: "Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo". 237 páginas. Autor: José María Salaverri. |
| Mayo 10, 2004, 06:37:34 JE CROIS EN LA VIE ETERNELLE. C'est une des vérités de la foi que le Père Chaminade essayait d'inculquer à ses disciples. D'après lui la lumière de la vie éternelle -au fond pas éternelle, mais perdurable- était le moteur de toute activité marianiste. Nous avons perdu le sens de la vie éternelle. Il y a vingt ans j'ai entendu prêcher souvent que les chrétiens n'étaient pas "efficaces" -performants, dirait-on aujourd'hui- parce qu'ils avaient trop leurs yeux et leur coeur fixés sur l'éternité. Je me suis toujours révolté contre cette idée, car elle me semble profondément fausse. Et l'exemple de Jakob Gapp m'a servi de confirmation de ce que pensais. C'est à dire, exactement le contraire: le moteur de toute activité missionnaire est précisément la foi en la vie éternelle. Si on ne croit pas en la vie du monde à venir, à la vie éternelle - on vit dans l'instant, c'est à dire on construit sur le sable des impressions fugaces. - on perd le sens de la personne qui n'a aucune valeur, car elle n'a pas d'avenir. Quel sens a la vie des handicapés mentaux s'il n'y a pas une autre vie où ils seront libres et pour toujours, et heureux (ils le sont ici-bas à leur manière). Pourquoi la foi en la vie future a-t-elle diminuée? Tout simplement parce que l'on ne croit pas à l'amour. Un confrère m'a fait remarquer combien Jakob Gapp a le sens du "temps" et il m'a dit qu'il allait essayer d'étudier le fait. Les deux dernières lettres ont un sens profond du temps. "Credo in vitam aeternam, (Je crois en la vie éternelle). Il ne faut que cela, la foi en la vie éternelle, pour produire en notre âme les `lus salutaires sentiments, principalement le détachement du monde, la patience dans les maux, le zèle de la vertu." Jakob Gapp: "Tout passe, sauf le ciel". 13 août 1943. Berlin. Prison de Plötzensee. On vient d’annoncer au condamné Jakob Gapp, prêtre marianiste, que ce soir, à 7 heures, il sera exécuté. Après avoir parlé avec l'aumônier de la prison et reçu une dernière absolution y le viatique, il a demandé du papier à écrire. Nous avons de lui deux lettres: une adressée à sa famille et surtout à son cher frère Joseph; l'autre à sa famille religieuse en la personne du vicaire général de la Société de Marie, le père Jung, qui a été pour lui un vrai père dans la foi. Ces deux lettres sont un vrai trésor, pour l'Église bien sûr, mais surtout pour nous, membres de la Famille Marianiste. En effet, elles sont l'expression d'un aspect du charisme marianiste auquel nous ne prêtons pas trop d'attention, mais qui aujourd'hui est d'une actualité saisissante. Je parle d'un aspect de la méditation sur le Credo, de la "foi du coeur", sur lequel le vénérable Guillaume-Joseph Chaminade insistait souvent et fortement: "Credo in vitam aeternam", "Je crois en la vie éternelle". Le Bienheureux Jakob Gapp, en vrai disciple de Chaminade, a médité cet article de notre foi. Ces lettres sont sa dernière méditation, une méditation "existentielle", car elle est faite à un moment où la question ne se pose pas en termes académiques, mais de vie. "J'ai été condamné à mort pour trahison le 2 juillet, en la fête du Sacré Coeur. L'exécution aura lieu ce soir à 7 heures..." On ne badine pas à ce moment-là. * * * 22 octobre 1819, au soir. Le père Chaminade prêche la retraite annuelle aux premiers marianistes. Jean Baptiste Lalanne prend des notes. Voilà de qu'il écrit en ce dernier jour: "Credo in vitam aeternam. Il ne faut que cela, la foi en la vie éternelle, pour produire en notre âme les plus salutaires sentiments, principalement le détachement du monde, la patience dans les maux, le zèle de la vertu." Ce langage peut nous paraître un peu vieillot, mais sachons bien regarder ce qu'il y a sous ces mots. Des mots qui ont nourri bien des générations de marianistes. La première des dix lettres du père Chaminade à un maître de novices est exclusivement consacrée à ce sujet. Comme tant de religieux, le père Jakob Gapp a été formé à cette école. Il avait souvent répété: "Je crois en la vie éternelle". Et sa vie, et surtout son martyre, sont la confirmation du bien fondé des vues du Fondateur. "Le plus beau jour de ma vie." "Après de pénibles luttes intérieures, j'en suis arrivé à considérer ce jour comme le plus beau de ma vie." La foi en la vie éternelle donne au croyant la véritable échelle des valeurs. Non, il ne méprise pas la vie, il ne méprise pas les biens de ce monde, mais la lumière de l'éternité les met à leur place vraie. "Que ceux donc qui désirent tant trouver le bonheur dans la possession, dans la jouissance des biens, cherchent Dieu! Pourquoi craignons-nous donc tant nous séparer des biens de ce monde, puisqu'en quittant tout, nous trouvons tout?", disait le père Chaminade en 1822. Gapp en fait l'expérience: "Ce soir à 7 heures, j'irais chez mon Sauveur, que j’ai toujours aimé tendrement. Ne soyez pas tristes pour moi! Je suis totalement heureux." Bien sûr, ce bonheur ne va pas de soi: c'est la récompense d'une fidélité, qui à son tour a exigé bien des luttes: "Naturellement, j'ai passé beaucoup d'heures pénibles, mais j'ai pu bien me préparer à la mort". "Maintenant je suis parfaitement heureux". Avons-vous remarqué que les deux lettres de Jakob Gapp sont une méditation sur le temps et l'éternité? Ce temps qui, bien vécu, peut devenir notre manière de participer dès ici-bas à l'éternité... Une méditation aussi sur le bonheur, si recherché aujourd'hui et si peu réussi?... Sans la foi dans "la cité future" du ciel, le bonheur nous glisse entre les mains. Il s'échappe, car le temps qui passe -et si vite!- l'épuise. Et peut-on alors appeler bonheur ce quelque chose sans cesse menacé de mort? Ceux d'entre nos contemporains, qui ne croient pas à la vie future, sont condamnés a vivre dans l'instant. On se réfugie dans de plaisir, qui est le bonheur du moment; ou dans le bien-être, caricature du bonheur, un bonheur extérieur à la personne, et combien fragile!. Le vrai bonheur, lui, est intérieur à l'homme et ne finira jamais. Commencé en ce monde il se poursuivra dans l'éternité: "Le 13 août 1920, j'ai commencé mon noviciat, la plus belle année de ma vie, et aujourd'hui j'espère pouvoir commencer la vie de l'éternité bienheureuse". "J'ai été condamné comme traître à mon pays." La vie de l'au-delà donne un sens à la vie présente, Vatican II nous le rappelle. Mais curieusement, au lendemain du Concile et son nom, nous avons souvent entendu dire que les chrétiens, -religieux inclus-, nous regardions trop vers le ciel; et qu'il fallait, surtout et avant tout, regarder vers la terre. Bien sûr, il y a une certaine manière malsaine de regarder vers le ciel. Mais, l'homme de foi en la vie éternelle est précisément l'homme du présent. Un présent qui n'est pas interprété au goût du moment, des modes, des courants d’opinion. Une vision terre à terre du national-socialisme invitait à un optimisme humain: "On n'a plus de chômage, on a construit des autoroutes, le peuple allemand a récupéré sa dignité bafouée, etc.etc." Si le père Jakob Gapp a pu discerner tout le venin du national-socialisme, à un moment où tant de personnes se laissaient prendre au piège de l'humain, du terre à terre, c'est parce qu'il a su lire le présent à la lumière de l'éternel. Il répond ainsi à ses juges: "Bien qu'une grande tristesse m'envahisse en pensant au destin du peuple allemand si celui-ci est vaincu par ses ennemis, je suis cependant convaincu que la victoire du national-socialisme causerait davantage de tort au peuple allemand qu'une victoire anglaise, à condition que l'on garantisse alors la liberté de religion et de conscience. Je ne crois pas que la prétendue liberté invoquée pour légitimer l'erreur et la malhonnêteté en soit réellement une. Une seule chose m'importe dans tout cela: que les hommes puissent parvenir librement au salut éternel". Au salut éternel, dit Jakob Gapp... "Croyons en la vie éternelle. Soyons donc attentifs à réveiller ainsi notre foi sur les autres grandes vérités du salut, et nous courrons dans les voies de Dieu, et ainsi rien plus ne nous y arrêtera." Ces paroles du père Chaminade se sont faites vie chez notre Bienheureux: rien n'a pu l'arrêter, ni les menaces, ni la mort. "Tout passe, il n'y a que le ciel qui reste!", écrit-il à son frère. Quelle force dans ces simples mots! Car la mort n'est rien, seulement un passage vers la vie. Et il ajoute: "Nous nous y reverrons et alors il n'y aura plus de séparation possible!". Je crains que, même aujourd'hui, il ne serait pas trop compris par les partisans du regard vers la terre. * * * Le temps est notre manière -imparfaite bien sûr- de participer à l’éternité. Et l’éternité est en quelque sorte inscrite au plus profond du coeur humain. C'est cet éternel qui donne un sens à la vie, à la dignité de la personne, au désir de justice, à la construction d'un monde meilleur... Et surtout à l'amour. Si tant de nos contemporains ne croient plus à la vie de "la cité future" c'est parce qu'ils ont perdu le sens de l'amour; et ils ont perdu le sens de l'amour parce qu'ils ne regardent plus vers le ciel. N'avons-nous pas trop oublié cet article fondamental de notre foi dans notre vie personnelle, mais surtout dans notre catéchèse? Parlons-nous du ciel? "Ma foi catholique vaut pour moi plus que tout autre bien de ce monde", dit Jakob Gapp. Et cette foi l'a porté à s'occuper des chômeurs, des affamés, et de donner sa vie pour son peuple. José María Salaverri sm |
Mayo 10, 2004, 06:41:18
INVITATION À LA CLAIRVOYANCE ET AU COURAGE. La récente béatification de notre Jakob Gapp n'est pas seulement un motif de joie et de fierté pour toute la Famille Marianiste, elle est aussi une invitation à la clairvoyance. Oui, j'ai bien dit, à la clairvoyance. Car être clairvoyant n'est pas du tout facile. Sommes-nous clairvoyants? Peut-être me direz-vous: "Bien sûr, c'est clair: le nazisme est non seulement une erreur, mais un retour à la barbarie. Et ces groupes neo-nazis sont un danger..." ¡Mais non, je ne parle pas de cela! C'est vrai qu'il ne faut pas oublier l'histoire, sinon on est condamné à répéter les erreurs du passé. Mais les clairvoyances rétrospectives sont un peu trop faciles... Surtout si elles nous donnent bonne conscience. Nous avons en espagnol un dicton, qui date du Moyen Âge lors de la lutte contre l'invasion musulmane: "A moro muerto, gran lanzada". C'est à dire -et je m'excuse de la traduction 'cacophonique'-: "À maure mort, grand coup de lance". Oui, c'est facile être clairvoyant après coup et pourfendre des idéologies dépassées, même si elles se déguisent d'actualité. Quand on lit la biographie de Jakob Gapp, nous nous demandons comment des millions de personnes ont pu suivre une doctrine aussi perverse que le nazisme, et secrètement nous sommes persuadés que si nous avions vécu ces temps-la nous n'aurions jamais été nazis. Mais, est-ce sûr? Car c'est dans l'aujourd'hui que nous devons être clairvoyants... et, en fait, nous avalons souvent des couleuvres contemporaines. Le cheminement de Jakob Gapp. Jakob Gapp avait dû se débarrasser pendant ses premières années de vie religieuse (1920-1922) de certaines erreurs, séquelles d'un socialisme marxiste utopique. L'espoir de justice sociale suscité par le triomphe de la révolution soviétique de 1917 avait un moment séduit sa générosité naturelle. Il purifia ses vues trop "à la mode", grâce à l'esprit de foi et son attachement aux enseignements de l'Eglise. Cette purification ne fit que confirmer son enthousiasme pour la justice sociale et intensifier son amour pratique envers les pauvres. Quand le nazisme commençait à séduire les masses germaniques, le père Gapp se trouvait au séminaire (1926-1930). Il se mit à étudier ce mouvement, et son sens de Dieu y trouva quelque chose de louche. Le succès d'Hitler pour enrayer le chômage, les grands travaux publics entrepris par le régime, la mobilisation de masses enthousiastes, les slogans à l'emporte-pièce... tout cela ne le séduit pas. Il étudie le "Mein Kampf" d'Hitler et "Le mythe du vingtième siècle" de Rosenberg. Et pour lui, c'est clair: "J'aboutis à la conviction irrévocable que national-socialisme et foi catholique étaient incompatibles", dira-t-il à Berlin. Il sera heureux quand le Pape Pie XI publie l'Encyclique "Mit brennender Sorge" (1937), dénonçant les doctrines racistes, et antichrétiennes du nacional-socialisme. Clairvoyance et courage. Il souffre à Bordeaux (1939) quand les français, qui, bien sûr, sont anti-nazis, ne savent pas distinguer doctrines national-socialistes et peuple allemand. Il souffre en Espagne (1939-1942) quand les espagnols qui sont pro-allemands, ne savent pas faire la distinction entre l'Allemagne et le nazisme. "Les espagnols ne sont pas des experts en cette espèce de démons", écrira-t-il. D'ailleurs, la censure ne leur permettait pas d'en savoir beaucoup plus. Les grands amours de Jakob Gapp ce sont le Christ, Marie, l'Église, le Pape, les pauvres, les chrétiens -surtout ceux de chez lui- en danger de perdre leur foi, trompés par la mode et la propagande nazies... A Berlin, il déclarera sans peur: "Pour moi, au-dessus de toute patrie il ya ma foi catholique". "Il me paraissait absurde que le peuple espagnol, si catholique, puisse suivre aveuglément l'Allemagne nazie". Non, lui n'était pas aveugle. En 1942, à Valencia, il a l'occasion de lire un livre qui le confirme dans ses convictions. C'est "Hitler m'a dit" ("Gespräche mit Hitler"), de Hermann Rauschning, un ex-nazi, président du Sénat de la Ville Libre de Dantzig, qui en tant que tel avait eu accès à l'intimité d' Hitler, et qui, délivré de son aveuglement, voulait faire connaître au monde la véritable pensée du Führer. Il y a là un chapitre (le IV dans l'édition française récemment republiée) lumineux, et au titre révélateur -L'Antéchrist (sic)-. Là Jakob Gapp peut lire qu'Hitler est du même avis que lui: "On est ou bien chrétien ou bien allemand, mais on ne peut être les deux à la fois". Bien sûr, Hitler disait allemand, mais voulait dire nazi. Dans ce livre révélateur, il y a de nombreuses affirmations qui vont se trouver confirmées dans la vie du père Gapp. Lisez sinon ces quelques lignes: "Je suis catholique, disait Hitler, et (...) seul un catholique connaît les points faibles de l'Eglise. Je sais de quelle manière on peut attaquer ces gens-là (...) Si toutefois ils veulent entamer la lutte, je n'en ferai certainement pas des martyrs. Je me contenterai de les dénoncer comme de vulgaires criminels. Je leur arracherais du visage leur masque de respectabilité. Et si cela ne suffit pas, je les rendrais ridicules et méprisables..." Après avoir cité ces propos d'Hitler, Rauschning ajoute: "A l'époque où j'entendis cette conversation, j'ai d'abord cru qu'il s'agissait de simples vantardises (...) Je me suis rappelé ces propos quand on a poursuivi plus tard les prêtres catholiques pour trafic de devises ou pour attentat aux moeurs". A Reutte (octobre 1937), Jakob Gapp en su quelque chose. L'extermination de tout ce qui est chrétien. A Berlin, Jakob Gapp sera aussi accusé d'avoir fait connaître ce "livre du traître Rauschning". Ce chapitre terminait avec cet avertissement terrible: "Méthodiquement, scientifiquement, avec une logique inflexible, on a entrepris la lutte d'extermination contre tout ce qui était chrétien en Allemagne". Toute cette stratégie astucieuse et sournoise que révèle le livre de Rauschning, Jakob avait su la voir. Cette lecture ne fit que le confirmer dans ses convictions. Ce désir d'extermination de tout ce qui est chrétien est aujourd'hui d'actualité. Chez nous, aujourd'hui, dans nos pays démocratiques. Je pensais à Gapp en lisant dans "Le point" du 21 septembre 1996, ce passage du "Le bloc-notes de Bernard-Henri Lévy": "Pourquoi tant de haine contre le pape? demandait Gérard Leclerc dans son dernier livre. Il a raison. En face de l'actuel déferlement de papophobie on a envie de rappeler quelques évidences. La première: ce pape 'réactionnaire' contre lequel prétendent se lever tant de hérauts de la liberté est l'un des hommes les plus libres de l'Europe contemporaine -celui à qui elle doit, cette Europe, un peu de sa liberté retrouvée. La deuxième: en prenant les positions que l'on sait sur la contraception, l'avortement et les moeurs, il est dans sa fonction de pape -il ne demande à personne d'être catholique mais, à ceux qui ont fait le choix de l'être et à eux seuls, il rappelle le sens de ce choix, les principes qui le guident et les conséquences qu'il implique. La troisième: qu'il y ait un lieu en ce monde, ou en tous cas dans nos sociétés où continue d'être dit que la condition humaine ne peut pas faire l'impasse sur la question du mal, du péché, de l'interdit, qu'il se trouve une poignée d'hommes et, parmi eux, un pape pour rappeler que l'espèce ne fera jamais complètement l'économie de sa part noire ou maudite, est peut-être difficile à entendre, -ce n'en est pas moins une bonne nouvelle parce que c'est un gage de civilisation et un rempart contre la barbarie. Merci au pape d'exister. Merci, par-delà l'anecdote et les péripéties de la grotesque 'affaire Clovis', de jouer son rôle de pape." Une citation un peu longue, mais en son temps Jakob Gapp avait su se trouver "parmi la poignée d'hommes et, parmi eux un pape", d'abord Pie XI et ensuite Pie XII, qui "ont été gage de civilisation et rempart contre la barbarie". Â notre tour maintenant de faire de même dans nos sociétés, libres oui, mais où la pression des mass médias, de la mode, de la peur de ne pas aller "dans le sens de l'histoire" ou du "progrès", peut nous porter à perdre la clairvoyance de la foi, nous faire dire de lâches "oui, mais..." à l'encontre du pape, et finalement nous aligner dans le troupeau des tièdes, incapables de ramer contre-courant. "Il me semble, écrivait Jakob Gapp en décembre 1939, qu'il faut savoir exprimer ses convictions comme des convictions et non comme de simples opinions, Si j'hésite et que je cède à la moindre résistance, alors je n'ai pas des convictions mais seulement des opinions, des doutes". Et devant ses juges à Berlin: "J'ai conscience qu'il doit y avoir un certain nombre de prêtres et de fidèles catholiques qui, en négligeant tout intérêt terrestre, cherchent à témoigner de la vérité catholique. J'aurais toujours dû me faire le reproche de lâcheté, de faiblesse et de compromission si je n'avait pas agi comme j'ai agi." Voila en résumé le message de Gapp pour nous: clairvoyance, droiture, courage. Et avoir aussi le courage de s'en remettre entre les mains du Seigneur qui connaît notre petitesse. José María Salaverri sm |
| Mayo 10, 2004, 06:47:18 Noticias Un nuevo Beato marianista: SANTIAGO GAPP, sacerdote y mártir. El 24 de noviembre de 1996 amaneció en Roma radiante y sereno. La lluvia del día anterior había desaparecido, como si el tiempo quisiera también asociarse a la solemne celebración que a las 9.30 comenzaba en la Basílica de San Pedro. Un lleno absoluto de fieles, venidos especialmente de Austria, sobre todo del Tirol, y de Francia, querían aplaudir a los tres nuevos beatos: Otto Neurerer, párroco; Jakob Gapp, sacerdote marianista y Catherine Jarrige, laica consagrada. Dos austriacos, víctimas de la persecución nazi; una francesa que vivió la persecución de la Revolución de su país. Austria, país musical por excelencia, había traído varias corales que animaron la ceremonia. Después de la lectura de una breve biografía de cada uno de los beatos, el papa leyó la solemne fórmula de beatificación. Cayeron los velos que cubrían los enormes retratos de los nuevos beatos que colgaban alrededor del altar de la confesión y una salva de aplausos les saludó. La Iglesia acababa de reconocer públicamente el martirio y la santidad de tres de sus hijos. Entre ellos un marianista. El día anterior por la tarde, en la Iglesia de San Ignacio, una velada de oración reunió a los peregrinos que venían a participar en la beatificación de los mártires. En el centro de la Iglesia alrededor de una cruz, estaban los retratos de muchas víctimas del nazismo, queriendo significar que los dos beatificados no eran sino una pequeña parte de tantos que sufrieron en su carne esa cruel persecución. Al final de la celebración los asistentes fueron a depositar sus lamparillas encendidas a sus pies, en homenaje de admiración y agradecimiento. El lunes 25 por la mañana el Papa tuvo una audiencia con todos los peregrinos. Por la tarde, una solemne misa de acción de gracias, presidida por el arzobispo de Viena, mons. Christoph Schönborn, reunió a todos los peregrinos del nuevo Beato Jakob Gapp. El coro y orquesta de Wattens interpretó la Misa solemne de la Coronación de Mozart. Unos días inolvidables para cuantos tuvieron la dicha de participar. Y un nuevo compromiso para toda la Familia Marianista: los santos marianistas nos muestran el camino por donde deben ir nuestros esfuerzos ante la proximidad del Tercer Milenio. PALABRAS DEL PAPA SOBRE SANTIAGO GAPP Supo dónde tenía que estar... "El padre Jakob Gapp dio su testimonio con la fuerza de la palabra intrépida y la convicción profunda de que no podía existir ningún acuerdo entre la ideología pagana del nacionalsocialismo y el cristianismo. Vio, con razón, en este conflicto una lucha apocalíptica. Sabía en cuál de las dos partes tenía que estar y, por eso, fue condenado a muerte." Homilía de la Beatificación Ejemplo para que evitemos componendas. "Ambos mártires, Otto Neurerer y Jakob Gapp, nos dan todos, en una época que quisiera sencillamente reducir el cristianismo a algo facultativo y relativizar cualquier tipo de compromiso, el testimonio de una fidelidad a la verdad de Jesús, que no admite componendas." Homilía de la Beatificación Un ejemplar hijo de María "El padre Gapp, como miembro de la Compañía de maría, consagró de modo muy especial su persona y su sacerdocio a la Virgen. Ella le acompañó por el camino de su vida y de su ministerio, e hizo de él un ejemplar 'Hijo de María', según la Regla de su congregación: sencillo en su comportamiento, sencillo en su modo de hablar y sencillo en sus costumbres, convencido que la sencillez evangélica merece el respeto de los hombres y la bendición de Dios." Angelus del 24 de noviembre Prototipo del exhortador molesto "El padre Jakob Gapp es para nosotros un modelo imperecedero por su testimonio intrépido de la verdad. Su vida y su muerte tienen algo de juan el Bautista que, con valentía, dijo al tirano: 'No te es lícito...', y por eso lo mataron. El padre Gapp es el prototipo del exhortador molesto, cuando se trata de la verdad revelada por Cristo." En la audiencia a los peregrinos PINCELADAS * Con dos nuevos beatos, son ya diez las víctimas del nazismo beatificadas. El beato Santiago Gapp celebrará su fiesta el día 13 de agosto, es decir un día antes de la fiesta de san Maximiliano Kolbe, primera víctima beatificada de la persecución nazi. * Previamente a la beatificación, el tribunal de Berlín, el 29 de julio de 1996, declaró nula la sentencia de muerte y de deshonra, dictada contra el padre Gapp hace 53 años. * Entre otros concelebraron con el Papa, Mons. Raymond Roussin, marianista canadiense y obispo de Gravelbourg, y el superior general de la Compañía de María, el padre David José Fleming. * Asistieron a la beatificación 21 personas emparentadas con el padre Santiago Gapp. * Su sobrina Josefine Schreck, hija de su hermano José, fue una de las que ofreció dones en el ofertorio. * Alfred Aigner, marianista, primer provincial Hermano en la Compañía de María, también participó en el ofertorio. Ofreció la maqueta del monumento elevado, en Greisinghof, en honor delnuevo beato Santiago Gapp. Es profundamente simbólico: una enorme mole de granito se dobla no pudiendo aplastar a una delicada lámina de cristal transparente. Todo el poderío nazi no consiguió vencer la límpida intrepidez del padre Gapp. • La única intervención en español consistió en una petición de la oración de los fieles. La presentó María Amparo Cortés, directora de primaria del Colegio de Nuestra Señora del Pilar de Valencia, última comunidad del nuevo beato. * Karl Ludwig Neuhaus, quien en nombre de la Gestapo interrogó los días 25 y 27 de enero de 1943 a Jakob Gapp, y que posteriormente aportó su testimonio en el proceso de martirio, quiso asistir a la ceremonia de beatificación del que contribuyó a llevar al martirio. A última hora tuvo que anular el viaje por cuestiones de salud. Tiene ahora 87 años. * Hugo Royta, bohemo, miembro de la Orden militar de Malta, que fue compañero de cárcel del beato Jakob Gapp, y que permaneció con él hasta pocos minutos antes de su ejecución, recibió, en la ceremonia, la comunión de manos del Papa. MATASELLOS ESPECIAL EN HONOR DEL BEATO SANTIAGO GAPP El pasado día 13 de agosto, aniversario de la ejecución en Berlín del sacerdote marianista, Jakob Gapp (en España, Santiago), la Administración postal de Austria utilizó un matasellos especial conmemorativo en alguno de los lugares donde vivió. Perseguido por los nazis por su denuncia del carácter anticristiano de la ideología nacionalsocialista, el padre Jakob Gapp vino a España en 1939. La Gestapo envió a Valencia algunos agentes que, haciéndose pasar por judíos perseguidos, le tendieron una trampa, haciéndole pasar a la Francia ocupada, donde fue detenido. Procesado en Berlín, fue ejecutado el 13 de agosto de 1943. Fue beatificado por Juan pablo II en Roma el 24 de noviembre de 1996. Su extraordinaria aventura está recogida en el libro "Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo" de José María Salaverri y editado por PPC. |
| Mayo 10, 2004, 06:52:14 Autor: José María Salaverri Publicado en: revista "TESTIMONIO” de Santiago de Chile SANTIAGO GAPP Un itinerario -muy especial- hacia el martirio Dos fechas importantes. 13 de agosto de 1943. Berlín. Cárcel de Plötzensee. Siete de la tarde. Galpón de las ejecuciones. Tres hombres alrededor de una mesa: el fiscal Kurth, el funcionario Karpe y el inspector de prisiones Rösler. Han traído al reo: - ¿Jakob Georg Gapp? - Sí, sacerdote católico. Comprobada su identidad le entregan en manos del verdugo y de sus ayudantes. Poco después redactan el acta de la ejecución: "...El condenado a muerte, que permaneció tranquilo y sereno, se dejó colocar en la guillotina sin ofrecer resistencia. (...) Desde el momento de la entrega del reo hasta el anuncio de la ejecución pasaron nueve segundos". Nueve meses antes, Jakob Gapp, sacerdote marianista austriaco, había sido detenido en Hendaya, en la Francia ocupada por los alemanes. Unos agentes de la Gestapo, haciéndose pasar por judíos que huían de la persecución nazi, habían ganado su confianza en Valencia (España) donde residía en su comunidad marianista, huyendo de la policía nazi. Lograron engañarle y hacerle pasar a Francia. ¿Su delito? Denunciar la incompatibilidad del cristianismo con la doctrina nacionalsocialista. * * * 31 de enero de 1995. Congregación para las Causas de los Santos. Se reúne el "congreso especial" para discutir "del presunto martirio del Siervo de Dios, Jakob Gapp, inmolado por odio a la fe, según se dice, en 1943". Asisten ocho teólogos, convocados y presididos por el Promotor General de la fe. Todos han estudiado a fondo el dossier -la "Positio"-. Todos traen su estudio y sus conclusiones por escrito. Discuten. Un proceso de beatificación por martirio es diferente de un proceso ordinario de comprobación de "virtudes heroicas" para quien no ha tenido la gracia del martirio. En el caso de martirio no se trata de analizar la vida del siervo de Dios, sino más bien su muerte. Se trata de mostrar que ha muerto "como Cristo": violentamente, aceptando y perdonando, por odio a la fe y no por otra causa. Sin embargo los consultores teólogos han mirado a fondo la biografía de Jakob, - Santiago, como quiso que se le llamara en España. Hay cosas que les llaman la atención, que les chocan un tanto: - "La personalidad del Siervo de Dios parece un tanto compleja. Hay un carácter impetuoso, a veces no se controla... Y esas depresiones, ese heimweh -mal del país- en España...", dice uno. - "Sin embargo, como religioso ha sido bueno, obediente, siempre fiel a la oración, caritativo...", apunta otro. - "No parece haber sido muy prudente al no hacer caso de sus hermanos marianistas que le decían no se fiara de aquellos presuntos judíos". Sí, parece haber defectos y fallos humanos, pero anota uno de ellos: - "Aunque con frecuencia el martirio se presenta como la culminación de una vida santa, no es necesariamente siempre así". - "El interrogatorio del p. Gapp me ha conmovido. Nunca he leído cosa alguna que me haya conmovido tanto", subraya otro. Todos asienten: al acta del largo interrogatorio que ha sufrido en Berlín es impresionante, digna de las Actas de los mártires de los primeros siglos de la Iglesia. "Una persona íntegra y de carácter fuerte tanto a nivel humano, como cristiano, religioso y sacerdotal. Puesto en circunstancias históricas extraordinarias ha sabido dar testimonio de su fe y de fidelidad total a ella, proclamándola, con su vida, como el valor supremo". Todos asienten. Y por unanimidad "resaltan su valor heroico" mostrado hasta entregar su vida en el martirio. El camino hacia el martirio. El martirio siempre ha sido considerado como un don y una gracia de Dios. Esto no significa la anulación de la personalidad humana y espiritual del mártir, con sus defectos y limitaciones. Además los tiempos cambian; varían a través de los siglos las circunstancias personales y las sociológicas. La gracia ayuda y acompaña, pero nunca suprime la libertad y la personalidad propia. Un cristiano tiene que estar siempre preparado para dar esa prueba suprema de fe, esperanza y amor que es el martirio. Hay tiempos y lugares más "martiriales"; y como lo ha señalado Juan Pablo II en Tertio millenio adveniente, nuestro siglo XX que agoniza ha batido todas las marcas en sangre derramada por Cristo. En 1900 los boxers en China mataban cristianos; hoy en el Vietnam y en el Sudán, por no más que un par de muestras, el martirio es una posibilidad cercana con la que el cristiano tiene que contar. A Jakob Gapp, austriaco, le tocó vivir la convulsa historia centroeuropea de la primera mitad del siglo. Tropezó con una de las persecuciones más astutas y mejor programadas que han existido desde los tiempos de Cristo: la del nacionalsocialismo. Jakob no parecía tener madera de héroe, a pesar de su medalla al valor en la primera guerra mundial. A primera vista su personalidad presentaba fuertes lagunas, debilidades psicológicas, sensibilidad excesiva... pero los nueve meses de cárcel antes de su ejecución, nos van a revelar que, bajo esa aparente pobreza, había una fe firme, un amor profundo a Cristo, una coherencia de vida... Nos demuestra que un cristiano que con sencillez de fía del Señor, es capaz de afrontar el martirio. Señalaré algunos de los hitos de su itinerario. La vacuna marxista. Nace Jakob en Wattens (Tirol austriaco) en 1897. De una familia obrera pobre, el último de siete hijos. Ambiente y educación cristianos. Sacrificándose procuran darle todos los estudios posibles. En 1914 estalla le "guerra europea", primera mundial como la llamamos ahora. En 1915, Italia ataca a Austria, y Jakob con sus 18 años va al frente de batalla. Herido, condecorado con una medalla al valor, finalmente prisionero al terminar la contienda con la derrota de los Imperios centrales. Sufre nueve meses de cautiverio antes de regresar a casa en 1919. Meses amargos en los que la utopía marxista, ese socialismo que parecía haber hecho en Rusia la revolución social definitiva, seduce su alma generosa y llena de deseos de justicia. Desolación de su madre al ver a su "pequeño" alejado de Dios y de la Iglesia. Como una nueva Mónica (así la verá siempre Jakob), consigue del Señor su conversión. Una conversión tan completa que decide hacerse religioso. Se presenta en los Marianistas: - Aquí estoy. Soy socialista y quiero ser sacerdote. Si no sirvo díganmelo cuanto antes, y me voy a casa. Esto no asustó a los encargados de su formación: había nobleza, deseo de verdad, piedad... Poco a poco se purifica de ideologías, pero se queda con lo esencial: un deseo de justicia y un amor a los pobres que le va a caracterizar siempre. El paso por el marxismo le ayudó a comprender a fondo, y a la luz de la fe y de la razón, los fallos de esas ideas, generosas pero falsas. Unos años después aplicando el mismo análisis, detectará la profunda falsedad de la ideología nacionalsocialista, prima hermana de la anterior. Una fe que ha penetrado en el corazón Durante cuatro años (1925-1930) estudia teología en el Seminario Internacional Marianista y en la Universidad Católica de Friburgo de Suiza. En el interrogatorio al que le sometió la Gestapo los días 25 y 27 de enero de 1943, y en la que, sin ningún miedo, hace un repaso de su vida, dirá refiriéndose a sus estudios teológicos: "Con gran convicción me dije a mí mismo: 'En estos años de estudio, acogeré solamente aquello que de veras comprenda. Porque no me tiene que pasar que yo crea los dogmas de la Iglesia tan sólo a mitad o por obligación. Solamente podré hablar de mi fe a los demás de modo verdaderamente convincente, si esa fe ha penetrado en mi corazón y es auténticamente mía. Confieso en conciencia, haber mantenido mi propósito"... Y un poco más adelante añade: "Los estudios teológicos que hice durante y después del seminario me hacían sentirme cada vez más animado y entusiasmado por la causa de Cristo y de la Iglesia católica". Hay en Santiago Gapp un deseo grande de rectitud, anhelo de verdad, y obediencia a su conciencia. La fe, la razón, la conciencia y el magisterio de la Iglesia, todo ello en armónica unidad le ayudan a caminar en verdad. Esta coherencia le predispone al martirio. Lo dice muy claramente a sus jueces: "Después de la anexión de Austria al Reich, hubiera podido tranquilamente rehusar el nacionalsocialismo en la mente y en el corazón -cosa que muchos sacerdotes hicieron-, pero me convencí de que en conciencia, era mi deber de sacerdote de la Iglesia católica, no sólo enseñar la verdad, sino luchar contra el error.(...) Comprendí que la fe de la Iglesia católica debía ser salvada y defendida tanto por los seglares como -y sobre todo- por los sacerdotes católicos, y que valía la pena defender los derechos de la Iglesia, que en el fondo son los derechos del mismo Dios, aun poniendo en peligro la propia vida". Con frecuencia le traiciona su carácter primario, apasionado y vehemente. Su superior del Seminario, el famoso mariólogo Emilio Neubert, señala: "se irrita demasiado de prisa"; "a veces es un tanto vehemente"; "no siempre se da cuenta de sus defectos"..."se esfuerza y pone empeño en domar su carácter demasiado dominado por la afectividad". Al despedirse, el padre Neubert dice: "Le irá muy bien mientras tenga un superior que lo dirija." Francisco José Jung. Se ha dicho, y con razón, que somos lo que somos por los "encuentros" que hemos tenido. En el camino de su vida Santiago Gapp tuvo la suerte de encontrarse con un hombre que supo a la vez comprenderle, quererle y exigirle. El padre Francisco José Jung (1874-1960), un alsaciano que a pesar de sentirse muy francés se hizo austriaco de nacionalidad y de corazón, se cruzó muy pronto en su camino. Será su primer superior cuando, después de sus primeros votos en 1921, Jakob Gapp es enviado a Graz, al Colegio marianista de la localidad. Gapp va a admirar a ese hombre entusiasta, profundamente espiritual y que sabe hacerse todo a todos, alumnos y religiosos. El padre Jung va a ser su guía, su orientador, su paño de lágrimas, su padre en el espíritu. El padre Jung va a ser pronto provincial de Austria y finalmente vicario general de la Compañía de María, con lo que quedará asociado a toda la vida de Jakob, que le corresponderá con una confianza nunca desmentida. La gran mayoría de las cartas que conservamos de Santiago Gapp van dirigidas al padre Jung. La última que escribe, unas horas antes de ser ejecutado, va también dirigida a él. Una carta impresionante, como veremos. Por cierto que el padre Jung nunca llegó a leerla en esta tierra: los nazis no la enviaron, pero la conservaron en el "Dossier Gapp" de la cárcel de Plötzensee. Allí se encontró cuando se inició el proceso de martirio, conservada por los americanos con toda la documentación de la cárcel. La dirección paternal y firme de Francisco José Jung es decisiva en la vida de Jakob Gapp. Después de la anexión de Austria (1938) al Reich y de la confiscación de todos los colegios marianistas, Jakob Gapp, como tantos otros religiosos, intenta ganarse la vida como puede: en una escuela estatal primero, donde enseña a sus alumnos que se debe amar a los judíos, a los checoslovacos, a los comunistas aunque estén equivocados, a todos los hombres, también al Cardenal Innitzer, denostado por los nazis... Denunciado por un profesor nazi, se le prohíbe la enseñanza. Ya está en los ficheros de la Gestapo. El lo sabe pero no se arredra. En diciembre de 1938 predica en la parroquia de su pueblo natal, defendiendo al Papa contra las calumnias nazis. Hay espías de la Gestapo que toman nota, y que lo siguen de cerca. El padre Jung le dice que huya a Francia. Obedece y escribe al padre Jung: "Hubiera preferido trabajar en mi patria, pero ya no es posible hacerlo sin correr el riesgo de internamiento en un campo de concentración, a menos de callarse sobre principios que me parecen importantísimos. Estoy contento de haber escapado a Dachau. Más de una vez se me amenazó con ello." Destinado a la comunidad de la Iglesia de la Magdalena en Burdeos, cuna de la congregación marianista, le parece que no tiene mucho campo de acción. Se siente por otra parte poco comprendido por los franceses, exasperados por la política agresiva de Hitler. Vehemente, escribe Jakob a Jung: "No puedo tolerar a los que ofenden a los alemanes, no sabiendo distinguir entre los adeptos al nacionalsocialismo y el pueblo". Los espías nazis ya lo han localizado. En Berlín le sacarán a relucir una homilía pronunciada el día de Pascua de 1939; no lo negará: "Afirmé que los católicos eran perseguidos por los nazis... Pedí a los presentes que rezaran por sus hermanos en la fe de Alemania, duramente perseguidos". Calor, bulla y mosquitos. Mayo 1939. Pide pasar a España que acaba de salir de la guerra civil. Los marianistas, diezmados, están rehaciendo sus obras: allí habrá trabajo abundante. Se le recibe brazos abiertos, pero comprueba que, al contrario que los franceses, los españoles son demasiado proalemanes; tampoco distinguen muy bien alemán y nazi: una nueva fuente de sufrimiento. Para perfeccionarse en la lengua española, lo mandan en los meses de verano a Cádiz, donde el director es amigo suyo, pensando que la simpatía andaluza suavizará las fuertes crisis de nostalgia de la patria (heimweh) que le aquejan. Lo pasa muy mal, pues el calor le asfixia, los mosquitos le acribillan y la bulla callejera no le deja dormir por la noche: "Las costumbres de aquí son tan diferentes de las nuestras; me asalta el recuerdo de la patria"... Le entran depresiones periódicas. Así va a ser durante los tres años que pasa en España: momentos de entusiasmo, de esperanza, seguidos de períodos de decaimiento, de tristeza... Señalo todo esto como contraste con la actitud que va a tener durante los nueve meses de prisión en Berlín y que van a culminar con su martirio. ¿Es posible que sea el mismo, el hombre de los mosquitos de Cádiz y el de la guillotina de Berlín? Lo he pensado mucho. Un episodio de la "Pasión de Perpetua, Felicitas y compañeros", mártires de Cartago en el siglo III, me dio mucha luz. Felicitas, embarazada, siente los dolores de parto en la cárcel, gime de dolor. Uno de los carceleros le dice: "Si ahora te quejas, tú que no has querido sacrificar a los dioses ¿qué harás cuando se te arroje a las fieras?" A lo que ella contesta: "Lo que hoy sufro soy yo quien lo sufro; allí, en cambio, será Otro quien sufrirá por mí, porque yo también sufriré por Él". El secreto de la fortaleza de los mártires está en su fe en las palabras de Jesús: "Cuando os arresten, no es preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro padre hablará por vosotros". El deseo del martirio. El gran sufrimiento del padre Santiago (así quiso que se le llamara en España) no era tanto por la diferencia de costumbres o de maneras de ver las cosas. En circunstancias normales estoy seguro que lo hubiera soportado mucho mejor. "Tengo mucho trabajo, pero estoy muy contento, escribe desde Valencia a fines de 1941. Esto no es el Tirol, pero los españoles son personas amables y buenas". Vendrá luego la depresión, motivada sobre todo por la situación de su patria. Su dolor, como católico y como germano, es ver a su pueblo engañado por una ideología astuta y perversa. Así lo escribe a diversos corresponsales: "Todavía no he perdido la esperanza de volver a trabajar en la patria"; "Me siento tan íntimamente unido a mi patria que quiero compartir sus sufrimientos, que quiero morir con ella..."; "Siento que si quiero hacer algo útil por mi pueblo, debo sufrir y morir con él."; "Mi ideal sería derramar mi sangre por Cristo y por la Iglesia"; "La vocación del sacerdote no consiste hoy en hacer hermosos discursos, sino en sufrir y en morir por amor de Dios, de Cristo, de la causa católica, de la patria." Ante la Gestapo dirá: "Me parecía absurdo que el pueblo español tan católico pudiese seguir ciegamente a la Alemania nacionalsocialista". La policía nazi, la Gestapo, lo ha localizado de nuevo. En Valencia dice la misa ciertos domingos para la colonia alemana, infiltrada de agentes nazis. No oculta su parecer ni allí, ni donde le es posible; da a conocer la pastoral del obispo de Calahorra, mons. Fidel García, sobre "Algunos errores modernos", cuya difusión obstaculizaba el régimen de Franco, y que denuncia claramente la persecución y los errores nazis... La Gestapo decide acallar esta voz incómoda. Dos agentes nazis se hacen pasar por judíos huidos de Berlín y que quieren convertirse. El padre Gapp accede a catequizarlos. A sus hermanos marianistas, aquellos dos hombres no les gustan y le dicen que no se fíe de ellos, pero él hace caso omiso: cree en su sinceridad y piensa que su deber sacerdotal es atenderlos. En el proceso de martirio, alguno de los consultores argüirá que el padre Santiago pecó por imprudencia al no escuchar a sus hermanos de comunidad. Lo que no sabían los marianistas de entonces, ni tampoco los consultores de la Causa (se descubrió después del proceso vaticano) es que esos presuntos judíos le fueron presentados en casa de un sacerdote alemán que de pronto apareció por Valencia, y en el que Gapp confió del todo. Resultó ser, también él, confidente de la Gestapo. Le engañaron, le invitaron a dar un paseo a Hendaya, lo detuvieron, lo llevaron a Berlín, donde se le hace un proceso en toda regla. "Yo no haré de ellos mártires..." Así se expresó Hitler ante un grupo de adictos. Entre ellos estaba Hermann Rauschning, que pronto se dio cuenta de las verdaderas intenciones del dictador. Publicó en 1939 una denuncia "Hitler me ha dicho". El padre Santigo Gapp llegó a conocer este libro en 1941. He aquí algunas frases de Hitler sobre los sacerdotes: "Esos hombres negros que no se hagan ilusiones. Han perdido la partida... Yo no quiero que esos hombres negros puedan adornarse con la corona de los mártires... Si quieren luchar yo no haré de ellos mártires. Me contentaré con denunciarlos como vulgares criminales. Y si eso no basta, los volveré ridículos y despreciables. Mandaré rodar películas... se verá entonces lo que es su Iglesia: un cúmulo de locura, de sórdido egoísmo, de engaño, de embrutecimiento." Los dos interrogatorios, largos -más de 30 páginas de actas-, a los que se somete a Santiago Gapp en Berlín son un intento de hacerle confesar culpas políticas. Dirige el interrogatorio Karl Ludwig Neuhaus, pastor protestante al servicio de la Gestapo en su sección de lucha contra la religión. Todo el empeño del interrogatorio es comprometer al acusado en cuestiones políticas. Todas las respuestas de Gapp, al dar cuenta de su actuación, son de orden religioso. "Las motivaciones de mi modo de actuar se deducen de toda la historia de nuestra Iglesia". - "Mi deber propio como sacerdote católico, era alertar a los creyentes sobre lo peligroso que es el nacionalsocialismo para el catolicismo". - "Aunque me embarga una inmensa tristeza al pensar en el destino del pueblo alemán si se ve derrotado por sus enemigos, sin embargo estoy convencido que la victoria del nacionalsocialismo daños muchos mayores al pueblo alemán que una victoria inglesa.(...) En todo esto sólo una cosa me importa: que los hombres puedan libremente llegar a la vida eterna". - "Mi fe católica vale más que cualquier bien de este mundo". - "No quiero la muerte de los nacionalsocialistas sino el fin del error nacionalsocialista".- Unas respuestas claras, valientes, impresionantes. El mismo Dr. Neuhaus quedó impresionado. Vive todavía y declaró en la Causa de Beatificación. Nos dice que el texto, firmado libremente por Gapp, fue a parar al despacho de Himmler, el jefe supremo de la Gestapo, que exclamó: "Con un millón de hombres como Gapp, pero de nuestra ideología, dominaríamos el mundo". "¡Todo pasa, sólo el cielo permanece!" "No hay que hacer mártires": hay que intentar presentarlo como traidor a su patria. Como traidor fue condenado. Pero curiosamente sus mismos jueces, en sus documentos secretos, lo declararon anticipadamente mártir. No se entregó el cuerpo a la familia, pues "en una población muy apegada a la religión, Gapp pudiera ser considerado como un mártir de la fe...". "El acusado afirmó haberlo realizado movido por sus convicciones religiosas... Ha afirmado que está siempre dispuesto a abandonar a su patria, con tal de ser fiel a su fe católica." Los nueve meses del cautiverio de Gapp parecen nueve meses de gestación para un parto: su nacimiento para el cielo. Sirvieron para purificarlo. Lo confiesa él mismo en las dos cartas que escribe unas horas antes de ser ejecutado. "(...) Hoy será ejecutada la sentencia. A las 7 de la tarde iré a casa de mi querido Salvador a quien siempre amé fervientemente. ¡No os aflijáis por mí! Soy totalmente feliz. Naturalmente he tenido que pasar muchas horas penosas, pero he podido prepararme muy bien a la muerte. (...)" Así escribe a su familia. A su querido padre Jung dice: "(...) Renuevo mis votos y me ofrezco a Dios entre las manos de nuestra querida Madre del Cielo. (...) He pasado por momentos muy difíciles, pero ahora soy totalmente feliz. Pienso que estos tiempos difíciles han servido para mi santificación. (...) ¡Todo pasa, sólo el cielo permanece! El 13 de agosto de 1920 empecé mi noviciado, el año más feliz de mi vida. Y hoy (13 de agosto de 1943) espero poder comenzar la vida de la felicidad eterna.(...) Adiós. Nos volveremos a ver." * * * Ante unas palabras así más vale callarse y meditar. Un hombre en su circunstancia. Unos tiempos duros de la historia del mundo en la que se encuentra metido hasta el fondo; un carácter difícil, que no siempre consigue dominar; un abandono en manos de Dios, un fiarse de la Iglesia y de sus superiores; una fe fuerte e ilustrada, un amor a Cristo y a los pobres; una purificación final de nueve meses, sellada con su sangre. Con todo esto y en todo esto, Santiago Gapp, intentó ser coherente. La Iglesia lo ha declarado MÁRTIR de Cristo. Juan Pablo II lo beatificó en Roma el 24 de noviembre de 1996, fiesta de Cristo Rey. ¡Beato Santiago Gapp, ruega por nosotros! José María Salaverri sm La apasionante historia de nuestro mártir ha sido publicada por PPC - Madrid. Título: " Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo". 237 páginas. Autor: José María Salaverri. |
| Mayo 10, 2004, 06:54:34 MÁS SOBRE SANTIAGO GAPP Estas páginas van dedicadas, ante todo y sobre todo, pero no exclusivamente, a mis hermanos marianistas, de los que he recibido muchas cartas diciéndome cuánto habían gozado leyendo la biografía de nuestro nuevo Beato. Con estas páginas quiero expresarles mi agradecimiento y a la vez responder a algunas de sus preguntas. * * * Cuando se escribe una biografía no es posible utilizar todo el material disponible, pues cabe el peligro de ahogar al protagonista en la hojarasca de una información excesiva. Es cierto que he utilizado mucho la Historia: pues Gapp es incomprensible sin una referencia clara a los acontecimientos de su tiempo. En cambio otros datos se me quedaron (voluntariamente) en el tintero por secundarios, y otros los encontré después. En estas páginas quiero hacerles partícipes de algunos de estos datos que por una u otra razón no encontraron sitio en la biografía. Algunos de estos datos estaban en las 17 páginas de "Fuentes, notas y bibliografía" que cerraban el libro y que fueron resumidas en una página por exigencias editoriales. Al final intento contestar a dos preguntas que se me hacen repetidas veces. La primera es muy fácil de contestar: por qué me metí a escribirla vida del padre Santiago Gapp. La segunda en cambio mucho más difícil: por qué tanto empeño por parte de la Gestapo en silenciar a una persona que, por su insignificancia y por su escasa influencia, muy poco podía perjudicar al poderoso Tercer Reich. Está claro que todavía no se ha escrito la biografía definitiva de nuestro Beato: cabe todavía encontrar más datos y caben nuevas interpretaciones. 1.- EL PADRE AGUSTÍN LANGE. El misterioso padre Lange. Tropecé por primera vez con el nombre del padre Lange al leer el interrogatorio al que se somete al padre Gapp en Berlín. Hay algunas, pocas, alusiones a este misterioso sacerdote. Por lo que se deduce de sus propias palabras, da la impresión que Santiago Gapp llegó a tener mucha confianza en él. Sin embargo yo sentía, sin saber claramente por qué, una cierta desconfianza hacia él... Tal vez por algunos pasajes de las respuestas del padre Gapp en el interrogatorio de Berlín. Por ejemplo éste en que hace alusión a cierto decreto del Tercer Reich: "Di ejemplares a varios alumnos para que lo leyesen sus padres, al padre Lange, a mis cohermanos, tal vez a algunos sacerdotes más. Pero destruí el resto de los ejemplares cuando el padre Lange me dijo que ese decreto, que se decía emanado del Führer, había sido falsificado en parte por los ingleses. Mi idea al mostrar a mis cohermanos y a otras personas este decreto dado por los SS, era hacerles ver que el nacionalsocialismo tenía criterios muy diversos a los de la Iglesia católica". Otro motivo de mi desconfianza era que el padre Gapp encontró a Martin Mendelsohn "visitando al padre Lange". ¿Hasta que punto llegaba la confianza del padre Gapp en él? ¿Era acaso su confesor? Ningún marianista de los que vivieron con el padre Gapp había jamás oído hablar del tal Lange. Según el testimonio de don Antonio Martínez, inspector marianista, todos los miembros de la comunidad se confesaban con su capellán, el padre Santiago. Pero él, al ser el único sacerdote marianista, tenía que confesarse fuera. ¿Quién era su confesor? ¿El padre Lange? Tal vez. El padre Marcos Gordejuela, provincial, nos dice en un informe de mayo 1942: "...Parece ser que su confesor le dice que se dedique al apostolado parroquial." No sé por qué me daba la impresión de que el tal confesor pudiera ser el padre Lange. Se hace la luz. La luz vino de repente y por casualidad. En el mes de febrero de 1996, el padre Ignacio Prado vino a Valencia para una boda. En la cena comenté que estaba escribiendo la biografía de nuestro futuro beato y que había un misterioso sacerdote alemán, un tal padre Lange que... Al oír este nombre Ignacio me interrumpió: "¿El padre Lange? Cuando de niño estudiaba yo en el "Colegio San Agustín", en Las Arenas, tuve un padre Agustín Lange como profesor. Nos daba clase de francés. Nos entrenaba al fútbol y a "batallas" entre nosotros. Nos daba propaganda de los nazis. Iba invitado a comer o a cenar a casa de familias 'proinglesas'..." La pista estaba dada. El padre Prado quedó en localizar a algunos de los otros religiosos de esa orden que había conocido entonces. Por mi parte escribí a Roma al padre Enrique Torres para que investigara en la Curia Generalicia de esa congregación religiosa. El 15 de febrero el padre Torres me envió un informe con esta nota: "Te envío datos tomados oralmente de mi entrevista con el archivero XX de Roma. Me prometió enviarme una información completa. <Cosa que luego nunca hizo>. Como buen archivero da facilidades... pero no me dejó ver el dossier. ¡Se comprende!". Y le pidió por favor a Enrique que en la biografía no se indicara la congregación a la que pertenecía. Así lo he hecho, aunque sin mucho convencimiento. Pienso en efecto que es muy humano que en una familia salga de pronto algún hijo pródigo, y estoy convencido que este hecho aislado no empaña para nada el buen nombre de esa familia. Lange y la Gestapo. En otra carta me decía Enrique: "No quiero importunar más al archivero. Para ellos es un caso triste (...) De la mañana en que estuve allí...en la que oí lectura de documentos pero no toqué ninguno, saqué esta clara impresión. Al acabar la segunda Guerra Mundial los aliados buscaron a Lange para someterlo a proceso por miembro de la Gestapo y por espía... Paró el golpe el gobierno español. Con ocasión de este tira y afloja, Lange hizo valer sus méritos de 'contraespía' de los aliados. Y aludió a su actuación para impedir un 'posible desembarco aliado en Cantabria'... Esto concuerda muy bien con la alusión de Ignacio Prado relativa a los contactos de Lange con familias pro-inglesas, etc. Lange se libró, pero fue destinado a una cierta comunidad, en plan penitencial. Se escapó de esa comunidad, y esa fue la gota de agua que determinó su proceso de expulsión de su Congregación, que acabó con su exclusión en junio de 1948. Creo que los motivos son claros: no se puede ser fiel a la Gestapo, a los servicios de espionaje, y a la vida religiosa. Ignoro la imputaciones concretas respecto a la vida religiosa, pero sí me dijeron que aparecía claro en el decreto de expulsión su colaboración con la Gestapo. ¿Cómo supieron los aliados que Lange era de la Gestapo y espía? Supongo que por encontrar su nombre en determinadas listas, documentos, etc. En todo caso eso prueba que Lange era un colaborador destacado, no ciertamente esporádico." Envía también Enrique extractos de la "Crónica local" de la comunidad valenciana en la que estuvo Lange durante el tiempo en que Gapp estuvo en Valencia. Allí se puede leer: "Viene a formar parte de esta comunidad el R.P. Agustín Lange, de la Provincia de Castilla. Viene por motivo de sus estudios y permanecerá unos meses con nosotros. Con su ayuda podremos tener todos los días dos misas". Y constan las misas celebradas por el padre Lange hasta el 31 de agosto de 1942. Comenta el padre Torres: "Lo de la estancia de Lange en Valencia prueba bien que tuvo parte activa y sostenida en la trampa tendida a Gapp. Y salva, en muy buena parte, la acusación de imprudencia que se hacía al padre Gapp, y que algunos siguen haciendo. Creo que éste es el punto importante para la biografía, y no tanto las andanzas de Lange antes y después." Siguiendo este consejo, no he hablado demasiado de Lange en la biografía; algo más había en las 'Notas' de final del libro, pero que desaparecieron por decisión de la editorial. No pretendo, tampoco ahora, hacer la biografía de Agustin Lange, pero me ha parecido interesante dar a conocer, aquí en esta revista de familia, diversos datos que fuimos encontrando. Algunos datos sobre Agustín Lange. Agustín Lange nació en Mainz (Alemania) el 17 de julio de 1896. Es decir solamente un año antes que el padre Gapp. Profesó en 1924 y fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1931. En España estuvo en las comunidades de Tolosa y Las Arenas. Después de la expulsión de su Instituto se fue a Bolivia, donde lo acogió el arzobispo de La Paz. Uno de los miembros de la comunidad de Las Arenas nos dio una nueva pista: "Me anticipo a notificarle que el tal padre Lange murió por los años 80 y en un convento de los PP. Mercedarios en Toro (Zamora). Allí se refugió, al cabo de sus andanzas de aventurero, a bien morir". Puestos en contacto con el monasterio de los padres Mercedarios de Toro, se pudo saber que el padre Lange "llegó a esta ciudad con motivo de su relación con las Religiosas Premostratenses, y por buscar-reclutar muchachas en esta región y llevarlas a Alemania como sirvientas de comunidades religiosas, etc". Nos mandaron la fotocopia de lo escrito en el Libro de Defunciones de la comunidad, que dice así: "R.P. Agustín Lange - 1972. El día 16 de julio de 1972, hacia las 3.30 de la tarde, confortado con los Santos Sacramentos, falleció en este convento del Sdo. Corazón de Jesús de la Ciudad de Toro, el Rvdo. P. Agustín Lange, cerca de los 76 años de edad; siendo comendador de la casa -quien le administró los Sacramentos e hizo el oficio de sepultura-, el M.Rvdo. P. José Navarro de N.P. San Agustín. Fue enterrado en la propiedad que la Orden tiene en el Cementerio Municipal. Su historia está escrita en el "Libro de la Vida". Para los mortales queden estos datos. Nació en Maguncia (Alemania). Fue religioso profeso del Instituto..., que abandonó ya sacerdote, por razones de carácter político, actividad que ejerció durante algún tiempo. Después de una vida agitada, consiguió de la caridad del Vicario General, P. Pablo Cuadrado de San Luis Gonzaga, fijar su residencia en esta Comunidad, por octubre de 1959, que ya no abandonaría. Hombre de gran cultura, de memoria prodigiosa. Sólo acudía con la Comunidad a las horas del refectorio y alguna que otra vez a los demás actos; en lo demás hacía vida independiente. En los cuatro últimos años padeció fuerte reuma, de forma que necesitaba de las muletas para caminar. Su muerte fue por efecto de una parálisis 'glosofaríngea'. La Orden y la Comunidad, de modo particular, han escrito con este anciano sacerdote-religioso, la más bella de las obras de misericordia: la caridad. Descanse en paz. Como testigo, y en fe de verdad estampo mi firma, al pie de la del P.Comendador, en nuestro convento de Mercedarios Descalzos de Toro, a 18 de julio de 1972. P. José Navarro de P. José María Vidal Mtz. San Agustín (maestro de novicios)" 2.- EL LIBRO "HITLER ME HA DICHO". Otra denuncia contra Santiago Gapp. Una, de las muchas acusaciones, que se le hacen en Berlín al padre Santiago Gapp, es la de haber dado a conocer un libro, de un tal Rauschning, y titulado "Hitler me ha dicho". Intenté en vano durante muchos meses hacerme con ese libro o por lo menos tener una idea de su autor o de su contenido. Como nada conseguí, opté por no hacer alusión alguna a él en mi biografía de Gapp. Sin embargo de nuevo la casualidad vino en mi ayuda. A fines de octubre tuve que ir a Francia y, como lo hago siempre, dediqué una mañana a ir "de librerías". ¡Cuál no fue mi sorpresa al comprobar que acababa de publicarse de nuevo este libro, después de tantos años! "Hermann Rauschning - Hitler m'a dit - Avant-propos et notes de Raoul Girardet - Ed. Aimery Somogy - 384 pp." Lo compré. Su lectura me ha resultado apasionante y me ha dado nueva luz sobre el proceso seguido a Gapp. Como dice Raoul Girardet: "Ha llegado el momento de dar a este libro su verdadera dimensión. La de un documento histórico de un interés capital, mucho más importante para el estudio y la comprensión de la ideología nazi que el muy oficial Mein Kampf, libro de circunstancias y clara y deliberadamente propagandístico". Estas palabras son muy ciertas. Quien quiera saber algo del pensamiento íntimo de Hitler tiene que tomar conocimiento de este libro. Creo que tuvo la virtud de confirmar los análisis y las intuiciones de Santiago Gapp. En la página 188 de mi biografía, en el apartado "Respondiendo a las denuncias", cito una serie de ellas. Allí tendría que haber añadido ésta: "Además declaro haber tomado en el Consulado inglés y de haber prestado a otros el libro titulado Hitler me ha dicho que Rauschning, antiguo presidente del Senado de Dantzig, había escrito. Prestando dicho libro quería que las personas que yo conocía tomaran conciencia de las intenciones y de las orientaciones del nacionalsocialismo. Declaro que las cosas allí referidas las tengo por sustancialmente dignas de fe, aunque no incondicionalmente." También en el acta de acusación se hace referencia de pasada a este libro. Y en la motivación de la condena, entre otras muchas cosas se dice: "A sus cohermanos les distribuía escritos que se referían a la opresión de la Iglesia por parte del nacionalsocialismo. Divulgó además la traducción española de un calumnioso libelo, obra del traidor Rauschning". ¿Quién es Rauschning? "Hitler me ha dicho" no es un libelo. Es un libro serio y documentado. Hermann Rauschning, su autor, nace en 1889 en una familia de gran propietario rural de la Prusia oriental. Estudia en la escuela militar; cultiva sus aficiones personales, que son la historia y la música; es un fiel monárquico. Su futuro parece claro: será el típico gran propietario prusiano, dedicado al servicio del Estado y a la gestión de sus tierras. La derrota de Alemania en 1918, el hundimiento del régimen imperial, el desmembramiento del territorio prusiano cambian el rumbo de su vida. En efecto las tierras familiares quedan ubicadas en la parte de Prusia cedida a Polonia. Como tantos jóvenes de su tiempo se siente seducido por los ideales de Moeller von der Bruck (de cuya ideología hablo en la página 82 de mi libro). En 1926 se adhiere al partido nazi, creyendo encontrar en él la salvación de Alemania. Se da de lleno a la política. El tratado de Versalles había cedido a Polonia un "pasillo" hacia el mar por la bahía de Dantzig e impuso a la ciudad, alemana en un 90%, un estatuto internacional bajo el control de la Sociedad de las Naciones. En esta "Ciudad Libre de Dantzig" (hoy Gdansk, Polonia), Rauschning llegará a ser miembro del consejo ejecutivo por el partido nazi, y pronto en 1933 y 1934, la máxima autoridad: presidente del Senado. A este título entra en el círculo de las personas de confianza de Hitler, teniendo con él numerosos encuentros. Esto le abre los ojos: estamos, se dice, en manos de un aventurero de la peor especie, de un profeta de la nueva barbarie. Rauschning creía en la posibilidad de restaurar la grandeza de Alemania de manera pacífica. Desengañado del nazismo abandona Alemania en 1935 y se va a Suiza y luego a los Estados Unidos. Entre 1936 y 1938 escribe dos libros: "La revolución del nihilismo" y "Hitler me ha dicho". Este último fue publicado en alemán a principios de 1939 en Suiza. Y ese mismo año traducido al francés, pero para entonces el padre Gapp estaba ya en España. ¿Qué versión española conoció? Pienso que el libro había sido editado en libro en España, dado su contenido y la censura imperante. El hecho es que consiguió un ejemplar en el consulado inglés de Valencia. Su lectura le tuvo que impactar mucho. El pensamiento de Hitler sobre la religión. Hay en el libro de Rauschning continuas alusiones a los planes de Hitler sobre la religión y muy especialmente sobre el cristianismo. El capítulo IV tiene un título significativo: "El Anticristo". Me permito entresacar algunas frases puestas en boca de Hitler: "¿Las religiones? Todas son iguales. Ninguna tiene porvenir. Por lo menos para los alemanes. El fascismo puede, si quiere, firmar su paz con la Iglesia. Yo haré lo mismo. ¿Por qué no? Pero eso no me impedirá extirpar el cristianismo de Alemania." "¿Una Iglesia alemana? Un cristianismo alemán? ¡Eso es una broma! O se es cristiano o se es alemán, pero no se puede ser las dos cosas a la vez." Hablando de cierta exégesis bíblica reductora, Hitler dijo: "Toda esa exégesis no sirve absolutamente para nada. No es por ahí por dónde nos libraremos del espíritu cristiano que queremos destruir. No queremos hombres que miran hacia el 'más allá' aunque sea con el rabillo del ojo. Queremos hombres libres que saben y sienten que Dios está en ellos". "Impediremos que las iglesias hagan otra cosa que lo que están haciendo ahora, es decir perder cada día más terreno..." Añadió que las cosas se irían haciendo poco a poco y con astucia: "Pascua ya no será la Resurrección, sino la eterna renovación de nuestro pueblo. Navidad será el nacimiento de nuestro salvador: es decir del espíritu de heroísmo y de liberación. Ya veréis cómo en sus iglesias predicarán así a nuestro Dios esos sacerdotes liberales que no creen en nada y que tan sólo ejercen una función; sustituirán su cruz por nuestra cruz gamada. En vez de celebrar la sangre de su Salvador de antaño, celebrarán la sangre pura de nuestro pueblo; harán de su caña el símbolo sagrado de los frutos de nuestra tierra alemana y de la fraternidad de nuestro pueblo..." No hacer mártires. Dos dirigentes nazis de Baviera denunciaron al Führer algunos casos de resistencia caracterizada de parte de la Iglesia católica. Hitler dijo: "Esos hombres negros que no se hagan ilusiones. Su tiempo ya pasó. Han perdido la partida". Y añadió que él no cometería el error de Bismark, -que era protestante-, haciendo un Kulturkampf. "Yo soy católico... Y sólo un católico conoce los puntos débiles de la Iglesia. Yo sé cómo hay que atacar a esa gente... Yo no quiero que los hombres negros puedan adornarse con la corona de los mártires delante de pobres mujeres... La Iglesia católica es una gran cosa. Ahí es nada haber podido mantenerse durante dos mil años. Tenemos que aprender la lección. Esta longevidad implica mucha inteligencia y un gran conocimiento de los hombres. ¡Qué bien conocen su mundo estos ensotanados! Pero su tiempo se acabó y ellos lo saben. Pero si quieren luchar, yo no haré de ellos mártires. Me contentaré con denunciarlos como vulgares criminales. Y si eso no basta, los volveré ridículos y despreciables. Mandaré rodar películas que cuenten la historia de los hombres negros. Entonces se verá lo que es su Iglesia: un cúmulo de locura, de sórdido egoísmo, de engaño, de embrutecimiento". (...) Os garantizo que, si quisiera, aniquilaría la Iglesia en pocos años...Pero les doy unos años de respiro... Nosotros somos también una Iglesia. No resistirán. Teniendo como tengo la juventud conmigo, los viejos pueden irse a pudrirse en el confesionario, si les da la gana. Pero la juventud es otra cosa, y de ésa me ocupo yo." Comenta Rauschning: "Cuando oí todo aquello pensé que no eran más que fanfarronadas... Nunca pensé que Hitler pudiera ser tan cínico. Con frecuencia me he acordado de estas palabras cuando más tarde se ha perseguido a los sacerdotes católicos por tráfico de divisas o por atentados al pudor para presentarlos ante las masas como criminales, y para quitarles, por adelantado, la palma del martirio y el beneficio de la persecución". Lo hemos visto claramente en el caso de Jakob Gapp. La vieja religión alemana. Hitler pretendía que, bajo el caparazón cristiano, seguía vivo el viejo y eterno paganismo germánico: "Hay que enseñar al campesino a odiar a la Iglesia... Rascaremos el barniz cristiano y encontraremos la religión de nuestra raza... Empezaremos por el campo, Goebbels, no por las grandes ciudades!" He señalado en mi biografía el entusiasmo de Hitler por Wagner, el cantor de la mitología germánica. Y con toda idea señalé en la página 94 el final de la alocución de Hitler en los funerales del viejo mariscal Hindenburg: "Difunto mariscal, descansa en el Walhalla". Este detalle no pasó desapercibido a Rauschning, que asistió personalmente a la ceremonia. Indignado, lo comenta así en su libro: "Asistí a la ceremonia fúnebre en Tannenberg. Tuve que oír el discurso sacrílego, al final del cual Hitler hacía entrar en el Walhalla al viejo soldado cristiano, cuya piedad sincera era conocida de todo el mundo". Un exterminio metódicamente planificado. "He visto más tarde que todo lo que Hitler había predicho se ha realizado. Se ha hecho y se siguen haciendo toda clase de intentos para descristianizar a los campesinos alemanes. He visto secciones especiales de descristianización en las exposiciones agrícolas; he visto la serie de carteles, realizada con una rara astucia pedagógica, en la que se representa la lucha de los campesinos de Steding contra la Iglesia de Bremen. (...) Esto fue la primera etapa. La segunda ha sido la obligación que se nos ha hecho de renegar oficialmente de las Iglesias. (Primero los altos cargos del partido). Luego los hombres de las SS y sobre todo los grados superiores de la Juventudes Hitlerianas. Metódicamente, científicamente, con una lógica inflexible, se ha emprendido la campaña de exterminio de todo lo que era cristiano en Alemania". He citado tan sólo algunos párrafos de esta obra. Lo que allí se dice es tan alucinante, que se comprende que mucha gente lo tomara entonces por un panfleto. Yo creo que ni el mismo Gapp había jamás sospechado tal perversidad de parte de Hitler y del nacionalsocialismo. Por eso afirma que cree que este libro es "sustancialmente digno de fe", pero añade "aunque no incondicionalmente". Sin embargo ahora que tenemos más datos podemos darnos cuenta que Rauschning había transcrito fielmente el pensamiento y los planes secretos de Hitler respecto a la religión. 3.- UN VISTAZO A LAS FUENTES. Ya he señalado que 17 páginas de "Fuentes, notas y comentarios" avalaban la historicidad de cuanto contaba de Santiago Gapp. Se me pidió resumir esas páginas. No quiero reproducirlas aquí. Tan sólo señalar algunos detalles interesantes. Se me pregunta a veces de dónde han salido tantos datos para la biografía del padre Gapp. Hay que reconocer que hemos sido afortunados en ese sentido, tanto por parte marianista, como en lo exterior a la Compañía de María. Desde el punto de vista marianista, aparte de los archivos generales de Roma, la revista interna "L'Apôtre de Marie" es una mina de informaciones sobre la Austria de entre las dos guerras. El padre Jung era un corresponsal asiduo y enviaba abundante información, no sólo sobre las obras marianistas, sino también sobre la situación religiosa, social, educativa y pastoral del país. El "Berlin Document Center". Lo que sobre todo maravilla al lector es que se hayan podido encontrar tantos documentos personales del tiempo de la estancia de Gapp en la cárcel: unos 58. Efectivamente son muchos, y esto plantea otro problema que intentaré abordar más tarde: ¿por qué se sometió a Santiago Gapp a un juicio tan exhaustivo y minucioso? A otros muchos sacerdotes se les mandaba directamente a Dachau o a otro campo de concentración, en el que se perdían en la masa hasta su muerte o su liberación. Toda la documentación de los nueve meses finales de su vida fueron encontrados en el "Berlin Document Center". Era el archivo, organizado por los Estados Unidos, para conservar los documentos de la administración nacionalsocialista encontrados después de la caída del régimen hitleriano. Era un archivo anexo a la embajada de los Estados Unidos en Berlín. Allí fue a parar toda la documentación de la cárcel de Plötzensee, antes de su destrucción. Allí los encontró el padre Levit cuando empezó a investigar en vistas a un posible proceso de beatificación. Recientemente, después de la caída del muro de Berlín y de la retirada de las bases USA de Alemania, los Estados Unidos devolvieron toda esta documentación al Bundesarchiv (Archivo Federal Alemán). El padre Quentin Hakenewerth, como superior general de la Compañía de María, y por lo tanto como sucesor del padre Jung, destinatario de la última carta del Beato, reclamó al Berlin Document Center, el original de la carta escrita por Jakob Gapp a su predecesor. No se la quisieron devolver. Mandaron, eso sí, unas fotocopias perfectas. En cambio parece ser que los Archivos de la Gestapo fueron llevados a Moscú después de la ocupación de la ciudad por el Ejército Rojo. Posiblemente allí se encuentren los datos y la clave del espionaje a que fue sometido Jakob Gapp. Los "papeles de José Antonio Romeo". Cuando el proceso de beatificación estaba punto de concluir, el padre Enrique Torres pidió al padre José Antonio Romeo intentar rastrear las huellas no marianistas de la estancia del padre Gapp en España. Así lo hizo dirigiendo su investigación hacia Madrid (Ministerio del Interior), San Sebastián, Lekeitio y Tortosa. Efectivamente el Ministerio del Interior le remitió la documentación en su poder: trece documentos relativos al padre Jakob o Santiago Gapp. Así nos enteramos de la multa que se le puso en San Sebastián y que cuento después. Y asimismo cinco documentos relativos a la familia Pisarik, residente en San Sebastián. Otmar Pisarik Doña Coro Pisarik Villar, hija de Otmar Pisarik y de María del Rosario Villar, dijo a José Antonio que su padre (fallecido en 1984) sentía una veneración notable por el padre Gapp. Su padre llegó a San Sebastián en 1925, como técnico de offset para la imprenta Nerecán. Su madre fue profesora de alemán en las Damas Inglesas. Ella era hija única. Don Otmar tenía en su despacho una foto, ampliada de una de carné, que se ha encontrado entre los papeles de la familia Arrambarri. El la amplió y la enmarcó en un marco de dos dedos de color negro y la tenía en su despacho. Decía a su familia: "Éste sí que era un santo" y les invitaba a encomendarse a su intercesión. Cuando su cuñada Julia, señora de Finkel, le mandó unos folletos sobre el P. Maximiliano Kolbe, Otmar señalando el retrato de Gapp, dijo: "A éste sí que tendrían que canonizarle". Pero lo extraño es que nunca dio razón a sus familiares del por qué de su veneración por Gapp. Nadie tampoco le preguntó los motivos. Conserva un libro de historia (Mommsen -"Veltreich der Caesaren" - Phaidon-Verlag <Wien-Leipziz> - 1933 - 821 pp.) regalado por el padre Gapp a la familia, con unas palabras de agradecimiento firmadas por J.Gapp. La familia Arrambarri. Sobre la familia Arambarri he utilizado ampliamente en mi libro los datos conseguidos por José Antonio. Los consiguió a través de un sacerdote, don Antonio Zamora. Los dos hijos del matrimonio Arrambarri Stoehr fallecieron solteros: Otto el 28 de abril de 1989 y María Teresa Adelaida, el 1 de noviembre del mismo año. Las cosas personales de Teresita (entre ellas las cartas del padre Gapp) pasaron a ser depositadas en el Convento de Madres Dominicas, donde don Antonio Zamora tenía una hermana religiosa. He transcrito varias de ellas en la biografía. Tortosa. En cambio, sobre la ida de Santiago Gapp a Tortosa nada se ha encontrado en los archivos del Obispado. Toda esta documentación, hallada por José Antonio, no está incorporada a la Positio, ya que fue hallada cuando ésta había sido ya redactada e impresa. Una multa al padre Santiago Gapp. El 10 de octubre de 1939, el comisario jefe de la policía de extranjeros de San Sebastián señala al gobernador civil que "el súbdito alemán SANTIAGO GAPP, nacido el 26 de julio 1897 en Tirol (Alemania), sacerdote católico, soltero, domiciliado es esta Capital, Colegio católico de Santa María, Aldapeta 5, lleva residiendo en España desde el 23 de mayo último, sin que hasta la fecha haya hecho la presentación ante ninguna autoridad española, infringiendo con ello las disposiciones vigentes...". El gobernador civil escribe en el margen: "Impóngasele la multa de 100 pesetas". El 30 de octubre le fue comunicada la sanción al padre Gapp. Tenemos la fotocopia de la notificación, f |