IV. CONCLUSIÓN
Ante el Pilar (1797-1800).
"Ella te aplastará la cabeza" (1847-1850).

Dos Vírgenes en la vida del padre Chaminade. La Virgen del destierro, la del Pilar de Zaragoza, por un lado; la Inmaculada del noviciado de Santa Ana en Burdeos, por otro. Entre ellas, cincuenta años, la parte más fecunda de una larga vida bajo el signo de la Madre de Dios. Una vida iluminada en todo momento por María. En cierta ocasión a Guillermo José se le escapó esta confidencia:
"Por la gran misericordia de Dios, desde hace mucho tiempo no vivo ni respiro más que para propagar el culto de la augusta Virgen y lograr así, todos los días, que crezca y se multiplique su familia".
Aclaremos ante todo que esta imagen del Pilar no es un relieve, sino una escultura. En el lado que nos presenta la foto, vemos a Guillermo José agarrado al Pilar. Dirige su mirada suplicante hacia la pequeña imagen encaramada sobre un inmenso Pilar. Un Pilar que, como dice la oración de su fiesta, es "fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor". Esto lo tiene bien asimilado Chaminade: todavía no sabe lo que va a ser de su vida, pero se fía de quien nunca falla. Por eso vemos a la Virgen inclinarse amorosa hacia él.
Y por detrás indica Oteiza el resultado de su confianza: "Beato Guillermo José Chaminade".
Cincuenta años más tarde, con toda la experiencia vital acumulada , vuelve a expresar su fe y su agradecimiento. No todo han sido rosas en su vida. Ha conocido persecuciones, cárcel, desengaños, sufrimientos, fallos de parte de quienes tenían que haberle apoyado... Pero el balance es positivo. Porque no ha luchado solo y para sí, sino con Ella y por Ella, por la Familia de María, por la Iglesia. Durante estos cincuenta años, el diablo, la serpiente, el mal, han puesto "asechanzas contra el calcañar de María", contra la descendencia de la Mujer, contra la Familia Marianista, contra la Iglesia. Pero Ella ha vencido. De eso Chaminade es testigo. Por eso puede exclamar: "Te ha aplastado la cabeza y te la aplastará siempre".
El 22 de enero de 1850, Guillermo José muere en paz. Ha dejado tras de sí "un hombre que no muera".

Han pasado 200 años desde la fundación de la Familia Marianista. Han pasado 150 años desde la muerte de su fundador. Y a los 150 años, el 3 de septiembre del 2000, la Iglesia reconoce la santidad de ese hijo fiel que gastó su vida al servicio de su madre María.
Pero
"ese hombre que no muera", para ser de verdad "el hombre que no muere" necesita
la colaboración de todos sus seguidores. Esa fe, ese amor, ese coraje
que tuvo Chaminade, y que, a través de toda esta obra que comentamos,
ha intentado mostrar Antonio de Oteiza. Por eso, como colofón, me permitiré
citar una carta de uno de los más queridos discípulos del Beato
Guillermo José. Creo que es de la más viva y necesaria actualidad.
Porque estamos en una "revolución". Escribe el padre Rothéa en
enero de 1846:
"El Buen Padre nos
ha dicho que si en una revolución, la Compañía debía
cesar o perderse, un solo religioso de fe la sostendría, la propagaría".
Y añade esta oración que todos debiéramos hacer nuestra:
"ĦOh Dios mío! concededme la gracia de ser este hombre de fe!"