La primera persona que nos acogió fue nuestro amigo Chalo y su familia, en El Puig, al final de la primera etapa, en su casa, la Masia de Maria Auxiliadora. Cenamos de maravilla una parrillada de sardinas, luego un buen rato de agradable sobremesa hablando y hablando al fresco de una noche de verano, fue un comienzo de lujo, de demasiados lujos…
Al final de la segunda etapa, en la playa de Moncofa, nos acogió en su apartamento Amparin, Boro, Mamen y Manolo, familia de Perles. Cenamos de cine, y dormimos también de cine. La verdad es que los comienzos fueron por todo lo alto.
El tercer día, fue en un lugar mágico y al que estamos muy agradecidos, el “Racó de Sant Francesc”, en Tales. Fue el primer desvío del camino, quisimos pasar allí una noche, en la casa de un ermitaño franciscano, José Llopis. Él siempre ha soñado en peregrinar desde allí hasta Asís. Cuando llegamos allí, él no estaba porque estaba dando unos ejercicios espirituales, pero estaba su hermana Merçè. Son unas personas increíbles que viven en su día a día la radicalidad del carisma franciscano, gracias hermanos Llopis.
El cuarto día, por casualidad, como dicen ellos, o por providencia como suelo llamarlo yo, llegamos a la casa monasterio budista Sakya Trinley Ling. Allí fue todo sorprendente, era como encontrarnos un oasis en medio de un desierto. Participamos en una plegaria budista, repleta de sonidos y olores, cenamos con ellos, nos regalaron un amuleto, la rueda de la fortuna, que no nos quitamos hasta regresar a casa, fue todo increíble.
La siguiente experiencia fue en Alcocebre, pueblo donde veranea Richi, un gran amigo nuestro que en ese momento estaba en una misión en Guatemala. Llamamos a sus padres y al decirnos que estaban allí, pues pasamos a saludar, aprovechamos y comimos. Mil gracias a la familia Donet Mollá, vaya soletes de padres que tienes Richi.
En Hospitalet de l’Infant, veranean Dani y Celia, amiguetes zaragozanos, nos llamaron estando por Peñíscola y tuvimos que meterle un poco de caña a la bici para llegar hasta ellos pero por supuesto que mereció la pena. La primera lavadora. La noche que más tarde nos acostamos… Precisamente esa noche Dani salía en el show de los records. Miles de gracias pareja!!
Poblet fue el primer convento que nos acogió. Era la novena etapa. Compartimos las vísperas con ellos, los laudes… y la cena, mientras leían las cartas. Allí nos recomendaron que parásemos también en la Iglesia de la Sagrada Familia de Igualada y por Solius.
Unos días después llegamos a Solius. Allí conocimos a Fra Matias y al resto de la comunidad. La hospedería estaba llena y claro, como nosotros no habíamos avisado, pues fue una sorpresa. Se nos trató estupendamente y además cuando nos fuimos nos hicieron unos bocatas, y nos dieron un poquito más de comida.
Una vez en Francia llegamos a Le Barcarés, un pueblo costero al sur de Narbona. Allí nos encontramos a dos personas impresionantes. La primera es una señora mayor que nos gestionó la estancia en el pueblo sin entender nada de español. Además luego nos dio una bolsa con comida. Un gesto increíble!. El otro fue un sacerdote Coreano, con quién dormimos esa noche, que solo hablaba francés. Hablábamos por signos, nos hizo una cena típica coreana, Caliente, muy caliente. Lo más curioso es que él conocía a los marianistas de Seúl, que pequeño es el mundo, ¿verdad?.