Foros congelados de Ágora Marianista [2001-2004]
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Curas y monjas: Vidas perdidas. Por Martín Descalzo
| Septiembre 26, 2003, 09:20:15 Vidas perdidas Autor: José Luis Martín Descalzo Publicado por Catholic.net La hija de unos amigos míos ha dicho a sus padres el otro día que «no le gustaría que su hermano pequeño fuese cura, porque los curas y las monjas siempre le han parecido vidas perdidas». Y yo me he quedado un poco desconcertado porque, la verdad, a mis cincuenta y tres años no tenía la impresión de estar perdiendo mi vida. De todos modos, la frase me intriga y me tiene desazonado durante todo el día. ¿Cómo se gana? ¿Cómo se pierde una vida? ¿Acaso sólo se tiene fruto dejando hijos de la carne en este mundo? ¿No sirve una vida que va dejando en otros algunos pedacitos de alma? Pero no quisiera esquivar el problema y buscarle fáciles escapatorias. Reconozco que esa pregunta -¿de qué está sirviendo mi vida?- deberíamos planteárnosla, por obligación, todos los seres humanos al menos una vez cada seis meses. Porque esto de vivir es demasiado hermoso como para que pueda escapársenos como arena entre los dedos. Dicen, por ejemplo, que una vida se llena teniendo un hijo, plantando un árbol y escribiendo un libro. Bueno, yo conozco personas que no hicieron ninguna de esas tres cosas y que han vivido una vida irradiante. Y también conozco quienes tuvieron hijos, plantaron árboles y escribieron libros y difícilmente podrían mostrarse realizados en ninguna de las tres cosas. Porque hay libros que tienen muchas más palabras que ideas; hijos que de sus padres parecen haber recibido solamente la carne; y árboles que escasamente si producen sombra. Tampoco me parece que el fruto de una vida dependa mucho del número de años que se vivan. Y espero que aquí me perdonen mis lectores si hablo de nuevo de mí. Porque últimamente éste es un problema que está obsesionándome. Desde que los médicos me mandaron que «parase un poco el carro» no dejo de preguntarme si hago bien cada vez que me niego a un nuevo trabajo o una invitación más. ¿Es preferible vivir algunos años más viviendo a media máquina? ¿O el ideal es desgastarse sin preguntarse cuántos años durará el cacharro? Yo siempre he sido un pésimo ahorrador. De dinero y de vida. Tal vez porque veo que en el mundo hay un terrible afán por regatear esfuerzos, de afanes por dejar para mañana lo que a uno no le obligan a hacer hoy. Hay gente -me parece- que se va a morir sin llegar a estrenarse. Se cuidan. Se ahorran. Se «conservan». Van a llegar a la otra vida como un abrigo siempre guardado en el ropero. Hace años leí una oración de Luis Espinal (el jesuita a quien asesinaron en Bolivia en 1980) que me impresionó: «Pasan los años y, al mirar atrás, vemos que nuestra vida ha sido estéril. No nos la hemos pasado haciendo el bien. No hemos mejorado el mundo que nos legaron. No vamos a dejar huella. Hemos sido prudentes y nos hemos cuidado. Pero ¿para qué? Nuestro único ideal no puede ser el llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida, por egoísmo, por cobardía. Sería terrible malgastar ese tesoro de amor que Dios nos ha dado.» Sería terrible, sí, llegar al final con el alma impoluta, con el tesoro enterito, pero sin emplear. Creo que fue Peguy quien se reía de los que nunca se mancharon las manos... porque no tienen manos. 0 porque jamás las usaron para nada. Es curioso: en este momento me doy cuenta de por qué me ha dolido tanto la frase de la hija de mis amigos. Siento cómo surge en mí un recuerdo que creía dormido. Era yo seminarista y vi -¿hace ya cuántos años?- aquella vieja película titulada Balarrasa (que he revisado hace poco y me pareció malísima), que, vista con mis veinte años, resultó decisiva para mi vida en aquella escena en la que un personaje, muriéndose, se aterraba ante la idea de hacerlo «con las manos vacías». Esa imagen me persiguió durante años. Y pensé que ningún infierno peor que el de la esterilidad. Fuera lo que fuera de mi vida, yo tendría que dejar aquí algo cuando me fuera, aun cuando se tratara solamente de una gota de esperanza o alegría en el corazón de un desconocido. Pienso ahora en aquel verso de Rilke que, como supremo piropo a la Virgen, dice que el día de la Asunción quedó en el mundo «una dulzura menos». 0 pienso en Juan XXIII, de quien, el día de su muerte, dijo el cardenal Suenens que «dejaba el mundo más habitable que cuando llegó». Pienso que es muy poco importante el saber si dentro de un siglo se acordará alguien de nosotros -seguramente no-; porque lo único que importa es que alguna semilla de nuestras vidas esté germinando dentro de alguien (incluso si ni él ni nosotros lo sabemos). Porque entonces nuestras vidas habrán sido ganadas. Si tienes alguna consulta puedes [email=mail[smdani ARROBA marianistas PUNTO org]escribirme[/email]. |
| Octubre 07, 2003, 05:03:27 Por casualidad he caido sobre este tema y... que os voy a decir.? me ha hecho sonreir... soy misionera desde hace 18 años en el Congo he pasado 3 guerras en los dos paises donde vivo...he salvado la vida de milagro tres veces, me la he arriesgado muchas y jamas he pensado que mi vida esta vacia o no tiene sentido... pero algo tiene de verdad esa frase de la hija de los amigos de Martin Descalzo ( al cual admiré siempre su vida y su muerte) y es que vamos dejando, perdiendo la vida al darla sin agarrarte a ella para ti sola y al dejar algo se va perdiendo. Visto a lo humano es verdad, no tiene sentido pero si creemos en Jesús de Nazaret, si creemos que mas alla El nos espera estamos cumpliendo sus palabras... "el que pierde su vida la gana" y el que la ahorra... pobrecillo ! se encontrara como aquel del evangelio que enterro su moneda... Dar la vida no solo es tener hijos sino hacer que quien camine a tu lado encuentre un sentido a su vida, una vida mas digna de ser vivida y en definitiva sembrar esperanza y alegria aunque a ti te cueste la vida. un abrazo desde Kinshasa Sr Antoni a
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| Octubre 18, 2003, 02:14:25 Sábado por la tarde. Me encuentro en el Centro Asunción de N.S., el colegio donde doy clases de religión. Entro en Internet y después de mirar el correo electrónico accedo al Foro Marianista. A este lugar tan especial para mí porque en él comparto mi fe. Todo escritor escribe para ser leído y compartir su interior. Y aquí, gracias a los marianistas, puedo compartirla con tantos creyentes y curiosos, amigos todos, buscadores. ¿Curas y monjas una vida perdida? La pregunta la leía hace tiempo y ahora permitidme que reflexione. Bien podría titular esta reflexión parafraseando aquella oración de un autor conocido, “oración de un cura el domingo por la tarde”. El sábado es intenso en las parroquias, la tarde del sábado se encuentra en mitad de la jornada laboral del sacerdote. De estos dos días en los que ha celebrar la misa, alguna que otra boda o bautizo. Es un cambio de ritmo. Durante la semana son las clases, las actividades del colegio, alguna reunión por la noche y la misa diaria, para las quince personas que asisten. El viernes comienza la pastoral, con la confirmación. El sábado los juniors, la misa vespertina donde el templo, afortunadamente aún en Ribarroja, se llena,... ¿Es esta una vida perdida? A mis treinta y tres años y ocho de sacerdote, después de haber sido acrisolado por la realidad eclesial actual, la indiferencia, los fracasos, la impotencia propia ante los retos que plantea el Evangelio y la vocación sacerdotal. ¡NO! Desde esta experiencia puedo decir que no. En la aparente monotonía del vicario de pueblo, en los aparentes días grises del sacerdote diocesano, mi vida no es una vida perdida que no ha servido para nada. ¡Debo tanto al sacerdocio! Tanta gente buena que he conocido y me han llenado con sus palabras y ejemplo, la experiencia de encuentro con niños, jóvenes, adultos, ancianos, encuentro en el bar del pueblo donde en seguida reconocen al vicario y agradecen un saludo, encuentro con el moribundo, encuentro con el padre de familia, encuentro con los novios el día de su boda, encuentro con el marginado,... Encuentros enriquecedores. Hoy ha sido uno de esos días. Por la mañana he asistido a una charla de Dolores Alexandre, religiosa, en los jesuitas de Valencia (Centro Arrupe) y que espero compartir con vosotros. Por la tarde, preparar la homilía, y una boda. Un momento especial para Antonio y Mª Dolores, ellos estaban allí, viviendo el día soñado y yo enfrente, hablándoles, compartiendo su alegría, intentando que disfrutasen de ese momento y se encontrasen con Dios. Después la misa, perdón, aquí me ha sustituido un compañero sacerdote. Y finalmente la misa con los juniors en este colegio. Y aún falta la visita a los enfermos, el implicarme más en Cáritas,... ¡Vida perdida la de un cura rural! Al contrario, es tanto lo que recibes de la gente gracias al ministerio sacerdotal. No se si ha sido por estar en Ribarroja, un pueblo rico en gente, en monitores y monitoras, un pueblo religioso, pero la vida del sacerdote lejos de ser una vida perdida es una vida llena. José. |
| Octubre 21, 2003, 06:52:43 Hola amigos, aqui desde USA. Que bueno saber cuan activas estan las parroquias en España y con que ganas los jovenes viven la Fe. Por donde vivo es distinto y cuanto extraño aquel aroma del incienso en nuestras antiguas Iglesias y aquellas ceremonias celebradas con tanto amor a Cristo y Maria. Hoy despues de mas de 15 años de trabajar junto a un sacerdote, ahora si diria que mivida va en camino a estar perdida. Su pagina me ha hecho recobrar el aliento y si pueden escriban. Garcias y Dios los bendiga. Adios. |
| Abril 21, 2004, 09:52:42 Yo lo del sacerdocio y eso, lo veo como "casarse con Dios" al igual que te puedes casar con cualquier otra persona. Pero también es cierto que es muy difícil de entender cómo puede estar segura la gente de querer entregar TODA su vida a lo mismo (más o menos). |
| Octubre 29, 2004, 12:09:53 Hola a todos,tengo 16 años y dos hermanas mayores una de ellas es monja (29)años...desde que entro al postulantado mi otra hermana le ha dicho..vas a perder tu vida,vas a donarte a alguien que ni siquiera vez...yo no opiniba..mis padres tampoco son catolicos..aunque todas hemos ido a colegios religiosos((Pero sobre todo por el estatus y fama del colegio..bueno en fin...ahora veo a mi hermana..que ahora mismo esta de misiones...en sus cartas leo como cada dia se levanta 1º visita al Señor..y despues crea sonrisas en muchos niños que la han perdido..como recorre con los enfermos el camino..sin apartarse de ellos y entregandole todo su amor..sin pedir nada acambio estaba gastando su vida en los demas...para mi era impresionante..siempre hemos llevado una vida comodo..y la vei a ella rodeada de pobreza pero ella en su interior era tremendamente rica..era tremendamente feliz..se sentia amada..y ese amor...no solo lo dejaba para ella sino lo repartia a los demas...yo senti como un iman que me llevo a intentar comprender todo lo que hacia mi hermana...y por ella encontre a Dios en mi vida..encontre alguien que de verdad me queria..sin reparo...por eso llego a la conclusion de que ningun religioso/as pierde su vida...solamente la desgata en los demas..en un acto de profundo amor y profunda entrega...si eso es perder la vida..yo quiero perderla.... Besos. |
| Octubre 29, 2004, 08:49:35 Creo que esa cuestión se plantea siempre en el entorno de un seminarista, novicio/a... a los laicos se nos hace cuesta arriba que alguien pueda comprometer su vida de esta forma. En mi grupo más íntimo de amigos, uno es seminarista, y al poco de conocerle, siempre se comentaba algo en el corrillo: fíjate, hija, tan mono y tan joven... qué pena ¿verdad?... hala, la vida por la borda... Cosas por el estilo; y más "escuece" cuánto más dulce y amable es la persona. Yo sentencié en una ocasión que un hombre bueno, casado, era una bendición para su esposa y sus hijos; pero que un hombre bueno, sacerdote, sería una bendición para muchísima gente. En cualquier caso, a los que estáis "perdiendo vuestra vida" por entregarlas al sacerdocio, a la vida religiosa... Gracias... Desde lo más profundo de mi corazón, gracias por ser la luz que nos guía a muchos; gracias por vuestra entrega incondicional; por vuestro amor que sí es fructífero, aunque sus vástagos no usen pañales ni lloren por las noches. Benditas sean vuestras vidas... de perdidas, nada. |