Foros congelados de Ágora Marianista [2001-2004]
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  Santa María Mujer en Misión
José R. Gª-Murga
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Diciembre 04, 2004, 12:36:27
Adviento. Dios viene a la tierra. Ante todo, a la tierra fecunda del seno virginal de María.
Padre Dios nos ama siempre y a todos, desde antes de crear y manteniendo su amor también cuando nuestros primeros padres (o la primera humanidad) rechazó la comunicación de la Vida divina, y el mundo fue convirtiéndose en un lugar inhóspito en gran medida .
A lo largo del tiempo ese pecado, original en cuanto antecedente a los nuestros, va creando una red de influencias negativas que entorpecen el uso de nuestra libertad antes incluso de que cada uno de nosotros comience a ejercitarla.
Padre Dios, amándonos siempre, nos envió a su Hijo y a su Espíritu Santo, para que siguiendo a Jesús superásemos el pecado y volviésemos a encontrar el camino del cielo.
A María ese Amor del Padre le llegó antes que a nosotros y de manera más inmediata. Pues sólo ella en el momento único de la eternidad, antes del tiempo, fue pensada y amada por Padre Dios como Madre de su Unigénito.
Nadie está más cerca de un hijo que su propia madre, nadie como María estuvo tan cerca de Jesús. Desde siempre fue situada en un círculo de luz y de amorosa compenetración que nunca pudo ser interferido.
Nada pudo ensombrecer los orígenes de María, que vino al mundo penetrada por ese Amor que tanto la atraía y así le hizo posible evitar en la tierra toda complicidad con el pecado. La Virgen pudo siempre no pecar, y ella, libremente, nunca pecó.
Todo ello siendo, como hemos visto ya semana tras semana, una de las nuestras. La Gracia no la hizo estar en el mundo como ausente, sino siempre atenta, al parto de Isabel, a la falta de vino en las bodas. Sufrió enormemente cuando la espada de Simeón, grande y cruel ("romphaia"), tantas veces y sobre todo al pie de la Cruz, le atravesó el corazón.
La Mujer siempre más joven que el pecado, se dolió viendo cómo éste hacía presa en sus contemporáneos y en las estructuras de su tiempo. María lo combatió amando con un amor cercano, atento a lo pequeño, de calidad maravillosa.
Ese mismo amor ahora la hace más cercana aún a nosotros que cuando vivía en esta tierra.



José R. Gª-Murga
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Noviembre 27, 2004, 10:31:13
¡Nos adentramos en el Adviento! ¿Vuelven los dioses con los que, sin remedio, el ser humano nunca deja de soñar? ¿El dios del hogar con su poquito de paz, el de una mijita de amistad, el de la sonrisa del pequeño ilusionado por jugar –al fin un día entero- con papá?
Todo eso, y mucho más. Viene el Dios de la sola, plena, y por eso única Bondad. Él que a todos nos convierte en artesanos de Paz.
Una vez todo eso fue plenamente Verdad. Cuando la Mujer Bienamada dijo simplemente, aquélla que tú buscas… aquí está. Abierta me tienes a tus deseos, de par en par. Soy libre, no me fuerzas, pero pienso en tu proyecto, y lo hago mío con entera voluntad.
Colmada de tu gracia estuve desde siempre ya antes de tú crear. Soy la "kejaritoméne"; Lucas lo dejó dicho con este término griego, después de mucho cavilar. Rodeada de tu amor, especial, porque a madre de tu Hijo me quisiste destinar.
¿Será éste el Mesías? ¿Al mundo lo habré de dar? Fruto bendito será éste, capaz de todo curar. Misión grande me confías, incorporarme tanto a la obra de los siglos, signo es de ese amor que me tienes tan enteramente singular.
"Nueva Eva" me llamaron Justino, Ireneo, la Edad Media casi toda, y desde luego el Beato Chaminade [acentúese la final, prefiriendo si es posible el dialecto andaluz].
Claro que Sí, una y mil veces Sí, con mis entrañas lo deseo… Pero… ¿qué es esto? ¡En ellas hecho carne de mi carne, ÉL AQUÍ ESTÁ YA!



José R. Gª-Murga
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Noviembre 20, 2004, 12:03:33
Día de júbilo, el sábado. Comenzaba la víspera al atardecer, cuando al sonido de las trompetas cesaban las labores del campo y las tareas del hogar. María encendía entonces la lámpara del sábado, gesto de esperanza reservado a la mujer.
Vestidos y comidos de fiesta, los tres asistían al culto de la sinagoga. José y luego Jesús como varones adultos podían proclamar –y comentar- los rollos venerados de la Sagrada Escritura; María, entre las mujeres privadas por ser tales del uso de la palabra, escuchaba. Silencio fecundo, el de Virgen oyente por antonomasia de la Palabra. 
El amor a un Dios que los había amado hasta el punto de sacarlos de la esclavitud, constituía el rasgo fundamental de la piedad israelita. La Shemá, oración del hogar presidida cada día por José mientras María y Jesús se unían a él con inmenso cariño, expresaba ese amor a Dios, "con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas" (Dt 6,4-9).
A lo largo del año las siete grandes fiestas del Templo iban recordando cuánto había hecho el Señor por Israel, liberándolo de Egipto, estableciendo Alianza con él, dándole a conocer con más claridad los mandamientos que conducen a la vida verdadera.
El Señor salvó una vez por todas, y a lo largo del tiempo, una y otra vez, continúa salvándonos. Incluso cuando todo se tuerce, Él está: está ayudándonos a encontrar un camino, el suyo, para descubrir amor, y para amar.
Ocurra lo que ocurra, podemos fiarnos del Dios único, sólo Amor. Bien lo supo María, la Bienamada, espléndida en su decisión de ponerse a disposición completa de su Señor. Hágase en mí según tu Palabra.



José R. Gª-Murga
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Noviembre 13, 2004, 12:10:28
Durante toda la vida de Jesús, el pueblo judío se encontraba bajo la dominación romana. Situación ésta difícil de sobrellevar para un sentimiento nacional tan acendrado como el judío, y que, junto a Jesús y a José, también María hubo de soportar.
Cuando cada año peregrinaban a Jerusalén encontraban el Templo, centro de la vida israelita, estrechamente vigilado desde la torre Antonia por los romanos. Experimentarían, dice Robert Aron, el historiador judío contemporáneo nuestro, sentimientos semejantes a los que tuvieron los franceses durante la ocupación nazi.
Hubo revueltas contra los ocupantes, especialmente en Galilea, hasta el punto que Séforis la capital fue destruida en represalia de una de  ellas, la de Judas el Galileo. El censo de Quirino provocó el desplazamiento a Belén, tan molesto hallándose María encinta. Como todo censo suponía, amén de nuevos impuestos sobre las personas y las propiedades una afrenta al orgullo judío, por lo cual esa inquietud se avivaría todavía más. Desde Nazaret Jesús niño pudo contemplar las ruinas de Seforis después reconstruida.
Cuando nació nuestro Señor, en nombre de Roma ejercía el poder Herodes el Grande, rey odiado y cruel en extremo. Aunque los episodios de la matanza de los inocentes, la adoración de los Magos, y la huida a Egipto no sucediesen en su literalidad como los cuenta Mateo, casan perfectamente con la situación de la época, y dibujan una figura de María emigrante, refugiada, partícipe de los avatares de la historia, junto a Jesús, el nuevo Moisés, conductor definitivo de su Pueblo.
La profecía de Daniel (Dan 7,13.23-28), de cumplimiento inmediato, pronosticaba terribles tribulaciones para el Mesías y sus acompañantes. La Virgen, conociéndola, se alegraría esperanzada, al mismo tiempo que como madre se vería presa de grandes sufrimientos.
No fue idílica la vida de María. Eso sí, la austeridad y las contradicciones, templaban el ánimo de la que habría de ser por antonomasia Mujer en misión.



José R. Gª-Murga
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Noviembre 05, 2004, 05:34:59
Jesús, María y José no formaron parte de secta alguna, ni fueron gente distinguida. Pertenecieron al pueblo de la tierra, constituyeron la familia de un campesino rural, y vivieron del trabajo de sus manos.
Jesús fue llamado hijo de un carpintero, y eso sería José, no un ebanista especializado en finuras, sino fabricante de "yugos y arados" como dice san Justino, filósofo en la Palestina helenizada del siglo II, y que convertido al cristianismo procuró informarse bien de los recuerdos de la vida de Jesús.
A la esposa correspondían dos tareas principales en el hogar, hacer el pan y buscar el agua. A María tocaba pues sacar el grano, molerlo, hacer la masa mezclando con ella un poco de levadura (¡Jesús de mayor lo recordaba!), y cocerla. El agua le supondría ir y venir a la fuente de Nazaret, quizá la misma que hoy se conserva.
La mujer había de preocuparse asimismo del resto de la comida: frutas, verduras y legumbres; leche de cabra, cuajada, pan prensado de higos; aceitunas y dátiles para las fiestas. Carne casi nunca.
La comida diaria era austera. Había pobres forzados a contentarse con pan y agua; éstos sólo el sábado consumirían con gozo especial hasta tres comidas preparadas de víspera. María tendría también que hilar y tejer.
Eran pobres. Sin plantearse ninguna "opción" se encontraron siéndolo, y desde esa pobreza se abrieron a Dios con toda naturalidad. La excelencia de María –maravillosa como veremos-, al realizarse en una condición humilde, no la aleja de nosotros.
Al contrario; nos reconcilia con nuestras posibilidades por limitadas que nos parezcan considerando la grandeza que lo más pequeño puede encerrar.



José R. Gª-Murga
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Octubre 30, 2004, 05:52:07
En Palestina la tierra misma con sus montículos llenos de grutas fáciles de excavar ofrece a personas y animales abrigo y habitación. La vivienda quedaba mejor añadiendo un complemento de obra, compartimentando el interior; los seres humanos habitaban la parte delantera y los animales quedaban custodiados en la trasera. Las excavaciones arqueológicas confirman estos datos.
José, María y Jesús vivieron en contacto íntimo con esa madre tierra que tiene algo de bendito, y sobre la que dormirían extendiendo cada noche las humildes yacijas recogidas después al amanecer. Se comprende la dificultad de quien para abrir al amigo que llamaba en plena noche pidiendo pan había de saltar por encima de toda una familia ya en lo mejor de sus sueños.
Un accidente singular ocasionó el hallazgo de la gruta-vivienda de la Anunciación: comían los franciscanos cuando el suelo del refectorio se desplomó hacia esa oquedad. En ella se descubrieron capiteles de los primeros siglos, cuando la gruta ya se había convertido en lugar de culto; varios portaban inscripciones con el nombre de Maria, uno sobre todo con el Jaire María, alégrate María, después traducido como Ave María.
Los peregrinos que ya acudían buscando lo humano de Jesús, encontraban también de modo inevitable a la madre. Hoy, la vertical que baja desde la punta de la cúpula de la Basílica de la Anunciación conduce al lugar humilde donde el Dios que desciende se encarnó: en una gruta de tierra, y en las entrañas virginales de María.
Tierra en latín se dice humus, y ser humilde significa respetar la verdad de lo terreno, como María, tan invocada por Juan XXIII el Papa Bueno del Vaticano II: O humillima María fac me tibi similem, María humildísima hazme semejante a ti!



José R. Gª-Murga
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Octubre 23, 2004, 05:41:27
Mujer en Nazaret: los lugares
María vivió una gran parte de su vida en Nazaret, pequeña aldea que, elevándose apenas sobre la llanura del Esdrelón, ve a ésta dilatarse a sus pies y florecer en primavera comunicándonos hoy también su encanto.
En tiempos de Jesús al par que disfrutaba de la paz propia de la vida rural, Nazaret se hallaba asimismo muy bien comunicada. Una gran vía que pasaba por la cercana Séforis, la enlazaba con toda la Palestina y con el conjunto del imperio romano. Séforis, entonces capital de Galilea la región de Nazaret, era una ciudad helenizada e importante; todavía hoy es posible contemplar restos de sus maravillosos mosaicos.
Galilea era llamada "de los gentiles" a causa de su índole cosmopolita, abierta a la cultura pagana hasta el punto de que sus habitantes judíos reducidos a una minoría se hallasen en trance de perder su propia identidad. Pero el pueblo gracias a sus frecuentes peregrinaciones se mantenía en contacto con Jerusalén la capital de Palestina, y también de allí llegaban frecuentes visitas de rabinos que vigilaban la práctica religiosa, difundían las diversas interpretaciones de la Ley de Dios, y que asimismo y no como cosa desdeñable se encargaban de cobrar el impuesto del templo.
Cuanto ocurría en Jerusalén la capital repercutía en los más pequeños rincones de Palestina, y en el corazón de las personas, de José, del propio Jesús, niño primero y adulto después. Todo se adentraba también  en el corazón de María, mujer entre tantas otras, amante de sus vecinos, de su pueblo, y sobre todo del Dios por quien ella tan amada se sentía.
La Virgen al mismo tiempo que recogida se mantuvo abierta y bien comunicada. Trató siempre de comprender buscando el sentido de las cosas, a base de contemplar en Dios la vida misma y cuanto en ella ocurría.



José R. Gª-Murga
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Octubre 15, 2004, 05:36:59
El rasgo misionero fue distintivo de todas las Fundaciones del Beato Chaminade, y lo es también hoy de la Familia marianista.
La Congregación mariana de laicos que al regresar del destierro él reanimó en Burdeos fue una misión y cada congregante, un misionero permanente.
Al preguntar a Adela de Trenquelleon si la fundación proyectada por ella (las actuales marianistas) se caracterizaría por ese mismo rasgo, la Fundadora asintió con verdadero entusiasmo.
Poco después, en el primer retiro al grupo fundador de los marianistas, Chaminade insistió en la misma idea: nos ponemos en alianza con María en orden a la misión.
En los últimos y dolorosos años de su vida, haciéndose conducir a la estatua del jardín del noviciado y poniendo su mano sobre el pie de la Inmaculada, nuestro Beato repetía: a pesar de todo ella te aplastará la cabeza.
Ya en 1839 reflexionando de manera expresa sobre el carácter específico de su obra, poniendo en juego su autoridad de Fundador se había él expresado con decisiva claridad: ser auxiliares e instrumentos de la Santísima Virgen… estar convencidos de que no llevaremos a los hombres a Jesús más que por su Santísima Madre.
Jesús, advierte san Pablo, amó a la Iglesia y entregó su vida por ella; a la Iglesia encargó el Señor continuar en su nombre y con la fuerza del Espíritu Santo la obra de la Salvación.
Entre María y la Iglesia existe una especie de equivalencia. La Iglesia encuentra en María la Mujer Bienamada, su mejor figura y su modelo por excelencia.
Contribuir a que en el rostro de la Iglesia aparezcan las actitudes de María, que con tanta docilidad se dejó formar por el Espíritu de su Hijo, he ahí una bella tarea que la Familia marianista tiene ante sí.



José R. Gª-Murga
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Octubre 10, 2004, 10:26:56
La víspera del día del Pilar de 1797 el Beato Guillermo José Chaminade, desterrado como consecuencia de la Revolución francesa, llegó a Zaragoza.
En esta ciudad el exiliado oró, reflexionó, y postrado en la Santa capilla se encontró muchas veces con Jesús. La Virgen del Pilar que lo llevaba en sus brazos lo ponía a su alcance.
La persona de veras marianista no separa nunca a María de su Hijo. La Virgen nos lo acerca cumpliendo el encargo que Jesús le había hecho desde la Cruz de ser también madre nuestra: Mujer he ahí a tu Hijo.
Jesucristo se convierte de manera efectiva en Señor nuestro cuando es acogido por la fe como lo hizo la propia María, modelo por excelencia de todos los creyentes.
Una fe llamada a permanecer firme entre las contradicciones de la vida, robusta como el propio Pilar sobre el que la Virgen se yergue. Recordando al Beato Chaminade un lugareño que lo había conocido exclamaría: ¿Vd es marianista, discípulo del Padre Chaminade? ¡Qué hombre de fe!
De una fe así brotó algo que al pie del Pilar Guillermo José encomendaría a esa Virgen que lo llenaba de fortaleza: el gran proyecto de una familia religiosa esencialmente misionera y consagrada a María.
María, fe, misión, constituyen también hoy realidades clave para la Familia marianista, nombre que damos hoy al conjunto de instituciones que beben del carisma del Beato Chaminade.
Toda esta Familia marianista se halla orientada a ayudar a la Humanidad a encontrar en Jesucristo el camino de la Vida verdadera.



José R. Gª-Murga
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Octubre 10, 2004, 10:16:41
Con ocasión de la Virgen del Pilar abro este Foro en que cada sábado procuraré colgar un pequeño comentario acerca de María inspirado en el carisma del Beato Guillermo José Chaminade, Fundador de la Familia marianista.


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