NUEVO TESTAMENTO

EVANGELIO SEGUN MATEO

 

CAPÍTULO 1

 

LOS ANTEPASADOS DE JESÚS

 

1Libro de los orígenes de Jesucristo, hijo de David e hijo de Abraham. 2Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue padre de Judá y de sus hermanos. 3De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón y Esrón de Aram. 4Aram fue padre de Aminadab, éste de Naasón y Naasón de Salmón. 5Salmón fue padre de Booz y Rahab su madre. Booz fue padre de Obed y Rut su madre. Obed fue padre de Jesé. 6Jesé fue padre del rey David. David fue padre de Salomón y su madre la que había sido la esposa de Urías. 7Salomón fue padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá, 8Josafat, Joram, Ocías, 9Joatán, Ajaz, Ezequías, 10Manasés, Amón y Josías. 11Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia. 12Después de la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel. 13Zorobabel fue padre de Abiud, Abiud de Eliacim y Eliacim de Azor. 14Azor fue padre de Sadoc, Sadoc de Aquim y éste de Eliud. 15Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob. 16Jacob fue padre de José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. 17De modo que fueron catorce las generaciones desde Abraham a David; otras catorce desde David hasta la deportación a Babilonia, y catorce más desde esta deportación hasta el nacimiento de Cristo.

 

JESÚS NACE DE UNA MADRE VIRGEN

 

(Lc 1,27)

18Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. 19Su esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla. 20Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, 21tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». 22Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: 23La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros. 24Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y tomó consigo a su esposa. 25Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.

 

CAPÍTULO 2

 

DEL ORIENTE VIENEN UNOS MAGOS

 

1Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén 2preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo». 3Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto. 4Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías. 5Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta: 6Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que apacentará a mi pueblo, Israel. 7Entonces Herodes llamó en privado a los Magos, y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella. 8Después los envió a Belén y les dijo: «Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje». 9Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. 10¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez a la estrella!. Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. 12Luego se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes, así que regresaron a su país por otro camino.

 

LA HUIDA A EGIPTO

 

13Después de marchar los Magos, el Ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo». 14José se levantó; aquella misma noche tomó al niño y a su madre, y partió hacia Egipto, 15permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por boca del profeta: Llamé de Egipto a mi hijo. 16Herodes se enojó muchísimo cuando se dio cuenta que los Magos lo habían engañado, y fijándose en la fecha que ellos le habían dicho, ordenó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores. 17Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Jeremías: 18En Ramá se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos: es Raquel que llora a sus hijos: éstos ya no están, y no quiere que la consuelen.

 

JOSÉ Y MARÍA VUELVEN A NAZARET

 

19Después de la muerte de Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: 20«Levántate, toma contigo al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño». 21José se levantó, tomó al niño y a su madre, y volvieron a la tierra de Israel. 22Pero al enterarse de que Arquelao gobernaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Conforme a un aviso que recibió en sueños, se dirigió a la provincia de Galilea 23y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''.

 

CAPÍTULO 3

 

JUAN BAUTISTA ANUNCIA LA VENIDA DE JESÚS

(Mc 1,1; Lc 3,1; Jn 1,19)

 

1Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea; 2éste era su mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca». 3Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos. 4Además de la piel que llevaba colgada de la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. 5Venían a verlo de Jerusalén, de toda la Judea y de la región del Jordán. 6Y junto con confesar sus pecados, se hacían bautizar por Juan en el río Jordán. 7Juan vio que un grupo de fariseos y de saduceos habían venido donde él bautizaba, y les dijo: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se les viene encima? 8Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: "Abraham es nuestro padre". 9Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham aún de estas piedras. 10El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego. 11Yo los bautizo en el agua, y es el camino a la conversión. Pero después de mí viene uno con mucho más poder que yo, - yo ni siquiera merezco llevarle las sandalias - él los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego. 12Ya tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus bodegas, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga».

 

JESÚS RECIBE EL BAUTISMO DE JUAN

(Mc 1,9; Lc 3,21; Jn 1,29)

 

13Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para encontrar a Juan y para que éste lo bautizara. 14Juan quiso disuadirlo y le dijo: «¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti». 15Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora. De este modo respetaremos el debido orden». Entonces Juan aceptó. 16Una vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido».

 

CAPÍTULO 4

 

JESÚS ES TENTADO EN EL DESIERTO

(Lc 4,1; Mc 1,12)

 

1El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, 2y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre. 3Entonces se le acercó el tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan». 4Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». 5Después el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta de la muralla del Templo. 6Y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues la Escritura dice: Dios dará ordenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna». 7Jesús replicó: «Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios». 8A continuación lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y maravillas. 9Y le dijo: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras». 10Jesús le dijo: «Aléjate, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, y a El solo servirás». 11Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle. (Mc 1,14; Lc 4,14)

12Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. 13No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí. 14Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: 15Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán, Galilea, tierra de paganos, escuchen: 16La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte. 17Desde entonces Jesús empezó a proclamar este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca». 18Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar. 19Jesús los llamó: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». 20Al instante dejaron las redes y lo siguieron. 21Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las redes. Jesús los llamó, 22y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. 23Jesús empezó a recorrer toda la Galilea; enseñaba en las sinagogas de los judíos, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades. 24Su fama se extendió por toda Siria. La gente le traía todos sus enfermos y cuantos estaban aquejados por algún mal: endemoniados, lunáticos y paralíticos, y él los sanaba a todos. 25Empezaron a seguir a Jesús muchedumbres: gente de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.

 

CAPÍTULO 5

 

LAS BIENAVENTURANZAS (LC 6)

 

1Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. 2Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: 3«Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 4Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.

5]Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. 6Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. 7Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.

8Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.

9Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios. 10Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 11Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. 12Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vivieron antes de ustedes.

 

SAL Y LUZ (MC 4,21; LC 14,34; 8,16; 11,33)

 

13Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal deja de ser sal, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente. 14Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? 15Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. 16Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.

 

UNA LEY MÁS PERFECTA

 

17No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para llevar a la forma perfecta. 18En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice. 19Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos. 20Yo se lo digo: si no hay en ustedes algo mucho más perfecto que lo de los Fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos. 21Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: «No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio». 22Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno. 23Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda. 25Trata de llegar a un acuerdo con tu adversario mientras van todavía de camino al juicio. ¿O prefieres que te entregue al juez, y el juez a los guardias que te encerrarán en la cárcel? 26En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo. 27Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio». 28Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón. 29Por eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. 30Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. 31También se dijo: «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio». 32Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, a no ser por motivo de infidelidad, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio.

 

NO JURAR

 

33Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados: «No jurarás en falso, y cumplirás lo que has jurado al Señor». 34Pero yo les digo: ¡No juren! No juren por el cielo, porque es el trono de Dios; 35ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. 36Tampoco jures por tu propia cabeza, pues no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. 37Digan sí cuando es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del demonio.

 

AMAR A LOS ENEMIGOS (LC 6,29)

 

38Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». 39Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. 40Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. 41Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. 42Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda. 43Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo». 44Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, 45para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. 46Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. 47Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. 48Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.

 

CAPÍTULO 6

 

HACER EL BIEN SÓLO POR DIOS

 

1Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo. 2Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. 3Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: 4tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. 5Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. 6Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. 7Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga. 8No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan.

 

EL PADRENUESTRO (LC 11,1; MC 11,25)

 

9Ustedes, pues, recen así:

Padre nuestro, que estás en el Cielo,

santificado sea tu Nombre,

10venga tu Reino,

hágase tu voluntad

así en la tierra como en el Cielo.

11Danos hoy el pan que nos corresponde;

12y perdona nuestras deudas,

como también nosotros perdonamos

a nuestros deudores;

13y no nos dejes caer en la tentación,

sino líbranos del Maligno.

 

14Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes. 15Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes. 16Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. 17Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y perfúmate el cabello. 18No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará.

 

(Lc 11,34; 12,33)

 

19No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban. 20Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y robar. 21Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. 22Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz; pero si tus ojos están malos, todo tu cuerpo estará en obscuridad. 23Y si la luz que hay en ti ha llegado a ser obscuridad, ¡cómo será de tenebrosa tu parte más obscura!

 

PONER LA CONFIANZA EN DIOS Y NO EN EL DINERO(LC 12,22; 16,13)

 

24Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. 25Por eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? 26Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? 27¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? 28Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. 29Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. 30Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen! 31No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? 32Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. 33Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas. 34No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas.

 

 

CAPÍTULO 7

 

HIJOS DEL REINO (LC 6,37; 11,9; 6,31; 13,23)

 

1No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes. 2Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes. 3¿Qué pasa? Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo? 4¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo? 5Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano. 6No den lo que es santo a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos, pues podrían pisotearlas y después se volverían contra ustedes para destrozarlos. 7Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta. 8Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y se abrirá la puerta al que llama. 9¿Acaso alguno de ustedes daría a su hijo una piedra cuando le pide pan? 10¿O le daría una culebra cuando le pide un pescado? 11Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan! 12Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda la Ley y los Profetas. 13Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por él. 14Pero ¡qué angosta es la puerta y qué escabroso el camino que conduce a la salvación! y qué pocos son los que lo encuentran.

 

EL ÁRBOL SE CONOCE POR LOS FRUTOS (LC 6,43)

 

15Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. 16Ustedes los reconocerán por sus frutos. ¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o higos de los cardos? 17Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos, mientras que el árbol malo produce frutos malos. 18Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos. 19Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego. 20Por lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras.

 

LA CASA EDIFICADA SOBRE LA ROCA (LC 6,47; 13,26; MC 1,22)

 

21No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. 22Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor! Hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros. 23Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí, ustedes que hacen el mal! 24Si uno escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. 25Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. 26Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que construyó su casa sobre arena. 27Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y todo fue un gran desastre». 28Cuando Jesús terminó este discurso, la gente estaba admirada de cómo enseñaba, 29porque lo hacía con autoridad y no como sus maestros de la Ley.

 

 

CAPÍTULO 8

 

CURACIÓN DE UN LEPROSO (MC 1,40; LC 5,12)

 

1Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo muchedumbres. 2Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él y le dijo: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». 3Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Al momento quedó limpio de la lepra. 4Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una declaración».

 

LA FE DEL CENTURIÓN (LC 7,1; JN 4,46)

 

5Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un capitán de la guardia, suplicándole: 6«Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente». 7Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo». 8El capitán contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. 9Pues yo, que no soy más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno: Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi sirviente: Haz tal cosa, él la hace». 10Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe. 11Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, 12mientras que los que debían entrar al reino serán echados a las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes». 13Luego Jesús dijo al capitán: «Vete a casa, hágase todo como has creído». Y en ese mismo momento el muchacho quedó sanó. 14Jesús fue a casa de Pedro; allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. 15Jesús le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. 16Al atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. 17Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.

 

(Lc 9,57)

 

18Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de cruzar a la otra orilla. 19Entonces se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». 20Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza». 21Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre». 22Jesús le contestó: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».

 

JESÚS CALMA LA TEMPESTAD (MC 4,35 LC 8,22)

 

23Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. 24Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que cubrían la barca, pero él dormía. 25Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que estamos perdidos!» 26Pero él les dijo: «¡Qué miedosos son ustedes! ¡Qué poca fe tienen!» Entonces se levantó, dio una orden al viento y al mar, y todo volvió a la más completa calma. 27Grande fue el asombro; aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

 

LOS ENDEMONIADOS DE GADARA (MC 5,1; LC 8,26)

 

28Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. 29Y se pusieron a gritar: «¡No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» 30A cierta distancia de allí había una gran piara de cerdos comiendo. 31Los demonios suplicaron a Jesús: «Si nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos». Jesús les dijo: «Vayan». 32Salieron y entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por la pendiente, y allí se ahogaron. 33Los cuidadores huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los endemoniados. 34Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejase de sus tierras.

 

CAPÍTULO 9

 

JESÚS SANA AL PARALÍTICO Y PERDONA SUS PECADOS (MC 2,1; LC 5,17)

 

1Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino a su ciudad. 2Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!» 3Algunos maestros de la Ley pensaron: «¡Qué manera de burlarse de Dios!» 4Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? 5¿Qué es más fácil decir: "Quedan perdonados tus pecados", o: "Levántate y anda"? 6Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados». Entonces dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a casa». 7Y el paralítico se levantó y se fue a su casa. 8La gente, al ver esto, quedó muy impresionada, y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres.

 

JESÚS LLAMA AL APÓSTOL MATEO (MC 2,13; LC 5,27)

 

9Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Mateo se levantó y lo siguió. 10Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. 11Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?» 12Jesús los oyó y dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. 13Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». 14Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: «Nosotros y los fariseos ayunamos en muchas ocasiones, ¿por qué tus discípulos no ayunan?» 15Jesús les contestó: «¿Quieren ustedes que los compañeros del novio estén de duelo, mientras el novio está con ellos? Llegará el tiempo en que el novio les será quitado; entonces ayunarán. 16Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva, porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor. 17Y nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien el vino y los recipientes».

 

JESÚS RESUCITA A UNA NIÑA Y CURA A UNA MUJER ENFERMA

(MC 5,21; LC 8,40)

 

18Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los judíos, se postró delante de él y le dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá». 19Jesús se levantó y lo siguió junto con sus discípulos. 20Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto. 21Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». 22Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado». Y desde aquel momento, la mujer quedó sana. 23Al llegar Jesús a la casa del jefe, vio a los flautistas y el alboroto de la gente. 24Entonces les dijo: «Váyanse, la niña no ha muerto sino que está dormida». Ellos se burlaban de él. 25Después que echaron a toda la gente, Jesús entró, tomó a la niña por la mano, y la niña se levantó. 26El hecho se divulgó por toda aquella región.

 

OTRAS CURACIONES

 

27Al retirarse Jesús de allí, lo siguieron dos ciegos que gritaban: «¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!» 28Cuando Jesús estuvo en casa, los ciegos se le acercaron, y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacer esto?» Contestaron: «Sí, Señor». 29Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Hágase así, tal como han creído». Y sus ojos vieron. 30Después les ordenó severamente: «Cuiden de que nadie lo sepa». 31Pero ellos, en cuanto se fueron, lo publicaron por toda la región. 32Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar. 33Jesús echó al demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». 34En cambio, los fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios». 35Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades. 36Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor. 37Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 38Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha».

 

CAPÍTULO 10

 

LOS DOCE APÓSTOLES (MC 3,13; LC 6,12)

 

1Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder sobre los malos espíritus para expulsarlos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. 2Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; 3Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; 4Simón, el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionaría.

 

JESÚS ENVÍA A LOS PRIMEROS MISIONEROS (LC 9,1; 10,1; MC 6,8)

 

5A estos Doce Jesús los envió a misionar, con las instrucciones siguientes: «No vayan a tierras de paganos, ni entren en pueblos de samaritanos. 6Diríjanse más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. 7A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca! 8Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar. 9No lleven oro, plata o monedas en el cinturón. 10Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento. 11En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan. 12Al entrar en la casa, deséenle la paz. 13Si esta familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes. 14Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los pies. 15Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. 16Miren que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la serpiente, pero sencillos como la paloma.

 

LOS TESTIGOS DE JESÚS SERÁN PERSEGUIDOS (LC 12,11; MC 13,19; 4,22; 8,38)

 

17¡Cuídense de los hombres! A ustedes los arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. 18Ustedes incluso serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que dar testimonio ante ellos y los pueblos paganos. 19Cuando sean arrestados, no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo han de hablar. Llegado ese momento, se les comunicará lo que tengan que decir. 20Pues no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará en ustedes. 21Un hermano denunciará a su hermano para que lo maten, y el padre a su hijo, y los hijos se sublevarán contra sus padres y los matarán. 22Ustedes serán odiados por todos por causa mía, pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará. 23Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. En verdad les digo: no terminarán de recorrer todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. 24El discípulo no está por encima de su maestro, ni el sirviente por encima de su patrón. 25Ya es mucho si el discípulo llega a ser como su maestro y el sirviente como su patrón. Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de los demás de la familia! 26Pero no les tengan miedo. Nada hay oculto que no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse. 27Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les digo en privado, proclámenlo desde las azoteas. 28No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. 29¿Acaso un par de pajaritos no se venden por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. 30En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos contados. 31¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no tengan miedo. 32Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. 33Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos. 34No piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. 35Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. 36Cada cual verá a sus familiares volverse enemigos. 37El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 38El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí. 39El que vive su vida para sí la perderá, y el que sacrifique su vida por mi causa, la hallará. 40El que los recibe a ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un profeta. 41El que recibe a un hombre justo por ser justo, recibirá la recompensa que corresponde a un justo. 42Asimismo, el que dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin recompensa: soy yo quien se lo digo».

 

CAPÍTULO 11

 

JESÚS Y JUAN BAUTISTA (LC 7,18; 16,16; 10,13)

 

1Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí para predicar y enseñar en las ciudades judías. 2Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo, por lo que envió a sus discípulos 3a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» 4Jesús les contestó: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo: 5los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. 6¡Y dichoso aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» 7Una vez que se fueron los mensajeros, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes fueron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? 8¿Qué iban ustedes a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Los que visten ropas finas viven en palacios. 9Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso sí y, créanme, más que un profeta. 10Este es el hombre de quien la escritura dice: Yo voy a enviar mi mensajero delante de ti, para que te preceda abriéndote el camino. 11Yo se lo digo: de entre los hijos de mujer no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él. 12Desde los días de Juan Bautista hasta ahora el Reino de Dios es cosa que se conquista, y los más decididos son los que se adueñan de él. 13Hasta Juan, todos los profetas y la Ley misma se quedaron en la profecía. 14Pero, si ustedes aceptan su mensaje, Juan es este Elías que había de venir. 15El que tenga oídos para oír, que lo escuche. 16¿Con quién puedo comparar a la gente de hoy? Son como niños sentados en la plaza, que se quejan unos de otros: 17Les tocamos la flauta y ustedes no han bailado; les cantamos canciones tristes y no han querido llorar. 18Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dijeron: 19Está endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. Con todo, se comprobará que la Sabiduría de Dios no se equivoca en sus obras». 20Entonces Jesús comenzó a reprochar a las ciudades en que había realizado la mayor parte de sus milagros, porque no se habían arrepentido: 21«¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubiesen hecho los milagros que se han realizado en ustedes, seguramente se habrían arrepentido, poniéndose vestidos de penitencia y cubriéndose de ceniza. 22Yo se lo digo: Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. 23Y tú, Cafarnaún, ¿subirás hasta el cielo? No, bajarás donde los muertos. Porque si los milagros que se han realizado en ti, se hubieran hecho en Sodoma, todavía hoy existiría Sodoma. 24Por eso les digo que, en el día del Juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que ustedes».

 

CARGUEN CON MI YUGO (LC 10,21)

 

25En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. 26Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. 27Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. 28Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. 29Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. 30Pues mi yugo es suave y mi carga liviana».

 

CAPÍTULO 12

 

JESÚS, SEÑOR DEL SÁBADO (MC 2,23; 3,1; LC 6,1; 14,1)

 

1En cierta ocasión pasaba Jesús por unos campos de trigo, y era un día sábado. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a desgranar espigas y a comerse el grano. 2Al advertirlo unos fariseos, dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo lo que está prohibido hacer en día sábado». 3Jesús les contestó: «¿No han leído ustedes lo que hizo David un día que tenía hambre, él y su gente? 4Pues entró en la casa de Dios y comieron el pan ofrecido a Dios, que les estaba prohibido tanto a él como a sus compañeros, pues estaba reservado a los sacerdotes. 5¿No han leído en la Ley que los sacerdotes en el Templo no observan el descanso, y no hay culpa en eso? 6Yo se lo digo: ustedes tienen aquí algo más que el Templo. 7