NUEVO TESTAMENTO
EVANGELIO SEGUN JUAN
CAPÍTULO 1
LA PALABRA DE DIOS SE
HIZO HOMBRE
1En el principio era la
Palabra,
y la Palabra estaba ante
Dios,
y la Palabra era Dios.
2Ella estaba ante Dios en
el principio.
3Por Ella se hizo todo,
y nada llegó a ser sin
Ella.
Lo que fue hecho 4tenía vida en ella,
y para los hombres la
vida era luz.
5La luz brilla en las
tinieblas,
y las tinieblas no la
recibieron
6Vino un hombre, enviado
por Dios, que se llamaba Juan.
7Vino para dar testimonio,
como testigo de la luz,
para que todos creyeran
por él.
8Aunque no fuera él la
luz, le tocaba dar testimonio de la luz.
9Ella era la luz
verdadera,
la luz que ilumina a todo
hombre,
y llegaba al mundo.
10Ya estaba en el mundo,
este mundo que se hizo
por Ella, o por El,
este mundo que no lo
recibió.
11Vino a su propia casa,
y los suyos no lo
recibieron;
12pero a todos los que lo
recibieron
les dio capacidad para
ser hijos de Dios.
Al creer en su Nombre 13han nacido,
no de sangre alguna ni
por ley de la carne,
ni por voluntad de
hombre,
sino que han nacido de
Dios.
14Y la Palabra se hizo
carne,
puso su tienda entre
nosotros,
y hemos visto su Gloria:
la Gloria que recibe del
Padre el Hijo único,
en él todo era don
amoroso y verdad.
15Juan dio testimonio de
él;
dijo muy fuerte: «De él
yo hablaba al decir:
el que ha venido detrás
de mí, ya está delante de mí,
porque era antes que yo.»
16De su plenitud hemos
recibido todos,
y cada don amoroso
preparaba otro.
17Por medio de Moisés hemos
recibido la Ley,
pero la verdad y el don
amoroso
nos llegó por medio de
Jesucristo.
18Nadie ha visto a Dios jamás,
pero Dios-Hijo único nos
lo dio a conocer;
él está en el seno del
Padre
y nos lo dio a conocer.
LA PRIMERA SEMANA : EL
DESCUBRIMIENTO
Juan Bautista presenta a
Jesús, el «Cordero de Dios»
19Este fue el testimonio de
Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para
preguntarle: «¿Quién eres tú?» 20Juan lo declaró y no ocultó la verdad: «Yo no soy el
Mesías». 21Le preguntaron: «¿Quién
eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy». Le dijeron: «¿Eres el Profeta?»
22Contestó: «No». Entonces
le dijeron: «¿Quién eres, entonces? Pues tenemos que llevar una respuesta a los
que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?» 23Juan contestó: «Yo soy, como dijo el
profeta Isaías, la voz que grita en el desierto: Enderecen el camino del
Señor». 24Los enviados eran del
grupo de los fariseos, 25y le hicieron otra pregunta: «¿Por qué bautizas entonces,
si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» 26Les contestó Juan: «Yo bautizo con
agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen, 27y aunque viene detrás de
mí, yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia». 28Esto sucedió en Betabará,
al otro lado del río Jordán, donde Juan bautizaba. 29Al día siguiente Juan vio
a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el
que carga con el pecado del mundo. 30De él yo hablaba al decir: Detrás de
mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque era antes que yo. 31Yo no lo conocía, pero mi
bautismo con agua y mi venida misma eran para él, para que se diera a conocer a
Israel». 32Y Juan dio este
testimonio: «He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse
sobre él. 33Yo no lo conocía, pero
Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: Verás al Espíritu
bajar sobre aquél que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él.
34Sí, yo lo he visto; y
declaro que éste es el Elegido de Dios.»
JESÚS LLAMA A SUS
PRIMEROS DISCÍPULOS
35Al día siguiente, Juan se
encontraba de nuevo en el mismo lugar con dos de sus discípulos. 36Mientras Jesús pasaba, se
fijó en él y dijo: «Ese es el Cordero de Dios». 37Los dos discípulos le oyeron decir
esto y siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó:
«¿Qué buscan?» Le contestaron: «Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» 39Jesús les dijo: «Vengan y
lo verán». Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran como
las cuatro de la tarde. 40Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que
siguieron a Jesús por la palabra de Juan. 41Encontró primero a su hermano Simón
y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo). 42Y se lo presentó a Jesús.
Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te
llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra). 43Al día siguiente, Jesús resolvió
partir hacia Galilea. Se encontró con Felipe y le dijo: «Sígueme». 44Felipe era de Betsaida,
el pueblo de Andrés y de Pedro. 45Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Hemos
hallado a aquél de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es
Jesús, el hijo de José de Nazaret». 46Natanael le replicó: «¿Puede salir
algo bueno de Nazaret?» Felipe le contestó: «Ven y verás». 47Cuando Jesús vio venir a
Natanael, dijo de él: «Ahí viene un verdadero israelita: éste no sabría
engañar». 48Natanael le preguntó:
«¿Cómo me conoces?» Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando
estabas bajo la higuera, yo te vi». 49Natanael exclamó: «Maestro, tú eres
el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». 50Jesús le dijo: «Tú crees porque te
dije que te vi bajo la higuera. Pero verás cosas aun mayores que éstas. 51En verdad les digo que
ustedes verán los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando
sobre el Hijo del Hombre».
CAPÍTULO 2
EL PRIMER MILAGRO, EN LA
BODA DE CANÁ
1Tres días más tarde se
celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2También fue invitado
Jesús a la boda con sus discípulos. 3Sucedió que se terminó el vino
preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le
dijo: «No tienen vino». 4Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis
asuntos? Aún no ha llegado mi hora». 5Pero su madre dijo a los sirvientes:
«Hagan lo que él les diga». 6Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los
judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. 7Jesús dijo: «Llenen de
agua esos recipientes». Y los llenaron hasta el borde. 8«Saquen ahora, les dijo,
y llévenle al mayordomo». Y ellos se lo llevaron. 9Después de probar el agua convertida
en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar
de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. 10Y le dijo: «Todo el mundo
sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les
dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final». 11Esta señal milagrosa fue
la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus
discípulos creyeron en él. 12Jesús bajó después a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y
sus discípulos, y permanecieron allí solamente algunos días.
LA PRIMERA PASCUA
JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO
A LOS VENDEDORES
13Se acercaba la Pascua de
los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. 14Encontró en el Templo a los
vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas, sentados detrás de
sus mesas. 15Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del Templo junto
con las ovejas y bueyes; derribó las mesas de los cambistas y desparramó el
dinero por el suelo. 16A los que vendían palomas les dijo: «Saquen eso de aquí y
no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado». 17Sus discípulos se acordaron de lo
que dice la Escritura: «Me devora el celo por tu Casa». 18Los judíos intervinieron:
«¿Qué señal milagrosa nos muestras para justificar lo que haces?» 19Jesús respondió:
«Destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días». 20Ellos contestaron: «Han
demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú
piensas reconstruirlo en tres días?» 21En realidad, Jesús hablaba de ese
Templo que es su cuerpo. 22Solamente cuando resucitó de entre los muertos, sus
discípulos se acordaron de que lo había dicho y creyeron tanto en la Escritura
como en lo que Jesús dijo. 23Jesús se quedó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua,
y muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no
se fiaba de ellos, pues los conocía a todos 24y no necesitaba pruebas sobre nadie,
porque él conocía lo que había en la persona.
CAPÍTULO 3
JESÚS Y NICODEMO: HAY QUE
NACER DE NUEVO
1Entre los fariseos había
un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo:
2«Rabbí, sabemos que has
venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales
milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él». 3Jesús le contestó: «En
verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde
arriba». 4Nicodemo le dijo: «¿Cómo
renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» 5Jesús le contestó: «En
verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el
Reino de Dios. 6Lo
que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. 7No te extrañes de que te
haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. 8El viento sopla donde
quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo
mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu». 9Nicodemo volvió a preguntarle:
«¿Cómo puede ser eso?» 10Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes
estas cosas? 11En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos
testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12Si ustedes no creen
cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas
del Cielo? 13Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del
Cielo, el Hijo del Hombre. 14Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el
desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, 15y entonces todo el que
crea en él tendrá por él vida eterna. 16¡Así amó Dios al mundo! Le dio al
Hijo Unico, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
17Dios no envió al Hijo al
mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. 18Para quien cree en él no
hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no
creer en el Nombre del Hijo único de Dios. 19Esto requiere un juicio: la luz vino
al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras
eran malas. 20Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus
obras malas sean descubiertas y condenadas. 21Pero el que hace la verdad va a la
luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios».
EL ÚLTIMO TESTIMONIO DE
JUAN BAUTISTA
22Después de esto, Jesús se
fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y
bautizaba. 23Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque allí
había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. 24(Esto ocurría antes de
que Juan hubiera sido encarcelado). 25Un día los discípulos de Juan
tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual. 26Fueron donde Juan y le
dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y en cuyo
favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos se van a él». 27Juan respondió: «Nadie
puede atribuirse más de lo que el Cielo le quiere dar. 28Ustedes mismos son
testigos de que yo dije: Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado
delante de él. 29Es el novio quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y
hace lo que él le dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me
alegro sin reservas. 30Es necesario que él crezca y que yo disminuya. 31El que viene de arriba
está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus
palabras son terrenales. El que viene del Cielo, 32por más que dé testimonio de lo que
allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. 33Pero aceptar su testimonio es como
reconocer que Dios es veraz. 34Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios,
y Dios le da el Espíritu sin medida. 35El Padre ama al Hijo y ha puesto
todas las cosas en sus manos. 36El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el
que se niega a creer en el Hijo se queda con el Dios que condena: nunca
conocerá la vida».
CAPÍTULO 4
JESÚS Y LA SAMARITANA
1El Señor se enteró de que
los fariseos tenían noticias de él; se decía que Jesús bautizaba y atraía más
discípulos que Juan, 2aunque de hecho no bautizaba Jesús, sino sus discípulos. 3Jesús decidió, entonces,
abandonar Judea y volvió a Galilea. 4Para eso tenía que pasar por el país
de Samaría, 5y
fue así como llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra que
Jacob dio a su hijo José. 6Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado por la
caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía. 7Fue entonces cuando una
mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8Los discípulos se habían
ido al pueblo para comprar algo de comer. 9La samaritana le dijo: «¿Cómo tú,
que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe
que los judíos no tratan con los samaritanos). 10Jesús le dijo: «Si conocieras el don
de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías
agua viva y él te la daría». 11Ella le dijo: «señor, no tienes con qué sacar agua y
el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? 12Nuestro antepasado Jacob
nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más
grande que él?» 13Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed, 14pero el que beba del agua
que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá
en él en un chorro que salta hasta la vida eterna». 15La mujer le dijo: «Señor,
dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar
agua». 16Jesús le dijo: «Vete,
llama a tu marido y vuelve acá». 17La mujer contestó: «No tengo marido». Jesús le dijo:
«Has dicho bien que no tienes marido, 18pues has tenido cinco maridos, y el
que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». 19La mujer contestó:
«Señor, veo que eres profeta. 20Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para
adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que
se debe adorar a Dios?» 21Jesús le dijo: «Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes
adorarán al Padre, pero ya no será "en este cerro" o "en
Jerusalén". 22Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen,
mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos. 23Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los
verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. 24Entonces serán verdaderos
adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que
lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad». 25La mujer le dijo: «Yo sé
que el Mesías, (que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos enseñará
todo». 26Jesús le dijo: «Ese soy
yo, el que habla contigo». 27En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al
verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué
hablaba con ella. 28La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a
la gente: 29«Vengan a ver a un hombre
que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?» 30Salieron, pues, del
pueblo y fueron a verlo. 31Mientras tanto los discípulos le insistían: «Maestro, come».
32Pero él les contestó: «El
alimento que debo comer, ustedes no lo conocen». 33Y se preguntaban si alguien le
habría traído de comer. 34Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel
que me ha enviado y llevar a cabo su obra. 35Ustedes han dicho: "Dentro de
cuatro meses será tiempo de cosechar". ¿No es verdad? Pues bien, yo les
digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la
siega. 36El segador ya recibe su
paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también
participa en la alegría del segador. 37Aquí vale el dicho: Uno es el que
siembra y otro el que cosecha. 38Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros
han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes han retomado de su
trabajo». 39Muchos samaritanos de
aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me
ha dicho todo lo que he hecho». 40Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron
que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41Muchos más creyeron al
oír su palabra, 42y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros
mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del
mundo». 43Pasados los dos días,
Jesús partió de allí para Galilea. 44El había afirmado que un profeta no
es reconocido en su propia tierra. 45Sin embargo los galileos lo
recibieron muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había
hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la
fiesta.
JESÚS SANA AL HIJO DE UN
FUNCIONARIO
46Jesús volvió a Caná de
Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real en
Cafarnaún que tenía un hijo enfermo. 47Al saber que Jesús había vuelto de
Judea a Galilea, salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo,
que se estaba muriendo. 48Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y
prodigios, no creen». 49El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de venir
antes de que muera mi hijo». 50Jesús le contestó: «Puedes volver, tu hijo está
vivo». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. 51Al llegar a la bajada de
los cerros, se topó con sus sirvientes que venían a decirle que su hijo estaba
sano. 52Les preguntó a qué hora
se había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le
quitó la fiebre». 53El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había
dicho: «Tu hijo está vivo». Y creyó él y toda su familia. 54Esta es la segunda señal
milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea.
CAPÍTULO 5
EL PARALÍTICO DE LA
PISCINA DE BETESDA
1Después de esto se
celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. 2Hay en Jerusalén, cerca
de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta
cinco pórticos, 3y
bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y
paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara, 4porque un ángel del Señor
bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de
agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.) 5Había allí un hombre que
hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6Jesús lo vio tendido, y cuando se
enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: «¿Quieres sanar?» 7El enfermo le contestó:
«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y
mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro». 8Jesús le dijo: «Levántate, toma tu
camilla y anda». 9Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó
a caminar. Pero aquel día era sábado. 10Por eso los judíos dijeron al que
acababa de ser curado: «Hoy es día sábado, y la Ley no permite que lleves tu
camilla a cuestas». 11El les contestó: «El que me sanó me dijo: Toma tu camilla y
anda». 12Le preguntaron: «¿Quién
es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y anda?» 13Pero el enfermo no sabía
quién era el que lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la
multitud reunida en aquel lugar. 14Más tarde Jesús se encontró con él en el Templo y le
dijo: «Ahora estás sano, pero no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo
peor». 15El hombre se fue a decir
a los judíos que era Jesús el que lo había curado. 16Por eso los judíos
perseguían a Jesús, porque hacía tales curaciones en día sábado. 17Pero Jesús les respondió:
«Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo». 18Y los judíos tenían más
ganas todavía de matarle, porque además de quebrantar la ley del sábado, se
hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre.
LA OBRA DEL HIJO:
RESUCITAR A LOS MUERTOS
19Jesús les dirigió la
palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino
sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo. 20El Padre ama al Hijo y le
enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes que éstas,
que a ustedes los dejarán atónitos. 21Como el Padre resucita a los muertos
y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere. 22Del mismo modo, el Padre
no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar, 23para que todos honren al
Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que
lo ha enviado. 24En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha
enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de
la muerte a la vida. 25Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán. 26Así como el Padre tiene
vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. 27Y además le ha dado
autoridad para llevar a cabo el juicio, porque es hijo de hombre. 28No se asombren de esto;
llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. 29Los que obraron el bien
resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación. 30Yo no puedo hacer nada
por mi cuenta, sino que juzgo conforme a lo que escucho; así mi juicio es
recto, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió. 31Si yo hago de testigo en
mi favor, mi testimonio no tendrá valor. 32Pero Otro está dando testimonio de
mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí. 33Ustedes mandaron
interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad. 34Yo les recuerdo esto para
bien de ustedes, para que se salven, porque personalmente yo no me hago
recomendar por hombres. 35Juan era una antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por
un tiempo se sintieron a gusto con su luz. 36Pero yo tengo un testimonio que vale
más que el de Juan: son las obras que el Padre me encomendó realizar. Estas
obras que yo hago hablan por mí y muestran que el Padre me ha enviado. 37Y el Padre que me ha
enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto su
rostro; 38y tampoco tienen su
palabra, pues no creen al que él ha enviado. 39Ustedes escudriñan las Escrituras
pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan
testimonio de mí. 40Sin embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida. 41Yo no busco la alabanza
de los hombres. 42Sé sin embargo que el amor de Dios no está en ustedes, 43porque he venido en
nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben. Si algún otro viene en su propio
nombre, a ése sí lo acogerán. 44Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos
a otros y no buscan la gloria que viene del Unico Dios, ¿cómo podrán creer? 45No piensen que seré yo
quien los acuse ante el Padre. Es Moisés quien los acusa, aquel mismo en quien
ustedes confían. 46Si creyeran a Moisés, me creerían también a mí, porque él
escribió de mí. 47Pero si ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo
que les digo yo?»
CAPÍTULO 7
19«Moisés les dio la Ley,
¿no es cierto? Pero si ninguno de ustedes cumple la Ley, ¿por qué quieren
matarme?» 20Le gritaron: «Eres
víctima de un mal espíritu. ¿Quién quiere matarte?» 21Jesús les respondió:
«Esta no es más que mi primera intervención, y todos ustedes están
desconcertados. 22Pero miren: Moisés les ha dado la circuncisión (aunque en realidad no
viene de Moisés sino de los patriarcas) y ustedes hacen la circuncisión incluso
en día sábado. 23Un hombre debe recibir la circuncisión, aunque sea sábado, para no
quebrantar la ley de Moisés; entonces, ¿por qué se enojan conmigo porque he
salvado al hombre entero en día sábado? 24No juzguen por las apariencias, sino
que juzguen lo que es justo.»
CAPÍTULO 6
LA SEGUNDA PASCUA
EL PAN DE VIDA: LA
MULTIPLICACIÓN (MC 6,34; MT 14,13; LC 9,10)
1Después Jesús pasó a la
otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. 2Le seguía un enorme
gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. 3Jesús subió al monte y se
sentó allí con sus discípulos. 4Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. 5Jesús, pues, levantó los
ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde
iremos a comprar pan para que coma esa gente?» 6Se lo preguntaba para ponerlo a
prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. 7Felipe le respondió: «Doscientas
monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo». 8Otro discípulo, Andrés,
hermano de Simón Pedro, dijo: 9«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos
pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?». 10Jesús les dijo: «Hagan que se siente
la gente». Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en
número de unos cinco mil. 11Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los
repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y
todos recibieron cuanto quisieron. 12Cuando quedaron satisfechos, Jesús
dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se
pierda nada». 13Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se
habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada. 14Al ver esta señal que
Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había
de venir al mundo». 15Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza
para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo. 16Al llegar la noche, sus
discípulos bajaron a la orilla 17y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a
Cafarnaún. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con
ellos, 18y empezaban a formarse
grandes olas debido al fuerte viento que soplaba. 19Habían remado como unos cinco
kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la
barca, y se llenaron de espanto. 20Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo». 21Quisieron subirlo a la
barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían. 22Al día siguiente, la
gente que se había quedado al otro lado del lago se dio cuenta que allí no
había habido más que una barca y que Jesús no había subido con sus discípulos
en la barca, sino que éstos se habían ido solos. 23Mientras tanto algunas lanchas de
Tiberíades habían atracado muy cerca del lugar donde todos habían comido el
pan. 24Al ver que ni Jesús ni
sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a
Cafarnaún en busca de Jesús. 25Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron:
«Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?». 26Jesús les contestó: «En verdad les
digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino
porque han comido pan hasta saciarse. 27Trabajen, no por el alimento de un
día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el
Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre».
EL PAN DE VIDA: CREER EN
EL HIJO DE DIOS
28Entonces le preguntaron:
«¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» 29Jesús respondió: «La obra
de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado». 30Le dijeron: «¿Qué puedes
hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál
es tu obra? 31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la
Escritura: Se les dio a comer pan del cielo». 32Jesús contestó: «En verdad les digo:
No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el
verdadero pan del cielo. 33El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da
vida al mundo». 34Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». 35Jesús les dijo: «Yo soy
el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca
tendrá sed. 36Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de
haber visto. 37Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que
venga a mí, 38porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me ha enviado. 39Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no
pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. 40Sí, ésta es la decisión
de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día». 41Los judíos murmuraban porque Jesús
había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo». 42Y decían: «Conocemos a su
padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo
puede decir que ha bajado del cielo?» 43Jesús les contestó: «No murmuren
entre ustedes. 44Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo
resucitaré en el último día. 45Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados
por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha
recibido su enseñanza. 46Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel
que ha venido de Dios ha visto al Padre. 47En verdad les digo: El que cree
tiene vida eterna.
EL CUERPO DE CRISTO, PAN
DE VIDA
48Yo soy el pan de vida. 49Sus antepasados comieron
el maná en el desierto, pero murieron: 50aquí tienen el pan que baja del
cielo, para que lo coman y ya no mueran. 51Yo soy el pan vivo que ha bajado del
cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi
carne, y lo daré para la vida del mundo». 52Los judíos discutían entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» 53Jesús les dijo: «En verdad les digo
que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen
vida en ustedes. 54El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna,
y yo lo resucitaré el último día. 55Mi carne es verdadera comida y mi
sangre es verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo
en él. 57Como el Padre, que es
vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. 58Este es el pan que ha
bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y
después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.
¿QUIEREN MARCHARSE
TAMBIÉN USTEDES?
59Así habló Jesús en
Cafarnaún enseñando en la sinagoga. 60Al escucharlo, cierto número de
discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá
escucharlo?» 61Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les
dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? 62¿Qué será, entonces, cuando vean al
Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? 63El espíritu es el que da
vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu,
y son vida. 64Pero hay entre ustedes algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde
el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. 65Y agregó: «Como he dicho
antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre». 66A partir de entonces
muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. 67Jesús preguntó a los
Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» 68Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién
iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69Nosotros creemos y sabemos que tú
eres el Santo de Dios». 70Jesús les dijo: «¿No los elegí yo a ustedes, a los Doce? Y
sin embargo uno de ustedes es un diablo». 71Jesús se refería a Judas Iscariote,
hijo de Simón, pues era uno de los Doce y lo iba a traicionar.
CAPÍTULO 7
JESÚS SUBE A JERUSALÉN
1Después de esto, Jesús
iba de un lugar a otro por Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos
deseaban matarle. 2Se acercaba la fiesta de los judíos llamada de Tiendas. 3Sus hermanos le dijeron:
«No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí vean las obras
que realizas. 4Si
uno quiere sobresalir, no actúa a escondidas. Tú, que haces maravillas, date a
conocer al mundo». 5Sus hermanos hablaban así porque no creían en él. 6Jesús les contestó:
«Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es
bueno. 7El mundo no puede
odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia, porque yo muestro que sus obras
son malas. 8Suban
ustedes a la fiesta; yo no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha
llegado». 9Así habló Jesús y se
quedó en Galilea. 10Solamente después que sus hermanos fueron a la fiesta subió
él también, pero sin decirlo y como en secreto. 11Los judíos lo estaban buscando
durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está ése?» 12Corrían muchos
comentarios sobre él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona». Otros
replicaban: «En absoluto, ése está engañando al pueblo». 13Pero nadie hablaba
abiertamente de él por miedo a los judíos. 14Hacia la mitad de la semana de la
fiesta, Jesús subió al Templo y se puso a enseñar. 15Los judíos, admirados,
decían: «¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido maestro?» 16Jesús les contestó: «Mi
doctrina no viene de mí, sino del que me ha enviado. 17El que haga la voluntad
de Dios conocerá si mi doctrina viene de él o si hablo por mi propia cuenta. 18El que habla en nombre
propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha
enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.»
25Algunos habitantes de
Jerusalén decían: «Pero, ¿no es éste al que quieren matar? 26Ahí lo tienen hablando
con toda libertad y no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han
reconocido que él es el Mesías? 27Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando
venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene». 28Entonces Jesús dijo en voz muy alta
mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen. Ustedes saben de
dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta: quien me envía es
el Verdadero, y ustedes no lo conocen. 29El es el que me ha enviado, y yo lo
conozco porque vengo de él». 30Los judíos hubieran querido llevarlo preso, pero
nadie le puso las manos encima porque todavía no había llegado su hora. 31De todos modos, muchos
del pueblo creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿hará más señales
milagrosas que este hombre?» 32Los fariseos se enteraron de los comentarios que
hacía la gente sobre Jesús y, de acuerdo con los jefes de los sacerdotes,
enviaron guardias del Templo para detenerlo. 33Entonces Jesús dijo: «Todavía estaré
con ustedes un poco más de tiempo, y después me iré al que me ha enviado. 34Ustedes me buscarán, pero
no me encontrarán, porque ustedes no pueden venir donde yo estoy». 35Los judíos se
preguntaban: «¿Adónde piensa ir éste para que no lo podamos encontrar? ¿Querrá
tal vez visitar a los judíos dispersos entre los griegos y enseñar a los mismos
griegos? 36¿Qué quiere decir con eso
de: "Me buscarán y no me encontrarán", y "Ustedes no pueden
venir donde yo estoy"?»
LA PROMESA DEL AGUA VIVA
37El último día de la fiesta,
que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: «El que
tenga sed, que venga a mí, y que beba 38el que cree en mí. Lo dice la
Escritura: De él saldrán ríos de agua viva». 39Decía esto Jesús refiriéndose al
Espíritu Santo que recibirían los que creyeran en él. Todavía no se comunicaba
el Espíritu, porque Jesús aún no había entrado en su gloria.
DISCUSIÓN SOBRE EL ORIGEN
DE CRISTO
40Muchos de los que
escucharon esto decían: «Realmente este hombre es el Profeta». 41Unos afirmaban: «Este es
el Mesías». Pero otros decían: «¿Cómo va a venir el Mesías de Galilea? 42¿No dice la Escritura que
el Mesías es un descendiente de David y que saldrá de Belén, la ciudad de
David?» 43La gente, pues, estaba
dividida a causa de Jesús. 44Algunos querían llevarlo preso, pero nadie le puso las
manos encima. 45Cuando los guardias del Templo volvieron a donde los sacerdotes y los
fariseos, les preguntaron: «¿Por qué no lo han traído?» 46Los guardias contestaron:
«Nunca hombre alguno ha hablado como éste». 47Los fariseos les dijeron: «¿También
ustedes se han dejado engañar? 48¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en
él? 49Pero esa gente que no
conoce la Ley, ¡son unos malditos!» 50Les respondió Nicodemo, el que había
ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos. Dijo: 51«¿Acaso nuestra ley
permite condenar a un hombre sin escucharle antes y sin averiguar lo que ha
hecho?» 52Le contestaron: «¿También
tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen
profetas». 53Y se fue cada uno a su casa.
CAPÍTULO 8
LA MUJER ADÚLTERA
1Jesús, por su parte, se
fue al monte de los Olivos. 2Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la
gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles. 3Los maestros de la Ley y
los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La
colocaron en medio 4y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha
sido sorprendida en el acto. 5En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a
pedradas a la mujer. Tú ¿qué dices?» 6Le hacían esta pregunta para ponerlo
en dificultades y tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a
escribir en el suelo con el dedo. 7Como ellos insistían en preguntarle,
se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la
primera piedra». 8Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo. 9Al oír estas palabras, se
fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se
quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. 10Entonces se enderezó y le
dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?» 11Ella contestó: «Ninguno,
señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas
a pecar.»
YO SOY LA LUZ DEL MUNDO
12Jesús les habló de nuevo
diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas,
sino que tendrá luz y vida». 13Los fariseos replicaron: «Estás hablando en tu propio
favor; tu testimonio no vale nada». 14Jesús les contestó: «Aunque yo hable
en mi favor, mi declaración vale, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy.
Ustedes son los que no saben de dónde he venido ni adónde voy. 15Ustedes juzgan con
criterios humanos; yo no juzgo a nadie. 16Y si yo tuviera que juzgar, mi
juicio sería válido, porque yo no estoy solo; el Padre que me envió está
conmigo. 17En la Ley de ustedes está
escrito que con dos personas el testimonio es válido. 18Yo doy testimonio de mí
mismo, y también el Padre que me ha enviado da testimonio de mí». 19Le preguntaron: «¿Dónde
está tu Padre?» Jesús les contestó: «Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre;
si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre». 20Jesús dijo estas cosas en
el lugar donde se reciben las ofrendas, cuando estaba enseñando en el Templo,
pero nadie lo tomó preso, porque aún no había llegado su hora. 21De nuevo Jesús les dijo:
«Yo me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir a donde yo voy y
morirán en su pecado». 22Los judíos se preguntaban: «¿Por qué dice que a donde él va
nosotros no podemos ir? ¿Pensará tal vez en suicidarse?» 23Pero Jesús les dijo:
«Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy
de este mundo. 24Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si
ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados». 25Le preguntaron: «Pero
¿quién eres tú?» Jesús les contestó: «Exactamente lo que acabo de decirles. 26Tengo mucho que decir
sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del
que me ha enviado: él es veraz». 27Ellos no comprendieron que Jesús les hablaba del
Padre. 28Y añadió: «Cuando
levanten en alto al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo soy y que no
hago nada por mi cuenta, sino que sólo digo lo que el Padre me ha enseñado. 29El que me ha enviado está
conmigo y no me deja nunca solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él».
LOS HIJOS DE LA VERDAD
30Esto es lo que decía
Jesús, y muchos creyeron en él.
31Jesús decía a los judíos que habían creído en él: «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; 32entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». 33Le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices: "Ustedes serán libres"?» 34Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. 35Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. 36Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. 37Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de matarme. 38Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre». 39Ellos le cortaron la palabra: «Nuestro padre es Abraham». Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham, actuarían como Abraham. 40Pero viene alguien que les dice la verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren matarme. Esta no es la manera de actuar de Abraham. 41Ustedes actúan como hizo el padre de ustedes». Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos ilegítimos, no tenemos más que un solo padre: Dios». 42Jesús les replicó: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios para venir aquí. No he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha enviado. 43¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no pueden acoger mi mensaje. 44Ustedes tienen por padre al diablo y quieren realizar los malos deseos de su padre. Ha sido un asesino desde el principio, porque la verdad no está en él, y no se ha mantenido en la verdad. Lo que le ocurre decir es mentira, porque es un mentiroso y padre de toda mentira. 45Por eso ustedes no me creen cuando les digo la verdad. 46¿Quién de ustedes encontrará falsedad en mí? Y si les digo la verdad, ¿por qué no me creen?