NUEVO TESTAMENTO

EVANGELIO SEGUN MARCOS

 

CAPÍTULO 1

 

1Este es el comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo (Hijo de Dios). 2En el libro del profeta Isaías estaba escrito: «Ya estoy para enviar a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. 3Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos». 4Es así como Juan el Bautista empezó a bautizar en el desierto. Allí predicaba bautismo y conversión, para alcanzar el perdón de los pecados. 5Toda la provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén acudían a Juan para confesar sus pecados y ser bautizados por él en el río Jordán. 6Además de la piel que tenía colgada de la cintura, Juan no llevaba más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. 7Juan proclamaba este mensaje: «Detrás de mí viene uno con más poder que yo. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él». 8Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo». 9En aquellos días Jesús vino de Nazaret, pueblo de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el río Jordán. 10Al momento de salir del agua, Jesús vio los Cielos abiertos: el Espíritu bajaba sobre él como lo hace la paloma, 11mientras se escuchaban estas palabras del Cielo: «Tú eres mi Hijo, el Amado, mi Elegido». 12En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. 13Estuvo cuarenta días en el desierto y fue tentado por Satanás. Vivía entre los animales salvajes y los ángeles le servían.

 

JESÚS LLAMA A SUS CUATRO PRIMEROS DISCÍPULOS (MT 4,12; LC 4,14)

 

14Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. 15Decía: «El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Cambien sus caminos y crean en la Buena Nueva». 16Mientras Jesús pasaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. 17Jesús les dijo: «Síganme y yo los haré pescadores de hombres». 18Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron. 19Un poco más allá Jesús vio a Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan, que estaban en su barca arreglando las redes. 20Jesús también los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los ayudantes, lo siguieron.

 

JESÚS ENSEÑA Y SANA A UN ENDEMONIADO (LC 4,31; MT 7,28)

 

21Llegaron a Cafarnaún, y Jesús empezó a enseñar en la sinagoga durante las asambleas del día sábado. 22Su manera de enseñar impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad, y no como los maestros de la Ley. 23Entró en aquella sinagoga un hombre que estaba en poder de un espíritu malo, y se puso a gritar: 24«¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé que tú eres el Santo de Dios». 25Jesús le hizo frente con autoridad: 26«¡Cállate y sal de ese hombre!» El espíritu malo revolcó al hombre en el suelo y lanzó un grito tremendo, pero luego salió de él. 27El asombro de todos fue tan grande que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? Una doctrina nueva, y ¡con qué autoridad! Miren cómo da órdenes a los espíritus malos ¡y le obedecen!» 28Así fue como la fama de Jesús se extendió por todo el territorio de Galilea.

 

NUMEROSAS CURACIONES (MT 8,14; LC 4,38)

 

29Al salir de la Sinagoga, Jesús fue a la casa de Simón y Andrés con Santiago y Juan. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, por lo que en seguida le hablaron de ella. 31Jesús se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a atenderlos. 32Antes del atardecer, cuando se ponía el sol, empezaron a traer a Jesús todos los enfermos y personas poseídas por espíritus malos. 33El pueblo entero estaba reunido ante la puerta. 34Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase y expulsó muchos demonios; pero no los dejaba hablar, pues sabían quién era.

 

ORACIÓN NOCTURNA DE JESÚS (LC 4,42)

 

35De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar. 36Simón y sus compañeros fueron a buscarlo, 37y cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te están buscando». 38Él les contestó: «Vámonos a los pueblecitos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he salido». 39Y Jesús empezó a visitar las Casas de oración de aquella gente, recorriendo toda Galilea. Predicaba y expulsaba a los demonios.

 

CURACIÓN DE UN LEPROSO (MT 8,2; LC 5,12)

 

40Se le acercó un leproso, que se arrodilló ante él y le suplicó : «Si tú quieres, puedes limpiarme». 41Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». 42Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. 43Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: 44«No cuentes esto a nadie, pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que ordena la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacer tu declaración». Pero el hombre, en cuanto se fue, empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido, 45de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares solitarios. Pero la gente venía a él de todas partes.

 

CAPÍTULO 2

 

JESÚS SANA A UN PARALÍTICO DE SU PECADO Y DE SU ENFERMEDAD

(MT 9,1; LC 5,17)

 

1Tiempo después, Jesús volvió a Cafarnaún. Apenas corrió la noticia de que estaba en casa, 2se reunió tanta gente que no quedaba sitio ni siquiera a la puerta. 3Y mientras Jesús les anunciaba la Palabra, cuatro hombres le trajeron un paralítico que llevaban tendido en una camilla. 4Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el boquete bajaron al enfermo en su camilla. 5Al ver la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados». 6Estaban allí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior: 7«¿Cómo puede decir eso? Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» 8Pero Jesús supo en su espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? 9¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? 10Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados». 11Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue. 12La gente quedó asombrada, y todos glorificaban a Dios diciendo: «Nunca hemos visto nada parecido».

 

HE VENIDO A LLAMAR A LOS PECADORES (MT 9,9; LC 5,27)

 

13Jesús salió otra vez por las orillas del lago; todo el mundo venía a verlo y él les enseñaba. 14Mientras caminaba, vio a un cobrador de impuestos sentado en su despacho. Era Leví, hijo de Alfeo. Jesús le dijo: «Sígueme». Y él se levantó y lo siguió. 15Jesús estuvo comiendo en la casa de Leví, y algunos cobradores de impuestos y pecadores estaban sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos; en realidad eran un buen número. Pero también seguían a Jesús 16maestros de la Ley del grupo de los fariseos y, al verlo sentado a la misma mesa con pecadores y cobradores de impuestos, dijeron a los discípulos: «¿Qué es esto? ¡Está comiendo con publicanos y pecadores!» 17Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

 

EL VINO NUEVO EN CUEROS NUEVOS (MT 9,14; LC 5,33)

 

18Un día estaban ayunando los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos. Algunas personas vinieron a preguntar a Jesús: «Los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan; ¿por qué no lo hacen los tuyos?» 19Jesús les contestó: ¿«Quieren ustedes que los compañeros del novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, claro que no pueden ayunar. 20Pero llegará el momento en que se les arrebatará el novio, y entonces ayunarán. 21Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de género nuevo, porque la tela nueva encoge, tira de la tela vieja, y se hace más grande la rotura. 22Y nadie echa vino nuevo en envases de cuero viejos, porque el vino haría reventar los envases y se echarían a perder el vino y los envases. ¡A vino nuevo, envases nuevos!».

 

(Mt 12,1; Lc 6,1)

 

23Un sábado Jesús pasaba por unos sembrados con sus discípulos. Mientras caminaban, los discípulos empezaron a desgranar espigas en sus manos. 24Los fariseos dijeron a Jesús: «Mira lo que están haciendo; esto está prohibido en día sábado». 25El les dijo: «¿Nunca han leído ustedes lo que hizo David cuando sintió necesidad y hambre, y también su gente? 26Entró en la Casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes; y les dio también a los que estaban con él». 27Y Jesús concluyó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. 28Sepan, pues, que el Hijo del Hombre, también es dueño del sábado».

 

CAPÍTULO 3

 

CURACIÓN DEL HOMBRE DE LA MANO SECA (LC 6,6; MT 12,9; LC 14,1)

 

1Otro día entró Jesús en la sinagoga y se encontró con un hombre que tenía la mano paralizada. 2Pero algunos estaban observando para ver si lo sanaba Jesús en día sábado. Con esto tendrían motivo para acusarlo. 3Jesús dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Ponte de pie y colócate aquí en medio»., 4Después les preguntó: «¿Qué nos permite la Ley hacer en día sábado? ¿Hacer el bien o hacer daño? ¿Salvar una vida o matar?» Pero ellos se quedaron callados. 5Entonces Jesús paseó sobre ellos su mirada, enojado y muy apenado por su ceguera, y dijo al hombre: «Extiende la mano». El paralítico la extendió y su mano quedó sana. 6En cuanto a los fariseos, apenas salieron, fueron a juntarse con los partidarios de Herodes, buscando con ellos la forma de eliminar a Jesús.

 

(Mt 12,15; Lc 6,17)

 

7Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, 8de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de las tierras de Tiro y de Sidón, muchísima gente venía a verlo con sólo oír todo lo que hacía. 9Jesús mandó a sus discípulos que tuvieran lista una barca, para que toda aquella gente no lo atropellase. 10Pues al verlo sanar a tantos, todas las personas que sufrían de algún mal se le echaban encima para tocarlo. 11Incluso los espíritus malos, apenas lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». 12Pero él no quería que lo dieran a conocer, y los hacía callar.

 

LOS DOCE APÓSTOLES DE JESÚS (MT 10,1; LC 6,12)

 

13Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y se reunieron con él. 14Así instituyó a los Doce (a los que llamó también apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, 15dándoles poder para echar demonios. 16Estos son los Doce: Simón, a quien puso por nombre Pedro; 17Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes puso el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; 18Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo, 19y Judas Iscariote, el que después lo traicionó.

 

EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO (MT 12,24; LC 11,15; MT 9,34)

 

 

20Vuelto a casa, se juntó otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer. 21Al enterarse sus parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: «Se ha vuelto loco». 22Mientras tanto, unos maestros de la Ley que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebú, jefe de los demonios, y con su ayuda expulsa a los demonios». 23Jesús les pidió que se acercaran y empezó a enseñarles por medio de ejemplos: 24«¿Cómo puede Satanás echar a Satanás? Si una nación está con luchas internas, esa nación no podrá mantenerse en pie. 25Y si una familia está con divisiones internas, esa familia no podrá subsistir. 26De igual modo, si Satanás lucha contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, y pronto llegará su fin. 27La verdad es que nadie puede entrar en la casa del Fuerte y arrebatarle sus cosas si no lo amarra primero; entonces podrá saquear su casa. 28En verdad les digo: Se les perdonará todo a los hombres, ya sean pecados o blasfemias contra Dios, por muchos que sean. 29En cambio el que calumnie al Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón, pues se queda con un pecado que nunca lo dejará». 30Y justamente ése era su pecado cuando decían: Está poseído por un espíritu malo.

 

LA VERDADERA FAMILIA DE JESÚS (MT 12,46; LC 8,19)

 

31Entonces llegaron su madre y sus hermanos, se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. 32Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: «Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y preguntan por ti». 33Él les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» 34Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35Porque todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre».

 

CAPÍTULO 4

 

EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR (MT 13,1; LC 8,16)

 

1Otra vez Jesús se puso a enseñar a orillas del lago. Se le reunió tanta gente junto a él que tuvo que subir a una barca y sentarse en ella a alguna distancia, mientras toda la gente estaba en la orilla. 2Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o parábolas. Les enseñaba en esta forma: 3«Escuchen esto: El sembrador salió a sembrar. 4Al ir sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. 5Otra parte cayó entre piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy honda la tierra. 6Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían raíces, se secaron. 7Otras semillas cayeron entre espinos: los espinos crecieron y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. 8Otras semillas cayeron en tierra buena: brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras sesenta y otras cien. 9Y Jesús agregó: El que tenga oídos para oír, que escuche». 10Cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían se acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban aquellas parábolas. 11El les contestó: «A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera no les llegan más que parábolas. 12Y se verifican estas palabras: Por mucho que miran, no ven; por más que oyen no entienden; de otro modo se convertirían y recibirían el perdón». 13Jesús les dijo: «¿No entienden esta parábola? Entonces, ¿cómo comprenderán las demás? 14Lo que el sembrador siembra es la Palabra de Dios. 15Los que están a lo largo del camino cuando se siembra, son aquellos que escuchan la Palabra, pero en cuanto la reciben, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. 16Otros reciben la palabra como un terreno lleno de piedras. Apenas reciben la palabra, la aceptan con alegría; 17pero no se arraiga en ellos y no duran más que una temporada; en cuanto sobrevenga alguna prueba o persecución por causa de la Palabra, al momento caen. 18Otros la reciben como entre espinos; éstos han escuchado la Palabra, 19pero luego sobrevienen las preocupaciones de esta vida, las promesas engañosas de la riqueza y las demás pasiones, y juntas ahogan la Palabra, que no da fruto. 20Para otros se ha sembrado en tierra buena. Estos han escuchado la palabra, le han dado acogida y dan fruto: unos el treinta por uno, otros el sesenta y otros el ciento».

 

PARÁBOLA DE LA LÁMPARA Y DE LA MEDIDA (MT 10,26; LC 8,16)

 

21Jesús les dijo también: «Cuando llega la luz, ¿debemos ponerla bajo un macetero o debajo de la cama? ¿No la pondremos más bien sobre el candelero? 22No hay cosa secreta que no deba ser descubierta; y si algo ha sido ocultado, será sacado a la luz. 23El que tenga oídos para escuchar, que escuche». 24Les dijo también: «Presten atención a lo que escuchan. La medida con que ustedes midan, se usará para medir lo que reciban, y se les dará mucho más todavía. 25Sépanlo bien: al que produce se le dará más, y al que no produce se le quitará incluso lo que tiene».

 

LA SEMILLA QUE CRECE POR SÍ SOLA

 

26Jesús dijo además: «Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, 27y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. 28La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos. 29Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha».

 

EL GRANO DE MOSTAZA (MT 13,31; LC 13,18)

 

30Jesús les dijo también: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar? 31Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra, 32pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes, que los pájaros del cielo buscan refugio bajo su sombra». 33Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente. 34No les decía nada sin usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

JESÚS CALMA LA TEMPESTAD (MT 8,18; LC 8,22)

 

35Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla del lago». 36Despidieron a la gente y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas. 37De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua. 38Mientras tanto Jesús dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» 39El entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al mar: «Cállate, cálmate». El viento se apaciguó y siguió una gran calma. 40Después les dijo: «¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?» 41Pero ellos estaban muy asustados por lo ocurrido y se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

 

CAPÍTULO 5

 

EL ENDEMONIADO DE GERASA (MT 8,28; LC 8,26)

 

1Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos. 2Apenas había bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo. 3El hombre vivía entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. 5Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras. 6Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies. 7Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes». 8Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre». 9Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos». 10Y rogaban insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región. 11Había allí una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro. 12Los espíritus le rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos». Y Jesús se lo permitió. 13Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago. 14Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que había sucedido. 15Se acercaron Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de la Multitud, sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. 16Los testigos les contaron lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos, 17y ellos rogaban a Jesús que se alejara de sus tierras. 18Cuando Jesús subía a la barca, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió insistentemente que le permitiera irse con él. 19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti». 20El hombre se fue y empezó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos quedaban admirados.

 

JESÚS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO (MT 9,18; LC 8,40)

 

21Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. 22En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies 23suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo». 24Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía. 25Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años. 26Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor. 27Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. 28La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré». 29Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana. 30Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién me ha tocado la ropa?» 31Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?» 32Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. 33Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad». 35Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?» 36Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo, solamente ten fe». 37Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. 39Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida». 40Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña. 41Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!» 42La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí. 43Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.

 

CAPÍTULO 6

 

¿NO ES ÉSTE EL CARPINTERO? (MT 13,53; LC 4,16)

 

1Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. 2Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? 3Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. 4Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia». 5Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. 6Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer.

 

JESÚS ENVÍA A LOS DOCE (MT 10,1; LC 9,1; 10,1)

 

Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando. 7Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. 8Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero; 9que llevaran calzado corriente y un solo manto. 10Y les decía: «Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio. 11Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies: con esto darán testimonio contra ellos». 12Fueron, pues, a predicar, invitando a la conversión. 13Expulsaban a muchos espíritus malos y sanaban a numerosos enfermos, ungiéndoles con aceite.

 

LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA (MT 14,1; LC 9,7; 3,19)

 

14El rey Herodes oyó hablar de Jesús, ya que su nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes milagrosos». 15Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los antiguos profetas». 16Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan, al que le hice cortar la cabeza, que ha resucitado». 17En efecto, Herodes había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado. 18Pues Juan le decía: «No te está permitido tener a la mujer de tu hermano». 19Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, 20pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al oírlo. 21Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes principales de Galilea. 22En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». 23Y le prometió con juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». 24Salió ella a consultar a su madre: «¿Qué pido?» La madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista». 25Inmediatamente corrió a donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja». 26El rey se sintió muy molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados. 27Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza. 28Luego, trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre. 29Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.

 

JESÚS, PASTOR Y PROFETA

 

30Al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco». Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer. 32Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado. 33Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y llegaron antes que ellos. 34Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente.

 

LA PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MT 14,13; LC 9,10; JN 6,1)

 

35Se había hecho tarde. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Estamos en un lugar despoblado y ya se ha hecho tarde; 36despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los pueblos más cercanos y se compren algo de comer». 37Jesús les contestó: «Denles ustedes de comer». Ellos dijeron: «¿Y quieres que vayamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para dárselo?» 38Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Volvieron y le dijeron: «Hay cinco, y además hay dos pescados». 39Entonces les dijo que hicieran sentar a la gente en grupos sobre el pasto verde. 40Se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. 41Tomó Jesús los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Asimismo repartió los dos pescados entre todos. 42Comieron todos hasta saciarse; 43incluso se llenaron doce canastos con los pedazos de pan, sin contar lo que sobró de los pescados. 44Los que habían comido eran unos cinco mil hombres.

 

JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS (MT 14,22; JN 6,16)

 

45Inmediatamente Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo fueran a esperar a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despachaba a la gente. 46Jesús despidió, pues, a la gente, y luego se fue al cerro a orar. 47Al anochecer, la barca estaba en medio del lago y Jesús se había quedado solo en tierra. 48Jesús vio que sus discípulos iban agotados de tanto remar, pues el viento les era contrario, y antes de que terminara la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar, como si quisiera pasar de largo. 49Al verlo caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50pues todos estaban asustados al verlo así. Pero Jesús les habló: «Animo, no teman, que soy yo». 51Y subió a la barca con ellos. De inmediato se calmó el viento, con lo cual quedaron muy asombrados. 52Pues no habían entendido lo que había pasado con los panes, tenían la mente cerrada. 53Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y amarraron allí la barca. 54Apenas se bajaron, la gente lo reconoció, 55y corrieron a dar la noticia por toda aquella región. Empezaron a traer a los enfermos en sus camillas al lugar donde él estaba, 56y en todos los lugares adonde iba, pueblos, ciudades o aldeas, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar al menos el fleco de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos.

 

CAPÍTULO 7

 

LA VERDADERA PUREZA (MT 15,10; LC 6,39)

 

1Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. 2Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. 3Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. 4Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas. 5Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?» 6Jesús les contestó: «¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. 8Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres». 9Y Jesús añadió: «Ustedes dejan tranquilamente a un lado el mandato de Dios para imponer su propia tradición. 10Así, por ejemplo, Moisés dijo: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre, y también: El que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte. 11En cambio, según ustedes, alguien puede decir a su padre o a su madre: «Lo que podías esperar de mí es "consagrado", ya lo tengo reservado para el Templo». 12Y ustedes ya no dejan que esa persona ayude a sus padres. 13De este modo anulan la Palabra de Dios con una tradición que se transmiten, pero que es de ustedes. Y ustedes hacen además otras muchas cosas parecidas a éstas». 14Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: «Escúchenme todos y traten de entender. 15Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. 16El que tenga oídos, que escuche». 17Cuando Jesús se apartó de la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre lo que había dicho. 18El les respondió: «¿También ustedes están cerrados? ¿No comprenden que nada de lo que entra de fuera en una persona puede hacerla impura? 19Pues no entra en el corazón, sino que va al estómago primero y después al basural». 20Así Jesús declaraba que todos los alimentos son puros.

Y luego continuó: «Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. 21Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, 22infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. 23Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona».

 

JESÚS SANA A LA HIJA DE UNA EXTRANJERA (MT 15,21)

 

24Jesús decidió irse hacia las tierras de Tiro. Entró en una casa, y su intención era que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. 25Una mujer, cuya hija estaba en poder de un espíritu malo, se enteró de su venida y fue en seguida a arrodillarse a sus pies. 26Esta mujer era de habla griego y de raza sirofenicia, y pidió a Jesús que echara al demonio de su hija. 27Jesús le dijo: «Espera que se sacien los hijos primero, pues no está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos». 28Pero ella le respondió: «Señor, los perritos bajo la mesa comen las migajas que dejan caer los hijos». 29Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; por lo que has dicho el demonio ya ha salido de tu hija». 30Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama; el demonio se había ido.

 

CURACIÓN DE UN SORDOMUDO

 

31Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de la Decápolis. 32Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y le pidieron que le impusiera la mano. 33Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que quiere decir: «Abrete». 35Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. 36Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban. 37Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

 

CAPÍTULO 8

 

LA SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MT 15,32)

 

1En aquellos días se juntó otra vez muchísima gente, y no tenían nada que comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 2«Siento compasión por esta gente, pues hace ya tres días que están conmigo y no tienen nada para comer. 3Si los mando a sus casas sin comer, desfallecerán por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos». 4Sus discípulos le contestaron: «¿De dónde podemos sacar, en este lugar desierto, el pan que necesitan?» 5Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete». 6Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo y, tomando los siete panes, dio gracias, los partió y empezó a darlos a sus discípulos para que los repartieran. Ellos se los sirvieron a la gente. 7Tenían también algunos pescaditos. Jesús pronunció la bendición y mandó que también los repartieran. 8Todos comieron hasta saciarse, y de los pedazos que sobraron, recogieron siete cestos. 9Eran unos cuatro mil los que habían comido. Luego Jesús los despidió. 10En seguida subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

 

¿POR QUÉ ÉSTOS PIDEN UNA SEÑAL? (MT 16,1; LC 12,54)

 

11Vinieron los fariseos y empezaron a discutir con Jesús. Querían ponerlo en apuros, y esperaban de él una señal que viniera del Cielo. 12Jesús suspiró profundamente y exclamó: «¿Por qué esta gente pide una señal? Yo les digo que a esta gente no se le dará ninguna señal». 13Y dejándolos, subió a la barca y se fue al otro lado del lago. 14Los discípulos se habían olvidado de llevar panes, y tan sólo tenían un pan en la barca. 15De repente él les hizo esta advertencia: «Abran los ojos y cuídense tanto de la levadura de los fariseos como de la de Herodes». 16Se dijeron unos a otros: «La verdad es que no tenemos pan». 17Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué estos cuchicheos? ¿Porque no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Están ustedes tan cerrados que, 18teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen? ¿No recuerdan 19cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas? ¿Cuántos canastos llenos de pedazos recogieron?» Respondieron: «Doce». 20«Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántos cestos llenos de sobras recogieron?» Contestaron: «Siete». 21Entonces Jesús les dijo: «¿Y aún no entienden?».

 

EL CIEGO DE BETSAIDA

 

22Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron un ciego y le pidieron que lo tocara. 23Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera del pueblo. Después le mojó los ojos con saliva, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?» 24El ciego, que empezaba a ver, dijo: «Veo como árboles, pero deben ser gente, porque se mueven». 25Jesús le puso nuevamente las manos en los ojos, y el hombre se encontró con buena vista; se recuperó plenamente, y podía ver todo con claridad. 26Jesús, pues, lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

 

PEDRO PROCLAMA SU FE (MT 16,13; LC 9,18; JN 6,69)

 

27Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» 28Ellos contestaron: «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas». 29Entonces Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías». 30Pero Jesús les dijo con firmeza que no conversaran sobre él. 31Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que sería condenado a muerte y resucitaría a los tres días. 32Jesús hablaba de esto con mucha seguridad. Pedro, pues, lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. 33Pero Jesús, dándose la vuelta, vio muy cerca a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro y le dijo: «¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino de los hombres».

 

EL QUE QUIERA SEGUIRME, TOME SU CRUZ (MT 16,24; LC 9,23)

 

34Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. 35Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará. 36¿De qué le sirve a uno si ha ganado el mundo entero, pero se ha destruido a sí mismo? 37¿Qué podría dar para rescatarse a sí mismo? 38Yo les aseguro: Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de sus santos ángeles».

 

CAPÍTULO 9

 

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS (MT 17,1; LC 9,28)

 

1Jesús les dijo: «En verdad se lo digo: algunos de los que están aquí presentes no conocerán la muerte sin que ya hayan visto el Reino de Dios viniendo con poder». 2Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente. 3Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas. 4Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. 5Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 6En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. 7En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo». 8Y de pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos. 9Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. 10Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué querría decir eso de "resucitar de entre los muertos".

 

LA VUELTA DE ELÍAS

 

11Entonces le preguntaron: «¿No dicen los maestros de la Ley que Elías ha de venir primero?» 12Jesús les contestó: «Ya lo sabemos: Elías viene primero y deja todo reordenado. Pero, ¿por qué dicen las Escrituras que el Hijo del Hombre sufrirá mucho y será despreciado?» 13Yo se lo digo: Elías ya ha venido, e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como de él estaba escrito».

 

JESÚS SANA A UN JOVEN EPILÉPTICO (MT 17,14; LC 9,37; 17,6)

 

14Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron con un grupo de gente a su alrededor, y algunos maestros de la Ley discutían con ellos. 15La gente quedó sorprendida al ver a Jesús, y corrieron a saludarlo. 16El les preguntó: «¿Sobre qué discutían ustedes con ellos?» 17Y uno del gentío le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo. 18En cualquier momento el espíritu se apodera de él, lo tira al suelo y el niño echa espuma por la boca, rechina los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que echaran ese espíritu, pero no pudieron». 19Les respondió: «¡Qué generación tan incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho». 20Y se lo llevaron. Apenas vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al muchacho; cayó al suelo y se revolcaba echando espuma por la boca. 21Entonces Jesús preguntó al padre: «¿Desde cuándo le pasa esto?» 22Le contestó: «Desde niño. Y muchas veces el espíritu lo lanza al fuego y al agua para matarlo. Por eso, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos». 23Jesús le dijo: «¿Por qué dices "si puedes"? Todo es posible para el que cree». 24Al instante el padre gritó: «Creo, ¡pero ayuda mi poca fe!» 25Cuando Jesús vio que se amontonaba la gente, dijo al espíritu malo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo ordeno: sal del muchacho y no vuelvas a entrar en él». 26El espíritu malo gritó y sacudió violentamente al niño; después, dando un terrible chillido, se fue. El muchacho quedó como muerto, tanto que muchos decían que estaba muerto. 27Pero Jesús lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse, y el muchacho se puso de pie. 28Ya dentro de casa, sus discípulos le preguntaron en privado: «¿Por qué no pudimos expulsar nosotros a ese espíritu?» 29Y él les respondió: «Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración».

 

JESÚS ANUNCIA OTRA VEZ SU PASIÓN (MT 17,22; LC 9,43)

 

30Se marcharon de allí y se desplazaban por Galilea. Jesús quería que nadie lo supiera, 31