Una medalla "sospechosa".
18 de febrero de 1831. La revolución de julio 1830 ha destronado a Carlos X. El nuevo gobierno de Luis Felipe teme una conspiración contrarevolucionaria. La policía registra lugares sospechosos. Entre ellos -¿por qué?- la casa del padre Chaminade. Y encuentran unas medallas de la Virgen con esta frase: "María ha sido concebida sin pecado". El comisario, listillo él, cree haber encontrado la consigna secreta de los conspiradores. El padre Chaminade, con su calma habitual y esta vez con sorna, le ruega que se siente. Se lo va a contar todo. "Como usted sabrá, señor, al principio del mundo, Adán y Eva fueron colocados en el paraíso en un estado de felicidad perfecta..." Y empezó a explicarle el misterio de la Inmaculada Concepción. El agudo policía se pone nervioso: "Señor, vayamos a los hechos..." "Ah, si usted me interrumpe, va a ser más largo todavía". Al día siguiente todo Burdeos comentaba divertido la pifia del comisario.
Dos partes tiene la composición de Oteiza. A la derecha, el comisario exhibe triunfante lo que ha encontrado: el aparente cuerpo del delito. Detrás de él, los otros tres policías que han registrado la casa. Miran con curiosidad a ver qué dice el sospechoso Chaminade. La historia dice que Chaminade tranquilo los hizo sentar y empezó a hablarles, pero aquí también Oteiza se toma una licencia. Nos muestra un Chaminade de pie, fogoso, entusiasta... levanta el brazo al cielo y con la derecha señala el nombre de María. ¡Sí! De Ella les va a hablar ... Y tiene razón Oteiza, Chaminade cuando hablaba de María se entusiasmaba. El largo discurso de Chaminade queda resumido en el nombre de MARÍA (con tres admiraciones) que campea encima del grupo. Con sus cabezas gachas los policías dan la impresión de estar abrumados... Su ignorancia les ha jugado una mala pasada.
