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El siguiente ángel de nuestro camino fue una guapa parisina llamada Sophie, nos encontramos en Montpellier, en las escaleras de la iglesia de San Roque. ¿Su rumbo? Compostela. ¿El nuestro? En sentido contrario. Hablaba bien español y nos regaló un mapa topográfico, el mejor mapa que hemos usado en todo el recorrido. Aún así, nos perdimos.
Tuvimos la suerte de conocer a Gustavo, un alemán que hablaba español estupendamente, porque había vivido en México algunos años. Era profesor y casualmente su centro hacía intercambios con un cole de aquí Valencia, iba en bici, pero también rumbo a Compostela.

Llegamos a Notre Dame des Champú por las indicaciones de Sophie y conocimos a Fray Bruno Marie. Un fraile muy majo que a pesar de que llegamos bastante tarde (fue una de las etapas más largas), nos hospedó y trató sensacionalmente.

En Auriol dejamos de tener prejuicios de los franceses. Un mecánico de motos de Auriol, arregló un grave problema de la rueda de atrás de “Shanin”. Se me habían salido los piñones del eje y la cadena giraba, pero la rueda no. Tuvimos que caminar 8 kilómetros a pie hasta encontrarle y fue un auténtico rayo de luz en un momento muy negro.

Este otro ángel se llama Luc, es un sacerdote jesuita que vive en París y trabaja como psicoanalista. Le conocimos en la puerta de una iglesia, llegó con una moto de las grandes. Nos dejó dormir en una pequeña iglesia, después de nombrarnos los “guardianes del Santo Sacramento”, acabamos durmiendo justo debajo del Sagrario.

Por supuesto tenemos que incluir también aquí a nuestras amigas Teresa y Ana, que estaban estudiando francés en Niza y claro aprovechamos que pasábamos por allí para pasar casi dos días con ellas, conocer un poco más a fondo Niza, echarnos unas risas los cuatro juntos. La verdad es que lo pasamos genial, paseando y comiendo que principalmente fue lo que hicimos.

Unas de las acogidas que más nos sorprendió fue la de una increíble familia de Chiavari. Habíamos dormido en el parking exterior de su casa (sin pedirles permiso) y a la mañana siguiente mientras recogíamos el saco y organizábamos las alforjas, la mujer nos ofreció el desayuno. No nos preguntó nada más, sólo eso. Desayunamos todos juntos, fue alucinante, que gran familia!!

Quinto y Arnoldo son padre e hijo. El padre es un artista callejero que iba por el parque pintando caricaturas, sin que las personas se percataran y su hijo vino a verle y estuvimos un buen rato hablando. Nos invitó a un helado, ¡El primero de todo el verano!. Luego se empeñó en comprarnos algo de cena, un poco de queso y de jamón, que gran hombre.

Llegamos a Florencia. Antes que nada debemos de agradecer a Franco, el presidente de la asociación de peregrinos de la Toscana, su invitación a visitar Florencia. Gracias a él, dormimos en el convento de franciscanos que nos trataron divinamente. Después de un agradable paseo por la ciudad, nos fuimos a cenar a casa de Franco. Un banquete sin precedentes. Franco es un peregrino en mayúsculas. Una persona con mil aventuras, en bici, en moto, andando… Muchas gracias a ti y a tu esposa.

 

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