NUEVO TESTAMENTO
EVANGELIO SEGUN MARCOS
CAPÍTULO 1
1Este es el comienzo de la
Buena Nueva de Jesucristo (Hijo de Dios). 2En el libro del profeta Isaías
estaba escrito: «Ya estoy para enviar a mi mensajero delante de ti para que te
prepare el camino. 3Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del
Señor, enderecen sus senderos». 4Es así como Juan el Bautista empezó a bautizar en el
desierto. Allí predicaba bautismo y conversión, para alcanzar el perdón de los
pecados. 5Toda la provincia de
Judea y el pueblo de Jerusalén acudían a Juan para confesar sus pecados y ser
bautizados por él en el río Jordán. 6Además de la piel que tenía colgada
de la cintura, Juan no llevaba más que un manto hecho de pelo de camello. Su
comida eran langostas y miel silvestre. 7Juan proclamaba este mensaje:
«Detrás de mí viene uno con más poder que yo. Yo no soy digno de desatar la
correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él». 8Yo los he bautizado con
agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo». 9En aquellos días Jesús
vino de Nazaret, pueblo de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el río
Jordán. 10Al momento de salir del
agua, Jesús vio los Cielos abiertos: el Espíritu bajaba sobre él como lo hace
la paloma, 11mientras se escuchaban estas palabras del Cielo: «Tú eres mi Hijo, el
Amado, mi Elegido». 12En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. 13Estuvo cuarenta días en
el desierto y fue tentado por Satanás. Vivía entre los animales salvajes y los
ángeles le servían.
JESÚS LLAMA A SUS CUATRO
PRIMEROS DISCÍPULOS (MT 4,12; LC 4,14)
14Después de que tomaron
preso a Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. 15Decía: «El tiempo se ha
cumplido, el Reino de Dios está cerca. Cambien sus caminos y crean en la Buena
Nueva». 16Mientras Jesús pasaba por
la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las
redes en el mar, pues eran pescadores. 17Jesús les dijo: «Síganme y yo los
haré pescadores de hombres». 18Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron. 19Un poco más allá Jesús
vio a Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan, que estaban en su barca
arreglando las redes. 20Jesús también los llamó, y ellos, dejando a su padre
Zebedeo en la barca con los ayudantes, lo siguieron.
JESÚS ENSEÑA Y SANA A UN
ENDEMONIADO (LC 4,31; MT 7,28)
21Llegaron a Cafarnaún, y
Jesús empezó a enseñar en la sinagoga durante las asambleas del día sábado. 22Su manera de enseñar
impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad, y no
como los maestros de la Ley. 23Entró en aquella sinagoga un hombre que estaba en
poder de un espíritu malo, y se puso a gritar: 24«¿Qué quieres con nosotros, Jesús de
Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé que tú eres el Santo de Dios». 25Jesús le hizo frente con
autoridad: 26«¡Cállate y sal de ese hombre!» El espíritu malo revolcó al hombre en
el suelo y lanzó un grito tremendo, pero luego salió de él. 27El asombro de todos fue
tan grande que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? Una doctrina nueva,
y ¡con qué autoridad! Miren cómo da órdenes a los espíritus malos ¡y le
obedecen!» 28Así fue como la fama de Jesús se extendió por todo el territorio de
Galilea.
NUMEROSAS CURACIONES (MT
8,14; LC 4,38)
29Al salir de la Sinagoga,
Jesús fue a la casa de Simón y Andrés con Santiago y Juan. 30La suegra de Simón estaba
en cama con fiebre, por lo que en seguida le hablaron de ella. 31Jesús se acercó y,
tomándola de la mano, la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a atenderlos.
32Antes del atardecer,
cuando se ponía el sol, empezaron a traer a Jesús todos los enfermos y personas
poseídas por espíritus malos. 33El pueblo entero estaba reunido ante la puerta. 34Jesús sanó a muchos
enfermos con dolencias de toda clase y expulsó muchos demonios; pero no los
dejaba hablar, pues sabían quién era.
ORACIÓN NOCTURNA DE JESÚS
(LC 4,42)
35De madrugada, cuando
todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar
solitario. Allí se puso a orar. 36Simón y sus compañeros fueron a buscarlo, 37y cuando lo encontraron
le dijeron: «Todos te están buscando». 38Él les contestó: «Vámonos a los
pueblecitos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he salido». 39Y Jesús empezó a visitar
las Casas de oración de aquella gente, recorriendo toda Galilea. Predicaba y
expulsaba a los demonios.
CURACIÓN DE UN LEPROSO
(MT 8,2; LC 5,12)
40Se le acercó un leproso,
que se arrodilló ante él y le suplicó : «Si tú quieres, puedes limpiarme». 41Sintiendo compasión,
Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». 42Al instante se le quitó
la lepra y quedó sano. 43Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: 44«No cuentes esto a nadie,
pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que
ordena la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacer tu declaración». Pero el
hombre, en cuanto se fue, empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido, 45de tal manera que Jesús
ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras,
en lugares solitarios. Pero la gente venía a él de todas partes.
CAPÍTULO 2
JESÚS SANA A UN
PARALÍTICO DE SU PECADO Y DE SU ENFERMEDAD
(MT 9,1; LC 5,17)
1Tiempo después, Jesús
volvió a Cafarnaún. Apenas corrió la noticia de que estaba en casa, 2se reunió tanta gente que
no quedaba sitio ni siquiera a la puerta. 3Y mientras Jesús les anunciaba la
Palabra, cuatro hombres le trajeron un paralítico que llevaban tendido en una
camilla. 4Como no podían acercarlo
a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el
boquete bajaron al enfermo en su camilla. 5Al ver la fe de aquella gente, Jesús
dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados». 6Estaban allí sentados
algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior: 7«¿Cómo puede decir eso?
Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» 8Pero Jesús supo en su
espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? 9¿Qué es más fácil decir a
este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu
camilla y anda? 10Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra
poder para perdonar pecados». 11Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y
vete a tu casa». El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó
con su camilla y se fue. 12La gente quedó asombrada, y todos glorificaban a Dios
diciendo: «Nunca hemos visto nada parecido».
HE VENIDO A LLAMAR A LOS
PECADORES (MT 9,9; LC 5,27)
13Jesús salió otra vez por
las orillas del lago; todo el mundo venía a verlo y él les enseñaba. 14Mientras caminaba, vio a
un cobrador de impuestos sentado en su despacho. Era Leví, hijo de Alfeo. Jesús
le dijo: «Sígueme». Y él se levantó y lo siguió. 15Jesús estuvo comiendo en la casa de
Leví, y algunos cobradores de impuestos y pecadores estaban sentados a la mesa
con Jesús y sus discípulos; en realidad eran un buen número. Pero también
seguían a Jesús 16maestros de la Ley del grupo de los fariseos y, al verlo sentado a la
misma mesa con pecadores y cobradores de impuestos, dijeron a los discípulos:
«¿Qué es esto? ¡Está comiendo con publicanos y pecadores!» 17Jesús los oyó y les dijo:
«No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a
llamar a justos, sino a pecadores».
EL VINO NUEVO EN CUEROS
NUEVOS (MT 9,14; LC 5,33)
18Un día estaban ayunando
los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos. Algunas personas vinieron a
preguntar a Jesús: «Los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan; ¿por
qué no lo hacen los tuyos?» 19Jesús les contestó: ¿«Quieren ustedes que los compañeros
del novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con
ellos, claro que no pueden ayunar. 20Pero llegará el momento en que se
les arrebatará el novio, y entonces ayunarán. 21Nadie remienda un vestido viejo con
un pedazo de género nuevo, porque la tela nueva encoge, tira de la tela vieja,
y se hace más grande la rotura. 22Y nadie echa vino nuevo en envases de cuero viejos,
porque el vino haría reventar los envases y se echarían a perder el vino y los
envases. ¡A vino nuevo, envases nuevos!».
(Mt 12,1; Lc 6,1)
23Un sábado Jesús pasaba
por unos sembrados con sus discípulos. Mientras caminaban, los discípulos
empezaron a desgranar espigas en sus manos. 24Los fariseos dijeron a Jesús: «Mira
lo que están haciendo; esto está prohibido en día sábado». 25El les dijo: «¿Nunca han
leído ustedes lo que hizo David cuando sintió necesidad y hambre, y también su
gente? 26Entró en la Casa de Dios,
siendo sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la ofrenda, que sólo pueden
comer los sacerdotes; y les dio también a los que estaban con él». 27Y Jesús concluyó: «El
sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. 28Sepan, pues, que el Hijo
del Hombre, también es dueño del sábado».
CAPÍTULO 3
CURACIÓN DEL HOMBRE DE LA
MANO SECA (LC 6,6; MT 12,9; LC 14,1)
1Otro día entró Jesús en
la sinagoga y se encontró con un hombre que tenía la mano paralizada. 2Pero algunos estaban
observando para ver si lo sanaba Jesús en día sábado. Con esto tendrían motivo
para acusarlo. 3Jesús
dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Ponte de pie y colócate aquí en
medio»., 4Después les preguntó:
«¿Qué nos permite la Ley hacer en día sábado? ¿Hacer el bien o hacer daño?
¿Salvar una vida o matar?» Pero ellos se quedaron callados. 5Entonces Jesús paseó
sobre ellos su mirada, enojado y muy apenado por su ceguera, y dijo al hombre:
«Extiende la mano». El paralítico la extendió y su mano quedó sana. 6En cuanto a los fariseos,
apenas salieron, fueron a juntarse con los partidarios de Herodes, buscando con
ellos la forma de eliminar a Jesús.
(Mt 12,15; Lc 6,17)
7Jesús se retiró con sus
discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
También de Judea, 8de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de las
tierras de Tiro y de Sidón, muchísima gente venía a verlo con sólo oír todo lo
que hacía. 9Jesús
mandó a sus discípulos que tuvieran lista una barca, para que toda aquella
gente no lo atropellase. 10Pues al verlo sanar a tantos, todas las personas que
sufrían de algún mal se le echaban encima para tocarlo. 11Incluso los espíritus malos,
apenas lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».
12Pero él no quería que lo
dieran a conocer, y los hacía callar.
LOS DOCE APÓSTOLES DE
JESÚS (MT 10,1; LC 6,12)
13Jesús subió al monte y
llamó a los que él quiso, y se reunieron con él. 14Así instituyó a los Doce (a los que
llamó también apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a
predicar, 15dándoles poder para echar
demonios. 16Estos son los Doce:
Simón, a quien puso por nombre Pedro; 17Santiago y su hermano Juan, hijos de
Zebedeo, a quienes puso el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del
trueno; 18Andrés, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo, 19y Judas Iscariote, el que
después lo traicionó.
EL PECADO CONTRA EL
ESPÍRITU SANTO (MT 12,24; LC 11,15; MT 9,34)
20Vuelto a casa, se juntó
otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer. 21Al enterarse sus
parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían:
«Se ha vuelto loco». 22Mientras tanto, unos maestros de la Ley que habían venido
de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebú, jefe de los demonios, y con su
ayuda expulsa a los demonios». 23Jesús les pidió que se acercaran y empezó a
enseñarles por medio de ejemplos: 24«¿Cómo puede Satanás echar a
Satanás? Si una nación está con luchas internas, esa nación no podrá mantenerse
en pie. 25Y si una familia está con
divisiones internas, esa familia no podrá subsistir. 26De igual modo, si Satanás
lucha contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, y pronto llegará su
fin. 27La verdad es que nadie
puede entrar en la casa del Fuerte y arrebatarle sus cosas si no lo amarra
primero; entonces podrá saquear su casa. 28En verdad les digo: Se les perdonará
todo a los hombres, ya sean pecados o blasfemias contra Dios, por muchos que
sean. 29En cambio el que calumnie
al Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón, pues se queda con un pecado que
nunca lo dejará». 30Y justamente ése era su pecado cuando decían: Está poseído
por un espíritu malo.
LA VERDADERA FAMILIA DE
JESÚS (MT 12,46; LC 8,19)
31Entonces llegaron su
madre y sus hermanos, se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. 32Como era mucha la gente
sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: «Tu madre, tus hermanos
y tus hermanas están fuera y preguntan por ti». 33Él les contestó: «¿Quiénes son mi
madre y mis hermanos?» 34Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo:
«Estos son mi madre y mis hermanos. 35Porque todo el que hace la voluntad
de Dios es hermano mío y hermana y madre».
CAPÍTULO 4
EL SEMBRADOR SALIÓ A
SEMBRAR (MT 13,1; LC 8,16)
1Otra vez Jesús se puso a
enseñar a orillas del lago. Se le reunió tanta gente junto a él que tuvo que
subir a una barca y sentarse en ella a alguna distancia, mientras toda la gente
estaba en la orilla. 2Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o
parábolas. Les enseñaba en esta forma: 3«Escuchen esto: El sembrador salió a
sembrar. 4Al ir sembrando, una
parte de la semilla cayó a lo largo del camino, vinieron los pájaros y se la
comieron. 5Otra parte cayó entre
piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no
estar muy honda la tierra. 6Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían
raíces, se secaron. 7Otras semillas cayeron entre espinos: los espinos crecieron
y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. 8Otras semillas cayeron en tierra
buena: brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras sesenta y otras
cien. 9Y Jesús agregó: El que
tenga oídos para oír, que escuche». 10Cuando toda la gente se retiró, los
que lo seguían se acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban
aquellas parábolas. 11El les contestó: «A ustedes se les ha dado el misterio del
Reino de Dios, pero a los que están fuera no les llegan más que parábolas. 12Y se verifican estas
palabras: Por mucho que miran, no ven; por más que oyen no entienden; de otro
modo se convertirían y recibirían el perdón». 13Jesús les dijo: «¿No entienden esta
parábola? Entonces, ¿cómo comprenderán las demás? 14Lo que el sembrador siembra es la
Palabra de Dios. 15Los que están a lo largo del camino cuando se siembra, son
aquellos que escuchan la Palabra, pero en cuanto la reciben, viene Satanás y se
lleva la palabra sembrada en ellos. 16Otros reciben la palabra como un
terreno lleno de piedras. Apenas reciben la palabra, la aceptan con alegría; 17pero no se arraiga en
ellos y no duran más que una temporada; en cuanto sobrevenga alguna prueba o
persecución por causa de la Palabra, al momento caen. 18Otros la reciben como
entre espinos; éstos han escuchado la Palabra, 19pero luego sobrevienen las
preocupaciones de esta vida, las promesas engañosas de la riqueza y las demás
pasiones, y juntas ahogan la Palabra, que no da fruto. 20Para otros se ha sembrado
en tierra buena. Estos han escuchado la palabra, le han dado acogida y dan
fruto: unos el treinta por uno, otros el sesenta y otros el ciento».
PARÁBOLA DE LA LÁMPARA Y
DE LA MEDIDA (MT 10,26; LC 8,16)
21Jesús les dijo también:
«Cuando llega la luz, ¿debemos ponerla bajo un macetero o debajo de la cama?
¿No la pondremos más bien sobre el candelero? 22No hay cosa secreta que no deba ser
descubierta; y si algo ha sido ocultado, será sacado a la luz. 23El que tenga oídos para
escuchar, que escuche». 24Les dijo también: «Presten atención a lo que escuchan. La
medida con que ustedes midan, se usará para medir lo que reciban, y se les dará
mucho más todavía. 25Sépanlo bien: al que produce se le dará más, y al que no
produce se le quitará incluso lo que tiene».
LA SEMILLA QUE CRECE POR
SÍ SOLA
26Jesús dijo además:
«Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en
la tierra, 27y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y
crece, sin que él sepa cómo. 28La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba,
luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos. 29Y cuando el grano está
maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha».
EL GRANO DE MOSTAZA (MT
13,31; LC 13,18)
30Jesús les dijo también:
«¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar?
31Es semejante a una
semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que
se echan en la tierra, 32pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas
las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes, que los pájaros del
cielo buscan refugio bajo su sombra». 33Jesús usaba muchas parábolas como
éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente. 34No les decía nada sin
usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
JESÚS CALMA LA TEMPESTAD
(MT 8,18; LC 8,22)
35Al atardecer de aquel
mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla del lago». 36Despidieron a la gente y
lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas. 37De pronto se levantó un
gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de
agua. 38Mientras tanto Jesús
dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te
importa que nos hundamos?» 39El entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al
mar: «Cállate, cálmate». El viento se apaciguó y siguió una gran calma. 40Después les dijo: «¿Por
qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?» 41Pero ellos estaban muy asustados por
lo ocurrido y se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento
y el mar le obedecen?»
CAPÍTULO 5
EL ENDEMONIADO DE GERASA
(MT 8,28; LC 8,26)
1Llegaron a la otra orilla
del lago, que es la región de los gerasenos. 2Apenas había bajado Jesús de la
barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues
estaba poseído por un espíritu malo. 3El hombre vivía entre los sepulcros,
y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4Varias veces lo habían amarrado con
grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y
nadie lograba dominarlo. 5Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros,
gritando y lastimándose con piedras. 6Al divisar a Jesús, fue corriendo y
se echó de rodillas a sus pies. 7Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo
del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes». 8Es que Jesús le había
dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre». 9Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te
llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos». 10Y rogaban insistentemente
a Jesús que no los echara de aquella región. 11Había allí una gran piara de cerdos
comiendo al pie del cerro. 12Los espíritus le rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos
entrar en los cerdos». Y Jesús se lo permitió. 13Entonces los espíritus malos
salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se
arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron
en el lago. 14Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la
ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que había
sucedido. 15Se acercaron Jesús y
vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de la Multitud,
sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. 16Los testigos les contaron
lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos, 17y ellos rogaban a Jesús que se
alejara de sus tierras. 18Cuando Jesús subía a la barca, el hombre que había tenido
el espíritu malo le pidió insistentemente que le permitiera irse con él. 19Pero Jesús no se lo
permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el
Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti». 20El hombre se fue y empezó
a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y
todos quedaban admirados.
JESÚS RESUCITA A LA HIJA
DE JAIRO (MT 9,18; LC 8,40)
21Jesús, entonces, atravesó
el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la
playa en torno a él. 22En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al
ver a Jesús, se postró a sus pies 23suplicándole: «Mi hija está
agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga
viviendo». 24Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo
oprimía. 25Se encontraba allí una
mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años. 26Había sufrido mucho en
manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de
mejorar, estaba cada vez peor. 27Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó
por detrás entre la gente y le tocó el manto. 28La mujer pensaba: «Si logro tocar,
aunque sólo sea su ropa, sanaré». 29Al momento cesó su hemorragia y
sintió en su cuerpo que estaba sana. 30Pero Jesús se dio cuenta de que un
poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó:
«¿Quién me ha tocado la ropa?» 31Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime
toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?» 32Pero él seguía mirando a su
alrededor para ver quién le había tocado. 33Entonces la mujer, que sabía muy
bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó
toda la verdad. 34Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de
tu enfermedad». 35Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del
oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar
ya al Maestro?» 36Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo,
solamente ten fe». 37Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y
Juan, el hermano de Santiago. 38Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un
gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. 39Jesús entró y les dijo: «¿Por qué
este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida». 40Y se burlaban de él. Pero
Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que
venían con él, y entró donde estaba la niña. 41Tomándola de la mano, dijo a la
niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!» 42La jovencita se levantó
al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande!
Quedaron fuera de sí. 43Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a
nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.
CAPÍTULO 6
¿NO ES ÉSTE EL
CARPINTERO? (MT 13,53; LC 4,16)
1Al irse Jesús de allí,
volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. 2Cuando llegó el sábado,
se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se
preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que
ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? 3Pero no es más que el
carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y
Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo
reconocían. 4Jesús
les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra,
entre su parentela y en su propia familia». 5Y no pudo hacer allí ningún milagro.
Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. 6Jesús se admiraba de cómo
se negaban a creer.
JESÚS ENVÍA A LOS DOCE
(MT 10,1; LC 9,1; 10,1)
Jesús recorría todos los
pueblos de los alrededores enseñando. 7Llamó a los Doce y comenzó a
enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. 8Les ordenó que no
llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero;
9que llevaran calzado
corriente y un solo manto. 10Y les decía: «Quédense en la primera casa en que les den
alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio. 11Y si en algún lugar no los reciben
ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies:
con esto darán testimonio contra ellos». 12Fueron, pues, a predicar, invitando
a la conversión. 13Expulsaban a muchos espíritus malos y sanaban a numerosos
enfermos, ungiéndoles con aceite.
LA MUERTE DE JUAN
BAUTISTA (MT 14,1; LC 9,7; 3,19)
14El rey Herodes oyó hablar
de Jesús, ya que su nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan
el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él
poderes milagrosos». 15Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los
antiguos profetas». 16Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan, al que
le hice cortar la cabeza, que ha resucitado». 17En efecto, Herodes había mandado
tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de
Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado. 18Pues Juan le decía: «No
te está permitido tener a la mujer de tu hermano». 19Herodías lo odiaba y
quería matarlo, pero no podía, 20pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y
santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto,
aunque quedaba muy perplejo al oírlo. 21Herodías tuvo su oportunidad cuando
Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales
y a los personajes principales de Galilea. 22En esa ocasión entró la hija de
Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo
a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». 23Y le prometió con
juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». 24Salió ella a consultar a
su madre: «¿Qué pido?» La madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista». 25Inmediatamente corrió a
donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan
el Bautista en una bandeja». 26El rey se sintió muy molesto, pero no quiso
negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados.
27Ordenó, pues, a un
verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la
cabeza. 28Luego, trayéndola en una
bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre. 29Cuando la noticia llegó a
los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.
JESÚS, PASTOR Y PROFETA
30Al volver los apóstoles a
donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31Jesús les dijo: «Vámonos
aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco». Porque eran tantos los que
iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer. 32Y se fueron solos en una
barca a un lugar despoblado. 33Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en
la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue
corriendo y llegaron antes que ellos. 34Al desembarcar, Jesús vio toda
aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin
pastor. Y se puso a enseñarles largamente.
LA PRIMERA MULTIPLICACIÓN
DE LOS PANES (MT 14,13; LC 9,10; JN 6,1)
35Se había hecho tarde. Los
discípulos se le acercaron y le dijeron: «Estamos en un lugar despoblado y ya
se ha hecho tarde; 36despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los
pueblos más cercanos y se compren algo de comer». 37Jesús les contestó: «Denles ustedes
de comer». Ellos dijeron: «¿Y quieres que vayamos nosotros a comprar doscientos
denarios de pan para dárselo?» 38Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan
a ver». Volvieron y le dijeron: «Hay cinco, y además hay dos pescados». 39Entonces les dijo que
hicieran sentar a la gente en grupos sobre el pasto verde. 40Se acomodaron en grupos
de cien y de cincuenta. 41Tomó Jesús los cinco panes y los dos pescados, levantó los
ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los
discípulos para que se los sirvieran a la gente. Asimismo repartió los dos
pescados entre todos. 42Comieron todos hasta saciarse; 43incluso se llenaron doce
canastos con los pedazos de pan, sin contar lo que sobró de los pescados. 44Los que habían comido
eran unos cinco mil hombres.
JESÚS CAMINA SOBRE LAS
AGUAS (MT 14,22; JN 6,16)
45Inmediatamente Jesús
obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo fueran a esperar a
Betsaida, en la otra orilla, mientras él despachaba a la gente. 46Jesús despidió, pues, a
la gente, y luego se fue al cerro a orar. 47Al anochecer, la barca estaba en
medio del lago y Jesús se había quedado solo en tierra. 48Jesús vio que sus
discípulos iban agotados de tanto remar, pues el viento les era contrario, y
antes de que terminara la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar, como si
quisiera pasar de largo. 49Al verlo caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma
y se pusieron a gritar, 50pues todos estaban asustados al verlo así. Pero Jesús les
habló: «Animo, no teman, que soy yo». 51Y subió a la barca con ellos. De
inmediato se calmó el viento, con lo cual quedaron muy asombrados. 52Pues no habían entendido
lo que había pasado con los panes, tenían la mente cerrada. 53Terminada la travesía,
llegaron a Genesaret y amarraron allí la barca. 54Apenas se bajaron, la gente lo
reconoció, 55y corrieron a dar la noticia por toda aquella región. Empezaron a traer
a los enfermos en sus camillas al lugar donde él estaba, 56y en todos los lugares
adonde iba, pueblos, ciudades o aldeas, ponían a los enfermos en las plazas y
le rogaban que les dejara tocar al menos el fleco de su manto. Y todos los que
lo tocaban quedaban sanos.
CAPÍTULO 7
LA VERDADERA PUREZA (MT
15,10; LC 6,39)
1Los fariseos se juntaron
en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de
Jerusalén. 2Esta
gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con
manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. 3Porque los fariseos, al
igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus
mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. 4Tampoco comen nada al
volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las
tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y
bandejas. 5Por eso los fariseos y
maestros de la Ley le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la
tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?» 6Jesús les contestó: «¡Qué
bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes
Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón
está lejos de mí. 7El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que
enseñan no son más que mandatos de hombres. 8Ustedes descuidan el mandamiento de
Dios por aferrarse a tradiciones de hombres». 9Y Jesús añadió: «Ustedes dejan
tranquilamente a un lado el mandato de Dios para imponer su propia tradición. 10Así, por ejemplo, Moisés
dijo: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre, y también: El que maldiga
a su padre o a su madre es reo de muerte. 11En cambio, según ustedes, alguien
puede decir a su padre o a su madre: «Lo que podías esperar de mí es
"consagrado", ya lo tengo reservado para el Templo». 12Y ustedes ya no dejan que
esa persona ayude a sus padres. 13De este modo anulan la Palabra de Dios con una
tradición que se transmiten, pero que es de ustedes. Y ustedes hacen además
otras muchas cosas parecidas a éstas». 14Jesús volvió a llamar a la gente y
empezó a decirles: «Escúchenme todos y traten de entender. 15Ninguna cosa que de fuera
entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es
lo que sale de ella. 16El que tenga oídos, que escuche». 17Cuando Jesús se apartó de
la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre lo que había
dicho. 18El les respondió:
«¿También ustedes están cerrados? ¿No comprenden que nada de lo que entra de fuera
en una persona puede hacerla impura? 19Pues no entra en el corazón, sino
que va al estómago primero y después al basural». 20Así Jesús declaraba que todos los
alimentos son puros.
Y luego continuó: «Lo que
hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. 21Los pensamientos malos
salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos,
asesinatos, 22infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia,
injuria, orgullo y falta de sentido moral. 23Todas estas maldades salen de dentro
y hacen impura a la persona».
JESÚS SANA A LA HIJA DE
UNA EXTRANJERA (MT 15,21)
24Jesús decidió irse hacia
las tierras de Tiro. Entró en una casa, y su intención era que nadie lo
supiera, pero no logró pasar inadvertido. 25Una mujer, cuya hija estaba en poder
de un espíritu malo, se enteró de su venida y fue en seguida a arrodillarse a
sus pies. 26Esta mujer era de habla
griego y de raza sirofenicia, y pidió a Jesús que echara al demonio de su hija.
27Jesús le dijo: «Espera
que se sacien los hijos primero, pues no está bien tomar el pan de los hijos
para echárselo a los perritos». 28Pero ella le respondió: «Señor, los perritos bajo la
mesa comen las migajas que dejan caer los hijos». 29Entonces Jesús le dijo: «Puedes
irte; por lo que has dicho el demonio ya ha salido de tu hija». 30Cuando la mujer llegó a
su casa, encontró a la niña acostada en la cama; el demonio se había ido.
CURACIÓN DE UN SORDOMUDO
31Saliendo de las tierras
de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al
territorio de la Decápolis. 32Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y
le pidieron que le impusiera la mano. 33Jesús lo apartó de la gente, le
metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34En seguida levantó los
ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que quiere decir: «Abrete». 35Al instante se le
abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar
correctamente. 36Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía,
tanto más ellos lo publicaban. 37Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo
ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
CAPÍTULO 8
LA SEGUNDA MULTIPLICACIÓN
DE LOS PANES (MT 15,32)
1En aquellos días se juntó
otra vez muchísima gente, y no tenían nada que comer. Jesús llamó a sus
discípulos y les dijo: 2«Siento compasión por esta gente, pues hace ya tres días
que están conmigo y no tienen nada para comer. 3Si los mando a sus casas sin comer, desfallecerán
por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos». 4Sus discípulos le
contestaron: «¿De dónde podemos sacar, en este lugar desierto, el pan que
necesitan?» 5Jesús
les preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete». 6Entonces mandó a la gente
que se sentara en el suelo y, tomando los siete panes, dio gracias, los partió
y empezó a darlos a sus discípulos para que los repartieran. Ellos se los
sirvieron a la gente. 7Tenían también algunos pescaditos. Jesús pronunció la bendición
y mandó que también los repartieran. 8Todos comieron hasta saciarse, y de
los pedazos que sobraron, recogieron siete cestos. 9Eran unos cuatro mil los
que habían comido. Luego Jesús los despidió. 10En seguida subió a la barca con sus
discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
¿POR QUÉ ÉSTOS PIDEN UNA
SEÑAL? (MT 16,1; LC 12,54)
11Vinieron los fariseos y
empezaron a discutir con Jesús. Querían ponerlo en apuros, y esperaban de él
una señal que viniera del Cielo. 12Jesús suspiró profundamente y exclamó: «¿Por qué esta
gente pide una señal? Yo les digo que a esta gente no se le dará ninguna
señal». 13Y dejándolos, subió a la
barca y se fue al otro lado del lago. 14Los discípulos se habían olvidado de
llevar panes, y tan sólo tenían un pan en la barca. 15De repente él les hizo
esta advertencia: «Abran los ojos y cuídense tanto de la levadura de los
fariseos como de la de Herodes». 16Se dijeron unos a otros: «La verdad es que no tenemos
pan». 17Jesús se dio cuenta y les
dijo: «¿Por qué estos cuchicheos? ¿Porque no tienen pan? ¿Todavía no entienden
ni se dan cuenta? ¿Están ustedes tan cerrados que, 18teniendo ojos no ven y
teniendo oídos no oyen? ¿No recuerdan 19cuando repartí cinco panes entre
cinco mil personas? ¿Cuántos canastos llenos de pedazos recogieron?»
Respondieron: «Doce». 20«Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil,
¿cuántos cestos llenos de sobras recogieron?» Contestaron: «Siete». 21Entonces Jesús les dijo:
«¿Y aún no entienden?».
EL CIEGO DE BETSAIDA
22Cuando llegaron a
Betsaida, le trajeron un ciego y le pidieron que lo tocara. 23Jesús tomó al ciego de la
mano y lo llevó fuera del pueblo. Después le mojó los ojos con saliva, le
impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?» 24El ciego, que empezaba a ver, dijo:
«Veo como árboles, pero deben ser gente, porque se mueven». 25Jesús le puso nuevamente
las manos en los ojos, y el hombre se encontró con buena vista; se recuperó
plenamente, y podía ver todo con claridad. 26Jesús, pues, lo mandó a su casa,
diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».
PEDRO PROCLAMA SU FE (MT
16,13; LC 9,18; JN 6,69)
27Salió Jesús con sus
discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino les
preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» 28Ellos contestaron: «Algunos dicen
que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas». 29Entonces Jesús les
preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro le contestó: «Tú eres el
Mesías». 30Pero Jesús les dijo con
firmeza que no conversaran sobre él. 31Luego comenzó a enseñarles que el
Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes
de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que sería condenado a muerte y
resucitaría a los tres días. 32Jesús hablaba de esto con mucha seguridad. Pedro,
pues, lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. 33Pero Jesús, dándose la vuelta, vio
muy cerca a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro y le dijo: «¡Pasa detrás
de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino de los hombres».
EL QUE QUIERA SEGUIRME,
TOME SU CRUZ (MT 16,24; LC 9,23)
34Luego Jesús llamó a sus
discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie
a sí mismo, tome su cruz y me siga. 35Pues el que quiera asegurar su vida
la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la
salvará. 36¿De qué le sirve a uno si
ha ganado el mundo entero, pero se ha destruido a sí mismo? 37¿Qué podría dar para
rescatarse a sí mismo? 38Yo les aseguro: Si alguno se avergüenza de mí y de mis
palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del
Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de
sus santos ángeles».
CAPÍTULO 9
LA TRANSFIGURACIÓN DE
JESÚS (MT 17,1; LC 9,28)
1Jesús les dijo: «En
verdad se lo digo: algunos de los que están aquí presentes no conocerán la
muerte sin que ya hayan visto el Reino de Dios viniendo con poder». 2Seis días después, Jesús
tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos a un monte
alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente. 3Incluso sus ropas se
volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de
blanquearlas. 4Y
se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. 5Pedro tomó la palabra y
dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas:
una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». 6En realidad no sabía lo que decía,
porque estaban aterrados. 7En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y
desde la nube llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo».
8Y de pronto, mirando a su
alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos. 9Cuando bajaban del cerro,
les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del
Hombre resucitara de entre los muertos. 10Ellos guardaron el secreto, aunque
se preguntaban unos a otros qué querría decir eso de "resucitar de entre
los muertos".
LA VUELTA DE ELÍAS
11Entonces le preguntaron:
«¿No dicen los maestros de la Ley que Elías ha de venir primero?» 12Jesús les contestó: «Ya
lo sabemos: Elías viene primero y deja todo reordenado. Pero, ¿por qué dicen
las Escrituras que el Hijo del Hombre sufrirá mucho y será despreciado?» 13Yo se lo digo: Elías ya
ha venido, e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como de él estaba
escrito».
JESÚS SANA A UN JOVEN
EPILÉPTICO (MT 17,14; LC 9,37; 17,6)
14Cuando volvieron a donde
estaban los otros discípulos, los encontraron con un grupo de gente a su
alrededor, y algunos maestros de la Ley discutían con ellos. 15La gente quedó
sorprendida al ver a Jesús, y corrieron a saludarlo. 16El les preguntó: «¿Sobre
qué discutían ustedes con ellos?» 17Y uno del gentío le respondió:
«Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo. 18En cualquier momento el
espíritu se apodera de él, lo tira al suelo y el niño echa espuma por la boca,
rechina los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que echaran
ese espíritu, pero no pudieron». 19Les respondió: «¡Qué generación tan incrédula! ¿Hasta
cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?
Tráiganme al muchacho». 20Y se lo llevaron. Apenas vio a Jesús, el espíritu sacudió
violentamente al muchacho; cayó al suelo y se revolcaba echando espuma por la
boca. 21Entonces Jesús preguntó
al padre: «¿Desde cuándo le pasa esto?» 22Le contestó: «Desde niño. Y muchas
veces el espíritu lo lanza al fuego y al agua para matarlo. Por eso, si puedes
hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos». 23Jesús le dijo: «¿Por qué
dices "si puedes"? Todo es posible para el que cree». 24Al instante el padre
gritó: «Creo, ¡pero ayuda mi poca fe!» 25Cuando Jesús vio que se amontonaba
la gente, dijo al espíritu malo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo ordeno: sal
del muchacho y no vuelvas a entrar en él». 26El espíritu malo gritó y sacudió
violentamente al niño; después, dando un terrible chillido, se fue. El muchacho
quedó como muerto, tanto que muchos decían que estaba muerto. 27Pero Jesús lo tomó de la
mano y le ayudó a levantarse, y el muchacho se puso de pie. 28Ya dentro de casa, sus
discípulos le preguntaron en privado: «¿Por qué no pudimos expulsar nosotros a
ese espíritu?» 29Y él les respondió: «Esta clase de demonios no puede echarse sino
mediante la oración».
JESÚS ANUNCIA OTRA VEZ SU
PASIÓN (MT 17,22; LC 9,43)
30Se marcharon de allí y se
desplazaban por Galilea. Jesús quería que nadie lo supiera, 31porque iba enseñando a
sus discípulos. Y les decía: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de
los hombres y lo harán morir, pero tres días después de su muerte resucitará». 32De todos modos los
discípulos no entendían lo que les hablaba, y tenían miedo de preguntarle qué
quería decir.
SI ALGUNO QUIERE SER EL
PRIMERO (MT 18,1; LC 9,46; 18,17; 22,24)
33Llegaron a Cafarnaún, y
una vez en casa, Jesús les preguntó: «¿De qué venían discutiendo por el
camino?» 34Ellos se quedaron
callados, pues habían discutido entre sí sobre quién era el más importante de
todos. 35Entonces se sentó, llamó
a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último
y el servidor de todos». 36Después tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo
abrazó y les dijo: 37«El que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe
a mí; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado». 38Juan le dijo: «Maestro,
hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos
tratado de impedírselo porque no anda con nosotros». 39Jesús contestó: «No se lo
prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal
de mí. 40El que no está contra
nosotros está con nosotros». 41«Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua
porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa».
SI TU OJO ES OCASIÓN DE
PECADO, SÁCATELO (MT 18,6; 5,13; LC 17,1)
42«El que haga caer a uno
de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello
una gran piedra de moler y lo echaran al mar. 43Si tu mano te está haciendo caer,
córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir
con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga. 44Y si tu pie te está
haciendo caer, córtatelo; 45pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser
arrojado con los dos pies a la gehenna. 46Y si tu ojo prepara tu caída,
sácatelo; 47pues es mejor para ti
entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al
infierno, 48donde su gusano no muere
y el fuego no se apaga. 49Pues el mismo fuego los conservará. 50La sal es buena, pero si
la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan sal en ustedes y
vivan en paz unos con otros».
CAPÍTULO 10
LO QUE DIOS UNIÓ, NO LO
SEPARE EL HOMBRE (MT 19,1; 5,31; LC 16,18)
1Jesús dejó aquel lugar y
se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las
muchedumbres se congregaron a su alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles,
como hacía siempre. 2En eso llegaron unos (fariseos que querían ponerle a
prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?» 3Les respondió: «¿Qué les
ha ordenado Moisés?» 4Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de
separación y después divorciarse». 5Jesús les dijo: «Moisés, al escribir
esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes. 6Pero, al principio de la
creación, Dios los hizo hombre y mujer; 7y por eso dejará el hombre a su
padre y a su madre para unirse con su esposa, 8y serán los dos una sola carne. De
manera que ya no son dos, sino uno solo. 9Pues bien, lo que Dios ha unido, que
el hombre no lo separe». 10Cuando ya estaban en casa, los discípulos le volvieron a
preguntar sobre lo mismo, 11y él les dijo: «El que se separa de su esposa y se casa con
otra mujer, comete adulterio contra su esposa; 12y si la esposa abandona a su marido
para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio».
DEJEN QUE LOS NIÑOS
VENGAN A MÍ (MT 19,13; LC 18)
13Algunas personas le
presentaban los niños para que los tocara, pero los discípulos les reprendían. 14Jesús, al ver esto, se
indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque
el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. 15En verdad les digo: quien
no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». 16Jesús tomaba a los niños
en brazos e, imponiéndoles las manos, los bendecía.
JESÚS Y EL HOMBRE RICO
(MT 19,16; LC 18,18)
17Jesús estaba a punto de
partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le
preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?» 18Jesús le dijo: «¿Por qué
me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 19Ya conoces los mandamientos: No
mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no
seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». 20El hombre le contestó: «Maestro,
todo eso lo he practicado desde muy joven». 21Jesús fijó su mirada en él, le tomó
cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y
reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después,
ven y sígueme». 22Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se
fue triste.
MÁS FÁCILMENTE PASARÁ UN
CAMELLO.
23Entonces Jesús paseó su
mirada sobre sus discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán en el Reino
de Dios los que tienen riquezas!» 24Los discípulos se sorprendieron al
oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el
Reino de Dios! 25Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un
rico entrar en el Reino de Dios». 26Ellos se asombraron todavía más y
comentaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» 27Jesús los miró fijamente y les dijo:
«Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es
posible».
LA RECOMPENSA PARA LOS
QUE SIGUEN A JESÚS (MT 19,27; LC 18,28)
28Entonces Pedro le dijo:
«Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte». 29Y Jesús contestó: «En verdad les
digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o
campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. 30Pues, aun con persecuciones,
recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos
y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. 31Entonces muchos que ahora son
primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros».
POR TERCERA VEZ JESÚS
ANUNCIA SU PASIÓN (MT 20,17; LC 18,31)
32Continuaron el camino
subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban
desconcertados, y los demás que lo seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió
a los Doce para decirles lo que le iba a pasar: 33«Estamos subiendo a Jerusalén y el
Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los
maestros de la Ley; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros, 34que se burlarán de él, le
escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará».
SANTIAGO Y JUAN PIDEN LOS
PRIMEROS PUESTOS (MT 20,20; LC 22,24)
35Santiago y Juan, hijos de
Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas
lo que te vamos a pedir». 36El les dijo: «¿Qué quieren de mí?» 37Respondieron: «Concédenos
que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu
gloria». 38Jesús les dijo: «Ustedes
no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo estoy bebiendo o ser
bautizados como yo soy bautizado?» 39Ellos contestaron: «Sí, podemos».
Jesús les dijo: «Pues bien, la copa que yo bebo, la beberán también ustedes, y
serán bautizados con el mismo bautismo que yo estoy recibiendo; 40pero el sentarse a mi
derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí el concederlo; eso ha sido
preparado para otros». 41Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago
y Juan. 42Jesús los llamó y les
dijo: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan
como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. 43Pero no será así entre
ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes,
debe hacerse el servidor de todos, 44y el que quiera ser el primero, se
hará esclavo de todos. 45Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido,
sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre».
EL CIEGO DE JERICÓ (MT
20,29; LC 18,35)
46Llegaron a Jericó. Al
salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un limosnero
ciego se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de
Timeo). 47Al enterarse de que era
Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten
compasión de mí!» 48Varias personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba
con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 49Jesús se detuvo y dijo:
«Llámenlo». Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está
llamando». 50Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a
Jesús. 51Jesús le preguntó: «¿Qué
quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea». 52Entonces Jesús le dijo:
«Puedes irte; tu fe te ha salvado». Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por
el camino.
CAPÍTULO 11
ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS
EN JERUSALÉN (MT 21,1; LC 19,28; J 12,12)
1Cuando se aproximaban a
Jerusalén, cerca ya de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos,
Jesús envió a dos de sus discípulos 2diciéndoles: «Vayan a ese pueblo que
ven enfrente; apenas entren encontrarán un burro amarrado, que ningún hombre ha
montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. 3Si alguien les pregunta: ¿Por qué
hacen eso?, contesten: El Señor lo necesita, pero se lo va a devolver aquí
mismo». 4Se fueron y encontraron en
la calle al burro, amarrado delante de una puerta, y lo desataron. 5Algunos de los que
estaban allí les dijeron: «¿Por qué sueltan ese burro?» 6Ellos les contestaron lo
que les había dicho Jesús, y se lo permitieron. 7Trajeron el burro a Jesús, le
pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. 8Muchas personas extendían sus capas
a lo largo del camino, mientras otras lo cubrían con ramas cortadas en el
campo. 9Y tanto los que iban
delante como los que seguían a Jesús, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que
viene en nombre del Señor! 10¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David!
¡Hosanna en las alturas!» 11Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a
su alrededor, y siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania.
JESÚS MALDICE A LA
HIGUERA (MT 21,18; LC 13,6)
12Al día siguiente, cuando
salían de Betania, sintió hambre. 13A lo lejos divisó una higuera llena
de hojas, y fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó, pero no encontró
más que hojas, pues todavía no era tiempo de higos. 14Entonces Jesús dijo a la
higuera: «¡Que nadie coma fruto de ti nunca jamás!» Y sus discípulos lo oyeron.
JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO
A LOS VENDEDORES (MT 21,10; LC 19,45; J 2,14)
15Llegaron a Jerusalén, y
Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a
comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero
y los puestos de los vendedores de palomas, 16y no permitía a nadie transportar
cosas por el Templo. 17Luego se puso a enseñar y les dijo: «¿No dice Dios en la
Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero
ustedes la han convertido en una guarida de ladrones!» 18Los jefes de los
sacerdotes y los maestros de la Ley se enteraron de lo ocurrido y pensaron
deshacerse de él; le tenían miedo al ver el impacto que su enseñanza producía
sobre el pueblo. 19Cada día salían de la ciudad al anochecer.
EL PODER DE LA FE (MT
21,20)
20Cuando pasaban de
madrugada, los discípulos vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. 21Pedro se acordó, y dijo a
Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado». 22Jesús respondió: «Tengan
fe en Dios. 23Yo les aseguro que el que diga a este cerro: ¡Levántate de ahí y
arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le
concederá. 24Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han
recibido y lo obtendrán. 25Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra
alguien, perdónenlo, 26para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes
sus faltas».
¿CON QUÉ AUTORIDAD HACES
ESTO? (MT 21,23; LC 20,1)
27Volvieron a Jerusalén, y
mientras Jesús estaba caminando por el Templo, se le acercaron los jefes de los
sacerdotes, los maestros de la Ley y las autoridades judías, 28y le preguntaron: «¿Con
qué derecho has actuado de esa forma? ¿Quién te ha autorizado a hacer lo que
haces?» 29Jesús les contestó: «Les
voy a hacer yo a ustedes una sola pregunta, y si me contestan, les diré con qué
derecho hago lo que hago. Háblenme 30del bautismo de Juan. Este asunto
¿venía de Dios o era cosa de los hombres? 31Ellos comentaron entre sí: «Si
decimos que este asunto era obra de Dios, nos dirá: Entonces, ¿por qué no le
creyeron?» 32Pero tampoco podían decir delante del pueblo que era cosa de hombres,
porque todos consideraban a Juan como un profeta. 33Por eso respondieron a Jesús: «No lo
sabemos». Y Jesús les contestó: «Entonces tampoco yo les diré con qué autoridad
hago estas cosas».
CAPÍTULO 12
PARÁBOLA DE LOS VIÑADORES
ASESINOS (MT 21,23; LC 20,9)
1Jesús entonces les
dirigió estas palabras: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó
en ella un lagar y construyó una casa para el celador. La alquiló después a
unos trabajadores y se marchó al extranjero. 2A su debido tiempo envió a un
sirviente para pedir a los viñadores la parte de los frutos que le
correspondían. 3Pero
ellos lo tomaron, la apalearon y lo despacharon con las manos vacías. 4Envió de nuevo a otro
servidor, y a éste lo hirieron en la cabeza y lo insultaron. 5Mandó a un tercero, y a
éste lo mataron. Y envió a muchos otros, pero a unos los hirieron y a otros los
mataron. 6Todavía le quedaba uno:
ése era su hijo muy querido. Lo mandó por último, pensando:«A mi hijo lo
respetarán». 7Pero los viñadores se
dijeron entre sí: «Este es el heredero, la viña será para él; matémosle y así
nos quedaremos con la propiedad». 8Tomaron al hijo, lo mataron y lo
arrojaron fuera de la viña. 9Ahora bien, ¿qué va a hacer el dueño de la viña? Vendrá,
matará a esos trabajadores y entregará la viña a otros». 10Y Jesús añadió: «¿No han
leído el pasaje de la Escritura que dice: La piedra que rechazaron los
constructores, ha llegado a ser la piedra principal del edificio. 11Esta es la obra del
Señor, y nos dejó maravillados?» 12Los jefes querían apresar a Jesús, pero tuvieron
miedo al pueblo; habían entendido muy bien que la parábola se refería a ellos.
Lo dejaron allí y se fueron.
EL IMPUESTO PARA EL CÉSAR
(MT 22,15; LC 20,20)
13Querían pillar a Jesús en
algo que dijera. Con ese fin le enviaron algunos fariseos junto con partidarios
de Herodes. 14Y dijeron a Jesús: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te
inquietas por los que te escuchan, sino que enseñas con franqueza el camino de
Dios. Dinos, ¿es contrario a la Ley pagar el impuesto al César? ¿Tenemos que
pagarlo o no?» 15Pero Jesús vio su hipocresía y les dijo: «¿Por qué me ponen trampas?
Tráiganme una moneda, que yo la vea». 16Le mostraron un denario, y Jesús les
preguntó: «¿De quién es esta cara y lo que está escrito?» Ellos le
respondieron: «Del César». 17Entonces Jesús les dijo: «Devuelvan al César las cosas del
César, y a Dios lo que corresponde a Dios». Jesús, pues, los dejó muy
sorprendidos.
¿RESUCITAN LOS MUERTOS?
(MT 22,23; LC 20,27)
18Entonces se presentaron
algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y
por eso le preguntaron: 19«Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes
que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle
un hijo, que será el heredero del difunto. 20Pues bien, había siete hermanos: el
mayor se casó y murió sin tener hijos. 21El segundo se casó con la viuda, y
murió también sin dejar herederos, y así el tercero. 22Y pasó lo mismo con los
siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer. 23En el día de la
resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los
siete la tuvieron como esposa». 24Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo
mejor no entienden la Escritura, y tampoco el poder de Dios. 25Pues cuando resuciten de
la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como
los ángeles. 26Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro
de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? 27Dios no es un Dios de muertos, sino
de vivos. Ustedes están muy equivocados».
EL MANDAMIENTO MÁS
IMPORTANTE (MT 23,34; LC 20,39; 10,25)
28Entonces se adelantó un
maestro de la Ley. Había escuchado la discusión, y se quedaba admirado de cómo
Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el
primero de todos?» 29Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha,
Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. 30Amarás al Señor, tu Dios,
con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus
fuerzas. 31Y después viene este
otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más
importante que éstos». 32El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien,
Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro
fuera de él, 33y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas
las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y
sacrificios». 34Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del
Reino de Dios». Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas
preguntas.
¿DE QUIÉN ES HIJO EL CRISTO?
(MT 22,41; LC 20,41; MT 23,6)
35Mientras Jesús enseñaba
en el Templo, preguntó: «¿Por qué los maestros de la Ley dicen que el Mesías
será el hijo de David? 36Porque el mismo David dijo, hablando por el Espíritu Santo:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos
debajo de tus pies. 37Si David mismo lo llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser
hijo suyo?» Mucha gente acudía a Jesús y lo escuchaba con agrado.
38En su enseñanza Jesús les
decía también: «Cuídense de esos maestros de la Ley, 39a quienes les gusta
pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar
asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; 40incluso devoran los
bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué
severidad serán juzgados!»
LA OFRENDA DE LA VIUDA
(LC 21,1)
41Jesús se había sentado
frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para
el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho. 42Pero también se acercó una viuda
pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. 43Jesús entonces llamó a sus
discípulos y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que
todos los otros. 44Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella
ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos».
CAPÍTULO 13
JESÚS HABLA DE LA
DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN Y DEL FIN DEL MUNDO (MT 24,1; LC 21,5; 19,41; 17,23)
1Cuando Jesús salió del
Templo, uno de sus discípulos le dijo: «Maestro, mira qué inmensas piedras y
qué construcciones». 2Jesús le respondió: «¿Ves esas grandiosas construcciones?
Pues no quedará de ellas piedra sobre piedra. Todo será destruido». 3Poco después Jesús se
sentó en el monte de los Olivos, frente al Templo, y entonces Pedro, Santiago,
Juan y Andrés le preguntaron en privado: 4«Dinos cuándo sucederá eso y qué
señales habrá antes de que ocurran todas esas cosas». 5Y Jesús empezó a
decirles: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar. 6Porque muchos
reivindicarán lo que es mío, y dirán: «Yo soy el que están esperando», y
engañarán a muchos. 7Cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerra, no
se alarmen, porque eso tiene que pasar, pero todavía no será el fin. 8Habrá conflictos: nación
contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos y hambre en diversos
lugares. Estos serán los primeros dolores del parto. 9Pero ustedes preocúpense
de sí mismos, porque van a ser apresados y entregados a los tribunales judíos,
serán azotados en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los gobernadores
y reyes por mi causa, para ser mis testigos ante ellos. 10Porque primero el
Evangelio tiene que ser proclamado en todas las naciones. 11Cuando sean arrestados y
los entreguen a los tribunales, no se preocupen por lo que van a decir, sino
digan lo que se les inspire en ese momento; porque no serán ustedes los que
hablarán, sino el Espíritu Santo. 12El hermano entregará a la muerte al
hermano y el padre al hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y les
darán muerte. 13Y serán odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que se mantenga
firme hasta el fin se salvará. 14Cuando vean al ídolo del opresor instalado en el
lugar donde no debe estar (el que lea, que entienda bien), entonces los que
estén en Judea huyan a los cerros. 15Si estás en la parte superior de la
casa, no bajes a recoger tus cosas. 16Si estás en el campo, no vuelvas a
buscar tus ropas. 17¡Pobres de las mujeres que estén embarazadas o estén
criando en aquellos días! 18Oren para que esto no suceda en invierno. 19Porque en aquellos días
habrá tal angustia como no hubo otra igual desde el principio de la creación
hasta los días presentes, ni la habrá en el futuro. 20Tanto que si el Señor no
acortara esos días, nadie se salvaría. Pero él ha decidido acortar esos días en
consideración a sus elegidos. 21Si alguien entonces les dice: Mira, el Cristo está
aquí o está allá, no lo crean. 22Aparecerán falsos mesías y falsos profetas, que harán
señales y prodigios capaces de engañar incluso a los elegidos, si esto fuera
posible. 23Estén alerta, yo se lo he
advertido todo.
VENIDA DEL HIJO DEL
HOMBRE (MT 24,29; LC 21,25)
24Después de esa angustia
llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su
brillo, 25las estrellas caerán del
cielo y el universo entero se conmoverá. 26Y verán venir al Hijo del Hombre en
medio de las nubes con gran poder y gloria. 27Enviará a los ángeles para reunir a
sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra
hasta el extremo del cielo. 28Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando sus ramas
están tiernas y le brotan las hojas, saben que el verano está cerca. 29Así también ustedes,
cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a
las puertas. 30En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo
eso. 31El cielo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32Por lo que se refiere a ese Día y
cuando vendrá, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino
solamente el Padre.
(Mt 24,42; 25,13; Lc
12,32; 21,34)
33Estén preparados y
vigilando, porque no saben cuándo llegará ese momento. 34Cuando un hombre va al
extranjero y deja su casa, entrega responsabilidades a sus sirvientes, cada
cual recibe su tarea, y al portero le exige que esté vigilante. 35Lo mismo ustedes: estén
vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa, si al atardecer,
a medianoche, al canto del gallo o de madrugada; 36no sea que llegue de repente y los
encuentre dormidos. 37Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Estén
despiertos».
CAPÍTULO 14
CONSPIRACIÓN CONTRA JESÚS
(MT 26,2; LC 22,1; J 11,47)
1Faltaban dos días para la
Fiesta de Pascua y de los Panes Azimos. Los jefes de los sacerdotes y los
maestros de la Ley buscaban la manera de detener a Jesús con astucia para darle
muerte, 2pero decían: «No durante
la fiesta, para que no se alborote el pueblo».
UNA MUJER UNGE A JESÚS
(MT 26,6; J 12,1)
3Jesús estaba en Betania,
en casa de Simón el Leproso. Mientras estaban comiendo, entró una mujer con un
frasco precioso como de mármol, lleno de un perfume muy caro, de nardo puro;
quebró el cuello del frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. 4Entonces algunos se
indignaron y decían entre sí: «¿Cómo pudo derrochar este perfume? 5Se podría haber vendido
en más de trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres». Y estaban
enojados contra ella. 6Pero Jesús dijo: «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan?
Lo que ha hecho conmigo es una obra buena. 7Siempre tienen a los pobres con
ustedes, y en cualquier momento podrán ayudarlos, pero a mí no me tendrán
siempre. 8Esta mujer ha hecho lo
que tenía que hacer, pues de antemano ha ungido mi cuerpo para la sepultura. 9En verdad les digo:
dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también
su gesto y será su gloria». 10Entonces Judas Iscariote, uno de los Doce, fue donde los
jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús. 11Se felicitaron por el asunto y
prometieron darle dinero. Y Judas comenzó a buscar el momento oportuno para
entregarlo.
LA ULTIMA CENA DE JESÚS
(MT 26,17; LC 22,7; 1 COR 11,23; JN 13)
12El primer día de la
fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero
Pascual, sus discípulos le dijeron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la
Cena de la Pascua?» 13Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo:
«Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de
agua. Síganlo 14hasta la casa en que entre y digan al dueño: El Maestro dice: ¿Dónde
está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? 15El les mostrará en el
piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para
nosotros». 16Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas
tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. 17Al atardecer, llegó Jesús
con los Doce. 18Y mientras estaban a la mesa comiendo, les dijo: «Les aseguro que uno
de ustedes me va a entregar, uno que comparte mi pan». 19Ellos se entristecieron
mucho al oírle, y le empezaron a preguntar uno a uno: «¿Seré yo?» 20El les respondió: «Es uno
de los Doce, uno que moja su pan en el plato conmigo. 21El Hijo del Hombre se va,
conforme dijeron de él las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo
del Hombre! Sería mucho mejor para él no haber nacido». 22Durante la comida Jesús
tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:
«Tomen; esto es mi cuerpo». 23Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la
entregó; y todos bebieron de ella. 24Y les dijo: «Esto es mi sangre, la
sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre. 25En verdad les digo que no
volveré a probar el zumo de cepas hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino
de Dios».
JESÚS ANUNCIA LA NEGACIÓN
DE PEDRO (MT 26,30; LC 22,23; JN 13,37)
26Después de cantar los
himnos se dirigieron al monte de los Olivos. 27Y Jesús les dijo: «Todos ustedes
caerán esta noche, pues dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán
las ovejas. 28Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea». 29Entonces Pedro le dijo:
«Aunque todos tropiecen y caigan, yo no». 30Jesús le contestó: «En verdad te
digo que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me
habrás negado tres veces». 31Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no te
negaré». Y todos decían lo mismo.
LA AGONÍA DE JESÚS EN
GETSEMANÍ (LC 18,1)
32Llegaron a un lugar
llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras voy
a orar». 33Y llevó consigo a Pedro,
a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia, 34y les dijo: «Siento en mi
alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos». 35Jesús se adelantó un
poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por
aquella hora. 36Decía: «Abbá, o sea, Padre, si para ti todo es posible, aparta de mí
esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». 37Volvió y los encontró
dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer
despierto una hora? 38Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues
el espíritu es animoso, pero la carne, débil». 39Y se alejó de nuevo a orar,
repitiendo las mismas palabras. 40Al volver otra vez, los encontró de nuevo dormidos,
pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle. 41Vino por tercera vez, y
les dijo: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Está hecho, llegó la hora. El
Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42¡Levántense, vámonos!, ya
viene el que me va a entregar».
TOMAN PRESO A JESÚS (MT
26,47; LC 22,47; JN 18,2)
43Jesús estaba aún hablando
cuando se presentó Judas, uno de los Doce; lo acompañaba un buen grupo de gente
con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de
la Ley y los jefes judíos. 44El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un
beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado». 45Apenas llegó Judas, se
acercó a Jesús diciendo: «¡Maestro, Maestro!» y lo besó. 46Ellos entonces lo tomaron
y se lo llevaron arrestado. 47En ese momento uno de los que estaban con Jesús sacó la
espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote cortándole una oreja. 48Jesús dijo a la gente: «A
lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. 49¿Por qué no me detuvieron
cuando día tras día estaba entre ustedes enseñando en el Templo? Pero tienen
que cumplirse las Escrituras». 50Y todos los que estaban con Jesús lo abandonaron y
huyeron. 51Un joven seguía a Jesús
envuelto sólo en una sábana, y lo tomaron; 52pero él, soltando la sábana, huyó
desnudo. 53Llevaron a Jesús ante el
Sumo Sacerdote, y todos se reunieron allí; estaban los jefes de los sacerdotes,
las autoridades judías y los maestros de la Ley. 54Pedro lo había seguido de lejos
hasta el patio interior del Sumo Sacerdote, y se sentó con los policías del
Templo, calentándose al fuego. 55Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo
buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban.
56Varios se presentaron con
falsas acusaciones contra él, pero no estaban de acuerdo en lo que decían. 57Algunos lanzaron esta
falsa acusación: 59«Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo
hecho por la mano del hombre, y en tres días construiré otro no hecho por
hombres». 59Pero tampoco con estos
testimonios estaban de acuerdo. 60Entonces el Sumo Sacerdote se levantó; pasó adelante
y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es este asunto de que
te acusan?» 61Pero él guardaba silencio y no contestaba. De nuevo el Sumo Sacerdote
le preguntó: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios Bendito?». 62Jesús respondió: «Yo soy,
y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y
viniendo en medio de las nubes del cielo». 63El Sumo Sacerdote rasgó sus
vestiduras horrorizado y dijo: «¿Para qué queremos ya testigos? 64Ustedes acaban de oír sus
palabras blasfemas. ¿Qué les parece?» Y estuvieron de acuerdo en que merecía la
pena de muerte. 65Después algunos empezaron a escupirle. Le cubrieron la cara y le
golpeaban antes de preguntarle: «¡Hazte el profeta!» Y los policías del Templo
lo abofeteaban.
PEDRO NIEGA A JESÚS (MT
26,69; JN 18,15)
66Mientras Pedro estaba
abajo, en el patio, pasó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote. 67Al verlo cerca del fuego,
lo miró fijamente y le dijo: «Tú también andabas con Jesús de Nazaret». 68El lo negó: «No lo
conozco, ni entiendo de qué hablas». Y salió al portal. 69Pero lo vio la sirvienta
y otra vez dijo a los presentes: «Este es uno de ellos». 70Y Pedro lo volvió a
negar. Después de un rato, los que estaban allí dijeron de nuevo a Pedro: «Es
evidente que eres uno de ellos, pues eres galileo». 71Entonces se puso a
maldecir y a jurar: «Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan». 72En ese momento se escuchó
el segundo canto del gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes
de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.
CAPÍTULO 15
JESÚS ANTE PILATO (MT
27,11; LC 23,2; JN 18,28)
1Muy temprano, los jefes
de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la Ley (es decir, todo el
Consejo o Sanedrín) celebraron consejo. Después de atar a Jesús con cadenas, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato. 2Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey
de los judíos?» Jesús respondió: «Así es, como tú lo dices». 3Como los jefes de los
sacerdotes acusaban a Jesús de muchas cosas, 4Pilato volvió a preguntarle: «¿No
contestas nada? ¡Mira de cuántas cosas te acusan!» 5Pero Jesús ya no le
respondió, de manera que Pilato no sabía qué pensar. 6Cada año, con ocasión de
la ascua, Pilato solía dejar en libertad a un preso, a elección del pueblo. 7Había uno, llamado
Barrabás, que había sido encarcelado con otros revoltosos por haber cometido un
asesinato en un motín. 8Cuando el pueblo subió y empezó a pedir la gracia como de
costumbre, 9Pilato
les preguntó: «¿Quieren que ponga en libertad al rey de los judíos?» 10Pues Pilato veía que los
jefes de los sacerdotes le entregaban a Jesús por una cuestión de rivalidad. 11Pero los sumos sacerdotes
incitaron a la gente a que pidiera la libertad de Barrabás. 12Pilato les dijo: «¿Qué
voy a hacer con el que ustedes llaman rey de los judíos?» 13La gente
gritó:«¡Crucifícalo!» 14Pilato les preguntó: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Y gritaron
con más fuerza: «¡Crucifícalo!» 15Pilato quiso dar satisfacción al pueblo: dejó, pues,
en libertad a Barrabás y sentenció a muerte a Jesús. Lo hizo azotar, y después
lo entregó para que fuera crucificado.
LA CORONACIÓN DE ESPINAS
(MT 27,27; JN 19,1)
16Los soldados lo llevaron
al pretorio, que es el patio interior, y llamaron a todos sus compañeros. 17Lo vistieron con una capa
roja y le colocaron en la cabeza una corona que trenzaron con espinas. 18Después comenzaron a
saludarlo: «¡Viva el rey de los judíos!» 19Y le golpeaban en la cabeza con una
caña, le escupían y se arrodillaban ante él para rendirle homenaje. 20Después de haberse
burlado de él, le sacaron la capa roja y le pusieron de nuevo sus ropas.
LA CRUCIFIXIÓN
Los soldados sacaron a
Jesús fuera para crucificarlo. 21En ese momento, un tal Simón de Cirene, que es el
padre de Alejandro y de Rufo, volvía del campo; los soldados le obligaron a que
llevara la cruz de Jesús. 22Lo llevaron al lugar llamado Gólgota, o Calvario, palabra
que significa «calavera». 23Después de ofrecerle vino mezclado con mirra, que él no
quiso tomar, 24lo crucificaron y se repartieron sus ropas, sorteándolas entre ellos. 25Eran como las nueve de la
mañana cuando lo crucificaron. 26Pusieron una inscripción con el motivo de su condena,
que decía: «El rey de los judíos». 27Crucificaron con él también a dos
ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. 28Así se cumplió la Escritura que
dice: Y fue contado entre los malhechores. 29Los que pasaban lo insultaban; le
decían, moviendo la cabeza: «Tú, que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo
en tres días, 30sálvate a ti mismo y baja de la cruz». 31Igualmente los jefes de los
sacerdotes y los maestros de la Ley se burlaban de él, y decían entre sí: «Si
pudo salvar a otros, no se salvará a sí mismo. 32Que ese Mesías, ese rey de Israel,
baje ahora de la cruz: cuando lo veamos, creeremos». Incluso lo insultaban los
que estaban crucificados con él.
LA MUERTE DE JESÚS (MT
27,45; LC 23,44; JN 19,28)
33Llegado el mediodía, la
oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde, 34y a esa hora Jesús gritó
con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 35Al oírlo, algunos de los que estaban
allí dijeron: «Está llamando a Elías». 36Uno de ellos corrió a mojar una
esponja en vinagre, la puso en la punta de una caña y le ofreció de beber,
diciendo: «Veamos si viene Elías a bajarlo». 37Pero Jesús, dando un fuerte grito,
expiró. 38En seguida la cortina que
cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39Al mismo tiempo el
capitán romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo:
«Verdaderamente este hombre era hijo de Dios». 40Había unas mujeres que miraban de
lejos, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago el Menor y de
José, y Salomé. 41Cuando Jesús estaba en Galilea, ellas lo seguían y lo servían. Con
ellas estaban también otras más que habían subido con Jesús a Jerusalén.
JESÚS ES SEPULTADO
42Había caído la tarde.
Como era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, 43intervino José de
Arimatea. Ese miembro respetable del Consejo supremo era de los que esperaban
el Reino de Dios, y fue directamente donde Pilato para pedirle el cuerpo de
Jesús. 44Pilato se extrañó de que
Jesús hubiera muerto tan pronto y llamó al centurión para saber si realmente
era así. 45Después de escuchar al
centurión, Pilato entregó a José el cuerpo de Jesús. 46José lo bajó de la cruz y
lo envolvió en una sábana que había comprado, lo colocó en un sepulcro excavado
en la roca e hizo rodar una piedra grande contra la entrada de la tumba. 47María Magdalena y María,
la madre de José, estaban allí observando dónde lo depositaban.
CAPÍTULO 16
HA RESUCITADO, NO ESTÁ
AQUÍ (MT 28; LC 24; JN 20)
1Pasado el sábado, María
Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para
embalsamar el cuerpo. 2Y muy temprano, el primer día de la semana, llegaron al
sepulcro, apenas salido el sol. Se decían unas a otras: 3«¿Quién nos quitará la
piedra de la entrada del sepulcro?» 4Pero cuando miraron, vieron que la
piedra había sido retirada a un lado, a pesar de ser una piedra muy grande. 5Al entrar en el sepulcro,
vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se
asustaron. 6Pero
él les dijo: «No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el
crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo
pusieron. 7Ahora vayan a decir a los
discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea.
Allí lo verán tal como él les dijo». 8Las mujeres salieron corriendo del
sepulcro. Estaban asustadas y asombradas, y no dijeron nada a nadie por el
miedo que tenían.
APARICIONES Y CONCLUSIÓN
DEL EVANGELIO
9Jesús, pues, resucitó en
la madrugada del primer día de la semana. Se apareció primero a María
Magdalena, de la que había echado siete demonios. 10Ella fue a anunciárselo a los que
habían sido compañeros de Jesús y que estaban tristes y lo lloraban. 11Pero al oírle decir que
vivía y que lo había visto, no le creyeron. 12Después Jesús se apareció, bajo otra
figura, a dos de ellos que se dirigían a un pueblito. 13Volvieron a contárselo a
los demás, pero tampoco les creyeron. 14Por último se apareció a los once
discípulos mientras comían y los reprendió por su falta de fe y por su dureza
para creer a los que lo habían visto resucitado. 15Y les dijo: «Vayan por todo el mundo
y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. 16El que crea y se bautice se salvará;
el que se niegue a creer se condenará. 17Estas señales acompañarán a los que
crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; 18tomarán con sus manos
serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos
sobre los enfermos y quedarán sanos». 19Después de hablarles, el Señor Jesús
fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. 20Ellos, por su parte,
salieron a predicar en todos los lugares. El Señor actuaba con ellos y
confirmaba el mensaje con los milagros que lo acompañaban.