Teresa y Adela.
Oteiza, en estas dos imágenes realizadas en dos técnicas diferentes, vuelve a unir a las dos mujeres que tanto estuvieron implicadas en la vida apostólica de Guillermo José Chaminade. Muy diversas, pero unidas en un común deseo de ganar almas para Cristo. Unidas también por la amistad sincera que ambas le profesaron siempre. En las dos técnicas con que las representa aquí, en relieve o en "grafitti", Antonio de Oteiza subraya la nota común que las unió entre ellas y con Guillermo José: una profunda espiritualidad.

Adela, Teresa, Guillermo José... Los santos forman constelaciones: se encuentran, se animan, se influyen unos a otros, siempre bajo el influjo misterioso del Espíritu Santo. El 15 de marzo de 1809 escribe Adela a su amiga Águeda Diché: "¿Qué me dices de todas esas gracias que nos llegan de Burdeos? El padre Chaminade me parece verdaderamente un santo. ¡Qué acogida tan halagüeña nos ha dispensado! Tratemos de merecer la buena opinión que ha concebido de nuestra Asociación. ¿Y la carta de la señorita Teresa de Lamourous? La encuentro encantadora y muy cariñosa.¡Ojalá nos ayudemos mutuamente, como nos exhorta, a ganar los corazones para Jesucristo y su Santa Madre!"
