NUEVO TESTAMENTO
EVANGELIO SEGUN JUAN
CAPÍTULO 1
LA PALABRA DE DIOS SE
HIZO HOMBRE
1En el principio era la
Palabra,
y la Palabra estaba ante
Dios,
y la Palabra era Dios.
2Ella estaba ante Dios en
el principio.
3Por Ella se hizo todo,
y nada llegó a ser sin
Ella.
Lo que fue hecho 4tenía vida en ella,
y para los hombres la
vida era luz.
5La luz brilla en las
tinieblas,
y las tinieblas no la
recibieron
6Vino un hombre, enviado
por Dios, que se llamaba Juan.
7Vino para dar testimonio,
como testigo de la luz,
para que todos creyeran
por él.
8Aunque no fuera él la
luz, le tocaba dar testimonio de la luz.
9Ella era la luz
verdadera,
la luz que ilumina a todo
hombre,
y llegaba al mundo.
10Ya estaba en el mundo,
este mundo que se hizo
por Ella, o por El,
este mundo que no lo
recibió.
11Vino a su propia casa,
y los suyos no lo
recibieron;
12pero a todos los que lo
recibieron
les dio capacidad para
ser hijos de Dios.
Al creer en su Nombre 13han nacido,
no de sangre alguna ni
por ley de la carne,
ni por voluntad de
hombre,
sino que han nacido de
Dios.
14Y la Palabra se hizo
carne,
puso su tienda entre
nosotros,
y hemos visto su Gloria:
la Gloria que recibe del
Padre el Hijo único,
en él todo era don
amoroso y verdad.
15Juan dio testimonio de
él;
dijo muy fuerte: «De él
yo hablaba al decir:
el que ha venido detrás
de mí, ya está delante de mí,
porque era antes que yo.»
16De su plenitud hemos
recibido todos,
y cada don amoroso
preparaba otro.
17Por medio de Moisés hemos
recibido la Ley,
pero la verdad y el don
amoroso
nos llegó por medio de
Jesucristo.
18Nadie ha visto a Dios jamás,
pero Dios-Hijo único nos
lo dio a conocer;
él está en el seno del
Padre
y nos lo dio a conocer.
LA PRIMERA SEMANA : EL
DESCUBRIMIENTO
Juan Bautista presenta a
Jesús, el «Cordero de Dios»
19Este fue el testimonio de
Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para
preguntarle: «¿Quién eres tú?» 20Juan lo declaró y no ocultó la verdad: «Yo no soy el
Mesías». 21Le preguntaron: «¿Quién
eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy». Le dijeron: «¿Eres el Profeta?»
22Contestó: «No». Entonces
le dijeron: «¿Quién eres, entonces? Pues tenemos que llevar una respuesta a los
que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?» 23Juan contestó: «Yo soy, como dijo el
profeta Isaías, la voz que grita en el desierto: Enderecen el camino del
Señor». 24Los enviados eran del
grupo de los fariseos, 25y le hicieron otra pregunta: «¿Por qué bautizas entonces,
si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» 26Les contestó Juan: «Yo bautizo con
agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen, 27y aunque viene detrás de
mí, yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia». 28Esto sucedió en Betabará,
al otro lado del río Jordán, donde Juan bautizaba. 29Al día siguiente Juan vio
a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el
que carga con el pecado del mundo. 30De él yo hablaba al decir: Detrás de
mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque era antes que yo. 31Yo no lo conocía, pero mi
bautismo con agua y mi venida misma eran para él, para que se diera a conocer a
Israel». 32Y Juan dio este
testimonio: «He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse
sobre él. 33Yo no lo conocía, pero
Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: Verás al Espíritu
bajar sobre aquél que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él.
34Sí, yo lo he visto; y
declaro que éste es el Elegido de Dios.»
JESÚS LLAMA A SUS
PRIMEROS DISCÍPULOS
35Al día siguiente, Juan se
encontraba de nuevo en el mismo lugar con dos de sus discípulos. 36Mientras Jesús pasaba, se
fijó en él y dijo: «Ese es el Cordero de Dios». 37Los dos discípulos le oyeron decir
esto y siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:
«¿Qué buscan?» Le contestaron: «Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» 39Jesús les dijo: «Vengan y
lo verán». Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran como
las cuatro de la tarde. 40Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que
siguieron a Jesús por la palabra de Juan. 41Encontró primero a su hermano Simón
y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo). 42Y se lo presentó a Jesús.
Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te
llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra). 43Al día siguiente, Jesús resolvió
partir hacia Galilea. Se encontró con Felipe y le dijo: «Sígueme». 44Felipe era de Betsaida,
el pueblo de Andrés y de Pedro. 45Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Hemos
hallado a aquél de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es
Jesús, el hijo de José de Nazaret». 46Natanael le replicó: «¿Puede salir
algo bueno de Nazaret?» Felipe le contestó: «Ven y verás». 47Cuando Jesús vio venir a
Natanael, dijo de él: «Ahí viene un verdadero israelita: éste no sabría
engañar». 48Natanael le preguntó:
«¿Cómo me conoces?» Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando
estabas bajo la higuera, yo te vi». 49Natanael exclamó: «Maestro, tú eres
el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». 50Jesús le dijo: «Tú crees porque te
dije que te vi bajo la higuera. Pero verás cosas aun mayores que éstas. 51En verdad les digo que
ustedes verán los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando
sobre el Hijo del Hombre».
CAPÍTULO 2
EL PRIMER MILAGRO, EN LA
BODA DE CANÁ
1Tres días más tarde se
celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2También fue invitado
Jesús a la boda con sus discípulos. 3Sucedió que se terminó el vino
preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le
dijo: «No tienen vino». 4Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis
asuntos? Aún no ha llegado mi hora». 5Pero su madre dijo a los sirvientes:
«Hagan lo que él les diga». 6Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los
judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. 7Jesús dijo: «Llenen de
agua esos recipientes». Y los llenaron hasta el borde. 8«Saquen ahora, les dijo,
y llévenle al mayordomo». Y ellos se lo llevaron. 9Después de probar el agua convertida
en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar
de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. 10Y le dijo: «Todo el mundo
sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les
dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final». 11Esta señal milagrosa fue
la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus
discípulos creyeron en él. 12Jesús bajó después a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y
sus discípulos, y permanecieron allí solamente algunos días.
LA PRIMERA PASCUA
JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO
A LOS VENDEDORES
13Se acercaba la Pascua de
los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. 14Encontró en el Templo a los
vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas, sentados detrás de
sus mesas. 15Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del Templo junto
con las ovejas y bueyes; derribó las mesas de los cambistas y desparramó el
dinero por el suelo. 16A los que vendían palomas les dijo: «Saquen eso de aquí y
no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado». 17Sus discípulos se acordaron de lo
que dice la Escritura: «Me devora el celo por tu Casa». 18Los judíos intervinieron:
«¿Qué señal milagrosa nos muestras para justificar lo que haces?» 19Jesús respondió:
«Destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días». 20Ellos contestaron: «Han
demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú
piensas reconstruirlo en tres días?» 21En realidad, Jesús hablaba de ese
Templo que es su cuerpo. 22Solamente cuando resucitó de entre los muertos, sus
discípulos se acordaron de que lo había dicho y creyeron tanto en la Escritura
como en lo que Jesús dijo. 23Jesús se quedó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua,
y muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no
se fiaba de ellos, pues los conocía a todos 24y no necesitaba pruebas sobre nadie,
porque él conocía lo que había en la persona.
CAPÍTULO 3
JESÚS Y NICODEMO: HAY QUE
NACER DE NUEVO
1Entre los fariseos había
un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo:
2«Rabbí, sabemos que has
venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales
milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él». 3Jesús le contestó: «En
verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde
arriba». 4Nicodemo le dijo: «¿Cómo
renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» 5Jesús le contestó: «En
verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el
Reino de Dios. 6Lo
que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. 7No te extrañes de que te
haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. 8El viento sopla donde
quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo
mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu». 9Nicodemo volvió a preguntarle:
«¿Cómo puede ser eso?» 10Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes
estas cosas? 11En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos
testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12Si ustedes no creen
cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas
del Cielo? 13Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del
Cielo, el Hijo del Hombre. 14Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el
desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, 15y entonces todo el que
crea en él tendrá por él vida eterna. 16¡Así amó Dios al mundo! Le dio al
Hijo Unico, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
17Dios no envió al Hijo al
mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18Para quien cree en él no
hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no
creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19Esto requiere un juicio: la luz vino
al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras
eran malas. 20Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus
obras malas sean descubiertas y condenadas. 21Pero el que hace la verdad va a la
luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios».
EL ÚLTIMO TESTIMONIO DE
JUAN BAUTISTA
22Después de esto, Jesús se
fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y
bautizaba. 23Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque allí
había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. 24(Esto ocurría antes de
que Juan hubiera sido encarcelado). 25Un día los discípulos de Juan
tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual. 26Fueron donde Juan y le
dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y en cuyo
favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos se van a él». 27Juan respondió: «Nadie
puede atribuirse más de lo que el Cielo le quiere dar. 28Ustedes mismos son
testigos de que yo dije: Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado
delante de él. 29Es el novio quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y
hace lo que él le dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me
alegro sin reservas. 30Es necesario que él crezca y que yo disminuya. 31El que viene de arriba
está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus
palabras son terrenales. El que viene del Cielo, 32por más que dé testimonio de lo que
allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. 33Pero aceptar su testimonio es como
reconocer que Dios es veraz. 34Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios,
y Dios le da el Espíritu sin medida. 35El Padre ama al Hijo y ha puesto
todas las cosas en sus manos. 36El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el
que se niega a creer en el Hijo se queda con el Dios que condena: nunca
conocerá la vida».
CAPÍTULO 4
JESÚS Y LA SAMARITANA
1El Señor se enteró de que
los fariseos tenían noticias de él; se decía que Jesús bautizaba y atraía más
discípulos que Juan, 2aunque de hecho no bautizaba Jesús, sino sus discípulos. 3Jesús decidió, entonces,
abandonar Judea y volvió a Galilea. 4Para eso tenía que pasar por el país
de Samaría, 5y
fue así como llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra que
Jacob dio a su hijo José. 6Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado por la
caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía. 7Fue entonces cuando una
mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8Los discípulos se habían
ido al pueblo para comprar algo de comer. 9La samaritana le dijo: «¿Cómo tú,
que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe
que los judíos no tratan con los samaritanos). 10Jesús le dijo: «Si conocieras el don
de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías
agua viva y él te la daría». 11Ella le dijo: «señor, no tienes con qué sacar agua y
el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? 12Nuestro antepasado Jacob
nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más
grande que él?» 13Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed, 14pero el que beba del agua
que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá
en él en un chorro que salta hasta la vida eterna». 15La mujer le dijo: «Señor,
dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar
agua». 16Jesús le dijo: «Vete,
llama a tu marido y vuelve acá». 17La mujer contestó: «No tengo marido». Jesús le dijo:
«Has dicho bien que no tienes marido, 18pues has tenido cinco maridos, y el
que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». 19La mujer contestó:
«Señor, veo que eres profeta. 20Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para
adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que
se debe adorar a Dios?» 21Jesús le dijo: «Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes
adorarán al Padre, pero ya no será "en este cerro" o "en
Jerusalén". 22Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen,
mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos. 23Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los
verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. 24Entonces serán verdaderos
adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que
lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad». 25La mujer le dijo: «Yo sé
que el Mesías, (que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos enseñará
todo». 26Jesús le dijo: «Ese soy
yo, el que habla contigo». 27En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al
verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué
hablaba con ella. 28La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a
la gente: 29«Vengan a ver a un hombre
que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?» 30Salieron, pues, del
pueblo y fueron a verlo. 31Mientras tanto los discípulos le insistían: «Maestro, come».
32Pero él les contestó: «El
alimento que debo comer, ustedes no lo conocen». 33Y se preguntaban si alguien le
habría traído de comer. 34Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel
que me ha enviado y llevar a cabo su obra. 35Ustedes han dicho: "Dentro de
cuatro meses será tiempo de cosechar". ¿No es verdad? Pues bien, yo les
digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la
siega. 36El segador ya recibe su
paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también
participa en la alegría del segador. 37Aquí vale el dicho: Uno es el que
siembra y otro el que cosecha. 38Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros
han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes han retomado de su
trabajo». 39Muchos samaritanos de
aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me
ha dicho todo lo que he hecho». 40Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron
que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41Muchos más creyeron al
oír su palabra, 42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros
mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del
mundo». 43Pasados los dos días,
Jesús partió de allí para Galilea. 44El había afirmado que un profeta no
es reconocido en su propia tierra. 45Sin embargo los galileos lo
recibieron muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había
hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la
fiesta.
JESÚS SANA AL HIJO DE UN
FUNCIONARIO
46Jesús volvió a Caná de
Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real en
Cafarnaún que tenía un hijo enfermo. 47Al saber que Jesús había vuelto de
Judea a Galilea, salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo,
que se estaba muriendo. 48Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y
prodigios, no creen». 49El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de venir
antes de que muera mi hijo». 50Jesús le contestó: «Puedes volver, tu hijo está
vivo». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. 51Al llegar a la bajada de
los cerros, se topó con sus sirvientes que venían a decirle que su hijo estaba
sano. 52Les preguntó a qué hora
se había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le
quitó la fiebre». 53El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había
dicho: «Tu hijo está vivo». Y creyó él y toda su familia. 54Esta es la segunda señal
milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea.
CAPÍTULO 5
EL PARALÍTICO DE LA
PISCINA DE BETESDA
1Después de esto se
celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. 2Hay en Jerusalén, cerca
de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta
cinco pórticos, 3y
bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y
paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara, 4porque un ángel del Señor
bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de
agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.) 5Había allí un hombre que
hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6Jesús lo vio tendido, y cuando se
enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: «¿Quieres sanar?» 7El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y
mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro». 8Jesús le dijo: «Levántate, toma tu
camilla y anda». 9Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó
a caminar. Pero aquel día era sábado. 10Por eso los judíos dijeron al que
acababa de ser curado: «Hoy es día sábado, y la Ley no permite que lleves tu
camilla a cuestas». 11El les contestó: «El que me sanó me dijo: Toma tu camilla y
anda». 12Le preguntaron: «¿Quién
es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y anda?» 13Pero el enfermo no sabía
quién era el que lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la
multitud reunida en aquel lugar. 14Más tarde Jesús se encontró con él en el Templo y le
dijo: «Ahora estás sano, pero no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo
peor». 15El hombre se fue a decir
a los judíos que era Jesús el que lo había curado. 16Por eso los judíos
perseguían a Jesús, porque hacía tales curaciones en día sábado. 17Pero Jesús les respondió:
«Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo». 18Y los judíos tenían más
ganas todavía de matarle, porque además de quebrantar la ley del sábado, se
hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre.
LA OBRA DEL HIJO:
RESUCITAR A LOS MUERTOS
19Jesús les dirigió la
palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino
sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo. 20El Padre ama al Hijo y le
enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes que éstas,
que a ustedes los dejarán atónitos. 21Como el Padre resucita a los muertos
y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere. 22Del mismo modo, el Padre
no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar, 23para que todos honren al
Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que
lo ha enviado. 24En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha
enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de
la muerte a la vida. 25Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán. 26Así como el Padre tiene
vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. 27Y además le ha dado
autoridad para llevar a cabo el juicio, porque es hijo de hombre. 28No se asombren de esto;
llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. 29Los que obraron el bien
resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación. 30Yo no puedo hacer nada
por mi cuenta, sino que juzgo conforme a lo que escucho; así mi juicio es
recto, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió. 31Si yo hago de testigo en
mi favor, mi testimonio no tendrá valor. 32Pero Otro está dando testimonio de
mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí. 33Ustedes mandaron
interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34Yo les recuerdo esto para
bien de ustedes, para que se salven, porque personalmente yo no me hago
recomendar por hombres. 35Juan era una antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por
un tiempo se sintieron a gusto con su luz. 36Pero yo tengo un testimonio que vale
más que el de Juan: son las obras que el Padre me encomendó realizar. Estas
obras que yo hago hablan por mí y muestran que el Padre me ha enviado. 37Y el Padre que me ha
enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto su
rostro; 38y tampoco tienen su
palabra, pues no creen al que él ha enviado. 39Ustedes escudriñan las Escrituras
pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan
testimonio de mí. 40Sin embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida. 41Yo no busco la alabanza
de los hombres. 42Sé sin embargo que el amor de Dios no está en ustedes, 43porque he venido en
nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben. Si algún otro viene en su propio
nombre, a ése sí lo acogerán. 44Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos
a otros y no buscan la gloria que viene del Unico Dios, ¿cómo podrán creer? 45No piensen que seré yo
quien los acuse ante el Padre. Es Moisés quien los acusa, aquel mismo en quien
ustedes confían. 46Si creyeran a Moisés, me creerían también a mí, porque él
escribió de mí. 47Pero si ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo
que les digo yo?»
CAPÍTULO 7
19«Moisés les dio la Ley,
¿no es cierto? Pero si ninguno de ustedes cumple la Ley, ¿por qué quieren
matarme?» 20Le gritaron: «Eres
víctima de un mal espíritu. ¿Quién quiere matarte?» 21Jesús les respondió:
«Esta no es más que mi primera intervención, y todos ustedes están
desconcertados. 22Pero miren: Moisés les ha dado la circuncisión (aunque en realidad no
viene de Moisés sino de los patriarcas) y ustedes hacen la circuncisión incluso
en día sábado. 23Un hombre debe recibir la circuncisión, aunque sea sábado, para no
quebrantar la ley de Moisés; entonces, ¿por qué se enojan conmigo porque he
salvado al hombre entero en día sábado? 24No juzguen por las apariencias, sino
que juzguen lo que es justo.»
CAPÍTULO 6
LA SEGUNDA PASCUA
EL PAN DE VIDA: LA
MULTIPLICACIÓN (MC 6,34; MT 14,13; LC 9,10)
1Después Jesús pasó a la
otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. 2Le seguía un enorme
gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. 3Jesús subió al monte y se
sentó allí con sus discípulos. 4Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. 5Jesús, pues, levantó los
ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde
iremos a comprar pan para que coma esa gente?» 6Se lo preguntaba para ponerlo a
prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. 7Felipe le respondió: «Doscientas
monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo». 8Otro discípulo, Andrés,
hermano de Simón Pedro, dijo: 9«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos
pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?». 10Jesús les dijo: «Hagan que se siente
la gente». Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en
número de unos cinco mil. 11Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los
repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y
todos recibieron cuanto quisieron. 12Cuando quedaron satisfechos, Jesús
dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se
pierda nada». 13Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se
habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada. 14Al ver esta señal que
Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había
de venir al mundo». 15Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza
para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo. 16Al llegar la noche, sus
discípulos bajaron a la orilla 17y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a
Cafarnaún. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con
ellos, 18y empezaban a formarse
grandes olas debido al fuerte viento que soplaba. 19Habían remado como unos cinco
kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la
barca, y se llenaron de espanto. 20Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo». 21Quisieron subirlo a la
barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían. 22Al día siguiente, la
gente que se había quedado al otro lado del lago se dio cuenta que allí no
había habido más que una barca y que Jesús no había subido con sus discípulos
en la barca, sino que éstos se habían ido solos. 23Mientras tanto algunas lanchas de
Tiberíades habían atracado muy cerca del lugar donde todos habían comido el
pan. 24Al ver que ni Jesús ni
sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a
Cafarnaún en busca de Jesús. 25Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron:
«Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?». 26Jesús les contestó: «En verdad les
digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino
porque han comido pan hasta saciarse. 27Trabajen, no por el alimento de un
día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el
Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre».
EL PAN DE VIDA: CREER EN
EL HIJO DE DIOS
28Entonces le preguntaron:
«¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» 29Jesús respondió: «La obra
de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado». 30Le dijeron: «¿Qué puedes
hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál
es tu obra? 31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la
Escritura: Se les dio a comer pan del cielo». 32Jesús contestó: «En verdad les digo:
No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el
verdadero pan del cielo. 33El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da
vida al mundo». 34Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». 35Jesús les dijo: «Yo soy
el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca
tendrá sed. 36Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de
haber visto. 37Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que
venga a mí, 38porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me ha enviado. 39Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no
pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. 40Sí, ésta es la decisión
de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día». 41Los judíos murmuraban porque Jesús
había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo». 42Y decían: «Conocemos a su
padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo
puede decir que ha bajado del cielo?» 43Jesús les contestó: «No murmuren
entre ustedes. 44Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo
resucitaré en el último día. 45Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados
por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha
recibido su enseñanza. 46Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel
que ha venido de Dios ha visto al Padre. 47En verdad les digo: El que cree
tiene vida eterna.
EL CUERPO DE CRISTO, PAN
DE VIDA
48Yo soy el pan de vida. 49Sus antepasados comieron
el maná en el desierto, pero murieron: 50aquí tienen el pan que baja del
cielo, para que lo coman y ya no mueran. 51Yo soy el pan vivo que ha bajado del
cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi
carne, y lo daré para la vida del mundo». 52Los judíos discutían entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» 53Jesús les dijo: «En verdad les digo
que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen
vida en ustedes. 54El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna,
y yo lo resucitaré el último día. 55Mi carne es verdadera comida y mi
sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo
en él. 57Como el Padre, que es
vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. 58Este es el pan que ha
bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y
después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.
¿QUIEREN MARCHARSE
TAMBIÉN USTEDES?
59Así habló Jesús en
Cafarnaún enseñando en la sinagoga. 60Al escucharlo, cierto número de
discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá
escucharlo?» 61Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les
dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? 62¿Qué será, entonces, cuando vean al
Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? 63El espíritu es el que da
vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu,
y son vida. 64Pero hay entre ustedes algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde
el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. 65Y agregó: «Como he dicho
antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre». 66A partir de entonces
muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. 67Jesús preguntó a los
Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» 68Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién
iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Nosotros creemos y sabemos que tú
eres el Santo de Dios». 70Jesús les dijo: «¿No los elegí yo a ustedes, a los Doce? Y
sin embargo uno de ustedes es un diablo». 71Jesús se refería a Judas Iscariote,
hijo de Simón, pues era uno de los Doce y lo iba a traicionar.
CAPÍTULO 7
JESÚS SUBE A JERUSALÉN
1Después de esto, Jesús
iba de un lugar a otro por Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos
deseaban matarle. 2Se acercaba la fiesta de los judíos llamada de Tiendas. 3Sus hermanos le dijeron:
«No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí vean las obras
que realizas. 4Si
uno quiere sobresalir, no actúa a escondidas. Tú, que haces maravillas, date a
conocer al mundo». 5Sus hermanos hablaban así porque no creían en él. 6Jesús les contestó:
«Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es
bueno. 7El mundo no puede
odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia, porque yo muestro que sus obras
son malas. 8Suban
ustedes a la fiesta; yo no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha
llegado». 9Así habló Jesús y se
quedó en Galilea. 10Solamente después que sus hermanos fueron a la fiesta subió
él también, pero sin decirlo y como en secreto. 11Los judíos lo estaban buscando
durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está ése?» 12Corrían muchos
comentarios sobre él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona». Otros
replicaban: «En absoluto, ése está engañando al pueblo». 13Pero nadie hablaba
abiertamente de él por miedo a los judíos. 14Hacia la mitad de la semana de la
fiesta, Jesús subió al Templo y se puso a enseñar. 15Los judíos, admirados,
decían: «¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido maestro?» 16Jesús les contestó: «Mi
doctrina no viene de mí, sino del que me ha enviado. 17El que haga la voluntad
de Dios conocerá si mi doctrina viene de él o si hablo por mi propia cuenta. 18El que habla en nombre
propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha
enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.»
25Algunos habitantes de
Jerusalén decían: «Pero, ¿no es éste al que quieren matar? 26Ahí lo tienen hablando
con toda libertad y no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han
reconocido que él es el Mesías? 27Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando
venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene». 28Entonces Jesús dijo en voz muy alta
mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen. Ustedes saben de
dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta: quien me envía es
el Verdadero, y ustedes no lo conocen. 29El es el que me ha enviado, y yo lo
conozco porque vengo de él». 30Los judíos hubieran querido llevarlo preso, pero
nadie le puso las manos encima porque todavía no había llegado su hora. 31De todos modos, muchos
del pueblo creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿hará más señales
milagrosas que este hombre?» 32Los fariseos se enteraron de los comentarios que
hacía la gente sobre Jesús y, de acuerdo con los jefes de los sacerdotes,
enviaron guardias del Templo para detenerlo. 33Entonces Jesús dijo: «Todavía estaré
con ustedes un poco más de tiempo, y después me iré al que me ha enviado. 34Ustedes me buscarán, pero
no me encontrarán, porque ustedes no pueden venir donde yo estoy». 35Los judíos se
preguntaban: «¿Adónde piensa ir éste para que no lo podamos encontrar? ¿Querrá
tal vez visitar a los judíos dispersos entre los griegos y enseñar a los mismos
griegos? 36¿Qué quiere decir con eso
de: "Me buscarán y no me encontrarán", y "Ustedes no pueden
venir donde yo estoy"?»
LA PROMESA DEL AGUA VIVA
37El último día de la fiesta,
que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: «El que
tenga sed, que venga a mí, y que beba 38el que cree en mí. Lo dice la
Escritura: De él saldrán ríos de agua viva». 39Decía esto Jesús refiriéndose al
Espíritu Santo que recibirían los que creyeran en él. Todavía no se comunicaba
el Espíritu, porque Jesús aún no había entrado en su gloria.
DISCUSIÓN SOBRE EL ORIGEN
DE CRISTO
40Muchos de los que
escucharon esto decían: «Realmente este hombre es el Profeta». 41Unos afirmaban: «Este es
el Mesías». Pero otros decían: «¿Cómo va a venir el Mesías de Galilea? 42¿No dice la Escritura que
el Mesías es un descendiente de David y que saldrá de Belén, la ciudad de
David?» 43La gente, pues, estaba
dividida a causa de Jesús. 44Algunos querían llevarlo preso, pero nadie le puso las
manos encima. 45Cuando los guardias del Templo volvieron a donde los sacerdotes y los
fariseos, les preguntaron: «¿Por qué no lo han traído?» 46Los guardias contestaron:
«Nunca hombre alguno ha hablado como éste». 47Los fariseos les dijeron: «¿También
ustedes se han dejado engañar? 48¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en
él? 49Pero esa gente que no
conoce la Ley, ¡son unos malditos!» 50Les respondió Nicodemo, el que había
ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos. Dijo: 51«¿Acaso nuestra ley
permite condenar a un hombre sin escucharle antes y sin averiguar lo que ha
hecho?» 52Le contestaron: «¿También
tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen
profetas». 53Y se fue cada uno a su casa.
CAPÍTULO 8
LA MUJER ADÚLTERA
1Jesús, por su parte, se
fue al monte de los Olivos. 2Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la
gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles. 3Los maestros de la Ley y
los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La
colocaron en medio 4y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha
sido sorprendida en el acto. 5En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a
pedradas a la mujer. Tú ¿qué dices?» 6Le hacían esta pregunta para ponerlo
en dificultades y tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a
escribir en el suelo con el dedo. 7Como ellos insistían en preguntarle,
se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la
primera piedra». 8Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo. 9Al oír estas palabras, se
fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se
quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. 10Entonces se enderezó y le
dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?» 11Ella contestó: «Ninguno,
señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas
a pecar.»
YO SOY LA LUZ DEL MUNDO
12Jesús les habló de nuevo
diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas,
sino que tendrá luz y vida». 13Los fariseos replicaron: «Estás hablando en tu propio
favor; tu testimonio no vale nada». 14Jesús les contestó: «Aunque yo hable
en mi favor, mi declaración vale, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy.
Ustedes son los que no saben de dónde he venido ni adónde voy. 15Ustedes juzgan con
criterios humanos; yo no juzgo a nadie. 16Y si yo tuviera que juzgar, mi
juicio sería válido, porque yo no estoy solo; el Padre que me envió está
conmigo. 17En la Ley de ustedes está
escrito que con dos personas el testimonio es válido. 18Yo doy testimonio de mí
mismo, y también el Padre que me ha enviado da testimonio de mí». 19Le preguntaron: «¿Dónde
está tu Padre?» Jesús les contestó: «Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre;
si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre». 20Jesús dijo estas cosas en
el lugar donde se reciben las ofrendas, cuando estaba enseñando en el Templo,
pero nadie lo tomó preso, porque aún no había llegado su hora. 21De nuevo Jesús les dijo:
«Yo me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir a donde yo voy y
morirán en su pecado». 22Los judíos se preguntaban: «¿Por qué dice que a donde él va
nosotros no podemos ir? ¿Pensará tal vez en suicidarse?» 23Pero Jesús les dijo:
«Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy
de este mundo. 24Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si
ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados». 25Le preguntaron: «Pero
¿quién eres tú?» Jesús les contestó: «Exactamente lo que acabo de decirles. 26Tengo mucho que decir
sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del
que me ha enviado: él es veraz». 27Ellos no comprendieron que Jesús les hablaba del
Padre. 28Y añadió: «Cuando
levanten en alto al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo soy y que no
hago nada por mi cuenta, sino que sólo digo lo que el Padre me ha enseñado. 29El que me ha enviado está
conmigo y no me deja nunca solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él».
LOS HIJOS DE LA VERDAD
30Esto es lo que decía
Jesús, y muchos creyeron en él.
31Jesús decía a los judíos
que habían creído en él: «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si
perseveran en mi palabra; 32entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres».
33Le respondieron: «Somos
descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices:
"Ustedes serán libres"?» 34Jesús les contestó: «En verdad, en
verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. 35Pero el esclavo no se
quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. 36Por tanto, si el Hijo los
hace libres, ustedes serán realmente libres. 37Yo sé que ustedes son descendientes
de Abraham, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de
matarme. 38Yo hablo de lo que he
visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre». 39Ellos le cortaron la
palabra: «Nuestro padre es Abraham». Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes
fueran hijos de Abraham, actuarían como Abraham. 40Pero viene alguien que les dice la
verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren matarme. Esta no
es la manera de actuar de Abraham. 41Ustedes actúan como hizo el padre de
ustedes». Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos ilegítimos, no
tenemos más que un solo padre: Dios». 42Jesús les replicó: «Si Dios fuera su
Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios para venir aquí. No
he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha enviado. 43¿Por qué no entienden mi
lenguaje? Porque no pueden acoger mi mensaje. 44Ustedes tienen por padre al diablo y
quieren realizar los malos deseos de su padre. Ha sido un asesino desde el
principio, porque la verdad no está en él, y no se ha mantenido en la verdad.
Lo que le ocurre decir es mentira, porque es un mentiroso y padre de toda
mentira. 45Por eso ustedes no me
creen cuando les digo la verdad. 46¿Quién de ustedes encontrará falsedad en mí? Y si les
digo la verdad, ¿por qué no me creen? 47El que es de Dios escucha las
palabras de Dios; ustedes no las escuchan porque no son de Dios». 48Los judíos le replicaron:
«Tenemos razón en decir que eres un samaritano y que estás poseído por un
demonio». 49Jesús les dijo: «Yo no
tengo un demonio, pero ustedes me deshonran a mí porque honro a mi Padre. 50Yo no tengo por qué
defender mi honor, hay otro que se preocupa por mí y hará justicia. 51En verdad les digo: El
que guarda mi palabra no probará la muerte jamás». 52Los judíos replicaron:
«Ahora sabemos que eres víctima de un mal espíritu. Abraham murió y también los
profetas, ¿y tú dices: "Quien guarda mi palabra jamás probará la
muerte"? 53¿Eres tú más grande que nuestro padre Abraham, que murió, lo mismo que
murieron los Profetas? ¿Quién te crees?» 54Jesús les contestó: «Si yo me doy
gloria a mí mismo, mi gloria no vale nada; es el Padre quien me da gloria, el
mismo que ustedes llaman «nuestro Dios». 55Ustedes no lo conocen, yo sí lo
conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero
yo lo conozco y guardo su palabra. 56En cuanto a Abraham, padre de
ustedes, se alegró pensando ver mi día. Lo vio y se regocijó.». 57Entonces los judíos le
dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?» 58Contestó Jesús: «En
verdad les digo que antes que Abraham existiera, Yo soy». 59Entonces tomaron piedras
para lanzárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo.
CAPÍTULO 9
JESÚS SANA A UN CIEGO DE
NACIMIENTO
1Al pasar, Jesús vio a un
hombre que era ciego de nacimiento. 2Sus discípulos le preguntaron:
«Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?» 3Jesús respondió: «Esta
cosa no es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios
se hagan en él, y en forma clarísima. 4Mientras es de día tenemos que hacer
la obra del que me ha enviado; porque vendrá la noche, cuando nadie puede
trabajar. 5Mientras estoy en el
mundo, soy la luz del mundo». 6Dicho esto, hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó
con él los ojos del ciego 7y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que
quiere decir el Enviado)». El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía
claramente. 8Sus
vecinos y los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No es éste el que
se sentaba aquí y pedía limosna?» 9Unos decían: «Es él». Otros, en
cambio: «No, es uno que se le parece». 10Pero él afirmaba: «Sí, soy yo». Le
preguntaron: «¿Cómo es que ahora puedes ver?» 11Contestó: «Ese hombre al que llaman
Jesús hizo barro, me lo aplicó a los ojos y me dijo que fuera a lavarme a la
piscina de Siloé. Fui, me lavé y veo». 12Le preguntaron: «¿Dónde está él?»
Contestó: «No lo sé». 13La gente llevó ante los fariseos al que había sido ciego. 14Pero coincidió que ese
día en que Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego, era día de descanso. 15Y como nuevamente los
fariseos preguntaban al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me
puso barro en los ojos, me lavé y veo». 16Algunos fariseos, pues, dijeron:
«Ese hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios». Pero otros
decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales milagros?» Y estaban
divididos. 17Entonces hablaron de nuevo al ciego: «Ese te ha abierto los ojos, ¿qué
piensas tú de él?» El contestó: «Que es un profeta». 18Los judíos no quisieron
creer que siendo ciego había recobrado la vista, hasta que no llamaran a sus
padres. 19Y les preguntaron: «¿Es
éste su hijo? ¿Y ustedes dicen que nació ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?» 20Los padres respondieron:
«Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego. 21Pero cómo es que ahora ve, no lo
sabemos, y quién le abrió los ojos, tampoco. Pregúntenle a él, que es adulto y
puede responder de sí mismo». 22Los padres contestaron así por miedo a los judíos,
pues éstos habían decidido expulsar de sus comunidades a los que reconocieran a
Jesús como el Mesías. 23Por eso dijeron: «Es mayor de edad, pregúntenle a él». 24De nuevo los fariseos
volvieron a llamar al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa la
verdad; nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador». 25El respondió: «Yo no sé
si es un pecador, lo que sé es que yo era ciego y ahora veo». 26Le preguntaron: «¿Qué te
hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» 27El les dijo: «Ya se lo he dicho y no me han escuchado.
¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos
suyos?» 28Entonces comenzaron a
insultarlo. «Tú serás discípulo suyo. Nosotros somos discípulos de Moisés. 29Sabemos que a Moisés le
habló Dios, pero ése no sabemos ni siquiera de dónde es». 30El hombre contestó: «Esto
es lo extraño: él me ha abierto los ojos y ustedes no entienden de dónde viene.
31Es sabido que Dios no
escucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios lo
escucha. 32Jamás se ha oído decir
que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33Si éste no viniera de
Dios, no podría hacer nada». 34Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde
tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. 35Jesús se enteró de que lo
habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del
Hombre?» 36Le contestó: «¿Y quién
es, Señor, para que crea en él?» 37Jesús le dijo: «Tú lo has visto, y es el que está
hablando contigo». 38El entonces dijo: «Creo, Señor». Y se arrodilló ante él. 39Jesús añadió: «He venido
a este mundo para llevar a cabo un juicio: los que no ven, verán, y los que
ven, se volverán ciegos». 40Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le
dijeron: «¿Así que también nosotros somos ciegos?» 41Jesús les contestó: «Si
fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen: "Vemos", y esa
es la prueba de su pecado.»
CAPÍTULO 10
YO SOY EL BUEN PASTOR
1«En verdad les digo: El
que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por algún
otro lado, ése es un ladrón y un salteador. 2El que entra por la puerta es el
pastor de las ovejas. 3El cuidador le abre y las ovejas escuchan su voz; llama por
su nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera. 4Cuando ha sacado todas
sus ovejas, empieza a caminar delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque
conocen su voz. 5A
otro no lo seguirían, sino que huirían de él, porque no conocen la voz de los
extraños». 6Jesús
usó esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. 7Jesús, pues, tomó de
nuevo la palabra: En verdad les digo que yo soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que han venido
eran ladrones y malhechores, y las ovejas no les hicieron caso. 9Yo soy la puerta: el que
entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento. 10El ladrón sólo viene a
robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la
tengan en plenitud. 11Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las
ovejas. 12No así el asalariado, que
no es el pastor ni las ovejas son suyas. Cuando ve venir al lobo, huye
abandonando las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa. 13A él sólo le interesa su
salario y no le importan nada las ovejas. 14Yo soy el Buen Pastor y conozco los
míos como los míos me conocen a mí, 15lo mismo que el Padre me conoce a mí
y yo conozco al Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas. 16Tengo otras ovejas que no
son de este corral. A esas también las llevaré; escucharán mi voz, y habrá un
solo rebaño con un solo pastor. 17El Padre me ama porque yo doy mi vida para retomarla
de nuevo. 18Nadie me la quita, sino
que yo mismo la entrego. En mis manos está el entregarla y el recobrarla: éste
es el mandato que recibí de mi Padre». 19Nuevamente se dividieron los judíos
a causa de estas palabras. 20Algunos decían: «Es víctima de un espíritu malo y habla
locuras; ¿para qué escucharlo?» 21Pero otros decían: «Un endemoniado no habla de esta
manera. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?»
JESÚS SE DECLARA HIJO DE
DIOS
22Era invierno y en
Jerusalén se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo. 23Jesús se paseaba en el
Templo, por el pórtico de Salomón, 24cuando los judíos lo rodearon y le
dijeron: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías,
dínoslo claramente». 25Jesús les respondió: «Ya se lo he dicho, pero ustedes no
creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo, 26pero ustedes no creen
porque no son ovejas mías. 27Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me
siguen, 28y yo les doy vida eterna.
Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano. 29Aquello que el Padre me
ha dado es más fuerte que todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi
Padre. 30Yo y el Padre somos una
sola cosa». 31Entonces los judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas. 32Jesús les dijo: «He hecho
delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del Padre; ¿por cuál de
ellas me quieren apedrear?» 33Los judíos respondieron: «No te apedreamos por algo hermoso
que hayas hecho, sino por insultar a Dios; porque tú, siendo hombre, te haces
Dios». 34Jesús les contestó: «¿No
está escrito en la Ley de ustedes: Yo he dicho que son dioses? 35No se puede cambiar la
Escritura, y en ese lugar llama dioses a los que recibieron esta palabra de
Dios. 36Y yo, que fui consagrado
y enviado al mundo por el Padre, ¿estaría insultando a Dios al decir que soy el
Hijo de Dios? 37Si yo no hago las obras del Padre, no me crean. 38Pero si las hago, si no
me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre
está en mí y yo en el Padre». 39Otra vez quisieron llevarlo preso, pero Jesús se les
escapó de las manos. 40Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan
bautizaba al principio, y se quedó allí. 41Mucha gente acudió a él, y decían:
«Juan no hizo ninguna señal milagrosa, pero todo lo que dijo de éste era
verdad». 42Y muchos creyeron en él
en ese lugar.
CAPÍTULO 11
LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO
1Había un hombre enfermo
llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. 2Esta María era la misma
que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano
Lázaro era el enfermo. 3Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que
tú amas está enfermo». 4Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no terminará en
muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado
por ella». 5Jesús
quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6Sin embargo, cuando se enteró de que
Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se
encontraba. 7Sólo
después dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea». 8Le replicaron: «Maestro,
hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y tú quieres volver allá?» 9Jesús les contestó: «No
hay jornada mientras no se han cumplido las doce horas. El que camina de día no
tropezará, porque ve la luz de este mundo; 10pero el que camina de noche
tropezará; ése es un hombre que no tiene en sí mismo la luz». 11Después les dijo:
«Nuestro amigo Lázaro se ha dormido y voy a despertarlo». 12Los discípulos le
dijeron: «Señor, si duerme, recuperará la salud». 13En realidad Jesús quería decirles
que Lázaro estaba muerto, pero los discípulos entendieron que se trataba del
sueño natural. 14Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto, 15pero yo me alegro por
ustedes de no haber estado allá, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo». 16Entonces Tomás, apodado
el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con
él». 17Cuando llegó Jesús,
Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18Betania está a unos tres kilómetros
de Jerusalén, 19y muchos judíos habían ido a la casa de Marta y de María para
consolarlas por la muerte de su hermano. 20Apenas Marta supo que Jesús llegaba,
salió a su encuentro, mientras María permanecía en casa. 21Marta dijo a Jesús: «Si
hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. 22Pero aun así, yo sé que
puedes pedir a Dios cualquier cosa, y Dios te lo concederá». 23Jesús le dijo: «Tu
hermano resucitará». 24Marta respondió: «Ya sé que será resucitado en la
resurrección de los muertos, en el último día». 25Le dijo Jesús: «Yo soy la
resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá. 26El que vive, el que cree
en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» 27Ella contestó: «Sí, Señor; yo creo
que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». 28Después Marta fue a
llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está aquí y te llama».
29Apenas lo oyó, María se
levantó rápidamente y fue a donde él. 30Jesús no había entrado aún en el
pueblo, sino que seguía en el mismo lugar donde Marta lo había encontrado. 31Los judíos que estaban
con María en la casa consolándola, al ver que se levantaba a prisa y salía,
pensaron que iba a llorar al sepulcro y la siguieron. 32Al llegar María a donde
estaba Jesús, en cuanto lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras
estado aquí, mi hermano no habría muerto». 33Al ver Jesús el llanto de María y de
todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y
se turbó. 34Y preguntó: «¿Dónde lo
han puesto?» Le contestaron: «Señor, ven a ver». 35Y Jesús lloró. 36Los judíos decían:
«¡Miren cómo lo amaba!» 37Pero algunos dijeron: «Si pudo abrir los ojos al ciego, ¿no
podía haber hecho algo para que éste no muriera?» 38Jesús, conmovido de nuevo en su
interior, se acercó al sepulcro. Era una cueva cerrada con una piedra. 39Jesús ordenó: «Quiten la
piedra». Marta, hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya tiene mal olor, pues
lleva cuatro días». 40Jesús le respondió: «¿No te he dicho que si crees verás la
gloria de Dios?» 41Y quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y
exclamó: «Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. 42Yo sabía que siempre me
escuchas; pero lo he dicho por esta gente, para que crean que tú me has
enviado». 43Al decir esto, gritó con
fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!» 44Y salió el muerto. Tenía las manos y
los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un velo. Jesús les dijo:
«Desátenlo y déjenlo caminar.»
LOS JEFES JUDÍOS DECIDEN
LA MUERTE DE JESÚS
45Muchos judíos que habían
ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho. 46Pero otros fueron donde
los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. 47Entonces los jefes de los
sacerdotes y los fariseos convocaron el Consejo y preguntaban: «¿Qué hacemos?
Este hombre hace muchos milagros. 48Si lo dejamos que siga así, todos
van a creer en él, y luego intervendrán los romanos que destruirán nuestro Lugar
Santo y nuestra nación». 49Entonces habló uno de ellos, Caifás, que era el sumo
sacerdote aquel año, y dijo: «Ustedes no entienden nada. 50No se dan cuenta de que
es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la
nación». 51Estas palabras de Caifás
no venían de sí mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó
en aquel momento; Jesús iba a morir por la nación; 52y no sólo por la nación,
sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53Y desde ese día
estuvieron decididos a matarlo. 54Jesús ya no podía moverse libremente como quería
entre los judíos. Se retiró, pues, a la región cercana al desierto y se quedó
con sus discípulos en una ciudad llamada Efraín. 55Se acercaba la Pascua de los judíos,
y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse antes de la Pascua. 56Buscaban a Jesús y se
decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?» 57Pues los jefes de los
sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes, y si alguien sabía dónde se
encontraba Jesús, debía notificarlo para que fuera arrestado.
CAPÍTULO 12
LA CENA DE BETANIA (MT
26,6; MC 14,1)
1Seis días antes de la
Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado
de entre los muertos. 2Allí lo invitaron a una cena. Marta servía y Lázaro estaba
entre los invitados. 3María, pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho
de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos,
mientras la casa se llenaba del olor del perfume. 4Judas Iscariote, el discípulo que
iba a entregar a Jesús, dijo: 5«Ese perfume se podría haber vendido en trescientas monedas
de plata para ayudar a los pobres». 6En realidad no le importaban los
pobres, sino que era un ladrón, y como estaba encargado de la bolsa común, se
llevaba lo que echaban en ella. 7Pero Jesús dijo: «Déjala, pues lo tenía reservado para el
día de mi entierro. 8A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no
me tendrán siempre». 9Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no
sólo por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado
de entre los muertos. 10Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte
también a Lázaro, 11pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y
creían en Jesús.
EL MESÍAS ENTRA EN
JERUSALÉN (MT 21,5; MC 11,1)
12Al día siguiente, muchos
de los que habían llegado para la fiesta se enteraron de que Jesús también
venía a Jerusalén. 13Entonces tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro
gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el
Rey de Israel!» 14Jesús encontró un burrito y se montó en él, 15según dice la Escritura:
No temas, ciudad de Sión, mira que viene tu Rey montado en un burrito. 16Los discípulos no se
dieron cuenta de esto en aquel momento, pero cuando Jesús fue glorificado,
recapacitaron que esto había sido escrito para él y que lo habían hecho para
él. 17Toda la gente que había
estado junto a Jesús cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre
los muertos, cantaba sus alabanzas, 18y muchos otros vinieron a su
encuentro a causa de la noticia de este milagro. 19Mientras tanto los fariseos
comentaban entre sí: «No hemos adelantado nada. Todo el mundo se ha ido tras
él.»
SI EL GRANO NO MUERE
20También un cierto número
de griegos, de los que adoran a Dios, habían subido a Jerusalén para la fiesta.
21Algunos se acercaron a
Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, quisiéramos ver a
Jesús». 22Felipe habló con Andrés,
y los dos fueron a decírselo a Jesús. 23Entonces Jesús dijo: «Ha llegado la
hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. 24En verdad les digo: Si el grano de
trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 25El que ama su vida la
destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida
eterna. 26El que quiera servirme,
que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me
sirve, el Padre le dará un puesto de honor. 27Ahora mi alma está turbada. ¿Diré
acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora
para enfrentarme con todo esto! 28Padre, ¡da gloria a tu Nombre!» Entonces se oyó una
voz que venía del cielo: «Lo he glorificado y lo volveré a glorificar». 29Los que estaban allí y
que escucharon la voz, decían que había sido un trueno; otros decían: «Le ha
hablado un ángel». 30Entonces Jesús declaró: «Esta voz no ha venido por mí, sino
por ustedes. 31Ahora es el juicio de este mundo, ahora el que gobierna este mundo va a
ser echado fuera, 32y yo, cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré a
todos a mí». 33Con estas palabras Jesús daba a entender de qué modo iba a morir. 34La gente le replicó:
«Escuchamos la Ley y sabemos que el Mesías permanece para siempre. ¿Cómo dices
tú que el Hijo del Hombre va a ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del Hombre?» 35Jesús les contestó:
«Todavía por un poco más de tiempo estará la luz con ustedes. Caminen mientras
tienen luz, no sea que les sorprenda la oscuridad. El que camina en la
oscuridad no sabe adónde va. 36Mientras tengan la luz, crean en la luz y serán hijos
de la luz». Así habló Jesús; después se fue y ya no se dejó ver más.
INCREDULIDAD DE LOS
JUDÍOS
37Aunque había hecho tantas
señales delante de ellos, no creían en él. 38Tenía que cumplirse lo dicho por el
profeta Isaías: Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestras palabras? ¿A quién
fueron revelados los caminos del Señor? 39¿Por qué no podían creer? Isaías lo
había dicho también: 40Cegó sus ojos y endureció su corazón para que no vieran, ni
comprendieran, ni se volvieran a mí: de hacerlo, yo los habría sanado. 41Esto lo dijo Isaías,
porque vio su gloria y habló de él. 42En realidad, de entre los mismos
jefes, varios creyeron en él; pero no lo dijeron abiertamente por miedo a que
los fariseos los echaran de la comunidad judía. 43Prefirieron ser honrados por los
hombres antes que por Dios. 44Pero Jesús dijo claramente: «El que cree en mí no cree
solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado. 45Y el que me ve a mí ve a aquel que
me ha enviado. 46Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no
permanezca en tinieblas. 47Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo
juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo. 48El que me rechaza y no
recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado
lo condenará el último día. 49Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el
Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir. 50Yo sé que su mandato es
vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre».
CAPÍTULO 13
LA TERCERA PASCUA
1Antes de la fiesta de
Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para
ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó
hasta el extremo.
JESÚS LAVA LOS PIES A SUS
DISCÍPULOS
2Estaban comiendo la cena
y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de
Simón, el propósito de entregarle. 3Jesús, por su parte, sabía que el
Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y
que a Dios volvía. 4Entonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató
una toalla a la cintura. 5Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de
los discípulos; y luego se los secaba con la toalla que se había atado. 6Cuando llegó a Simón
Pedro, éste le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?» 7Jesús le contestó: «Tú no
puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás más tarde». 8Pedro replicó: «Jamás me
lavarás los pies». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no podrás tener parte
conmigo». 9Entonces Pedro le dijo:
«Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». 10Jesús le dijo: «El que se
ha bañado, está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes
están limpios, aunque no todos». 11Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo:
«No todos ustedes están limpios». 12Cuando terminó de lavarles los pies,
se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que he
hecho con ustedes? 13Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo
soy. 14Pues si yo, siendo el
Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los
pies unos a otros. 15Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho
yo. 16En verdad les digo: El
servidor no es más que su patrón y el enviado no es más que el que lo envía. 17Pues bien, ustedes ya
saben estas cosas: felices si las ponen en práctica. 18No me refiero a todos
ustedes, pues conozco a los que he escogido, y tiene que cumplirse lo que dice
la Escritura: El que compartía mi pan se ha levantado contra mí. 19Se lo digo ahora, antes
de que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. 20En verdad les digo: El
que reciba al que yo envíe, a mí me recibe, y el que me reciba a mí, recibe al
que me ha enviado». 21Tras decir estas cosas, Jesús se conmovió en su espíritu y
dijo con toda claridad: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar». 22Los discípulos se miraron
unos a otros, pues no sabían a quién se refería. 23Uno de sus discípulos, el que Jesús
amaba, estaba recostado junto a él en la mesa, 24y Simón Pedro le hizo señas para que
le preguntara de quién hablaba. 25Se volvió hacia Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién
es?» 26Jesús le contestó: «Voy a
mojar un pedazo de pan en el plato. Aquél al cual se lo dé, ése es». Jesús mojó
un pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. 27Apenas Judas tomó el
pedazo de pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a
hacer, hazlo pronto». 28Ninguno de los que estaban a la mesa comprendió por qué
Jesús se lo decía. 29Como Judas tenía la bolsa común, algunos creyeron que Jesús
quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta.», o bien: «da
algo a los pobres». 30Judas se comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era
de noche. 31Cuando Judas salió, Jesús
dijo: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él. 32Por lo tanto, Dios lo va
a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará muy pronto. 33Hijos míos, yo estaré con
ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se
lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir. 34Les doy un mandamiento
nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como
yo los he amado. 35En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se
amen unos a otros». 36Simón Pedro le preguntó: «Señor, ¿adónde vas?» Jesús le
respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más
tarde». 37Pedro le dijo: «Señor,
¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por ti». 38Jesús le respondió: «¿Dar
tú la vida por mí? En verdad te digo que antes de que cante el gallo me habrás
negado tres veces.»
CAPÍTULO 14
YO VOY AL PADRE
1«No se turben; crean en
Dios y crean también en mí. 2En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser
así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. 3Y después de ir y
prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté,
estén también ustedes. 4Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino». 5Entonces Tomás le dijo:
«Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» 6Jesús contestó: «Yo soy
el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. 7Si me conocen a mí,
también conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han visto». 8Felipe le dijo: «Señor,
muéstranos al Padre, y eso nos basta». 9Jesús le respondió: «Hace tanto
tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ve a
mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: Muéstranos al Padre? 10¿No crees que yo estoy en
el Padre y que el Padre está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí,
sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras. 11Yo estoy en el Padre y el
Padre está en mí. Créanme en esto, o si no, créanlo por las obras mismas. 12En verdad les digo: El
que crea en mí, hará las mismas obras que yo hago y, como ahora voy al Padre,
las hará aún mayores. 13Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el
Padre sea glorificado en su Hijo. 14Y también haré lo que me pidan
invocando mi Nombre. 15Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, 16y yo rogaré al Padre y
les dará otro Protector que permanecerá siempre con ustedes, 17el Espíritu de Verdad, a
quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes lo
conocen, porque está con ustedes y permanecerá en ustedes. 18No los dejaré huérfanos,
sino que volveré a ustedes. 19Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes me
verán, porque yo vivo y ustedes también vivirán. 20Aquel día comprenderán que yo estoy
en mi Padre y ustedes están en mí y yo en ustedes. 21El que guarda mis
mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama. El que me ama a mí
será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». 22Judas, no el Iscariote,
le preguntó: «Señor, ¿por qué hablas de mostrarte a nosotros y no al mundo?» 23Jesús le respondió: «Si
alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Entonces vendremos
a él para poner nuestra morada en él. 24El que no me ama no guarda mis
palabras; pero el mensaje que escuchan no es mío, sino del Padre que me ha
enviado. 25Les he dicho todo esto
mientras estaba con ustedes. 26En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el
Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les
recordará todo lo que yo les he dicho. 27Les dejo la paz, les doy mi paz. La
paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes
angustia ni miedo. 28Saben que les dije: Me voy, pero volveré a ustedes. Si me
amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, pues el Padre es más grande que
yo. 29Les he dicho estas cosas
ahora, antes de que sucedan, para que cuando sucedan, ustedes crean. 30Ya no hablaré mucho más
con ustedes, pues se está acercando el que gobierna este mundo. En mí no
encontrará nada suyo, 31pero con esto sabrá el mundo que yo amo al Padre y que hago
lo que el Padre me ha encomendado hacer. Ahora levántense y vayámonos de aquí.
CAPÍTULO 15
YO SOY LA VID: PRODUZCAN
FRUTOS EN MÍ
1«Yo soy la vid verdadera
y mi Padre es el labrador. 2Toda rama que no da fruto en mí, la corta. Y toda rama que
da fruto, la limpia para que dé más fruto. 3Ustedes ya están limpios gracias a
la palabra que les he anunciado, 4pero permanezcan en mí como yo en ustedes. Una rama no
puede producir fruto por sí misma si no permanece unida a la vid; tampoco
ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí. 5Yo soy la vid y ustedes
las ramas. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí,
no pueden hacer nada. 6El que no permanece en mí lo tiran y se seca; como a las
ramas, que las amontonan, se echan al fuego y se queman. 7Mientras ustedes
permanezcan en mí y mis palabras permanezcan en ustedes, pidan lo que quieran y
lo conseguirán. 8Mi
Padre es glorificado cuando ustedes producen abundantes frutos: entonces pasan
a ser discípulos míos. 9Como el Padre me amó, así también los he amado yo:
permanezcan en mi amor. 10Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como
yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11Les he dicho todas estas
cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa. 12Este es mi mandamiento:
que se amen unos a otros como yo los he amado. 13No hay amor más grande que dar la
vida por sus amigos, 14y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando. 15Ya no les llamo
servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos,
porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. 16Ustedes no me eligieron a
mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den
fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que
le pidan en mi Nombre. 17Amense los unos a los otros: esto es lo que les mando.
EL MUNDO ODIA A JESÚS Y A
LOS SUYOS
18Si el mundo los odia,
sepan que antes me odió a mí. 19No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues
el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los
elegí de en medio del mundo, y por eso el mundo los odia. 20Acuérdense de lo que les
dije: el servidor no es más que su patrón. Si a mí me han perseguido, también
los perseguirán a ustedes. ¿Acaso acogieron mi enseñanza? ¿Cómo, pues,
acogerían la de ustedes? 21Les harán todo esto por causa de mi nombre, porque no
conocen al que me envió. 22Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendrían
pecado. Pero ahora su pecado no tiene disculpa. 23El que me odia a mí, odia también a
mi Padre. 24Si yo no hubiera hecho en
medio de ellos obras que nadie hizo jamás, no serían culpables de pecado; pero
las han visto y me han odiado a mí y a mi Padre. 25Así se cumple la palabra que se
puede leer en su Ley: Me odiaron sin causa alguna.
EL ESPÍRITU VENDRÁ
26Cuando venga el Protector
que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede
del Padre, dará testimonio de mí. 27Y ustedes también darán testimonio
de mí, pues han estado conmigo desde el principio.
CAPÍTULO 16
1Les hablo de todo esto
para que no se vayan a tambalear. 2Serán expulsados de las comunidades
judías; más aún, se acerca el tiempo en que cualquiera que los mate pensará que
está sirviendo a Dios. 3Y actuarán así porque no conocen ni al Padre ni a mí. 4Se lo advierto de
antemano, para que cuando llegue la hora, recuerden que se lo había dicho. No
les hablé de esto al principio porque estaba con ustedes. 5Pero ahora me voy donde
Aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. 6Se han llenado de
tristeza al oír lo que les dije, 7pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me
vaya, porque mientras yo no me vaya, el Protector no vendrá a ustedes. Yo me
voy, y es para enviárselo. 8Cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al
pecado, al camino de justicia y al juicio. 9¿Qué pecado? Que no creyeron en mí. 10¿Qué camino de justicia?
Mi partida hacia el Padre mientras ustedes ya no me vean. 11¿Qué juicio? El del
gobernador de este mundo: ya ha sido condenado. 12Aún tengo muchas cosas que decirles,
pero es demasiado para ustedes por ahora. 13Y cuando venga él, el Espíritu de la
Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. El no viene con un
mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de
venir. 14El tomará de lo mío para
revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. 15Todo lo que tiene el
Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a
ustedes».
LA PROMESA DE UNA NUEVA
PRESENCIA
16«Dentro de poco ya no me
verán, pero después de otro poco me volverán a ver». 17Algunos discípulos se
preguntaban: «¿Qué querrá decir con eso: "Dentro de poco ya no me verán y
después de otro poco me volverán a ver"? ¿Y qué significa: "Me voy al
Padre"?» 18Y se preguntaban: «¿A qué se refiere ese "dentro de poco"? No
entendemos lo que quiere decir». 19Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les
dijo: «Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: Dentro de poco tiempo
no me verán y después de otro poco me volverán a ver. 20En verdad les digo que
llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán
apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo. 21La mujer se siente afligida cuando
está para dar a luz, porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha
nacido la criatura, se olvida de las angustias por su alegría tan grande;
piensen: ¡un ser humano ha venido al mundo! 22Así también ustedes ahora sienten
tristeza, pero yo los volveré a ver y su corazón se llenará de alegría, y nadie
les podrá arrebatar ese gozo. 23Cuando llegue ese día ya no tendrán que preguntarme
nada. En verdad les digo que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, se lo
concederá. 24Hasta ahora no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, así
conocerán el gozo completo. 25Hasta ahora los he instruido por medio de comparaciones.
Pero está llegando la hora en que ya no los instruiré con comparaciones, sino
que les hablaré claramente del Padre. 26Ese día ustedes pedirán en mi
Nombre, y no será necesario que yo los recomiende ante el Padre, 27pues el Padre mismo los
ama, porque ustedes me aman a mí y creen que salí de Dios. 28Salí del Padre y vine al
mundo. Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre». 29Los discípulos le dijeron: «Ahora sí
que hablas con claridad, sin usar parábolas. 30Ahora vemos que lo sabes todo y no
hay por qué hacerte preguntas. Ahora creemos que saliste de Dios». 31Jesús les respondió:
«¿Ustedes dicen que creen? 32Está llegando la hora, y ya ha llegado, en que se
dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Aunque no estoy solo, pues
el Padre está conmigo. 33Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí.
Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al
mundo».
CAPÍTULO 17
ORACIÓN DE JESÚS POR EL
NUEVO PUEBLO SANTO
1Dicho esto, Jesús elevó
los ojos al cielo y exclamó: «Padre, ha llegado la hora: ¡glorifica a tu Hijo
para que tu Hijo te dé gloria a ti! 2Yú le diste poder sobre todos los
mortales, y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le
encomendaste. 3Y
ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has
enviado, Jesús, el Cristo. 4Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la obra
que me habías encomendado. 5Ahora, Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a
tu lado antes que comenzara el mundo. 6He manifestado tu Nombre a los
hombres: hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos, y tú me
los diste y han guardado tu Palabra. 7Ahora reconocen que todo aquello que
me has dado viene de ti. 8El mensaje que recibí se lo he entregado y ellos lo han
recibido, y reconocen de verdad que yo he salido de ti y creen que tú me has
enviado. 9Yo ruego por ellos. No
ruego por el mundo, sino por los que son tuyos y que tú me diste 10-pues todo lo mío es tuyo
y todo lo tuyo mío-; yo ya he sido glorificado a través de ellos. 11Yo ya no estoy más en el
mundo, pero ellos se quedan en el mundo, mientras yo vuelvo a ti. Padre Santo,
guárdalos en ese Nombre tuyo que a mí me diste, para que sean uno como
nosotros. 12Cuando estaba con ellos,
yo los cuidaba en tu Nombre, pues tú me los habías encomendado, y ninguno de
ellos se perdió, excepto el que llevaba en sí la perdición, pues en esto había
de cumplirse la Escritura. 13Pero ahora que voy a ti, y estando todavía en el mundo,
digo estas cosas para que tengan en ellos la plenitud de mi alegría. 14Yo les he dado tu
mensaje, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo como tampoco yo soy
del mundo. 15No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del
Maligno. 16Ellos no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo. 17Conságralos mediante la verdad: tu palabra es verdad.
18Así como tú me has
enviado al mundo, así yo también los envío al mundo, 19y por ellos ofrezco el
sacrificio, para que también ellos sean consagrados en la verdad. 20No ruego sólo por éstos,
sino también por todos aquellos que creerán en mí por su palabra. 21Que todos sean uno como
tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para
que el mundo crea que tú me has enviado. 22Yo les he dado la Gloria que tú me
diste, para que sean uno como nosotros somos uno: 23yo en ellos y tú en mí. Así
alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo conocerá que tú me has
enviado y que yo los he amado a ellos como tú me amas a mí. 24Padre, ya que me los has
dado, quiero que estén conmigo donde yo estoy y que contemplen la Gloria que tú
ya me das, porque me amabas antes que comenzara el mundo. 25Padre justo, el mundo no
te ha conocido, pero yo te conocía, y éstos a su vez han conocido que tú me has
enviado. 26Yo les he dado a conocer
tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amas
esté en ellos y también yo esté en ellos.»
CAPÍTULO 18
JESÚS ES LLEVADO PRESO
1Cuando terminó de hablar,
Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había allí un
huerto, y Jesús entró en él con sus discípulos. 2Judas, el que lo entregaba, conocía
también ese lugar, pues Jesús se había reunido allí muchas veces con sus
discípulos. 3Judas
hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de
los sacerdotes y los fariseos, que llegaron allí con linternas, antorchas y
armas. 4Jesús, que sabía todo lo
que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscan?» 5Contestaron: «A Jesús el
Nazareno». Jesús dijo: «Yo soy». Y Judas, que lo entregaba, estaba allí con
ellos. 6Cuando Jesús les dijo:
«Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo. 7Les preguntó de nuevo: «¿A quién
buscan?» Dijeron: «A Jesús el Nazareno». 8Jesús les respondió: «Ya les he
dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan». 9Así se cumplía lo que
Jesús había dicho: «No he perdido a ninguno de los que tú me diste». 10Simón Pedro tenía una
espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja
derecha. 11Jesús dijo a Pedro:
«Coloca la espada en su lugar. ¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha
dado?» 12Entonces los soldados,
con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron 13y lo llevaron primero a
casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. 14Caifás era el que había
dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo». 15Simón Pedro y otro
discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo
sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, 16mientras que Pedro se
quedó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido
del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. 17La muchacha que atendía
la puerta dijo a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre».
Pedro le respondió: «No lo soy». 18Los sirvientes y los guardias tenían unas brasas
encendidas y se calentaban, pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y
se calentaba. 19El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su
enseñanza. Jesús le contestó: 20«Yo he hablado abiertamente al mundo. He enseñado
constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen, tanto en las
sinagogas como en el Templo, y no he enseñado nada en secreto. 21¿Por qué me preguntas a
mí? Interroga a los que escucharon lo que he dicho». 22Al oír esto, uno de los
guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara, diciendo:
«¿Así contestas al sumo sacerdote?» 23Jesús le dijo: «Si he respondido
mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me
golpeas?». 24Al fin, Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.
25Simón Pedro estaba
calentándose al fuego en el patio, y le dijeron: «Seguramente tú también eres
uno de sus discípulos». El lo negó diciendo: «No lo soy». 26Entonces uno de los
servidores del sumo sacerdote, pariente del hombre al que Pedro le había
cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo con él en el huerto?» 27De nuevo Pedro lo negó y
al instante cantó un gallo.
JESÚS ANTE PILATO
28Llevaron a Jesús de la
casa de Caifás al tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron para
no quedar impuros, pues ese era un lugar pagano, y querían participar en la
comida de la Pascua. 29Entonces Pilato salió fuera, donde estaban ellos, y les
dijo: «¿De qué acusan a este hombre?» 30Le contestaron: «Si éste no fuera un
malhechor, no lo habríamos traído ante ti». 31Pilato les dijo: «Tómenlo y
júzguenlo según su ley». Los judíos contestaron: «Nosotros no tenemos la
facultad para aplicar la pena de muerte». 32Con esto se iba a cumplir la palabra
de Jesús dando a entender qué tipo de muerte iba a sufrir. 33Pilato volvió a entrar en
el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» 34Jesús le contestó:
«¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te han dicho otros de mí?» 35Pilato respondió: «¿Acaso
soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí;
¿qué has hecho?» 36Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si
fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no
cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá». 37Pilato le preguntó:
«Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy
testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el
que está del lado de la verdad escucha mi voz». 38Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?»
Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no
encuentro ningún motivo para condenar a este hombre. 39Pero aquí es costumbre
que en la Pascua yo les devuelva a un prisionero: ¿quieren ustedes que ponga en
libertad al Rey de los Judíos?» 40Ellos empezaron a gritar: «¡A ése no! Suelta a
Barrabás». Barrabás era un bandido.
CAPÍTULO 19
1Entonces Pilato tomó a
Jesús y ordenó que fuera azotado. 2Los soldados hicieron una corona con
espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de
color rojo púrpura 3y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los
judíos!» Y le golpeaban en la cara. 4Pilato volvió a salir y les dijo:
«Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en
él». 5Entonces salió Jesús
fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí
está el hombre». 6Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del
Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó:
«Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo».
7Los judíos contestaron:
«Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado
Hijo de Dios». 8Cuando
Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. 9Volvió a entrar en el palacio y
preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. 10Entonces Pilato le dijo:
«¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre
como para crucificarte?» 11Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no
lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti
tiene mayor pecado que tú». 12Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad.
Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César; el
que se proclama rey se rebela contra el César». 13Al oír Pilato estas palabras, hizo
salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar
en la sede del tribunal. 14Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el
mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey». 15Ellos gritaron: «¡Fuera!
¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes
de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César». 16Entonces Pilato les
entregó a Jesús y para que fuera puesto en cruz.
JESÚS ES CRUCIFICADO
17Así fue como se llevaron
a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado
Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota. 18Allí lo crucificaron y
con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús. 19Pilato mandó escribir un
letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los
judíos». 20Muchos judíos leyeron
este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la
ciudad. Además, estaba escrito en hebreo, latín y griego. 21Los jefes de los
sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: "Rey de los Judíos", sino:
"Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"». 22Pilato contestó: «Lo que
he escrito, escrito está». 23Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron
sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En
cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura
alguna, se dijeron: 24«No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a
quién le toca». Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y
echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.
ULTIMAS PALABRAS DE JESÚS
25Cerca de la cruz de Jesús
estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María
de Magdala. 26Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería,
dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». 27Después dijo al discípulo: «Ahí
tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa. 28Después de esto, sabiendo
Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se
cumplió la Escritura. 29Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una
caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. 30Jesús probó el vino y
dijo: «Todo está cumplido». Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.
LE ABRIÓ EL COSTADO Y
SALIÓ SANGRE Y AGUA
31Como era el día de la
Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la
cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a
Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos.
32Fueron, pues, los
soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con
Jesús. 33Pero al llegar a Jesús
vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, 34sino que uno de los
soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua. 35El que lo vio da
testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da
este testimonio para que también ustedes crean. 36Esto sucedió para que se cumpliera
la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. 37Y en otro texto dice:
Contemplarán al que traspasaron. 38Después de esto, José de Arimatea se presentó a
Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió
a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús y Pilato se la
concedió. Fue y retiró el cuerpo. 39También fue Nicodemo, el que había
ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y
áloe. 40Tomaron el cuerpo de
Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de
enterrar de los judíos. 41En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un
huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie todavía había sido
enterrado. 42Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación
de los judíos, enterraron allí a Jesús.
CAPÍTULO 20
EL SEÑOR HA RESUCITADO
1El primer día después del
sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba
oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido
removida. 2Fue corriendo en busca de
Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han
llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». 3Pedro y el otro discípulo
salieron para el sepulcro. 4Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más
que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5Como se inclinara, vio los lienzos
tumbados, pero no entró. 6Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los
lienzos tumbados. 7El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había
caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. 8Entonces entró también el
otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. 9Pues no habían entendido
todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos! 10Después los dos
discípulos se volvieron a casa.
11María se quedaba llorando
fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro 12y vio a dos ángeles
vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la
cabecera y el otro a los pies. 13Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». 14Dicho esto, se dio vuelta
y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. 15Jesús le dijo: «Mujer,
¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y
le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo
llevaré». 16Jesús le dijo: «María».
Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». 17Jesús le dijo: «Suéltame,
pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi
Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes». 18María Magdalena se fue y
dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto». 19Ese mismo día, el primero
después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las
puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio
de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» 20Dicho esto, les mostró las manos y
el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. 21Jesús les volvió a decir:
«¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo
también». 22Dicho esto, sopló sobre
ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: 23a quienes descarguen de sus pecados,
serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos». 24Tomás, uno de los Doce,
llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Los otros discípulos le
dijeron: «Hemos visto al Señor». Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca
de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no
introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré». 26Ocho días después, los
discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las
puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz
esté con ustedes». 27Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos;
extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree». 28Tomás exclamó: «Tú eres
mi Señor y mi Dios». 29Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que
no han visto, pero creen!».
CONCLUSIÓN DEL EVANGELIO
30Muchas otras señales
milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en
este libro. 31Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.
CAPÍTULO 21
APÉNDICE AL LIBRO: LA
MANIFESTACIÓN DE JESÚS A ORILLAS DEL LAGO
1Después de esto,
nuevamente se apareció Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de
Tiberíades. Y se hizo presente como sigue: 2Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás
el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos
discípulos. 3Simón
Pedro les dijo: «Voy a pescar». Contestaron: «Vamos también nosotros contigo».
Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4Al amanecer, Jesús estaba
parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. 5Jesús les dijo:
«Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada». 6Entonces Jesús les dijo:
«Echen la red a la derecha y encontrarán pesca». Echaron la red, y no tenían
fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces. 7El discípulo de Jesús al
que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor». 8Apenas Pedro oyó decir
que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los
otros discípulos llegaron con la barca -de hecho, no estaban lejos, a unos cien
metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces. 9Al bajar a tierra
encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. 10Jesús les dijo: «Traigan
algunos de los pescados que acaban de sacar». 11Simón Pedro subió a la barca y sacó
la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y no se rompió la
red a pesar de que hubiera tantos. 12Entonces Jesús les dijo: «Vengan a
desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues
sabían que era el Señor. 13Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo
hizo con los pescados. 14Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus
discípulos después de resucitar de entre los muertos. 15Cuando terminaron de
comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis
corderos». 16Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro
volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Cuida
de mis ovejas». 17Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me
quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez
si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero».
Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». 18En verdad, cuando eras joven, tú
mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a
viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no
quieras». 19Jesús lo dijo para que
Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió:
«Sígueme.». 20Pedro miró atrás y vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba,
el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado:
«Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» 21Al verlo, Pedro preguntó a Jesús:
«¿Y qué va a ser de éste?» 22Jesús le contestó: «Si yo quiero que permanezca hasta mi
vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme». 23Por esta razón corrió entre los
hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que
no iba a morir, sino simplemente: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta,
¿a ti qué te importa?» 24Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas
y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad. 25Jesús hizo también otras
muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el
mundo para tantos libros.